MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD SALTA
PARA CAMINAR
EN CURSILLOS
DE CRISTIANDAD
Carlos Mántica
(Escaneado por el P. Donato Vargas)
SECRETARIADO
NACIONAL DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD MADRID. 1978
INDICE
Presentación 5
A manera de prologo 6
I.-DESDE LA ALTURA DE LOS PRINCIPIOS
Postulados generales del Movimiento de
Cursillas de Cristiandad 11 Kerygma
y Cursillos 16
Antecedentes
16
A.
Cursillo y Kerygma 18
Generalidades sobre el kerygma
Contenido del kerygma 19
Valor kerygmático del Rallo de Sacramentos 20
Valor kerygmático de la liturgia 26
Autoridad y testimonio 27
B.
Precursillo y kerygma 29
C.
Poscursillo y kerygma 33
Mentalidad del Poscursillo 34
Poscursillo y lo fundamental cristiano.
35
El
Poscursillo y la vertebración cristiana de la sociedad. 36
Respeto a la vocación personal. 37
Descubrir la vocación personal 38
Escuela de Dirigentes y kerygma
39
Posibles objeciones a esta Visión kerigmática. 41
Cursillos y Pastoral 41
Conversión y Cursillos 42
A. La conversión y su trayectoria 43
1.
Vuelta a la fe: epístrofe 43
2.
Adhesión a Cristo: metanoia 44
3.
Adhesión al Cuerpo Místico koinonía 45
B. La conversión en el Cursillo 46
1. Frutos de la conversión 47
2. Comienzo de la conversión 47
3. Caminos de la conversión en la vida y en la verdad 48
Fase
de información 49
Fase
de testimonio 49
Fase
de santificación en común. 50
Observaciones prácticas 51
II. DENTRO
DE LA IGLESIA
Los Cursillos, Movimiento de Iglesia 54
Los
Movimientos en general 54
El
Movimiento de Cursillos 55
El
Movimiento de Cursillos en la Iglesia 56
Pastoral y Cursillos 57
A.
En la línea del kerygma. 58
Kerygma y Catequesis. 59
Línea vivencial y línea doctrinal 60
El Movimiento de Cursillos en la Pastoral 61
No comprometerse para poder comprometerse 62
Los Cursillos, pista de lanzamiento 64
B.
En el campo de la animación cristiana de la sociedad. 64
Los Cursillos en la Pastoral. 65
Parroquia y Cursillos 65
El porqué y el para qué de la selección de
vértebras. 66
Adaptar el método sin cambiar lo esencial 67
Lo
que se pide en Cursillos: 68
Piedad
estudio y acción 69
Conversión global y conversión
progresiva, en la piedad el estudio
y la
acción 71
Cursillos
piden la persona misma 72
III. EN EL
CAMPO DE LA METODOLOGIA
Lo fundamental cristiano 74
Qué es lo fundamental cristiano. 76
Lo fundamental y lo elemental. 76
El Mandamiento Nuevo y lo fundamental
cristiano. 78
La gran llamada a lo fundamental cristiano. 80
La transformación de los ambientes 82
Consecuencia de lo fundamental cristiano.
Influencia de los ambientes. 83
Instituciones ambientes. 85
La Iglesia-institución. 88
Para levantar el vuelo 90
A la luz de una parábola 91
Esquema de estrategia para la trasformación de los ambientes. 92
Estrategia de Cursillos para le
transformación de loa ambientes 95 Obstáculos generales. 95
Un
obstáculo concreto. 96
Condiciones previas a la trasformación de los ambientes. 98
Estructuras y ambientes. 101
Nuestros ambientes. 103
Una estrategia al vivo. 104
El
Cursillo 108
I. Qué se dice en el Cursillo.
109
Conclusiones 111
II.
Qué se hace en el Cursillo. 113
La vivencia de lo fundamental cristiano. 114
La convivencia general en el Cursillo. 114
La convivencia particular en el cursillo. 116
Mi Rollo sobre el estudio. 117
Algunos prototipos. 117
Dios se acerca al hombre 120
Mi encuentro personal con Cristo. 123
El secreto de la sabiduría. 123
Conocer a Cristo. 124
Conocerme a mí. 125
Las causas de nuestros fallos. 126
Remedio, el estudio 129
IV. A LA LUZ DE
UNAS VIVENCIAS
Del arsenal de mis reflexiones. 131
Tiempos difíciles. 131
¡Hay solución! 132
El Reino de Dios. 132
Haced que venga el Reino. 133
Sentido de responsabilidad. 134
A esta llamada yo la llamaría vocación 134
Carismas, posición y madurez. 135
Madurez de la inteligencia. 136
Madurez de la voluntad. 136
Madurez de la libertad 137
Sigamos reflexionando.
Algo que vale la pena: El grupo. 137
Somos distintos pero unos. 138
El porqué de las divisiones. 139
“Nos preocupa” el Movimiento de Cursillos. 140
¡Cuidado a los caminos únicos! 141
Mi ruego de seglar a los sacerdotes. 141
A los treinta años de Cursillos. 142
De cómo lo mejor es a veces enemigo de lo
bueno. 142
Las gentes de mi ultreya. 144
PRESENTACIÓN
Vale la pena ofrecer en un libro estos trabajos de Carlos
Mántica a los Dirigentes del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
La mayoría de ellos fueron anticipadamente publicados; pero
generalmente, cuanto aparece en las revistas, más que objeto de un estudio
ponderado, suele ser «victima») de una
lectura fugaz.
Por eso se ha animado el Secretariado Nacional de C de
Cristiandad en España a ofrecer en un libro, a los miembros de las distintas
Escuelas de Dirigentes todo este material -riquísimo- sobre el Movimiento y el
Método de C.
Carlos Mántica jamás escribió algo que no fuera directa o
inmediatamente para aquellas sus Escuelas de Nicaragua, que tanto saben de sus
competencias, de sus reflexiones, de sus inquietudes y de sus entregas. Cuanto
escribe, lo escribe pensando en sus compañeros peregrinos de Managua. Lean,
Granada, Matagalpa, Esteli, Diriamba...
Y escribe desde la vivencia de aquellas Escuelas, poniendo luz
sobre los problemas que en ellas han ido apareciendo, a medida que avanza el
Movimiento.
Aun reconociendo esa intencionalidad circunscrita del autor,
siempre he visto en sus escritos un material válido para Cursillos en todo el
mundo, y, concretamente, para España.
Carlos Mántica no ha pretendido innovar nada; ha intentado
echar haces de luz regresando a las fuentes, inquiriendo sobre sus tiempos
primeros, indagando la mentalidad de sus pioneros. El sólo ha querido descubrir
las aguas que, más o menos subterráneamente, podían aflorar de la misma
identidad de C.
El otro pie sobre el que Mántica se ha apoyado para sus
magnificas elucubraciones, ha sido la realidad viva, detectada y compartida por
él. No se trata de ensayos teóricos, si no de profundas vivencias, que él ha
ido derivando de cuanto ha visto, oído y palpado que el Señor iba haciendo en
sus Grupos, en sus Ultreyas, en sus Escuelas...
Por todo ello, siempre me ha parecido que Carlos Mántica es
uno de esos “fermentos de reflexión” de que habla “Ideas Fundamentales”:
“personas o grupos que además de estar mentalizados, mantienen una actitud
pensante dentro del Movimiento, y no poseen la verdad en mera actitud de goce
pacífico, sino que la sienten radicalmente, como interrogante continuo”.
Puede que parezca que al libro le falta unidad: el autor no ha
intentado construir una arquitectura, sino separar los materiales precisos
para coda exigencia, para cada inquietud.
El libro lleva un titulo humilde y significativo: PARA CAMINAR
EN CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Pretende encender puntos de luz sobre la pista, a
fin de que cuantos peregrinamos en pos del Señor a través del Movimiento,
podamos evitar los baches, comprobar los arcenes, apoyados en la certeza de un
camino iluminado.
Se ha dividido el libro en cuatro partes, que se han
intitulado: “Desde la altura de los principios”; “Dentro de la Iglesia”; “En el
campo de la metodología” y “A la luz de unas vivencias”. Creemos que los
títulos son suficientemente elocuentes para indicarnos las posturas y los
propósitos del autor. Carlos viene a volcar el fuego inextinguible de un hombre
que se encuentra con Dios en la ilusión de cada día.
En esta hora del Movimiento de C, estimamos que estas páginas
habrán de ser unas muletas muy válidas PARA CAMINAR EN CURSILLOS DE
CRISTIANDAD.
Victorino ARIZTI. Vitoria, Diciembre de 1978.
A MANERA DE PRÓLOGO
Este libro va a marcar un jalón en el caminar de la Iglesia de
Nicaragua. No porque intente ser, en si mismo, un hito presuntuoso, sino porque
va a quedar como garante de una fecha, de la que han derivado muchas fechas en
muchas vidas.
Con este libro Nicaragua quiere recordar que, hace quince
años, fue testigo y usufructuaria de un acontecimiento imperceptible a las ojos
de un buen cubero humano, que no supiera de aquellas tres medidas de harina que
hacen fermentar la masa; pero en realidad serán muchas las vidas que se irán
sentando a la mesa del Pan, fermentado a la hogaza de aquella fecha: en 1963
penetraron en Nicaragua, con pie leve y sin ditirambos publicitarios, los C de
Cristiandad. De aquel hecho se cumplen ahora tres lustros.
Puede parecer que fue ayer..., y han pasado quince años. Creo
que fue Tácito, el historiador romano, quien dijo que quince años son un, «gran
espacio de vida”, porque son muchos los años que le roban a las dimensiones
ordinarias de una vida. En este caso, las cosas se agigantan. Al menos se
profundizan. Porque, en estos quince años, son muchas las vidas que han
cobrado sentido y razón de ser. Muchas vidas se han sentido iluminadas,
potenciadas, transformadas. Cristo ha avanzado en ellas; “el Evangelio ha
tenido entrada, repetiría Pablo VI, en el hombre fuerte, el jefe de industria,
el catedrático, el obrero, en la ciudad como en el campo”; el dinamismo del
Espíritu Santo ha despertado iniciativas y obras, que adornan de nueva
eficacia y lozanía el mensaje evangélico” (A la I Ultreya Mundial en Rama). La
Ig1esia de Nicaragua -muchas vidas cristianas-, han hallado su Damasco particular
a través de los C de Cristiandad.
Este libro ha querido ser como un monumento vivo que señale la
llegada a Nicaragua de aquel “muevo Pentecostés”; de aquel “instrumento providencial
de renovación cristiana” (Mons. Hervás). El autor, con la publicación de estas
paginas, ha querido tejer, sin decirlo apenas, en nombre de muchos, un himno de
acción de gracias.
Aun sin negarle a todo ello su enjundia, la conmemoración nos
parece, por lo que al libro respecta, un elemento coyuntural y anecdótico; el
libro tiene sobrado valor para no tener que esperar una fecha que ofrezca
ocasión a su salida: independientemente del testimonio, del aval y de la acción
de gracias que merecen quince años en C en Nicaragua, el libro tiene fuste
suficiente para ocupar un sitio destacado en el anaquel de los libros mas
cercanos y queridos.
Se reúnen en él varios trabajos que de una u otra forma,
habían ido apareciendo aquí y allá. La mayoría de ellos habían tenido lugar en
las columnas del Boletín del Secretariado Nacional de Cursillos en España, que
recibió por ellos no pocos plácemes y admiraciones. Estas apariciones previas
no le restan interés, sino que le añaden solera porque han pasado felizmente las
termópilas de los críticos; no le restan interés, porque serán muy pacos los
que hayan podido disfrutar del sabor de todos los trabajos, y menos todavía
los que hayan podido prever toda la riqueza que en ellos se albergaba, como
para reunirlos coleccionados.
Y es que Nicaragua no se ha limitado a beneficiarse de los
frutos y las gracias que le han reportado quince años de C, sino que ha ido
haciendo al Movimiento notables aportaciones, que han enriquecido la visión de
su naturaleza, de su finalidad, de su estrategia, el caudal en fin, de su
contenido. Aportaciones tan realistas, que pueden ir desde la profundidad
vivencial de las Ultreyas de Managua, a las claridades doctrinales de este
libro conmemorativo.
Podríamos decir que el libro ha ido naciendo; ha necesitado
años para nacer. Unas páginas pertenecen a un año y a una oportunidad: otras se
gestaron en otra oportunidad y otro año. Los distintos capítulos responden a
etapas distintas -distintas por ser sucesivas- y a distintas exigencias de la
vida evangelizada y evangelizadora de su autor. La necesidad de presentar un
trabajo en algún encuentro nacional o internacional de C, o el empeño de
paralizar alguna desviación que en C se infiltraba por las rendijas; el deseo
de clarificar algún extremo todavía poco definido en el Movimiento, o de
revestir algún Rollo nuevo en Movimiento de C; la exigencia de alumbrar alguna
inquietud muy propias de un intelectual, o el temor de no tener exactitud en la
exposición de una vivencia en una Ultreya, han sido otras tantas oportunidades
y urgencias que han empujado al autor a hilvanar los varios capítulos de esta obra, en los que fue
vaciando horas muy largas de cavilaciones profundas y montones de cariño
indisimulado. Todo, al parecer, a trancas y barrancas; todo, en realidad, fruto
del esfuerzo y la reflexión.
Podría decirse, quizá, que el libro nos ofrece puntos de luz
descoyuntados; sin embargo, a quien se siente a escudriñar en la belleza de
estas páginas, no le será excesivamente difícil descubrir, en lo hondo del
pensamiento, una unidad orgánica y principalmente, una preocupación espiritual
por iluminar unas zonas encubiertas o apagadas o incultivados desde la cima de
los principios de la teología y la psicología, que corren caminos paralelos,
porque, como muchas veces se ha repetido en C, “las mayores realidades de Dios
colman siempre las mejores aspiraciones de los hombres”. La concatenación
doctrinal entre los varios capítulos no se da porque no se ha buscado; sin
embargo todos forman un cuerpo compacto entre la doctrina, el método y la
vivencia.
A estas coordenadas -doctrina, método y vivencia- responden
las distintas partes en que se ha conjugado el libro.
No cabe duda que es renovador. Tiene luz propia, a pesar de
que ésta se hace bajar de los altos postulados. No parte de cero ni se echa en
el vacío. No quiere cambiar por cambiar, ni seguir así par seguir así.
El libro intenta comparar lo que los C son con lo que deben
ser, y están aquí para hacer que estén como Dios manda. No para cambiar su
finalidad, sino para dar mayor eficacia a la finalidad que ya tienen, y para
darle toda la que deben tener. No para cambiar su esencia y para que los C se
conviertan en “otra cosa”, sino para conocer mejor esa esencia, y lograr que los
C sean todo lo que deben ser. No para cambiar el método, sino para lograr,
revisándolo dentro de la autenticidad, que el método, en su esencia, logre
integrarse en la acción total de la Iglesia. Algún capítulo termina con aquella
breve plegaria, que es parámetro de las intenciones de su autor: “Señor: danos
serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, danos valor para
cambiar las que podemos; danos sabiduría para ver la diferencia”. Toda su
mentalidad se halla en la mejor línea ascética y evangélica, de jerarquización
de valores, de saber que no es el hombre para el sábado sino el sábado para el
hombre (Mc 2, 27), de no querer exterminar la cizaña crecida en el trigal hasta
la hora de la siega, para no arrancar con la cizaña la espiga de trigo feraz
(Mt 13, 30), de edificar la casa sobre cimientos de roca viva, para evitar que,
al venir la arremetida del río, las aguas crecidas la desplomen (Lc 6,46).
Para mi el capitulo de enunciación de los “postulados
fundamentales” o el ir a las fuentes del capitulo del “kerigma” para hallar el
lugar y el papel que, en la acción “pastoral” de la Iglesia, se puede asignar
y se debe exigir al Movimiento de C, o el presentar los «obstáculos a la
vertebración de la cristiandad” precisamente para proclamar la forma de
impregnar de Evangelio los ambientes, son algo definitivo. ¡Qué bien se mueve
Carlos, teologizando, desde su banquillo de seglar, sobre el problema de la
conversión! ¡Nunca le agradeceré bastante que nos lo haya puesto al alcance de
quien quiera tener “ojos para ver y oídos para entender!”
Carlos Mántica -Chale le llamamos los amigos- era un hombre
joven cuando a Nicaragua llegaron los C de Cristiandad. Frisaría en los
treinta años, cuando el fue a un C. No he visto -ni interesa mayormente- su
partida de nacimiento. La vida se le abría con las puertas de par en par. Todos
los halagos del mundo le rondaban: una inteligencia preclara, un porte
distinguido, una condición económica desahogada. Una cultura brillante, unas
aficiones musicales que le concitaban simpatías, un don de gentes desbordado,
todo le hacía un “hombre de porvenir”. Le sonreía todo. Y, sin embargo, algo le
lloraba dentro, muy dentro, recordándole que es poco lo que aprovecha al
hombre tenerlo todo, si se pierde a si mismo (Mt 16, 26).
Un día fue al C, Y Chale, renacido en virtud del Espíritu, tiene
su vida varada en aquella fecha, donde Cristo empezó a ser brújula, proa,
piedra angular de su vida: “solamente el Reino es absoluto, y toda el resto es
relativo” (EN 8). Todo siguió siendo igual: su hogar, su negocio, sus amigos y
todo era distinto: la luz, la casa, la poesía, el dinero, el aire, el amor, la
música, la mujer. Todo tenía tono distinto, color distinto, distintas
perspectivas. Como aquel día del Templo de Jerusalén. Cristo había subvertido
todos los valores de su existencia (Mt 21, 12). Y Carlos Mántica sigue viviendo
en dos coordenadas que nada ni nadie ha logrado aminorar: un clima de alegría
desbordada, nueva cada mañana, como recién estrenada, que se abreva en la
fuente del gozo íntimo que le da su amistad con el Señor y la capacidad de asombro
ante las maravillas que Él está pronto a verificar en la amistad con los
hermanos. No sé por que recuerdo algún escrito del cardenal Pironio, diciendo:
“En un mundo que se muere de tristeza, se desangra en la violencia y se
paraliza en el miedo y el cansancio, yo quisiera anunciar a mis hermanos la
alegre noticia de la venida de Jesús».
Tengo algunas cartas de Mántica, escritas entre el fragor del
fuego y los estallidos y las dilapidaciones y los derrumbamientos y la sangre y
los cadáveres, a raíz del seísmo que, en las navidades de 1974, devoró aquella
su bella tierra de Managua. En esas cartas creo que se halla el mejor retrato
espiritual de Chale. Transcribo sólo algunos fragmentos:
“De Managua no quedan sino las zonas suburbanas. La que quedó
en pie, esta siendo dinamitado, y no podrá reconstruirse en el mismo lugar. Nos
esperan tiempos aun peores. Bendito el día en que conocí al Señor, y acepte su
escala de valores. No hecho de menos nada de lo perdido; he descubierto en el
amor de tantos hombres tesoros que no merezco ni sabía poseer. Me duele ocasionarles
angustias y pena. Quiero ser cada día más esclavo de Dios y servidor de los
hombres...
Perdimos cuatro supermercados, la tienda y dos bodegas. Todas
fueran saqueadas por las turbas, y quemadas. Siento, sin embargo, una gran paz
y serenidad. Nos sobra juventud y entusiasmo para recomenzar siempre, bajo la
protección de mi Señor Jesús, y en la línea que hemos seguido hasta hoy.
Dile a los C del mundo entero cuanto los amamos. En lo
personal ofrezco todo lo sucedido y cuanto pueda suceder por la conversión de
todos aquellos a quienes esta llamando el Señor a través de C. Tú tranquilízate.
Estoy en las manos de mi Hermano y de mi Madre. Pueden hacer conmigo lo que
quieran; sólo pueden querer mi bien, pues me aman. ¡Somos el dios de Dios! Le
he interrogado acerca de cual es su voluntad sobre mi; en el fondo me basta con
que Él la sepa, y ésta se cumpla...
En mi familia nunca hemos estado más unidos ni más felices.
¡Calcula tú, si ya antes era mi casa un Paraíso! He visitado a nuestros ex-empleados,
y también ellos están sanos. Los iremos llamando a medida que reabramos nuevas
fuentes de trabajo...”
Otro día me decía: “Vivimos en un país en estado de incertidumbre:
En unos meses vendrá el hambre. Muchos países han retirado su ayuda. Desde
antes del terremoto la situación económica era crítica, debido a una larga sequía
que diezmó nuestros cultivos de exportación. Lo único cierto y permanente es la
presencia clara de mi Señor Jesús, en este paisaje de nuestra historia. ¡Venga
tu Reino! ¡Ven, Señor Jesús! No me interesa conocer sus caminos, Él es el camino,
y basta seguir sus pasos…”
A un amigo desconocido que, con motivo del terremoto, se interesa
por él, Chale contesta: “Dios te bendiga, Rafael”. Yo he tenido que confesar,
en alguna Clausura, cuando las lágrimas me impedían hablar, que soy capaz de
hablar por horas de cualquier cosa, pero incapaz de resistir unos minutos,
hablando del Misterio del Amor de Dios por mí.
Ahora descubro que ya tampoco soy capaz de hablar del amor de los
hermanos entre si, sin que se me cierre la garganta por la emoción. La cual,
por cierto, me imposibilita como Rollista de C: pero ya saldrá por allí algún
puesto de campanero...”
De campanero, teólogo, dirigente y escritor. ¡Bienaventurados
los campaneros que saben aunar, como Mántica en estas cartas, realismo y fe,
humildad y fortaleza, responsabilidad, y despreocupación, iniciativa y esperanza...
y saben pensar en sus empleados, mientras se espera y se ora al Señor Jesús...
Mántica es, además, sesudo y cerebral, en el mejor sentido de
la palabra. Le gusta analizar, palpar minuciosamente las ideas, exprimirles
todo su jugo, jugar con ellas como en un juego de ajedrez, para no descansar
hasta tenerlas todas encajadas y jerarquizadas en su sitio y con su función
exacta. Cuando las tiene ya adobadas, empieza la construcción arquitectónica
de un artículo, que siempre es fruto de muchas idas y venidas, de muchas
vueltas, y revueltas, de mucho laboratorio y de muchas compulsaciones, en un
parto largo, que el amor les hace fácil.
Tiene luego la difícil facilidad, el don de saber plasmar la
idea en palabras medidas y precisas. El lenguaje no se le muestra arisco; sabe
decir con llaneza, sin retoricismos; sabe esculturar en el lenguaje el vuelo de
la idea, que le queda limpia y clara porque Mántica, que primordialmente es un
autodidacta, la recoge de la vida. La idea se le ha hecho carne; la sabría
expresar de esta y de otra y de otra manera; la hace descender a la calle, y la
compulsa y la comenta, y la enriquece en el diario compartir con los hombres
hermanos. Y la viste. Y le pone música. El afán de amar no le deja quieto; la
claridad le nace de una honda fuente interior.
Por eso nacidas del amor más alto, y fraguadas en su vertiente
más humana, sus ideas encandilan, Y levantan asombros y hacen adeptos. Es difícil
sustraerse a su fascinación; yo creo, que a su inmensa capacidad de amar.
Y es que Cristo le vive dentro. Le sabe expresar porque le ha
sabido orar. Y le ha sabido orar porque no sabe no quererlo. Repasad los fragmentos
transcritos de sus cartas. Chale se lo ha jugado todo a la aventura de ser
cristiano: sólo desde este ángulo se puede comprender su libro: “evangelizar
constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad
más profunda” <EN 14).
¿Será necesario añadir que la aparición de estos puntos de luz
debiera señalarse en bronces sobre la historia de los C de Cristiandad?
Estoy convencido de que Mántica seguirá abriendo caminos. Él
-es cristiano- no ha recibido la luz para esconderla debajo del celemín sino
para subirla al candelero, para que los hombres, glorifiquen al Padre (Mt 5,
15). De seguro que no olvidará aquella incisiva exhortación de Pablo VI, de
ser, gracias a los carismas del Espíritu y al mandato de la Iglesia, verdaderos
evangelizadores, dignos de esta vocación, y ejercer su vocación sin reticencias
debidas a la duda y al temor, y no descuidar las condiciones que harán no sólo
posible, sino también activa y fructuosa esta evangelización (EN 74).
Tu fragua, Chale, no ha agotado su fuego. Si algún día notas
que el Señor se te insinúa, toma otra vez tu «cassette" -ese que siempre
tienes a mano, aunque sea mientras vas en coche sobre el asfalto, como cuando,
en los días del seísmo de tu tierra, nos mandabas tus últimas ánsias- y haznos
el don de dejarnos participar en esa tu vida irrefrenable.
Gracias, Chale, por este don. Y por los que vendrán... ¿No?
Para mi es honor y gozo y exigencia prologar tu libro, a los
treinta años de aquel primer C de Cristiandad en mi tierra de Mallorca.
Sebastián GAYA
I. DESDE LA ALTURA DE LOS PRINCIPIOS
Postulados generales del Movimiento de
Cursillos de Cristiandad.
Estimamos que estos postulados,
que llamamos generales, deben considerarse no como afirmaciones “a priori”,
para ser objeto de posteriores experimentos que determinen su validez, sino
afirmaciones «a posteriori», acerca de un Movimiento “avalado par la experiencia
y acreditado por sus frutos”, objeto de un consenso general en lo que respecta
a su esencia y finalidad.
Son, pues, verdades
entresacadas de la vida. Postulados que brotan de la experiencia. Enunciados de
una realidad. No pretenden decir qué son los C de Cristiandad, sino sugerir
todo lo que pueden ser y lo que no pueden ser.
I.- El Movimiento de Cursillos no es una obra acabada y
completa.
Busca estar en la verdad y al día, en un espíritu de constante revisión y renovación.
Para ello procura el desarrollo en la identidad, para la consecución más eficaz
de su propia finalidad, aplicando de diversas formas una misma mentalidad a situaciones
concretas, sin modificaciones que desvíen su finalidad o frustren su eficaz
consecución.
II.- Los Cursillos de Cristiandad son un Movimiento de Iglesia
con una proyecci6n eminentemente seglar.
A.- Son Movimiento de Iglesia, por cuanto:
1.
Tienen por finalidad última la misma misión de la Iglesia;
2. Están
integrados por sacerdotes, religiosos y seglares de uno y otro sexo;
3. Están
abiertos a todos los bautizados;
4.
Se hallan en línea con la doctrina y el magisterio de la Iglesia;
5.
Es la iglesia quien da los Cursillos;
6.
Han sido autorizados por la Jerarquía, para cumplir con su finalidad desde su
esencia y con su método propio.
Los Cursillos Pertenecen a
la Iglesia en la misma forma y medida en que los cristianos pertenecemos a
ella.
B.- Los Cursillos tienen una proyección eminentemente seglar,
por cuanto:
1.
Posibilitan la vivencia de lo fundamental cristiano en el mundo;
2.
Tienen como finalidad última la cristianización de las estructuras temporales;
3.
Con un estilo de vida fundamentalmente seglar.
III.- Los cursillos sólo son para la Iglesia:
-en cuanto la vivifican por la conversión de miembros muertos
en miembros vivos y responsables en la edificación del Cuerpo Místico de
Cristo.
No son para la Iglesia:
1.
En cuanto su proyección, eminentemente seglar, se da sobre el mundo y sus
estructuras;
2.
En cuanto la Iglesia no es una finalidad en si misma, sino que su misión salvífica
se proyecta sobre el hombre y sobre el mundo;
3. Por cuanto no se
pretende la transformación de las estructuras eclesiales, sino la transformación
de las estructuras temporales;
4. Por cuanto el mundo tiene
unos problemas, y la Iglesia es depositaria de su solución, el Movimiento,
desde la Iglesia y con la Iglesia, pretende llevar esta solución al mundo;
5.
La Iglesia misma, como Cristo, ha declarado que no ha venido a ser servida,
sino a servir.
En conclusión los
Cursil10s no son una respuesta a la Iglesia sino una respuesta de la Iglesia al
mundo.
IV.- Los Cursillos de Cristiandad son un método práctico
fundamentado en un criterio de eficacia. Dejan de ser un método práctico y
eficaz:
1.
Cuando sacrifican o merman la obligatoriedad del Mensaje al apartarse, en lo
teológico, de lo fundamental cristiano, y, en lo humano, del sentido común y
del conocimiento exacto de la realidad;
2.
Cuando exigen a alguien lo que no le obliga; cuando exigen lo que no obliga a
todos; cuando exigen imposibles; cuando rompen la normalidad en su sentido
exacto; cuando desubican a las personas, violentan su vocación o exceden sus
carismas;
3.
Cuando no facilitan métodos prácticos de maduración y crecimiento en la
conversión;
4.
Cuando no facilitan métodos prácticos de maduración y crecimiento en la conversión;
5.
Cuando se usan sólo como método sin estructuras de Poscursillo o con
estructuras no kerigmáticas;
6. Cuando se usan para fines
distintos a aquellos para los que están diseñados;
7.
Cuando la presentación del Mensaje no se hace asequible a todos.
V.- Los Cursillos de Cristiandad, como instrumento de conversión,
parten de la firme convicción de que la teología y la psicología son paralelas,
porque las mayores realidades de Dios colman siempre las mejores aspiraciones
de los hombres.
VI.- Los Cursillos de Cristiandad como Movimiento que tiende a
la estructuración cristiana de la sociedad parten de la convicción de que el
estado actual, es consecuencia de su descristianización, debida no a que existan
muchos paganos, sino muchos cristianos que no viven su Bautismo; en
consecuencia establecen como solución la
cristianización de las estructuras por la conversión integral -vivencia plena
del compromiso Bautismal- de aquellas personas que son ejes de constelación.
VII.- Por estructuración cristiana de la sociedad debe
entenderse la cristianización de las estructuras ya existentes en la sociedad y
no la creación de “nuevas” estructuras “cristianas”.
VIII.- El Movimiento de Cursillos pretende la transformación
de las estructuras sociales únicamente mediante la conversión integral de los
agentes del cambio social.
IX.- Los Cursillos de Cristiandad son un elemento y un
instrumento de la Pastoral.
Además de ser un
instrumento, constituyen un plan concreto de Pastoral, con objetivos,
estructuras y metodología concretas, que el obispo puede libremente integrar
en su totalidad a la suma de planes concretos que constituyen su Pastoral
diocesana total.
Son un elemento y un
instrumento de la Pastora kerigmática:
a)
por su finalidad inmediata: la conversión personal e integral del individuo;
b) por su contenido: el
Mensaje de lo fundamental cristiano, el Misterio de Cristo.
c)
por su estilo: jubiloso, dinámico, testimonial, vivencial, autorizado.
X.- La metodología toda del Cursillo responde a la visión de
un mundo que ha dejado de ser cristiano y se encuentra en una situación
universal de diáspora.
En consecuencia, se
orienta a la conversión integral de los individuos concebida como un proceso
progresivo y permanente pero siempre inacabado que requiere que la metodología
de sus tres fases –Precursillo, Cursillo y Poscursillo-, sea eminentemente
kerigmática.
XI.- Los Cursillos de Cristiandad, conforme a su estrategia y
finalidad no pueden ser un instrumento de Pastoral de masas, sino instrumento de
una Pastoral kerigmática de “élites”, entendiendo por “élite» los agentes del
cambio social, sin distinción de clases, posición, educación, etc. Así se
desprende de la literatura y de la experiencia de Cursillos, que afirman:
1)
Que los cursillos no son aptos para todos.
2)
Que la consecución de su finalidad y la eficacia de su estrategia esta
condicionada a la selección de personas aptas para lograrlas;
3)
Que la vertebración cristiana de la sociedad y de sus estructuras no se logrará
por la asistencia de todos a un Cursillo.
XII.- Se trata, por el contrario, de hacer llegar los frutos del
Cursillos a todas partes. Ello, a su vez, supone heterogeneidad, no
especialización.
XIII.- La finalidad del Movimiento se consigue solamente y a
plenitud cuando éste está estructurado en sus tres elementos: PRECURSILLO,
CURSILLO Y POSCURSILLO.
XIV.- El PRECURSILLO es
elemento esencial del Movimiento. En él la selección de candidatos se hace,
ante todo, de cara a la consecución de su finalidad última: la estructuración
cristiana de la sociedad. El “tratamiento” del candidato se hace de cara a la
consecución de su finalidad inmediata: la conversión integral del individuo.
XV. El Precursillo, en su forma más perfecta, debe constituir
un inicio de conversión. En este sentido es kerigmático:
a)
En su intención procura un indicio de conversión;
b)
En su forma da una predicación vital testimonial; la proclamación de una verdad
que se ha hecho realidad en el “padrino»; la promesa de que esta verdad puede
ser también realidad en el candidato;
c)
En su estilo, no se funda en argumentos, ni raciocinios, ni polémicas, ni
“lecciones”.
XVI.- El CURSILLO, como método aplicado en tres días, es esencialmente
kerigmático. La pureza kerigmática de los tres días del Cursillo no depende de
la mayor o menor densidad teológica de su Mensaje, sino:
1.
De su capacidad de dar vivencia de cuanto en el se predica;
2,
De la orientación de cuanto en el se dice hacia una conversión del individuo;
3.
De la obligatoriedad del Mensaje, que será tanto mayor cuanto más fundamentales
sean las verdades que se exponen;
En consecuencia, ningún
Rollo debe lanzar hacia el conocimiento como meta. Se pretende llegar por el
estudio al conocimiento, por el conocimiento al amor, por el amor a la fe, por
la fe a la vida.
Con igualdad absoluta de
temario, un Cursillo puede ser puramente kerigmático, o convertirse en
“catequético”, según la forma, intención y estilo con que se expongan y orienten
las verdades en él contenidas.
XVII.- La conversión, concebida como un proceso progresivo, supone,
a su vez, una exposición progresiva del Mensaje y un clima ascendente en el
Cursillo.
Aunque en el Cursillo no
se dan etapas rígidas, deben distinguirse en él diferentes fases sucesivas y concatenadas,
con finalidades distintas y concretas que se deben respetar de cara a la
eficacia.
No se trata, sin embargo,
del conocimiento progresivo de una teología, sino de conjugar en los “Rollos”
elementos de teología, psicología y pedagogía, para saber qué decir, cuándo
decirlo, que no decir y cuándo y cámo decir, para lograr la conversión que se
pretende.
En el Mensaje del Cursillo
se adivinan tres grandes fases: información, testimonio y lanzamiento. En las
dos primeras se informa y testimonia lo que Dios ha hecho por nosotros -Dogma
y Sacramento-; en la tercera fase se lanza al Cursillista a una respuesta
directa y comprometida a corresponder a este Amor.
XVIII.- Los Cursillos de Cristiandad son la síntesis viva del
dogma católico.
Nacieron de la convicción de que los hombres
no vivían en cristiano no porque les pesara la ley, sino porque desconocían el
cristianismo autentico. El énfasis, por tanto, no debe ponerse en la Ley
(Los Mandamientos), ni en las practicas piadosas o los Sacramentos como ayudan
para soportar la ley, sino en el conocimiento y vivencia de lo fundamental
cristiano y el Mandamiento único del Amor.
Los Sacramentos son
testimonio de la que Dios hace en nosotros por amor; las prácticas piadosas indican
la relación entre el hombre y Dios en Cristo, que, no sólo expresan, sino que
acrecientan la amistad.
XIX.- Todas y cada una de las estructuras del POSCURSILLO
tienen, como finalidad última, perfeccionar y acelerar el proceso de conversión
integral iniciado en el Precursillo y continuado en el Cursillo. Por tanto, también la
Reunión de Grupo, la Ultreya y la Escuela de Dirigentes deben ser eminentemente
Kerigmáticas.
XX.- La dimensión comunitaria de los Cursillos de Cristiandad
apunta a la vida y no a la estructura.
XXI. La comunidad, como realidad existencial no estructural,
está fundamentada en:
1.
Unos valores compartidos;
2.
La experimentación de una misma cosa de idéntica manera;
3.
El respeto por lo singular de cada individuo.
Esta común unidad se
encuentra, dentro de Cursillos, en un solo Señor, una sola Fe, un solo
Bautismo, un solo idioma -el del Amor-, compartidos de idéntica manera, desde
la perspectiva de nuestra propia conversión.
Sólo así puede hablarse de
la comunidad de la Ultreya o de la comunidad eclesial en las que no se dan
relaciones interpersonales primarias de todos a todos, ni problemática común,
ni realidades homogéneas estables.
La Reunión de Grupo ha
sido definida como la unión voluntaria de todos en la misma verdad y en la
misma vida. Es la dimensión comunitaria de Cursillos en su forma más íntima.
Está fundamentada en la amistad, que, a su vez, presupone las bases anteriores:
valores compartidos, respeto a la individualidad, experiencia compartida, etc.
Respeta la vocación personal y posibilita la proyección de los carismas en
absoluta libertad de opción.
XXII. Los Cursillos de Cristiandad están en la línea del «ser»
y no del «hacer” cristiano.
Hay quienes hacen porque
son; quienes parecen porque hacen, y quienes hacen por parecer. Cuando se es,
se hace mejor todo lo que se puede.
En su visión de evangelización,
los Cursillos de Cristiandad ponen todo el énfasis en conseguir apóstoles más
que en hacer apostolados. Sólo vale la acción apostólica que es consecuencia
del ser cristiano. La acción que no es expresión del ser íntimo, no tiene
fuerza de eficacia, porque no lleva sobre sí el sello inconfundible del
-compromiso vital; a lo más sirve para tranquilizar a los que creen que, con un
determinado cupo de actividades; han cumplido con su obligación.
XXIII. El Movimiento de Cursillos de Cristiandad, al procurar
la orientación de toda la vida a la luz de todo el Evangelio, es y debe ser
-como el Evangelio- un Movimiento Liberador:
1.
En lo personal, supone ruptura con el pecado y con el hombre viejo, y adhesión
a un Cristo libre y liberador;
2.
En lo social, es liberador, como Cristo,
-de la esclavitud
-opresión e injusticia-
-del pecado -egoísmo e
individualismo-
-de la muerte -materialismo
inmanentista-.
Kerigma y Cursillos
Antecedentes:
En agosto de 1968
asistimos al I Encuentro Latinoamericano de Delegados Nacionales de C de
Cristiandad, celebrado en Bogota. En dicho Encuentro llegamos a la siguiente
conclusión: “Dentro de la Pastoral de Conjunto, el Movimiento de C de
Cristiandad es un agente con función específica. Esta función esta determinada
por su finalidad, su esencia y su método en la acción total de la Iglesia”.
Regresamos de Bogota con
una doble preocupación.
1.
El criterio de máxima eficacia exigía que los C se integraran en “la acción
total de la Iglesia”. No podía ser “el Movimiento del Padre Fulano”, ni
siquiera “del Obispo Zutano”, algo paralelo pero inconexo con la Pastoral
Diocesana.
2.
No podían ser tampoco agentes de cualquier Pastoral ni de toda la Pastoral,
capricho de cualquier Padre o de cualquier Obispo; sino agentes con una función
específica, que aún desconocíamos, pero que sabíamos que estaría determinada
por su finalidad, su esencia y su método.
No podíamos inventarla
pero trataríamos de descubrirla y de explicarla a los pastoralistas.
Descubrirla fue fácil. Nos
bastó leer un paco sobre el Kerygma, para intuir el lugar de C en la Pastoral
Diocesana. En algunos escritos de C, sobre todo en la exposición de Madrid, del
año 1951, de don Juan Capó, la intención kerigmática de C era evidente: “No se
intenta una explicación catequética, sino que el Cursillo se sitúa en un punto
previo: la proclamación del Mensaje que salva, de una vida nueva, que
transfigura y configura”.
Finalmente encontramos la
palabra “KERIGMA” con todas sus letras, en tres escritos de C:
1.
En la Ponencia “Los Rollos Místicos”, presentada por don Juan Capó en el
Encuentro del Valle de Los Caídos: “Los Rollos Místicos, en la línea del Kerygma,
deben pregonar, como anuncio jubiloso, el acontecimiento salvador del
cristianismo, provocando la fe de conversión, que debió preceder a la fe de
contemplación, en la que el individuo ha estado inmerso desde que fue
bautizado sin haberse convertido...”
2.
En la serie de artículos de don Victoriano Arizti, publicados en el Boletín de
C, bajo el título “Formación y C”: “El Cursillo, al buscar el Kerygma, no
intenta conseguirlo a través de discursos, conferencias o charlas, ni siquiera
por una serie de Rollos existenciales o vivenciales, sino por toda una vivencia
que se da durante esos tres días, y que engendra un compromiso vital”.
3.
En una amplia, aunque prudente, exposición de Mons. Hervás sobre la Teología
kerigmática, en el capitulo “Novedades en la Teología», de su libro “Los C de
Cristiandad, instrumento de renovación cristiana”.
Basados en estos
antecedentes y en nuestras propias conclusiones, escribimos el Rollo “Ubicación
del Movimiento de C en la Pastoral de Conjunto”, con motivo de nuestro II Encuentro
Nacional de Dirigentes, llevado a cabo a escasos tres meses del Encuentro de
Bogota. Este Rollo y su corolario –“Conversión y C”- circulando en forma
mimeografiada, fue objeto de gran difusión en países como México y Brasil, estudiándose
en Encuentros Nacionales, por la importancia que el tema había adquirido, al
fijar, como finalidad del Encuentro Mundial de Tlaxcala, la incorporación del Movimiento
de C a la Pastoral Diocesana.
Llegó el Encuentro de
Tlaxcala (México), y sucedió algo imprevisto: lo que se había afirmado de C,
como método aplicado en tres días, consciente o inconscientemente se afirmaba
ahora del Movimiento de C: “Los C de Cristiandad, como Movimiento de Iglesia,
no pueden ser considerados como una cosa aparte de la Pastoral de la Comunidad
Eclesial. Son un elemento y un instrumento de esa Pastoral, en uno de sus
aspectos -la Pastoral Profética-, y, dentro de la Pastoral Profética, de la
Pastoral Kerigmática”.
Al Encuentro de Tlaxcala
siguió una serie de publicaciones al respecto. España publicó los dos trabajos
de Nicaragua, poniendo así sobre el tapete una vez más el tema del Kerygma. En
general, se aceptaba y reafirmaba lo dicho acerca del Método, sin afirmar o
negar el carácter kerigmático del Movimiento en sus tres fases.
A manera de ejemplo, don
Francisco Suárez, en su serie de artículos titulados «Los C de Cristiandad son un
Movimiento de Espiritualidad Cristiana”, afirma: “Los C de Cristiandad son un Método
de Evangelización, situado en la línea del Kerygma, que engendra un Movimiento,
que tiende a cristianizar los ambientes y estructuras del mundo, a través de
personas que por sus valores humanos, ofrecen mayor garantía de realizarlo con eficacia».
Lo que se afirma del
Método no se afirma necesariamente del Movimiento. En su libro “Los C de Cristiandad
abiertos al Futuro”, don Francisco Suárez y don Clemente Sánchez comentan las
conclusiones de Tlaxcala, pero explicitan el carácter kerigmático de C sólo de
cara a los Rollos y al estilo de los tres días del Cursillo.
Sin embargo, don Jaime y
don Juan Capó, en la Introducción a su nuevo libro “El Porqué y el cómo de C”,
reafirman el carácter kerytmático del Cursillo como Movimiento y como Método:
“La dimensión kerytmática de los C de Cristiandad es otro presupuesto criteriológico
básico a la hora de una revisión de su doctrina y de sus exposiciones. No creemos
que sea necesario detenernos aquí en la demostración de algo que está comúnmente
admitido, y que resulta lógicamente innegable, desde el momento en que se sitúa
toda la arquitectura metodológica de los C sobre la dinámica de la Gracia, como
realidad transfiguradora y como determinante de su objetivo pleno, la
conversión.
Hoy nadie duda del
carácter kerigmático del Movimiento de C, supuestas las zonas de discusión y de
estudio que todavía comporta para la Pastoral este concepto, y la diversidad de
planteamientos con qué se enfrentan ante el las diferentes escuelas y los
diferentes autores.
Llegado el Pre-Encuentro
de Lima (Perú), se sintió la necesidad de clarificar el significado de las
conclusiones de Tlaxcala: analizar el contenido kerigmático de C en sus tres
tiempos: Precursillo, Cursillo y Poscursillo.
El primero y el último
resultaban especialmente obscuros en lo que al kerygma se refiere. Pero aún con
respecto al Cursillo surgían algunas dudas. Se argumentaba que, aunque el
Cursillo está “en la línea de! Kerygma, no es Kerygma puro, significando que
puede trascenderse, ampliando el Mensaje hasta temas que normalmente caen en el
campo de la catequesis. Concretamente se objeta que la teología de los
sacramentos, las prácticas piadosas del Rallo de Vida Cristiana y toda la
liturgia están completamente fuera del campo del Kerygma.
Para dar una respuesta
satisfactoria a estas preguntas, deseamos iniciar este tema con un estudio
acerca de la evolución del significado y del contenido del Kerygma; la
evolución del término catequesis y de su contenido doctrinal, y el valor
kerygmático de la liturgia.
Nos adentramos en el tema
sin prejuicios, sin argumentos a favor o en contra, dejando que el lector saque
sus propias conclusiones. Buscamos explicitar una mentalidad que sirva de
criterio para los tres tiempos de C, y no nos interesa bautizarla con el
termino Kerygma ni con ningún otro apelativo, sino con el valor de lo
evidente.
a. cursillo y kerigma
Las definiciones Conceptos
que expondremos en esta breve introducción sobre el Kerygma están tomados en
su totalidad de las obras del Kart Rahner, Karl Lehman y del P. Nebreda. Este
último director del Instituto Pastoral del Este
Asiático, a cuya autoridad nos referimos.
Definición
Según Rahner, “Kerygma, en
sentido pleno, es la predicación actual determinada por la situación histórica
de la palabra de Dios en la Iglesia,
mediante predicadores que, acreditados por Dios, dan testimonio. Esta palabra
pronunciada par los predicadores, en fe, esperanza y amor, por la virtud del
Espíritu hace presente aquello mismo que se predica (y en la que el mismo Dios
se promete al hombre) como Mensaje evangélico de la salvación. y como fuerza
obligatoria y normativa que permite que la historia de la Salvación en
Jesucristo esté presente “ahora” según su principio y su fin –cada uno a su
modo- de tal suerte que esta palabra, hecha a su vez acontecimiento en las
cosas dichas y escuchadas, puede ser aceptada por el oyente en fe y en amor».
Esta definición de Rahner,
que trataremos de explicar con citas del mismo autor, introduce una serie de
conceptos esenciales para la comprensión de la naturaleza puramente kerigmática
del C.
A manera de ejemplo,
solamente, lo determinante del Kerygma no radica tanto en el contenido del
Mensaje que se predica, cuanto en:
1)
la intención o finalidad del Mensaje: provocar la conversión del individuo;
2)
su obligatoriedad;
3) la
autoridad, estilo y testimonio del predicador;
4)
el espíritu con que se predica;
5)
que hace presente aquello mismo que se predica; par ello “da vivencia” de lo
predicado.
Contenido del Kerygma
A este respecto todos lo
autores están de acuerdo en que “el Kerygma se limita a proclamar la sustancia
profunda del cristianismo, los rasgos fundamentales de la vocación cristiana,
evitando lo accidental, los adornos, lo superfluo”. Nosotros lo llamamos la
proclamación de lo fundamental cristiano.
El contenido de esta
predicación kerigmática concreta varía, y estará determinado por lo que Rahner,
en su definición, llama la situación “histórica”. Estas variantes resultan
evidentes en los textos kerygmáticos más importantes del Nuevo Testamento. En
1Ts 1, 9; 1Co 8, 4-6; Ga 4, 8, el kerygma está encaminado a apartar a los
paganos de los ídolos y llevarlos al Dios vivo (1Ts 1, 9); a aceptar que tales
dioses no existían (1Co 8, 4-6); al anuncio de la Trinidad y Unidad Divina en
1Tm 9, 4; Hb 10, 26. En el Kerygma de Juan el Bautista el contenido es el
anuncio de la proximidad del Reino de Dios y la llamada a la Penitencia,
mientras en Cristo se proclama la llegada del Reino y su propio misterio.
Pero todos los autores
consultados están de acuerdo en que el kerygma, en lo que a su contenido se refiere,
no debe confundirse con “el mínimum de doctrina que debe proclamarse en una
primera evangelización”, sino que es la proclamación global de aquello que es
base, causa y continente de toda lo cristiano.
En términos cursillistas
no es sino volver a insistir en la diferencia entre lo elemental cristiano (mínimo
ético, cristianismo rudimentario) y lo fundamental cristiano, sustentación,
condición y distintivo de todo lo cristiano. Basten, como prueba, las
siguientes citas textuales:
P.Semois
“Toda la moral cristiana
está contenida en el precepto de la caridad teologal para con el prójimo:
‘Quien ama al prójimo ha cumplido la ley’ afirma San Pablo, “pues el amor al
prójimo es la plenitud de la ley” (Rm 13, 8-10). De la misma manera, ‘…la fe
que justifica, está englobada totalmente en la creencia en Cristo-Redentor (Rm
4 y 5). La re-conversión (kerigmática) no está vacía de contenido doctrinal.
Muy al contrario, implica en germen, y de manera muy determinada, todo el
contenido de la fe dogmática”.
Alfonso M. Nebreda:
«Uno debe evitar el oponer
la fe de conversión por la cual el creyente aúna su, suerte con la de
Jesucristo, a la fe de conocimiento, par la cual el mismo creyente se une
interiormente a la totalidad del Credo, Toda la catequesis, todo el dogma, ya
está contenido en el Misterio de Cristo. Para el católico, el Credo no se debe
comparar a una cadena de eslabones iguales, sino más bien al espectro solar, en
el cual todos los colores están unidos en una síntesis luminosa, o al
nacimiento de la planta, de la semilla”.
Gottlieb Söhngen
“El Kerygma no es en si
mismo teología, en el sentido de una concepción científica. Pero no se podría
desarrollar ninguna teología a partir del kerygma, si esta teología no
estuviera contenida en él... Así es válida esta proposición: ‘Kerygma est
initium, fundamentum et radix omnis theologie».
Karl Rahner y Karl Lehman:
“…el concepto de Kerygma
puede aplicarse al acto y al contenido de la predicación eclesial, sin
establecer como norma ninguna especie de descripción minimizante. El concepto
de Kerygma fue y es empleado en la nueva teología pastoral... en el sentido
complejo que abarca la realidad total de la predicación cristiana o alude al
menos a ella de una manera potencial”.
Conforme a lo anterior, la
pureza kerigmática de C no depende de la mayor o menor densidad teológica de
su mensaje, sino, como veremos más adelante, de su capacidad de dar vivencia de
lo que en él se predica, de la orientación de cuanto en el se dice hacia una conversión
del individuo, de la obligatoriedad del mensaje que será tanto mayor cuanto más
fundamentales sean las verdades que se exponen, y del testimonio del Rollista.
Por la misma razón, la existencia
de un Rollo de Sacramentas, las practicas de Piedad o la Liturgia tampoco
restan a C valor kerigmático, cuando se comprende la verdadera intención de los
mismos, y no se desvirtúa su verdadero contenido.
De hecho, en igualdad
absoluta de temario, puede darse un Cursillo puramente catequétioo o puramente kerigmático,
según se expongan u orienten las verdades en él contenidas. No sólo el Rollo de
Sacramentos, sino que la misma doctrina de la Gracia y aún las Meditaciones
sobre Cristo pueden ser indistintamente instrumentos de conversión o temas de
catequesis.
Quisiera hacer un paréntesis en la presentación de los
elementos kerygmáticos del Cursillo, para analizar el valor kerigmático del
Rollo de Sacramentos de la Liturgia, y el verdadero sentido de las prácticas de
piedad en la “Hoja de Compromisos”.
Valor
kerygmático del rollo de sacramentos.
Debemos historiar un poco la
evolución de la pastoral de Evangelización en la Iglesia y del significado
auténtico de la catequesis.
Catequizar significa en su
acepción griega original, hacer resonar, provocar un eco. Un eco pero también
una mayor resonancia de lo que se había proclamado en el kerygma. Se trataba de
dar un mayor conocimiento para dar mayor solidez a la fe recibida globalmente
en el kerygma. Avanzar en la fe por el conocimiento, pero teniendo la fe y no
el conocimiento como meta. Se diría que no se trataba de creer más, sino de
creer mejor. “Creo Señor, pero aumenta mi fe”. Catequesis, que aumente el
conocimiento, pero que no aumente la fe, no es catequesis.
Y fe será siempre “la
decisión personal -existencial- del hombre ante Dios” (Rahner).
Dice el P. Nebreda: “El
fin del apostolado catequístico no es el conocimiento como tal, sino la fe
viviente, la respuesta del hombre al llamamiento de Dios”.
En muchos países y por
muchos años, el cristianismo se ha estado presentando como enseñanza,
instrucción e información. Se acentúa la doctrina. Es importante que entendamos
los eventos que han causado esta situación, ya que alguna gente se opone aún a
aceptar el método kerigmático, porque teme apartarse de la tradición. Debemos
demostrar, por tanto, que el tipo de catecismo que la mayor parte de nosotros
aprendimos cuando éramos niños, fue realmente una desviación desafortunada, de
la verdadera tradición de la catequesis de la Iglesia (cfr. Jungmann,
Catequética).
Los conceptos que siguen,
están extractados de los escritos del P. Alfonso Nebreda.
En las primeras fórmulas
de evangelización, como en las fórmulas de Cirilo de Jerusalén o san Agustín -e
inclusive en el Catecismo Romano- el cristianismo es sencillo y bello. Es un
bello círculo de amor que viene de Dios y que regresa del hombre a Dios,
teniendo a Cristo como centro, primero, lo que Dios hizo y hace por nosotros en
Cristo; según, cómo debemos responder a Dios en Cristo.
LA PRIMERA PARTE incluye dos secciones: el Credo y los
Sacramentos. Ambas para mostrar, lo que Dios ha hecho y hace por nosotros:
El Credo nos habla del
Amor, de un Dios que nos ha creado, que se encarna en el tiempo en Cristo, que,
muriendo por nosotros, nos redime y habiendo resucitado, nos santifica con su
Espíritu, se perenniza en su Iglesia, y nos promete la resurrección eterna.
Todo se centra en el Misterio de Cristo.
Los Sacramentos nos
muestran lo que Cristo ha hecho y sigue haciendo por nosotros a lo largo de
nuestra vida.
La presentación del Amor
de Dios por nosotros debía ser el propósito del Dogma y los sacramentos. Que
podarnos decir al final esta primera parte, con todo nuestro ser: “Y hemos conocido
el amor que Dios nos tiene», como escribe san Juan en su primera Carta. De lo
contrario, es inútil empezar la secunda parte, que es nuestra respuesta a la primera.
LA SEGUNDA PARTE compendia los Mandamientos y la oración especialmente el Padrenuestro. Pero todo ello
centrado en “el Mandamiento”. Porque los Mandamientos no son la característica
específica del cristianismo, pues sólo
tenemos un Mandamiento, el espíritu de amor, el espíritu de Cristo. Si no
entendemos “el Mandamiento” podríamos cumplir los diez Mandamientos
materialmente sin ser verdaderamente cristianos. Pero si lo entendemos,
comprendemos que el amar al prójimo es nuestra respuesta al Amor de Dios, y quien
ama al prójimo cumple los diez Mandamientos, porgue el amor es la plenitud de
la ley. “Quien me ama cumple mis Mandamientos”.
La oración y todas las
prácticas de Piedad de la Hoja de Compromiso también son respuesta al amor de
Dios. Lo contrario sería como quien dijera que tiene un amigo, pero ni le
hablara (oración), ni le escuchara (Meditación), ni le visitara (Misa-Visita),
ni le recibiera (comunión), ni lo obsequiara (ofrecimiento de obras). Sería el
contacto normal entre dos personas que dicen conocerse mutuamente y desean
encontrarse en la comunión del amor.
Pero vino la Reforma y con
ella la Contra-Reforma. El énfasis se centró en responder o prevenir la difusión
de los errores de los reformadores como San Pedro Canisio y San Roberto
Belarmino escribieron Catecismos, para resumir la enseñanza ortodoxa católica. El
énfasis ya no estuvo en las mayores realidades de Dios, sino en las peores desviaciones
de los hombres.
Belarmino, por ejemplo,
atacando a los reformadores por negar la visibilidad de la Iglesia, la define
como “una asamblea y congregación de los hombres bautizados, que, bajo la
obediencia al Romano Pontífice profesan la misma, fe y ley de Cristo”. El énfasis
se pone en las características que distinguen la verdadera Iglesia de una
comunidad herética. En relación a la
unidad de la Iglesia, Belarmino la ve arraigada en la Jerarquía y no en el Espíritu Santo.
A esto siguió el moralismo
antropocéntrico del iluminismo. La Moralidad se dijo es el principal objeto de
la Biblia. Si el Catecismo Romano acentuó primero lo que Dios ha hecho para
Salvamos, el Catecismo del siglo de las luces acentuó lo que el hombre debe hacer
para salvarse. La unidad, el orden y la profundidad de la Buena Nueva, basados
en Revelación, fueron averiados y la estructura de la catequesis cambió de
orden y de sentido. El nuevo
catecismo contra-reformista, moralístico y antropocéntrico, fue el siguiente:
1)
Dogma: lo que el hombre debe creer para salvarse.
2)
Mandamientos: lo que el hombre debe hacer para salvarse, y
3)
Sacramentos, oración y prácticas piadosas: una ayuda para guardar los
Mandamientos.
Triunfaron los fariseos,
que se salvaban por el cumplimiento de la ley. Empezó el reinado del terror, en
vez de predicarse el Reino del Amor. La Iglesia, institución de servicio para
salvar, vino a ser institución de privilegio para salvarse y banco central de los
Sacramentos.
Los Sacramentos son ahora
algo que nosotros, recibiéndolos, debemos hacer para nuestra salvación. Medios
para ayudar a guardar los Mandamientos. Lejos de aparecer como signos
trascendentes y vehículos sacramentales de la muerte redentora de Cristo y de
su resurrección aparecieron como medias para la virtud. La única conexión
prácticamente entre los Sacramentos y Cristo fue la tesis sobre la institución
y el poder de otorgarlos, que Cristo reclama como propios. En una catequesis
así la concepción semipelagiana se abre campo fácilmente. Uno puede ser desviado
a creer que nuestra salvación se encuentra en la acción y voluntad del hombre
más que en la Redención de Cristo.
Las practicas piadosas, al
igual que los Sacramentos, se convirtieron en medias de perseverancia. Ambas
perdieron su sentido kerygmático. Juzgue cada uno lo que el Rallo de Sacramentos
y el Rollo de Vida Cristiana han sido en su localidad.
De la exposición anterior
quisiera, sin embargo, sacar tres comentarios.
Primera observación:
En el Mensaje de C se adivinan
claramente estas dos grandes fases de la predicación, que la eficacia exige
que se respeten:
El amor de Dios y lo que
éste ha hecho y hace por nosotros presentado desde el Vía Crucis de la primera
noche del Cursillo, el Hijo Pródigo y Gracia, hasta el final del Rollo de
Sacramentos. Amor de Dios que, de momento, solo se contrasta con lo que
nosotros hemos hecho con El y con nosotros mismos: nuestros fallos y lacras
personales: “Película de nuestra vida”, “Tres Miradas”, falsas posturas en “El
Seglar en la Iglesia”, “Estudio” (orgullo, cobardía, suciedad, niñería, cortedad).
La teología y la psicología
nos piden, par el momento, olvidarnos del prójimo y del mundo. Hasta aquí el
Cursillo es algo íntimo entre Dios y nosotros mismos: mi propia liberación, el
salto a la Verdad que nos libera y a la Vida que nos resucita.
La segunda gran fase
comienza con el Rollo de “Acción”. Debe ser nuestra primera invitación, abierta
a corresponder a su Amor. Es el mismo Amor el que invita a ser correspondido, y
su llamada se hace insoportable en la medida en que es desinteresada. A la
altura del Rollo de Sacramentos, el alma pide a gritos que se le pida algo. Ya
no soporta tanto Amor sin condiciones. El Rollo de Acción viene a ser lo que
debe ser: una puerta que se nos abre hacia un inmenso camino de posibilidades,
por donde se desborda nuestro amor para corresponder a ese Amor.
En todos los Rollos hay
una llamada implícita, que el Rollista no debe explicar antes de Acción, al
menos como llamada personal a los presentes. Hay que dejar que el Cursillista
saque sus propias conclusiones. A nadie le gusta tragar comida digerida. Tales
conclusiones, por ser propias, tendrán entonces mucha más fuerza y duración. No
hay que arrancar decisiones, sino madurar convicciones.
Yo he visto mil veces a
dirigentes -sacerdotes y seglares- frustrar ese desbordamiento con sus
exigencias prematuras. Las llamadas insistentes a “limpiar la pantalla”; el
“teólogo” que agrega a la definición de Gracia la respuesta que el hombre debe
dar a la amistad que Dios nos brinda el “compromiso” con el mundo en “El Seglar
en la Iglesia”; el sacerdote que te
reclama una confesión o al menos una lágrima en la lectura de cada palanca; el
Rector que después de “todo esto por mí” “todo lo otro para Cristo, el prójimo
y el mundo”. Una exigencia en cada Sacramento.
Muy pobre debe ser el Dios
que pide algo por cada cosa que te da. Muy falsa la teología de un amor interesado y condicionado,
y de un Cristo que nos amó y nos ama,
cualquiera que sea nuestra respuesta a su amor. Y muy pobre la psicología y pedagogía
del Rollista.
La experiencia nos
demuestra que hay una mayor y una mejor respuesta, cuando este brota por sí
solo como decisión propia nacida del Amor. La respuesta forzada, por prematura,
suele ser débil y efímera. Cuando este sucede, el Rollo de Acción ya no es un
cauce para el amor, que el Amor despertó en nosotros un abanico de
posibilidades más, una obligación más, otra respuesta sumada a las muchas
respuestas y obligaciones que se nos han venido martilleando, y que no cesarán
hasta el Rollo de “Cursillista más allá”, donde la responsabilidad es todavía
habilidad de responder.
La segunda gran fase debe,
pues, comenzar con el Rollo de Acción. Si, en la primera fase, el Cursillista
contrastó el Amor de Dios con su propio amor, teniendo por catalizador el
testimonio de amor.
- del Rollista de Piedad
(su conversión);
- del equipo (clima de
Cursillo y labor de pasillo);
- de la Comunidad
(palancas);
En la segunda fase querrá
corresponder a ese amor porque tiene capacidad de asombro.
Se decidirá a hacerlo
porque tiene personalidad.
Podrá hacerlo porque su circunstancia
era limpiable:
Y querrá hacerlo:
1)
Conforme al deseo de Dios: “Mensaje de Cristo al Cursillista”;
2)
Inspirado en el cómo, que señalan las vivencias de “Acción” y “Comunidad
Cristiana” pero limitando al Rollista en su porque: porque Dios nos amo
primero, que es el verdadero Mensaje de la Pasión de Cristo, al final del Rallo
de “Cristiandad en Acción”;
3)
Contrastando la realidad del mundo, de los hombres, de sus ambientes, con lo
que Dios quiere que sean, en el Rallo de “Estudio y animación del ambiente”.
Cambiándose a si mismo -conversión- a los hombres -evangelización-, y las
estructuras (reestructuración del orden temporal);
4)
Podrá hacerlo con o desde un Grupo de Cristiandad, manteniendo además una comunión
vital con Cristo y un contacto permanente con los hermanos.
Lo que Cristo pide en el
cursillo es mucho, porque lo pide todo y antes de pedirlo, debe ser también
mucho lo que da. El Dios que dio su vida por él, le pide, en el Cursillo, su
vida toda:
- en el Rollo de Piedad,
la orientación de toda nuestra vida a la luz del Evangelio, en unión vital con
Cristo;
- en el Rollo de Acción,
la orientación de todos nuestros actos hacia la instauración del Reino de Dios
en la tierra por el ejercicio de la caridad, amor a Dios y amor al prójimo por
Dios;
-en el Rollo de
dirigentes, la orientación de todas nuestras potencias –cualidades naturales y
sobrenaturales- al servicio de Dios y de los hombres;
-en el Rollo de Estudio,
la configuración de todo nuestro ser según su voluntad y ejemplo;
-en el Rollo de Vida
Cristiana -resumen del Cursillo- nos dirá que esta vida debe manifestarse como
vida de fe, vida de esperanza y vida de caridad. Vida de amor a Dios, que se
expresa y acrecienta par la unión con El, en las prácticas de Piedad. Vida de
Amor al prójimo, expresada en acción y compromiso temporal. Plenitud de vida cristiana.
Segunda observación:
Debemos insistir en que la
Evangelización, ya se le llame Kerygma o Catequesis, no se agota en el
conocimiento, sino en la fe, y en la fe como decisión personal, existencial,
del hombre ante Dios, es decir, en la conversión. La intención de todo el
Mensaje, debe, pues, ser solamente la conversión del individuo y la intención
de cada Rollo determinará su contenido. Ningún Rollo, por tanto, lanza al
conocimiento como meta. Ni siquiera el Rollo de Estudio. Ni el Estudio en la
Hoja de Compromiso. Ni la pregunta de Estudio en la Reunión de Grupo. El Rollo
primitivo de Estudio se centraba en este simple esquema: “conózcate a ti, Señor,
y me conozca a mí”.
Conocer más a Dios, sí,
pero para amarlo más y servirle mejor. Conocernos mejor a nosotros mismos, pero
para contrastar el tú -ilusión del Padre- con el tú, ilusión de ti mismo. Buscando
la perfección en su ilusión, en su plan para ti, porque el hombre, en su más
radical autenticidad, no es sino lo que Dios piensa de él. Somos pensamientos
de Dios hecho realidad por su amor y voluntad, y, par ello, nuestra perfección
está en conformar nuestra realidad a su pensamiento, a su voluntad, a su amor.
Por todo ello forman parte
del Estudio:
- el Examen de Conciencia,
que te dirá que piensa Cristo de ti;
- la Meditación, que te
dirá que quiere Cristo de ti;
-la Dirección Espiritual,
para ir logrando cada día más la orientación de toda tu vida a la luz de todo
el Evangelio, que es donde se manifiesta su pensamiento, su voluntad, su amor.
El Estudio, como la
Catequesis debe dar:
1)
Solidez a nuestra fe: por el estudio al conocimiento; por el conocimiento al
amor -o viceversa-; por el amar a la fe, y por la fe a la vida;
2)
Forma nuestra vida, conformándola a la imagen de Cristo, que también es vida, y
viviéndola a la luz de un cristianismo concebido como vida clave que la
explica toda.
Tercera observación:
Ni los Sacramentos ni las
prácticas de piedad son instrumentos de perseverancia dentro de la mentalidad
de C. Si no lo son, abstengámonos de presentarlos como tales. La simple visión
de la medicina nos hace temer la enfermedad. Es triste ver como, en ciertos C,
se gastará horas en convencer al Cursillista a cerca de la posibilidad de una
“perseverancia”, tratando de vencer un
temor que tal vez no existiría si el buen sacerdote no lo hubiera despertado.
No existe, en el Mensaje
puro de C, una “fase de perseverancia”. Esta nació de la presentación de un cristianismo
que consistía en no pecar. Pero el cristianismo no puede consistir en evitar
una muerte, sino en vivir una vida, y vivirla en plenitud y abundancia. Presentemos,
pues, los Sacramentos como fuentes de esa vida que salta hasta la Vida Eterna,
no como gasolineras para continuar la marcha, y las prácticas de piedad como
esa comunicación recíproca entre Dios y los hombres, que, como toda comunicación,
aumenta a la vez que expresa su amor y amistad. Por ellas expresamos a Dios
nuestro amor y Dios el suyo; y el nuestro y el suyo se acrecientan, si es que
puede acrecentarse lo infinito.
Valor
kerigmático de la liturgia
No solamente la estructura
del Catecismo y la relación entre el Dogma y los sacramentos se
desequilibraron, como resultado del punto de vista antropocéntrico del siglo de
las luces, sino inclusive se afectó la presentación
kerigmática de los misterios centrales del cristianismo: la Encarnación, la
Pasión, la Resurrección y la Ascensión del Salvador consideraron como hechos salvíficos que
pasaron y están completos, en vez de hechos que trascienden el espacio y el
tiempo, y llegan hasta nuestros días. Demasiado a menudo los misterios
cristianos se presentan, en los catecismos, bajo su aspecto histórico, y no
bajo su aspecto litúrgico, por el cual están contenidos, y se continúan en el
presente.
La misma liturgia “secreta
e incomprensible”, perdió también su valor kerygmático por excelencia, hasta
el punto que hoy se considera como algo distinto y separado del kerygma.
Una vez más quisiéramos
citar a Rahner: «....la palabra pronunciada en los actos litúrgicos centrales
es simplemente Palabra de Dios en su plenitud, en su fuerza eficaz, y explica, por
eso, en su sentido primario y pleno, lo que quiere decir kerygma...» En efecto,
la liturgia sobre todo de la Cena del Señor y de los Sacramentos, se apoya en
la palabra eficaz “ex opere operato”. Esta palabra es pronunciada como palabra
de Dios; encierra en sí, de hecho, la realidad que pronuncia; hace verdaderamente
presente y aplica esta realidad a la vida de la comunidad y a las situaciones
decisivas de cada uno de sus miembros.
La celebración cúltica de
la Cena del Señor tiene un acusado sentido kerygmático: “Pues cada vez que
coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que
venga” (1Co 11,26). También la celebración de la Cena del Señor puede incluirse
en el concepta de “predicación”.
En esta calidad de
mensaje, el Kerygma es lo que Pablo llama “dynamis de Dios”. En la predicación
se lleva a cabo, y acontece al mismo tiempo lo mismo que se proclama. No es que
actúe el “contenido” que se predica, sino que el mismo Dios se hace presente en
él.
Para llegar a conocer el
sentido pleno de estos conceptos, sólo falta
añadir una cosa: que la comunicación del Dios trino, por la gracia, se dé
también, y sea eficaz -ofrecida o incluso recibido- en el que oye esa palabra.
De esta manera, la misma realidad que se proclama en el kerygma como presente y
eficaz, es la que posibilita la audición del kerygma. Sólo así consigue el
kerygma de la Iglesia su plena presencia y realidad; sólo así es realmente
acontecimiento de la salvación, al convertirse, como palabra llena de la
realidad afirmada, en salvación del oyente.
“El kerygma tiene su manifestación
más plena en la celebración de la Cena del Señor, porque aquí es donde se dan
todos los elementos mencionados en su forma más original y profunda. El Kerygma
no sólo acontece con ocasión de la Eucaristía, sino que es esta fiesta
eucarística…; puede decirse que la mistagogía de la Celebración de la Cena es
(según la palabra sacramental en su sentido estricto) la forma más original y
más plena del kerygma” (Rahner).
La, liturgia, por tanto, no
esta reñida con el kerygma, sino que, por el contrario, el kerygma alcanza su
perfección en la liturgia.
El Cursillo y la Liturgia
tienen valor kerygmático, en cuanto en ellos se testimonia y se realiza lo que
en ellos se proclama: en la Liturgia, por el misterio; en el Cursillo, la
presencia de Dios par la Gracia, solicitada en las palancas y recibida en los
Sacramentos; par la realidad de Cristo en el Sagrario, de la Iglesia en sus
apóstoles y en la intendencia, y por la presencia y vivencia del amor de todos
a todos en Cristo.
En este realizar lo que en
el Cursillo se proclama, radica el verdadero sentido de su carácter vivencial
como “experiencia” de lo fundamental cristiano, y así se ha dicho en los
esquemas de los C de C desde siempre.
A manera de sugerencia nos
permitimos mencionar la conveniencia de una Liturgia que se planifique de modo
que responda al espíritu y mensaje de cada uno de los tres días del Cursillo,
como elemento importante que es, en el todo de la predicación kerigmática.
Autoridad
y testimonio
Sólo nos resta explicar
dos elementos esenciales a la definición de kerygma y a la mentalidad de C,
como kerygma puro. Estos elementas son la autoridad y el testimonio del
predicador.
Kerygma significa, en el
Nuevo Testamento, proclamación en poder, palabra autorizada de predicación. En
su sentido original, el kerygma es la proclamación hecha por un heraldo, en
pie, con voz fuerte, en público, anunciando de un lugar a otro una nueva, en
nombre de un poderoso mandatario.
Del predicador kerygmático
tendría que poder decirse también que “habla como quien tiene autoridad”.
Autoridad, naturalmente, que le viene de Dios.
Al respecto dice Rahner:
"Este hacer se presenta, en el acontecimiento salvífico, mediante el
kerygma, a diferencia de la mera comunicación de una verdad del pasado o de una
verdad universal, asequible siempre y en todas partes, y determina la autoridad
de que debe estar dotado el kerygmático, es decir, aquel que puede pronunciar
la palabra. Este debe recibir históricamente de Cristo, que es el auténtico
acontecimiento salvífico, acreditado por sí mismo, su plenitud de poder. El kerygmático
debe poder hablar y actuar con este mismo poder en nombre de la comunidad
evangelizadora. Su kerygma debe apoyarse en la misma realidad salvífica, ya
sea que él, como hombre justificado, posea esta realidad salvífica como
santidad propia, o que, al menos, anuncie y testifique el kerygma en la
comunidad de la Iglesia, siempre santa, en sentido subjetivo”.
A este respecto la
literatura de C es interminable. Desde la insistencia machacona de que lo más
importante de un Rollo es el vivirlo, antes, en y después del Cursillo. Sus
elementos: una verdad -la del esquema- y una vida, la del Rollista. El concepto
mismo del “santo temor al Cursillo”. La santidad del equipo, como elemento
principal del Cursillo. La insistencia en que “es la cristiandad la que da el
Cursillo”; que no se dan C sólo “para” que exista una cristiandad, sino
“porque” existe esa cristiandad, cuyo testimonio es fundamento y condición
para poderse dar un Cursillo.
El kerygma debe ir acompañado
necesariamente del testimonio. Un testimonio triple:
1) el del apóstol;
2) el de la Comunidad;
3) el de la Iglesia toda.
El kerygma, como el Cursillo,
tiene dos aspectos:
1)
La palabra: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”; y
2)
El testimonio: “Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta
los extremos de la tierra”.
Dice San Pedro: “Nos
ordenó predicar al pueblo y atestiguar” (Hechos 10, 42).
Y San Juan: “Nosotros
damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna” (1Jn 1, 2).
Y San Pablo: “Cristo me
envió para anunciar el Evangelio..., dando testimonio a judíos y a griegos
sobre la conversión a Dios... Y yo, hermanos, llegué a anunciaros el
testimonio de Dios”. (1Cor 2, 1). Y de San Pablo se dice en Hechos (28, 23): “Les
expuso la doctrina del Reino de Dios, dando su testimonio, y tratando de
convencerlos”.
Esta insistencia en el
testimonio, como elemento esencial e inseparable de la predicación kerigmática,
sea el predicador Cristo, Pedro, Pablo o Juan, no tiene otro propósito que el
de urgir a los sacerdotes y a los seglares a un mayor testimonio en sus Rollos,
obligación de la que no faltan quienes parecen considerarse exentos.
El Kerygma aspira a dar a
conocer a Cristo y su mensaje, y el testimonio tiende a hacerle admitir. El
primero se dirige a la inteligencia; el segundo la voluntad libre. Pero así como el entendimiento y la voluntad libre trabajan
en estrecha interdependencia en la unión vital de la persona, así el kerygma y
el testimonio forman un todo indivisible que se dirige a lo íntimo de la
personalidad.
Testimonio es el
compromiso personal, en una convicción recibida de fuera y exteriormente
manifestada con una garantía, motivada, de veracidad, en orden a captar
constructivamente la adhesión de aquel y de aquellos a quienes se atestigua.
El testimonio no puede ejercerse
plenamente, sino mediante un compromiso personal, por parte del apóstol
respecto al auditorio, y mediante una acción constructiva directa sobre el
oyente, con miras a provocar en él una decisión, rigurosamente personal, lo
cual no puede realizarse sino mediante un contacto directo y personal, oral
entre el apóstol y el auditorio, e incluso con cada oyente en particular.
En este sentido, el
testimonio trasciende la simple exposición pública de un Rollo, y cae también
en el terreno de la “labor de pasillo”. Los Hechos de los Apóstoles recuerdan
algunos kerigmas privados de este genero: el de Felipe al Chambelán de Etiopía
(Hch 8, 30-38); el de Pedro al Centurión Cornelio (Hch 10, 24-43); el de Pablo
al carcelero de Filipos (Hch 16, 32-33), Y también en las casas (Hch 5, 42),
El testimonio, como dijimos anteriormente, debe ser triple:
1) El testimonio de vida del apóstol, su personalidad entera,
comprometida en una convicción. Es el contagia psicológico del ejemplo, la
fuerza comunicativa de la convicción, manifestada en la conducta vital diaria.
Y como la vida cristiana consiste fundamentalmente en la caridad para con Dios
y para con el prójimo, el valor del testimonio de vida, para la conversión de
los que están fuera, procederá sobre todo del ejemplo de vida de amor sincero hacia
Dios, de unión con Cristo Salvador, y de verdadera caridad hacia todos los
hombres.
2) Este testimonio de vida debe provenir de los apóstoles
individual y colegialmente considerados. Es el testimonio del Equipo y de la Ultreya. El
testimonio comunitario no debe ser considerado como las sumas testimonios
individuales; proviene en primera línea, de los factores mismos de la vida
comunitaria, especialmente de la vida litúrgica.
3) El testimonio de vida de toda la Iglesia militante, más allá de la comunidad
local o regional: “Vosotros sois la luz del mundo. Vuestra luz ha de lucir ante
los hombres para que, viendo vuestras obras, glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos” (Mt 5, 14-16).
«Conozcan todos que su primera
y principal obligación en la difusión de la fe, es vivir profundamente la vida
cristiana; gracias a tal testimonio la Iglesia aparecerá como estandarte
levantado entre las naciones, luz del mundo y sal de la tierra» (AG36).
Sin afirmar nada nuevo,
hemos creído robustecer, con nuevas aportaciones teológicas, lo que ha sido
mentalidad de cursillos, ampliamente difundida. Hemos destacado aquellos
elementos que hacen del Cursillo una predicación eminentemente kerigmática, y
confiamos en que al poner el énfasis en aquello que es esencial al kerygma, se
logre una mayor eficacia en la consecución de la finalidad inmediata del
Cursillo: la conversión personal, integral, del Cursillista.
Quisiéramos ahora exponer aquellos
factores que pueden obstaculizar la predicación kerigmática Y la conversión del
individuo.
Son textos que pensaríamos
salidos de la pluma de los iniciadores de Cursillos o extractados de la
literatura oficial del Movimiento, pero
que están tomados de la palabra autorizada del P. Semots, uno de los teólogos
kerygmáticos de mayor prestigio en el mundo.
A tenor de este autor, son obstáculos a la conversión:
A) Por parte del testimonio kerygmático
1) un testimonio de vida insuficiente, en el apóstol y, sobre
todo, en la comunidad cristiana (que esta advertencia reafirme nuestro “santo
temor”, y frene la inflación en número de Cursillos, que debe venir determinado
por la santidad y clima de la Ultreya);
2) Una falta de contacto fraternalmente humano y realmente
religioso.
Deberemos procurar la convivencia integral, de todos con todos y los encuentros
plenos, de persona a persona;
3) Una predicación presentada de manera infantil, superficial o
incomprensible para el oyente, o dada de modo inoportuno, sin esperar la
ocasión psicológicamente favorable. Los Rollos deben poder ser seguidos como
“una explicación en publico de verdades, hecha en forma simple; profunda y
encarnada”. Deberán concatenarse de cara a la conversión y no sólo de cara a la
teología, conjugando en el Mensaje la teología, la psicología y la pedagogía,
para poder ser a la vez aptos y oportunos;
4)
Una falta de adaptación en el Mensaje, complicándolo con superestructuras
psicológico-culturales extrañas, haciéndolo desconcertante e inasimilable, por
inadaptado o por ir cargado de un bagaje de servidumbres extrañas, para un
auditorio socialmente distinto del ambiente de donde procede el apóstol. No se
puede caer ni en el anquilosamiento ni en la innovación caprichosa. No podemos
oscurecer lo fundamental por la adición injustificada de cuanto puede ser
“bueno”, o “actual” en la teología de la Iglesia. Habremos de preferir lo
eterno a lo nuevo, el dogma a la opinión, lo evidente a lo experimental, para
que el kerygma y el Cursillo sigan siendo, por su obligatoriedad y sentido
común, algo imposible de rechazar.
B) Por parte del candidato al Bautismo, son obstáculos a la
conversión:
1) “Una ausencia total de sinceridad, cuando alguien se presenta
al Bautismo fingidamente, como puede suceder bajo ciertas presiones abusivas”.
No debe bastar al Precursillo una “selección”, sino que debe seguir un
“tratamiento”, que logre una “disposición”;
2) La falta de recta intención, tergiversada por móviles
de interés temporal, de ventajas terrenas. La disposición obtenida debe ser
sana, recta, ilusionada;
3) Una “voluntad indecisa, por simple atavismo, por falta de
energía,
para prescindir de antiguos hábitos o para superar cierto respeto humano”.Los
candidatos deben tener personalidad, entendida como capacidad de optar, decidir
y actuar par si mismos;
4) “Una voluntad que choca con ciertos obstáculos de orden moral, que atan al candidato a
ciertos extravíos”. Su voluntad, su personalidad no debe estar viciada; debe
tener una circunstancia limpia o limpiable.
El paralelo del Padre 8emois
con la literatura de Cursillos resulta impresionante.
C) Con respecto a la inserción en la colectividad eclesial,
ciertos defectos en el apoyo comunitario pueden ser obstáculo para la conversión:
1) La falta de acogida, por parte de la comunidad ambiente, a causa de deficiencias
en el espíritu comunitario y en el celo por la ayuda fraterna; deficiencias y
faltas de los «padrinos», de la Ultreya y del Grupo de Dirigentes que forma la
Escuela;
2) Una falta de adaptación concreta de las formas de vida, que hace difícil a los
nuevos convertidos sentirse a gusto en la comunidad cristiana ambiente: se ha
de cuidar el clima de la Ultreya;
3) Una deplorable ineficacia del ministerio pastoral para defender a los bautizados
contra las solicitaciones del materialismo, del paganismo, de la herejía, de la
superstición;
4) Una falta general de vitalidad, espiritual y apostólica, en las comunidades
cristianas. Puede haber, quizá, muchos Dirigentes y poca dirigencia, muchos
Cursillistas y pocos santos.
B.
PRECURSILLO Y KERYGMA
Acostumbrados a poner el énfasis
en la selección de candidatos y en el conseguir que estos vayan a Cursillos, no
es extraño que no sepamos descubrir en el Precursillo elementos de carácter
kerygmático. Evidentemente el Precursillo no suele ser kerygmático, ni
insistiremos en que todo Precursillo debe serlo.
Pero sí podemos afirmar
que, en la medida en que lo sea, el Precursillo será más perfecto, y que el
perfecto Precursillo, que supone una “disposición” y un “tratamiento”, contiene,
en su forma ideal, elementos innegablemente kerygmáticos.
1) El Precursillo ideal presupone un testimonio de vida: a) de parte del “padrino”,
es decir, de quien se responsabiliza de su Precursillo, y b) de parte de la comunidad.
a) La “disposición” ideal del candidato es la que nace de su
admiración
ante el cambio de vida del padrino, y que despierta en él una inquietud, una
apertura y una disposición al cambio. Interrogado acerca de los motivos de su
propio cambio, el padrino dará como causa, su encuentro con Cristo, aunque
señale como ocasión un Cursillo de Cristiandad.
Este testimonio, elemento
esencial de la predicación vital que es el kerygma, es proclamación silenciosa
de la llegada del Reino de Dios a su propia Vida. “El Reino de Dios está dentro
de vosotros”.
b) La
disposición del candidato puede nacer también del testimonio que le llega de la
comunidad. En la experiencia nicaragüense, son muchos ya los que “vinieron,
vieron y permanecieron” en nuestras Ultreyas, contando con no menos de cuatro autenticas conversiones por el simple
testimonio de la comunidad, incluyendo la conversión de una jovencita
norteamericana (Susan Day) y un primo suyo, quienes sin hablar una palabra de
español, pidieron ser bautizados, -y lo fueron- preparados y dispuestos por el
solo testimonio de amor de la comunidad.
Son millares, suponemos,
en el mundo entero, los que tuvieron como Precursillo un testimonio individual o
colectivo.
Con respecto a la Palabra,
el Precursillo ideal será siempre kerygmático en su intención. Al respecto,
queremos repetir lo que ya señalamos un día en nuestra ponencia en el I
Encuentro Latinoamericano de Tlaxcala; “...creemos necesario insistir en el Precursillo
como verdadero inicio de conversión. La experiencia nos dice que, en la mayoría
de los casos y países el padrino se esfuerza más por llevar al candidato al Cursillo,
que por acercarlo a Cristo… Se habla de obtener una disposición que suele
explicarse y entenderse como disposición de asistir al Cursillo, y no como
apertura a si mismo y a la Verdad, que implica una disposición a la renuncia y
al cambio: renuncia a una vieja escala de valores, y cambio de mentalidad y de
conducta... Debemos tener presente que, en el Cursillo ni se pretende ni se
logra una conversión total en tres días.
Que dicha conversión no debe iniciarse en él, sino que debe iniciarse en el Precursillo
y completarse en la vida perenne del Poscursillo. Es obvio que, en igualdad de
trayectoria recorrida, alcanzará un nivel más avanzado de conversión quien
haya llegado al Cursillo con una mejor disposición al cambio, gracias a un precursillo
eficaz, como autentico inicio de conversión”.
De cara a la conversión,
el Precursillo deberá asemejarse a la predicación de Juan el Bautista,
Precursor de Cristo. El buscaba “preparar los caminos del Señor y hacer
derechas sus sendas”, incitando al sujeto a hacer penitencia -cambio de
mentalidad y costumbres, metanoia-, prometiendo -anunciando- un encuentro con
quien “ha de bautizaros en el Espíritu Santo y en el fuego”. Todo ello desde
una fe profunda y una convicción absoluta de que “todo valle será terraplenado,
todo monte o cerro allanado, los caminos torcidos enderezados y los escabrosos
igualados, porque poderoso es Dios para hacer que nazcan de estas mismas
piedras hijos de Abraham”.
En cualquiera de los
casos, este “tratamiento” no consistirá nunca en argumentos, ni raciocinios, ni polémicas, ni
lecciones, sino en una predicación vital o un testimonio del padrino, que sea
a la vez proclamación de una verdad que se ha hecho realidad en él, una confesión
de esa realidad y una posibilidad cierta de que puede serlo también en el candidato.
Los teólogos kerygmáticos
señalan unánimemente la necesidad de un “Precursillo” para la proclamación del
kerygma, y llaman a este Precursillo Pre-Evangelización
El Padre Nebreda
Concibe esta
pre-evangelización como: “un estado de preparación para el kerygma”, el cual,
tomando al hombre como es y donde se encuentra, hace posible un diálogo humano
para despertar en él el sentido de Dios, elementos indispensable para abrir su
corazón al mensaje. En C decimos que “sólo partiendo del hombre como es puede
llevársele a lo que Dios quiere que sea. Llevarlo desde donde está hasta donde Dios quiere que esté. Lo admirable es
la coincidencia en lo relativo al tratamiento. En su capitulo “La Pedagogía de
la Pre-evangelización”, el P. Nebreda insiste en:
1) Contacto personal, individual, con la persona a quien
desea comunicar el Mensaje. Un dialogo es imposible en una multitud. Debemos
recordar que un adulto tiene una personalidad madura;
todas las cosas en él han alcanzado un grado de diferenciación de sus
asociados, que lo hace un individuo. Debe traérsele como tal: pescar con
anzuelo, no con red;
2) Un discernimiento de la motivación: la primera tarea en la
preevangelización es descubrir los motivos que han traído hasta nosotros a
estas personas;
3) Una instrucción -tratamiento- individual, en lugar de la de masa o
grupo;
3) Un testimonio, alma de
la pre-evangelización: “...la palabra es una de las cosas más ambiguas. Dios,
para prevenir este peligro ha tomado los medidas necesarias...” Decidió que
este mensaje debía ser transmitido a través de testigos.
El P. Simios dice:
“Una predicación
psicológica del Mensaje es necesaria; pero será necesario, no pocas veces,
preparar el terreno antes de exponer el Mensaje en su conjunto, bien disipando
ciertos prejuicios, bien poniendo remedio a una eventual y acusada falta de
sentido religioso, corrigiendo ciertas desviaciones que hacen incompatible la
aceptación del mensaje, o haciendo lo necesario para conquistar la simpatía
precisa para todo contacto apostólico fructuoso”.
“Es necesario, en primer
lugar, sin prisas apologéticas, ni simplismo misionero, tomarnos el tiempo y la
molestia necesarios, para comprender simplemente la postura o situación de los
otros, la profundidad de sus posiciones, de sus aspiraciones, de todo lo que en
el mundo espiritual pide ser tomado en serio y respetado”.
En resumen diría que el
Kerygma, como “predicación de le conversión”, supone con frecuencia una
pre-evangelización, y no puede definirse simplemente como “primera
evangelización”. Por el mismo motivo, la concepción del Cursillo, como
proclamación pura del Kerygma no debe ser excusa para minimizar la necesidad
del Precursillo, reafirmando, por el contrario, su necesidad absoluta.
Cristo mismo, nuestro
Dios, antes de dar el Cursillo de su predicación, juzgó
necesario el Precursillo, y nos mandó por ello un Pre-cursor que preparara sus
caminos.
C.
POSCURSILLO Y KERYGMA
INTRODUCCION.
Después de exponer el
sentido pleno del Kerygma, y habiendo explicado la verdadera finalidad o
propósito de la Catequesis como algo no distinto, sino progresivo del Kerygma,
teniendo ambos como meta la perfección de la fe como conversión progresiva -fe
viviente, respuesta del hombre al llamamiento de Dios- la distinción entre un
Postcursillo kerygmático y otro catequístico resulta clara.
Por ello nos limitaremos a
señalar la intención o finalidad de las estructuras del Poscursillo, explicando
su mentalidad, conforme a la literatura oficial del Movimiento. Insistimos en
el estilo vivencial y carácter testimonial, eminentemente kerygmático de la
Ultreya. Y afirmamos de todas y cada una de de las estructuras del Poscursillo,
que ninguna de ellas, incluyendo la Escuela, tiene por finalidad última darle
mayor reconocimiento o información, sino
el completar el proceso de conversión iniciado en el Cursillo. Como estructuras
al servicio del Movimiento, están al servicio de su finalidad propia.
Creemos también con Rahner,
en la necesidad de una proclamación repetida del kerygma dentro de la comunidad
cristiana, y, por ello deseamos borrar la imagen de un kerygma concebido como “primera
predicación a los no-cristianos”, en vez de “predicación de conversión”, que
debe actualizarse y departirse en la comunidad ya creyente, pero en
interminable proceso de conversión.
En efecto, dice Rahner: “Una
interpretación que reduzca el kerygma... a una “predicación misional” a los “no-cristianos”,
le priva de su rango esencial más importante y de su más profundo criterio de
obligatoriedad, ya que, en cuanto presencia causada por el Espíritu del Señor
Glorificado en medio de su Iglesia, llama siempre a conversión obediencia,
mediante la actualización del “Evangelio de Dios”.
Mentalidad
del Poscursillo.
Es evidente que, al hablar
del Poscursillo, nos referimos a sus estructuras oficiales y no a la vida de
quienes hicieron un Cursillo de Cristiandad. Se trata concretamente de
determinar si las Reuniones de Grupo, las Ultreyas y las Escuelas de
Dirigentes, deben continuar en la línea del kerygma, mantenida en los tres días
del Cursillo. La respuesta dependerá, naturalmente, de los fines que con tales
estructuras se pretenda conseguir, y nuestra primera tarea será determinar la
finalidad de dichas estructuras.
Poco se ha escrito con claridad
al respecto. Pero es evidente que la finalidad de dichas estructuras no puede
ser otra que la de conseguir, a plenitud y con eficacia, la finalidad misma del
Movimiento. Como toda estructura, estas son simples instrumentos para lograr un
fin. Ello nos obliga a su vez a revisar, a ver de nuevo, no para cambiarla sino
para verla mejor, la finalidad del Movimiento, a la luz de su auténtica
mentalidad, de modo que cobren nuevo significado y mayor claridad frases y
definiciones ya conocidas.
Los Cursillos de Cristiandad
fueron -y debían ser- una respuesta.
Sus iniciadores tuvieron “una
persuasión íntima de que la vida había dejado de ser cristiana, a pesar de la
existencia de manifestaciones externas, que exteriorizaban un cristianismo cuya
influencia en la vida era, para muchos, muy débil y prácticamente nula”.
Creyeron, con Pío XII, que “a la vuelta de los particulares y de la sociedad a
la ley de su verdad y de su amor son la única vía de salvación”, y que el
cristianismo auténtico y verdadero “es la única e integral solución” a todos
los problemas humanos”.Pensaron que “el mundo no anda mal porque existan
paganos” sino porque hay muchos cristianos que lo son (bautizados), paro no ejercen,
porque no viven su Bautismo. Observaron que las estructuras y sociedades
llamadas cristianas no se rigen por criterios cristianos.
La solución integral sólo podía
consistir en procurar que los hombres –o, al menos, ciertos hombres, los ejes
de constelaciones- vivieran su cristianismo y su Bautismo. La cristianización del
mundo no consistiría en crear estructuras cristianas, sino en que vivieran en
cristiano los hombres que crean las estructuras. La gran respuesta de C -la
propia, original y eficaz respuesta de C- a la sociedad y a la Iglesia sería
vertebrar cristianos para vertebrar cristiandad. Vertebrar la cristiandad a
través de cristianos prácticos, que, con su vida, dieran la tónica cristiana a
una vida que ha dejado de serlo.
Para ello tratarán de:
1)
Buscar y forjar las piezas necesarias.
Los hombres se mueven por constelaciones, y lo que interesa, de cara a la
eficacia, es en cristiano los ejes que las soportan, y alrededor de los cuales
giran tales constelaciones. Habrá que buscarlos -Precursillo- y forjarlos en
cristiano: Cursillo y Poscursillo;
2)
Situarlos en su justo lugar: donde
Dios los plantó; donde ya estaban; donde ya actuaban; donde son eficaces; decisivos
por su misma condición de ejes, con su función concreta y personal, con su
vocación y su profesión;
3)
Vincularlos orgánicamente entre si.
No “orgánicamente para”, como instrumentos en manos de, sino como organismo
vivo, Movimiento y no Asociación, amistad no jerarquía.
Con ello se intenta
asegurar:
a)
La permanencia de sus frutos, no sólo de las personas;
b)
La madurez, humana y cristiana, de sus miembros. La madurez es la verdadera
perseverancia. Perseverar es vivir una vida, no evitar una muerte. Un adulto es
ante todo un niño que perseveró;
c)
La fermentación de los ambientes.
Siempre me llamó la
atención la manera diferente cómo se definía el vertebrar cristiandad, en
España y en América Latina. Es significativa. Mientras en Bogota la definimos
como el suscitar núcleos de cristianos que vayan fermentando de Evangelio los
ambientes, en España se siguió definiendo simplemente como fermentar de Evangelio
los ambientes par la vivencia de lo fundamental cristiano en la vía de la normalidad.
Mientras en América Latina, la situación pastoral obliga a poner el énfasis en
el suscitar núcleos; comunidades eclesiales de base, células unitarias de
pastoral, focos de evangelización, en España el énfasis se mantuvo en la
vivencia de lo fundamental cristiano como ingrediente esencial y determinante
para la vertebración de la cristiandad.
Esta diferencia será
decisiva para el tema que tratamos -finalidad, carácter y estilo de las
estructuras del Poscursillo- ya que según se ponga el énfasis en una u otra
casa, el esfuerzo puede indistintamente concentrarse:
a)
en tener más C, más reuniones de Grupo, más Comunidades, es decir, más núcleos,
con peligro de inflación; o,
b)
en lograr que los núcleos ya existentes, resultantes de pocos o muchos C, vivan
realmente en cristiano. Ir logrando que quienes son y están, vayan, cada día
más, enfocando toda su vida a la luz de todo el Evangelio.
El
poscursillo y lo fundamental cristiano
La definición de que los C
son la vivencia de lo fundamental cristiano, no se aplica sólo a los tres días
del Cursillo, sino también y sobre todo al Poscursillo. Nuestro
Poscursillo-Vida tendría que ser, sobre todo, la vivencia -el vivir- lo
fundamental cristiano. Por ello, donde la vertebración de la cristiandad se
condiciona sobre todo a la vivencia de
la fundamental, las estructuras del Poscursillo, que pretenden, como el
Movimiento, conseguir esta vivencia, tendrían que orientarse a conseguirlo. Y
la finalidad de las Reuniones de Grupo y de a Ultreya, “reunión de Reuniones de
Grupo” será la de ir “posibilitando la vivencia autentica, continua y progresiva
de la fundamental cristiano”, que es lo que ha sido siempre. La Escuela será
escuela de santidad, y el Secretariado, ante todo, acelerador de lo fundamental
cristiano. En la literatura tradicional de C todo está centrado y orientado a
completar y perfeccionar la conversión.
Ahora podemos ver más
claro la diferencia o al menos la opción según se tenga uno u otro criterio,
unos querrán que los Cursillistas sepan más, y otros que vivan mejor lo que ya
saben. Unos querrán Ultreyas formativas en el Evangelio y otros, con-formativas
con el Evangelio. Unos querrán Escuelas catequeticas y teológicas, y otros
Escuelas Kerigmáticas, al menos en su intencionalidad: la de conseguir la
versión plena y progresiva de sus miembros, donde lo fundamental -todo lo
fundamental y sólo lo fundamental- sea criterio absoluto para regir sus vidas.
Los pastoralistas querrán
que la Ultreya, directa o indirecta, se sitúe como pista de educación y
enseñanza. La tónica vivencial les suena a sensiblería, porque su filosofía no
pasó de los capítulos de Descartes y de Kant. Así consiguen, de paso, ser ellos
los educadores, maestros y promotores; por ello mismo la Ultreya no les
compromete personalmente... Admitirán lo vivencial como simple táctica para
explicar las ideas a los “torpes”, por vía de ejemplo. El terreno de lo
bautismal, de lo fundamental, es para ellos 'filosofía' y simples abstracciones:
en su mentalidad, estadística y contable, quizá tenga razón”
(IDEARIO-Poscursillo. XIV).
Pero desde el punto de
vista de la mentalidad de C, lo importante no será que Fulano aprenda mucho más
de lo que aprendió en el Cursillo, ya que allí aprendió todo lo necesario para
vivir su cristianismo a plenitud, sino en conseguir que viva bien y a plenitud
todo lo que aprendió. Que renueve y perfeccione su propia conversión.
Desgraciadamente, en la
práctica no es así. En muchos lugares las estructuras del Poscursillo hacen del
Movimiento una llamada. Son para “vender el producto”, para encuadrar, para
dirigir, para encajar, para comprometer, para encargar el apostolado, para
llamar hacia tales o cuales actividades buenas y necesarias quizá; pero, una
vez más, se logra una superabundancia de estructuras para saciar la sed de
Dios, de Justicia, de Acción, y se desfiguran las pocas estructuras llamadas a
despertar esa misma sed, hasta lograr la consabida desgana. Una vez más resulta
más fácil “arrancar decisiones que madurar convicciones”.
El
poscursillo y la vertebración cristiana de la sociedad
Pretendemos la vivencia de
lo fundamental cristiano. Y lo fundamental cristiano como realidad “es el
hombre vivo, vivificado y transformado por la Gracia, que se sabe objeto del
amor de Dios y llamado a crecer continuamente en Cristo y en la Iglesia, hasta satisfacer
todas las exigencias de su vocación personal”. Las estructuras del Poscursillo tendrán
que estar orientadas por tanto, a acelerar y perfeccionar esa transformación, ese
crecimiento, y a procurar el descubrimiento, aceptación y realización de la
vocación personal.
En Bogotá agregamos a la definición de C una frase que olvidamos en
nuestras estructuras de Postcursillo: “ayudando a descubrir y realizar la
vocación personal, con respecto a la misma”. En Nicaragua definimos la vía de
la normalidad como “el cumplimiento gozoso del plan personal de Dios para cada
cual”, es decir su vocación y sabemos que esta normalidad es distinta y
creciente en sus exigencias para cada uno. En muchos países sin embargo, esta
modalidad, -y la normalidad de Cristo fue la cruz- es rechazada o mal
interpretada como quietismo o mediocridad. Entre los “clericales” porque pasa
sobre muchas mentes la idea de que el compromiso
temporal es un competidor del Señor”: hay que hacer algo más, y “en mi
parroquia si es posible”. Entre los activistas, porque “muchos creen que el apostolado
supone un nuevo compromiso”, sin comprender que «el apostolado comporta una
nueva actitud en la realización del mismo compromiso temporal”.
“Este apostolado es el que
dimana de la vocación cristiana y es una responsabilidad del individual”. “El
apostolado que se desarrolla individualmente, fluyendo con abundancia de la fuente
de la vida verdaderamente cristiana, es el principio y fundamento de todo
apostolado seglar, incluso consociado, y no puede sustituirse por éste”. “Privar
y reducir al cursillista de los puntos de inserción que tiene con el mundo, es
reducir la capacidad de presencia de la Iglesia en el mundo” (Jaime Capó,
“Mentalidad de los C”).
En otros casos la actitud
de llamada en el Poscursillo nace de la incomprensión del Precursillo. Hay que
encajar y comprometerse y lanzar a quienes, si hubiesen sido ejes o vértebras, estarían
encajados y comprometidos desde antes de ir al Cursillo, y lanzar a quienes, si
hubiesen sido 'locomotoras', estarían lanzados y lanzando, limitándonos en el
Cursillo y Poscursillo a cristianizar acciones ya existentes, que es para lo
único que sirven los C. Con un Precursillo bien entendido y un Poscursillo bien
atendido, bastarían un par de Cursillos al año, para transformar un país en
poce tiempo.
De este afán por crear
estructuras cristianas nace nuestra deficiencia en cristianizar a quienes
realmente hacen o manejan las estructuras. Este afán de encargar el apostolado nace
de nuestra deficiencia descubrir y potenciar al apóstol. Esta llamada continua a
que se decidan, nace de no llevar personas decididas, capaces de optar por sí
solas. De mentalizar a quienes faltó capacidad de asombro. Y de cuidar, guiar y
dirigir vagones, que debieron ser
escogidos por ser ya guías y
directores de los demás. Y así vamos teniendo un Movimiento que arrastrando y
empujando personas, en vez de tener personas de arrastre que vayan empujando un
Movimiento, y transformándolo todo a su paso.
Respeto
a la vocación personal
Y una vez más caemos en la
tentación de la Asociación. De cuadrar a
quienes, si fueron bien escogidos, debemos “soltar y dejarlos ir”, si han de
transformar el lugar de donde salieron. 0 en la tentación de especialización de
unos C que, por su mentalidad, no pueden ser especializados sin traicionarse a
sí mismos, porque los ambientes y vocaciones que deseamos bautizar, son y deben
ser distintos si queremos lograr eficacia. Tanto la Asociación como la
especialización son una llamada. Llamada a ser cristianos y actuar como
cristianos “así”, y “aquí”, y no a ser así como eres o quieres ser. Y allí
donde Dios te plantó.
Al hablar de vocación, en
Bogota, no sólo hablamos de descubrir y realizar, sino de respetar la vocación.
Así lo exige la eficacia. En la práctica, sin embargo, casi todas las llamadas
tienden a irrespetar lo vocación. Se nos lanza al “compromiso temporal” siempre
y cuando este no sea el “compromiso personal". Los C, instrumento de conversión,
concebidos simplemente para lograr a plenitud la vivencia de lo fundamental, suponen
la existencia de instituciones, asociaciones y movimientos especializados cívicos,
gremiales, culturales o eclesiales, o, al menos, de actividades y ocupaciones
que canalicen, encaucen o plasmen las inquietudes que brotan como exigencia de
la Gracia, dándole una forma, un “así” concreto a nuestra vida cristiana. No
obstante, en la práctica, más fácil que “tirarse a los leones”, que
“infiltrarse”, dirían los “camaradas”, es asociarse con los “hermanos cursillistas”,
para la consecuencia de tales o cuales fines concretos, sobrando siempre quien establezca
metas y prioridades. Si el fermento no se inserta en la masa, viene a ser masa
de fermento, pero masa, al fin y al cabo.
En el ámbito intra-eclesial
sucede otro tanto. Más fácil que vivificar las Asociaciones existentes en la
Iglesia -los C las vivifican aunque no son para eso resulta el pedir los mismos
frutos a quienes tienen vida. Así piensan algunos. Más fácil que crearlas, será
pedir a C que tomen a su cargo estas acciones. Y así la Escuela, que debe ser kerigmática,
llamada a completar la conversión, escuela de escuela de santidad, se convertirá
en Centro Catequístico o Centro de Estudios pastorales y las Ultreyas en
centros de reclutamiento para los mismos, porque el buen párroco o el señor obispo
así lo desean.
Es curioso que, mientras los
sacerdotes insisten, con razón, en que es imposible lograr una conversión plena
en tres días, no hagan mucho por completarla, y, a la mañana del Cuarto Día,
esperan, reclaman y nos lanzan a tareas que suponen la conversión: al
planteárselas a grupos heterogéneos hacen caso omiso de tres criterios
fundamentales: el carisma, la vocación y la madurez.
Al respecto, dice Miguel Benzo,
profesor de teología del Seminario
Hispanoamericano
de Madrid: “La Iglesia no puede imponer a cada fiel el modo concreto de
realizar su vida religiosa personal, porque carece de certeza de las premisas
que para ello le serian necesarias: la psicología del individuo (carismas,
disposición, etc.), el momento de su evolución (madurez) espiritual, y más aún
la misión especifica a la que Dios le llama (vocación). Esta limitación del
campo de la autoridad doctrinal de la Iglesia se hace más patente todavía en el
ámbito de la aplicación de los principios revelados a las realidades temporales...
Entiéndase bien: la Iglesia, conjunto de creyentes, ha de descender a la acción
real y concreta sobre las realidades temporales, mediante la acción de cada uno
de sus miembros, especialmente de los laicos. Pero la Iglesia no puede imponer
autoritariamente a sus miembros más que los grandes principios que han de
inspirar esa actuación. Es cada creyente el que ha de tomar sobre sí la responsabilidad,
ante Dios y su conciencia, del juicio que decide su deber moral, como miembro
de la Iglesia que actúa sobre el mundo” (Prólogo al libro de Karl Rahner: “Misión
y Gracia”).
Descubrir
la vocación personal
Es Cristo quien debe
señalar la vocación, el Evangelio es quien lanza, y la vida de los demás lo que
compromete. Y surge la pregunta: toda vida cristiana supone un “así” personal,
una forma de vivirse, corresponde a los sacerdotes o dirigentes el determinarla,
¿Cómo los C pensaron mostrar el camino a los nuevos, a los que descubrir y
asumir su misión concreta? Mediante:
1)
La Hoja de Compromiso que, con la Meditación, el Estudio, Dirección Espiritual,
nos ayuda a descubrir la vocación y forma concreta de vida cristiana,
planificada y revisada diariamente con el Ofrecimiento de Obras y el Examen de
Conciencia, y alimentada con la Comunión, la Misa y la Visita. Desvirtuamos su
finalidad cuando hacemos de la Hoja de Compromiso instrumento de perseverancia,
siendo, como es, instrumento de madurez;
2)
La Ultreya y la Reunión de Grupo, escuelas vivas de vida cristiana, donde se
nos presentan, como en un abanico de posibilidades, opciones para un “así” de
nuestra vida cristiana. Opción, no obligación, pero sí reto, que brota de la
amistad y de la admiración de los santos en la Reunión de Grupo; reto que, en
la Ultreya, toma la misma voz de Cristo con la centración de la Ultreya a la
luz del Evangelio. Una Ultreya bien entendida y bien planeada será siempre un
reto comprometedor. La vida -de vivencia- que compromete, unida a la palabra
de Dios que siempre nos susurra –“ve tú y haz otro tanto”- sin dejar por ello
de ser invitación y no mandato, lanzada para quienes tienen oídos para oír:
capacidad de asombro.
La Ultreya y la Reunión de
Grupo son, pues, también Kerigmáticas:
1)
En su finalidad, de renovar y completar la conversión, o, como se dice en C de
C, de “ir posibilitando la vivencia autentica, continua y progresiva de lo
fundamental cristiano”. “La finalidad del Grupo es lograr que se viva, a una
intensidad tensa y creciente, todo lo fundamental cristiano” (IDEARIO Poscursillo,
V);
2)
En su contenido, al hacer de lo fundamental cristiano el tema único o central
de nuestro revisar y compartir;
3)
En su estilo vivencial de proclamación y comunicación jubilosa, con sencillez
de lenguaje, sin argumentaciones ni afectaciones de maestros.
Escuela
de dirigentes y kerygma
De la Escuela hemos hablado
ya ligeramente. Hemos dicho que debe ser kerigmática, al menos en su intención
de renovar y completar la conversión, repitiendo lo que de ella se ha dicho
siempre: que debe ser, ante todo, escuela de santidad.
No puede ser de otra forma
sin desmentir el Mensaje de C, donde afirmamos que “más vale ser santos que
sabios”, y reconocemos que la verdadera sabiduría es la santidad. En el Rollo
“Dirigentes” decimos además que todos podemos y debemos ser ‘Dirigentes de Cristiandad'
y, al hablar de las cualidades que debe tener el Dirigente, no hemos incluido
nunca ni la educación, ni sus conocimientos de doctrina. Es la vida lo que interesa.
En Nicaragua más que hablar de las cualidades que el dirigente debe tener,
hablamos de ejercitar lo que ya tiene, y definimos el ser Dirigentes como “el
ir poniendo al servicio de Dios y de los hombres todas nuestras cualidades
naturales y sobrenaturales”, o, lo que es igual, “el ir dando a Dios todo lo
que se tiene a medida que se va teniendo”.
Sería contradictorio
afirmar que todos podemos y debemos ser dirigentes para luego concebir una
Escuela de formación, inaccesible en su Mensaje a un alto porcentaje de
Cursillistas. Sabemos, además, por experiencia lo que supone el planificar
programas de estudio aptos para gropos tan heterogéneos y de capacidad,
preparación y madurez tan variadas. Su desarrollo, su estructura y su temario,
tendrán que estar orientados a quienes pretenden la orientación de sus vidas a
la luz del Evangelio, integren cada día un paco más de Evangelio a una parcela
más de sus vidas, viviendo mejor lo paco o mucho que ya saben.
Cursos de Biblia, de Teología
o de Pastoral pueden seguirse en muchas otras partes. Libros abundan. Más, ¿Dónde
aprenderemos a ser evangelios vivos? A un sacerdote que sólo brillaba por sus
luces, dije una vez que “la teología es el opio de los santos”.
En lo concerniente al contenido,
es decir, a su temario, ya hemos señalado que el carácter kerygmático del
Movimiento no esta condicionado al contenido de su Mensaje. Así como toda la
moral de la Iglesia está compendiada en el Mandamiento del Amor, de igual
manera la teología de la Iglesia está contenida toda en el kerygma. El carácter
kerygmático de la Escuela no dependerá, pues, de lo que en ella se hable, sino
de lo que se pretenda lograr con lo que se dice.
En lo que al estilo se
refiere, creemos que debe ser kerygmático en cuanto debe estar determinado por
la “situación histórica”, audiencia, idiosincrasia y grado de madurez. Debe ser
claro y adaptado, con un contacto personal entre el Rollista y cada oyente en
particular. Toda la nueva pedagogía insiste en el abandono de las viejas
formas, en las que un “maestro” imponía sus ideas a unos “oyentes”, que deben
ser “pensantes”. En Nicaragua, desde hace dos años, sustituimos los “Rollos”
de la Escuela por motivaciones dialogadas, a petición y exigencia de los mismos
asistentes a la Escuela.
Nos dice IDEARIO
(Poscursillo, XIV): “El seglar era alguien a quien habla que educar o guiar,
enseñándole verdades o fijándole tareas. Todo esto revertía en una situación
que se alimentaba de reuniones colectivas (masivas), donde los iniciados comunicaban
algo de su saber y de sus virtudes al auditorio teológicamente débil. Gracias a
Dios, tal mentalidad pertenece a la prehistoria del Vaticano II la pastura
actual de diálogo que se ha auto-impuesto la Iglesia, va por la vía que
desbroza la Ultreya. Porque el verdadero dialogo no se dará, al menos
plenamente, en el terreno de las ideas o de los quehaceres, pues no pasaría de
ser táctica de los que son maestros o tienen jurisdicción. El verdadero diálogo
se da cambiando no solo de estilo o de modo, sino de plano: confrontando ahora
las vidas, las realidades de personal entrega amorosa a Dios y al prójimo. En
este plano no hay primeros, porque quienes lo sean, cuidaran de ser últimos
para no perderlo”. Agregamos nosotros que sólo así se logra que los verdaderos
maestros sean los que son verdaderos santos, en esta escuela de santidad.
Desde hace meses
experimentamos, con éxito extraordinario, una nueva modalidad de Escuela, larga
de explicar, en la que ocho grupos voluntarios y afines, de 15 a 20 personas cada uno, se
reúnen dentro de un encuadro litúrgico, para estudiar, en forma dialogada,
temarios escogidos distinta y libremente por cada grupo, y en los que se
conjugan los temas teológicos y los existenciales, con preguntas que suscitan
manifestaciones de sinceridad, humildad, caridad, etc., y la comunicación de vivencias,
sentimientos, dudas y opiniones, haciendo de esta curiosa Reunión de Grupo una
autentica vivencia cristiana de Piedad, Estudio y Acción.
Posibles
objeciones a esta visión kerigmática.
Esta visión general del
Poscursillo, con estructuras Kerigmáticas, llamadas a renovar y perfeccionar la
conversión del Cursillista, puede encontrar serias objeciones según la visión
que se tenga de la Iglesia, de su naturaleza y misión. Si el esfuerzo en el
Poscursillo debe centrarse en madurar al cursillista, ¿Cuándo recogeremos los
frutos? ¿Cuándo comenzará este a producir? ¿A rendir utilidades a la Iglesia?
Es duro decirlo, pero hay mucho de esta actitud en nuestro medio.
Olvidamos que la labor de
la Iglesia Jerárquica es la impuesta por Cristo en la Última Cena: servir. No
se hizo el pueblo para la Jerarquía, sino la Jerarquía para el pueblo, y por
ello la Cabeza visible de la Iglesia se autodenomina Servidor de los siervos de
Dios. No es institución de privilegio, sino de servicio, fundada por quien no
vino a ser servido sino a servir.
La misión de la Iglesia no
es recoger los frutos, sino plantar la semilla. Los C no son una respuesta a la
Iglesia, sino respuesta al mundo. Es el mundo el que llama y necesita respuesta.
La respuesta de Dios al
mundo es Cristo. Y la respuesta de
Cristo al mundo es su Iglesia, prolongación y presencia de Cristo en la historia.
La repuesta de C al mundo
será la presencia de otros Cristos. -Y el signo de otras iglesias-, hombres,
configurados, conformados y convertidos en Cristo, comprometidos y consagrados
al mundo. No pretendemos dar “fieles” a la Iglesia, si no Iglesia al mundo que,
como luz y sal, lo ilumine y transforme y preserve.
Cursillos
y pastoral
¿Donde queda entonces la
relación de C con la Pastoral Diocesana? Los C tienen su lugar en la Pastoral
y ya lo hemos definido. Tratando de completar la dicho, los C se ubican dentro
de la Pastoral Kerigmática de élites. Buscan la evangelización y conversión de
los agentes del cambio social, con miras a la transformación del mundo; y
tienen como finalidad la misma misión última de la Pastoral: lograr que los
hombres vivan en cristiano para lograr un mundo mejor.
Jugando una vez más con
las preposiciones, diríamos que son un agente de pastoral -instrumento
pastoral- no instrumentos PARA la Pastoral. La Pastoral también es un medio, no
un fin. El objetivo es el hombre y el mundo de los hombres.
No son tampoco un agente
de toda la Pastoral, ni de cualquier Pastoral, sino agente con función
especifica. Eficaces para aquello que fueron creados, y que, en el ejercicio de
su propia esencia y finalidad, colaboran eficazmente -estupendamente- en la
Pastoral Diocesana.
Si nuestro método está
diseñado para cristianizar, es eso y sólo eso lo que debemos procurar: lograr
poner el Reino de Dios en los corazones de los hombres, para que estos pongan
el Reino de Dios en el mundo donde viven, entendiendo por Reino de Dios el
lugar donde Dios reina, que es donde se escucha su palabra, se cumple su
voluntad y se glorifica su nombre. Poner el Reino de Dios en nosotros, para
irlo poniendo en los demás -los otros-, e implantarlo en los ambientes.
La visión kerigmática del
Poscursillo supone la concentración de todo el esfuerzo y de todas sus
estructuras en ir logrando el Reino de Dios en el corazón de cada uno
-conversión progresiva y permanente pero siempre inacabada-, donde el Cursillista,
al escuchar la palabra de Dios, y verla hecha vida en los hermanos, descubre la
voluntad del Padre y la cumple gozoso hasta sus últimas consecuencias, orientando
progresivamente toda la vida y todos sus actas a la luz de todo el Evangelio. La
vertebración cristiana de la sociedad y sus estructuras es la consecuencia en el logro de este Reino.
Bibliografía
consultada sobre el kerigma
SEMOIS. André: Apostolado.
estructura teológica; Editorial Verbo Divino. Eslella (Navarra). España. 1968.
RAHNER. Karl y LEHMANN.
Karl: Kerigma y Dogma. Fundamentos de la Dogmática como Historia de la
Salvación. Tomo II. Ediciones Cristiandad. Madrid. 1969.
SOHNGEN. Gottlieb:
Kerigma. Dogma. Exégesis. Historia. Fundamentos de la Dogmática como Historia
de la Salvación. Tomo II. Ediciones Cristiandad. Madrid. 1969.
RAHNER Karl Misión y Gracia Tomo I
Conversión
y Cursillos
No quisiera teorizar sobre
C, cuando “ha llegado la hora de la acción”. Creo, sin embargo, que en la medida
que el Mensaje de C se dé más completo y más puro -integridad y fidelidad- sus
frutos serán más abundantes y más duraderos.
Quisiera ayudar a que la
exposición del Mensaje sea más íntegra y más fiel. A que en C se diga sólo lo
que se debe decir, todo lo que se debe decir y que cada idea se exponga en el
momento oportuno y con el énfasis debido.
Para lograrlo, puede ser
oportuna una visión global y ordenada del Mensaje, de cara la conversión
cristiana, que es la finalidad inmediata del Cursillo. No se trata de aportar
nuevas ideas, sino de ofrecer al Dirigente un instrumento para ordenar las que
ya tiene. La experiencia nos dice que muchos de los que conocen los esquemas,
no siempre comprenden el porqué de tal o cual idea, el porqué de tenga que
exponerse ahora y no antes o después, o su mayor o menor importancia dentro de
la totalidad del esquema; ya que ideas que, en el “Manual de Dirigentes”
solamente ocupan un par de líneas, requieren gran amplitud y énfasis en su
desarrollo y viceversa.
El Cursillo, como método
aplicado en tres días, pretende la conversión real e integral del individuo a
la Verdad y la Vida cristiana. Ahora bien, si buscamos la conversión,
difícilmente sabremos que decir y que hacer, si no sabemos qué supone el saber
o el hacer en el sujeto de la conversión. En qué consiste esta conversión. ¿Cómo
se logra? ¿Qué cambios de pensamientos y de conducta presuponen?
Señalemos pues, paso a
paso, los cambios necesarios en el individuo para alcanzar la conversión los
medios que provocan este cambio, y, finalmente si tales cambios se dan en el
Cursillo, estableciendo un paralelo entre el proceso de conversión y el método
de C.
Vamos a exponer lo que la
Iglesia ha entendido siempre por conversión, usando la terminología griega que
le es propia, a fin de insistir en la ortodoxia de unas ideas que de hecho
están contenidas en las Epístolas de san Pablo, en los Hechos de los Apóstoles
y en libros tan recientes como “Apostolado”, “Estructura Teológica”, del P.
Semois. En la segunda parte intentamos ilustrar como el Método de Cursillos
contempla una trayectoria de conversión realmente eclesial, y traducimos la
terminología griega al vocabulario de C.
A.
La conversión y su trayectoria
La conversión supone un
cambio integral del hombre, de cara a Dios y de cara al prójimo. Si el cambio
es integral, supone un cambio de entendimiento y un cambio en la voluntad, un
cambio intelectual y un cambio moral, de pensamiento y de conducta, una verdad
aceptada y una actitud vivida de acuerdo a esa verdad.
Como ningún hombre es una
isla, sino animal social, supone también un cambio social. Una nueva "actitud
y una nueva conducta ante los hombres, y un nuevo modo de vida con los hombres.
Pero sobre todo, la
conversión del hombre -cuerpo, alma y Gracia- implica un cambio sobrenatural.
A este cambio intelectual
se le llama epístrofe, que significa regreso, vuelta a la fe. Implica una
adhesión del pensamiento a la persona de Cristo, y esta, adhesión esta
fundamentada en la FE.
Al cambio de moral o de
conducta se le llama metanoia. Implica una adhesión de la conducta a la doctrina
de Cristo, y esta adhesión está fundamentada en la ESPERANZA.
Al cambio social lo
llamamos koinonía o vida comunitaria. Implica una adhesión de la persona al
Cuerpo Místico de Cristo, y esta adhesión está fundamentada en la CARIDAD.
Finalmente, al cambio de la
vida sobrenatural lo llamamos con el nombre de su puerta de entrada: Bautismo. Implica
una incorporación real y sobrenatural al Cristo Total, y esta adhesión no puede
estar basada sino en el AMOR de Dios porque la realidad de la justificación
viene toda de Dios.
Esta trayectoria de la conversión
es la que se refleja y plasma en el proceso de evangelización de la Iglesia
primitiva, conservada sólo en teoría por nuestra Iglesia actual: el hombre,
habiendo eso la Buena Nueva por la proclamación del KERIGMA, cambia la vida METANOIA
y, mediante el Bautismo, es incorporado a la Comunidad Cristiana -KOINONIA- y el
mismo Cristo.
En Gálatas 3, 26-28, lo
resume San Pablo de la siguiente manera: “Cuantos habéis sido bautizados en
Cristo (sello de la Fe), habéis sido revestidos de Cristo (sello de la
Metanoia). Todos vosotros sois uno en Cristo Jesús) (sello de la Koinonía).
Conocida la trayectoria
general de la conversión, veamos ahora que supone cada uno de esos pasos.
1.- La vuelta a la fe: EPISTROFE
Yo entiendo por Fe el
creer algo, porque me lo dice alguien en quien creo. Una entrada o regreso a la
fe cristiana- epístrofe- supone, por tanto:
a) Creer en lo que me dice
Cristo, y
b) Creer en lo que me dice
Cristo porque es Cristo quien me lo dice, en quien creo, a quien amo y de quien
espero...
El gran error de nuestra
Evangelización ha sido precisamente el predicar mucha doctrina y paco a Cristo.
Y la doctrina queda entonces sin fundamento.
El núcleo de la
predicación de San Pablo puede reducirse a esta frase: “Cristo es el Señor”. La
fe que justifica, está englobada en el creer en Cristo, que es Dios y hombre,
muerto y resucitado. El cristianismo se diferencia de las demás religiones en
que aquellas siguen solamente una doctrina, mientras nosotros seguimos a una
persona.
Para que los hombres
conozcan a Cristo, hay que mostrarlo con la palabra. Como dice San Pablo: “¿Cómo
creerán sin haber oído de El, y cómo oirán si nadie les predica?” (Rm 10,
14-17). Tiene razón. Pero además hay que demostrarla mediante el testimonio. La
palabra da conocimiento, el testimonio convencimiento.
Nuestro testimonio será el
de una unión personal con Crista vivo y una unión de verdadera caridad con los
hermanos: “Quien ama al prójimo ha cumplido la ley, pues el amor al prójimo as
la plenitud de la ley” (Rm 13,8-10). Este testimonio debe darlo no sólo el
apóstol, el –el enviado-, sino también y sobre todo la comunidad que lo envía.
Quien recibe el Mensaje requerirá,
para su conversión, un acto libre y personal, pero sobre todo requerirá de Dios la acción de
su Gracia porque, como dice San Pablo:
“Nadie puede decir, “Jesús es el Señor, si no es por el Espíritu Santo” (1Cor
12. 3).
Hasta este momento, la
conversión es algo puramente intelectual.
El hombre, movido por la
Gracia de Dios y por el testimonio del apóstol y de la comunidad, acepta la
Verdad de un Cristo-Dios, muerto y resucitado, y la bondad de su doctrina.
Pero su vida no esta comprometida con esa verdad. Tiene un Cristo en quien
cree, pero a quien no sigue: “Este pueblo me honra con los labios, pero su
corazón está lejos de Mí” (Mc 7, 6).
2.- La adhesión a cristo: METANOIA
El siguiente paso será
precisamente la decisión de conformar la conducta con la doctrina del Señor, de
orientar todo el comportamiento vital y personal en función del ideal
cristiano. A esto llamamos metanoia. Este cambio de vida supone en el sujeto
cinco cosas:
a)
Una revisión de su propio pasado. Reconocer lo que ha sido y comprender lo que
puede y debe ser;
b)
Una ruptura con el pasado, que parte del arrepentimiento, que debe ser
verdadera liberación, mediante la renuncia; no sólo del pecado, sino de la
falsa escala de valores que ha regido su vida hasta hoy;
c)
El tercer paso constituye la metanoia propiamente dicha aceptación de Cristo y
su doctrina, como nuevo eje de vida. Es el renacimiento que pedía Cristo a
Nicodemo para ver el Reino de Dios, que sólo existe donde se cumple su voluntad.
Es cambiar mi voluntad, por la de Cristo. Es no ser yo quien vive sino Cristo
quien vive en mí. Es revestirnos del hombre nuevo porque somos de Cristo;
d)
Sin embargo, el que rompe con el pasado, necesita de una visión hacia el futuro.
Necesita saber que “quien perdiere su vida por amor mío, la volverá a hallar”
que, “si perseveráis en mi doctrina, seréis verdaderos discípulos míos y
conoceréis la y la Verdad os hará libres”; que “el cielo y la tierra pasarán
pero mis palabras no pasarán”; que El “ha vencido al mundo”.
e)
Como la metanoia no es un acto sino una nueva vida, supone también la revisión
de vida: vivir revisando lo que he sido y lo que puedo y debo ser; vivir
reorientando nuestra conducta en función de Cristo y su doctrina.
Por eso también la
Iglesia, antes de administrar el Bautismo, exigía un periodo de catecumenado,
que San Cirilo de Jerusalén concebía como una “metanoia de cuarenta días”: un
madurar convicciones y decisiones.
Durante ese periodo se
iniciaba la catequesis, que era un ir expresando detalladamente el Mensaje
recibido globalmente en el kerygma.
3.- La adhesión al Cuerpo Místico de Cristo: KOINONÍA
Terminado el periodo de
catecumenado, la persona que había presentado al candidato a la Iglesia local,
sería de padrino en su Bautismo, e introducía al nuevo cristiano en la
koinonía de la vida comunitaria donde convivía con los demás en amor mutuo y ayuda
mutua, participando no sólo de la liturgia de la Palabra, sino también de la Eucaristía.
La frase de Pablo es
significativa: “Lo que hemos vista y oído, os lo anunciamos a vosotros a fin de
que viváis también en koinonía con nosotros”.
Quiere decir que el
kerygma y la metanoia no son sólo instrumentos para lograr la koinonía, y que,
al menos humanamente, la conversión tiene como propósito el lograr que los
hombres vivan en comunidad de fe, de esperanza y de amor. Esa vida comunitaria,
es el testimonio público de conversión a Cristo. No es sino el cumplimiento de
la petición de Cristo: “Que sean una misma cosa, para que crea el mundo qué tú
me has enviado”.
Quienes así viven ya son apóstoles,
puesto que llevan el Mensaje de caridad. Otros llevarán también el apostolado
de la palabra, predicando el Evangelio, a toda criatura, proyectándose fuera
de la comunidad, desde la comunidad a la que regresan para compartir sus éxitos
o fracasos.
Este es el itinerario o trayectoria
de la conversión.
Del Epístrofe a la Metanoia
por el Kerygma, de la Metanoia a la Koinonía por la puerta del Bautismo; de la
Koinonía a todas partes por el Apostolado.
Conocida la trayectoria de
la conversión, nos resultara mucho más fácil saber en que momento o etapa de
esa conversión se encuentra cada Cursillista. Sabremos respetar la secuencia de
cada uno de sus pasos, sin pedir apostolado a quien escasamente lucha por
alcanzar su epístrofe. Veremos que algunas ideas del esquema, a las que acaso
no dábamos importancia alguna, son esenciales al proceso de conversión. Y
veremos, sobre todo, que por una parte hemos mutilado el Cursillo, privándolo
de ciertas partes esenciales a su Mensaje, mientras hemos agregado muchas otras
que no logran sino esconder lo fundamental, o saturar de ideas un Cursillo que
ya de por sí tiene el máximum de ideas que es posible proclamar en tres días.
Si traducimos al lenguaje
de C todo este itinerario de conversión, nos daremos cuenta de que todos sus
elementos están presentes en C, y que, de hecho, los C son una actualización
del proceso de conversión tradicional de la Iglesia.
La Iglesia llama kerygma a
la proclamación de la Palabra y al testimonio de la sustancia de la Buena
Nueva, evitando lo accidental, lo adventicio y lo superfluo, para que el
Mensaje pueda ser asimilado de manera luminosa y exultante. En C lo llamamos
conocimiento, convencimiento, vivencia y convivencia de lo fundamental
cristiano.
Metanoia es la orientación
de todo el comportamiento vital y personal en función del ideal cristiano. En
Cursillos la llamamos enfoque de toda la vida a la luz del Evangelio.
Perspectivas escatológicas
y esperanza cristiana son un concepto triunfal del cristiano.
Koinoía es santificación
en común.
Apostolado es la proyección
apostólica: concepto dinámico de un catolicismo comprometido.
El kerygma y la metanoia
deben tener como resultado la koinonía:
El Cursillo debe tener
como resultado la santificación en común, el Grupo de Cristiandad.
B.
La conversión en el Cursillo
Analicemos cada uno de los
pasos de la conversión de cara al método de C.
Lo primero que debemos
tener presente es que en C ni se pretende ni se logra una conversión en tres
días. Dicha conversión no debe iniciarse en el Cursillo ni puede terminar en él,
sino que debe iniciarse en el cursillo y completarse en la vida perenne del
Poscursillo. La conversión no es un punto -ni el Cursillo tampoco- sino una trayectoria
o itinerario; el fruto del Cursillo debe medirse por la trayectoria recorrida y
no por el nivel alcanzado, ya que, según haya sido su punto de partida inicial
-y esto lo debe dar o al menos determinar el Precursillo-, un Cursillista puede
haber alcanzado un nivel de conversión avanzado con una trayectoria muy corta,
mientras otro, habiendo recorrido un largo camino puede encontrarse aún en los umbrales
de la conversión, sin que pueda decirse que el Cursillo fue menos eficaz en él.
Es obvio que el Cursillo a
sido eficaz para aquel que, habiendo llegado con serias dudas de fe o con
ninguna fe, encuentra a Cristo y acepta su doctrina -epístrofe-; y ha sido
ineficaz para aquel que, habiendo entrado con fe y un voluminoso equipaje de
catecismo y teología, no decidió ajustar su vida a esas verdades -metanoia- aún
cuando su fe sea más ilustrada que la del primero.
Por la misma razón,
debemos concluir que, si cada Cursillista llega al Cursillo en un estado o
nivel reconversión distinto, requiere atención -tratamiento individual-
distinta en el Poscursillo. Unos iniciarán el Cuarto Día habiendo alcanzado el
epístrofe; otros, una metanoia de madurez variable, y muy pocos una koinonía
que sólo experimentan en el Cursillo, pero que deben vivir en el seno de la
comunidad cristiana.
Por la misma razón si lo
que recibieron es distinto, debe esperarse de ellos y debe exigírseles cosas
distintas, siendo esta, una de las razones por la que el compromiso del
Cursillista debe ser libre y personal, acorde a su vocación y sus carismas y
distinto para cada uno. Ahí esta también el porqué no deben dedicarse las
estructuras del Poscursillo a una
enseñanza catequética, ya, que, mientras unos requieren la ilustración de las verdades
cristianas más simples, otros reclaman una teología avanzada, o se lanzan por
los caminos de la ascética o la mística: se debe mantener el carácter
kerygmático de estas estructuras, por lo mismo que la conversión es un proceso
que no termina, sino que exige renovación constante.
Frutos de la conversión
En la continuación de esta
trayectoria puede esperarse, de unos o de otros, progresivamente, una mayor
asistencia a los actos litúrgicos, mayor frecuencia en la practica de los
Sacramentos, su iniciación en la oración la fidelidad conyugal, la superación
de algunos vicios, una mayor responsabilidad paterna, las primeras experiencias
apostólicas. Las primeras renuncias, la mayor competencia y eficacia
profesional, el descubrimiento de la esperanza, el compromiso cívico, la lucha,
Primero personal y luego pública, por la justicia, una vocación de pobreza, y,
finalmente, una vida comunitaria y la aceptación total, cotidiana y gozosa de
la voluntad de Dios, y la vivencia de las Bienaventuranzas, con todos los
avances y retrocesos, “noches oscuras” y explosiones de luz, que lleva la vida
normal del seglar.
Pecan contra la caridad y
el sentido común aquellos Dirigentes que esperan o reclaman, del nuevo
Cursillista, obras, sacrificios, actitudes o estados que a ellos tomó años
madurar y mas aún, algunos sacerdotes que descargan, sobre los hombros, aún
débiles del Cursillista, "cargas que ellos mismos con frecuencia no se atreven
a tocar. El amor que puso al Cristo adulto en una cruz, sólo exige del Cristo
niño el dormir en un pesebre. Y es bueno recordar también que ese, mismo amor
llevó a Egipto, porque no había llegado su hora, y que quien nos redimió en la
cruz, pudo redimirlos degollado por Herodes.
Es bueno recodar que ser
cristiano no es coronar una obra sino emprender un camino, y que, antes de
separar el trigo y la cizaña, dice el Señor, hay que esperar que crezcan la
cizaña y el trigo. Pretender que convierta a otros quien apenas inicia su
propio proceso de conversión; que catequice quien no ha sido catequizado, y que
se proyecte en promoción humana quien no ha logrado estructurar su propia
humanidad. No nos extrañemos, pues, que algunos sintiéndose “agobiados por el peso
de una carga enorme”, opten por “capear el bulto”. Si vamos a pedir al
Cursillista todo y ya por favor, dejemos de repetir que “el Cursillo no obliga
a nada”. Si el Cursillo se limita a descubrir o señalar responsabilidades ya
existentes contraídas en el Bautismo abstengámonos de presentar como
responsabilidades “propias del Cursillista, lo que son responsabilidades de
todo cristiano y con frecuencia de todo ciudadano”.
Comienzo de la conversión
Decíamos que el proceso de
conversión debe iniciarse en el Precursillo. Esta debiera ser la principal
finalidad del mismo.
Cristo Jesús al planear el
Cursillo de su predicación y redención y el “Poscursillo” de su Iglesia, previó
igualmente un “Precursillo”, y, para ello, envió a su Precursor, cuya finalidad
era “preparar los caminos del Señor, y hacer derechas sus sendas”; el centro
de su predicación era el “haced penitencia -metanoia- porque está cerca el Reino
de Dios”; su promesa se plasma en aquel “bautizamos en el Espíritu Santo y en
el fuego”; todo ello desde una fe profunda de que “todo valle será aplanado, todo
monte y cerro allanado, los caminos torcidos serán enderezados, y los
escabrosos igualados...”, “porque poderoso es Dios para hacer que nazcan de estas
mismas piedras hijos de Abraham”.
Siguiendo el paralelismo,
diríamos que el candidato a C debe recibir previamente el Bautismo de Juan para
“moverlo a la penitencia” -metanoia- y la promesa de Alguien a quien él no es
digno siquiera de desatar las correas de sus sandalias.
Como la aceptación de la
Palabra y el testimonio supone, en quien lo recibe un acto libre y personal,
ello implica:
a)
para que sea libre, una normalidad psíquica y una circunstancia limpia o
limpiable.
b)
Para que sea personal, una personalidad, que hemos definido como la capacidad
para optar por sí mismo.
Como la fe viene de Dios, y ninguna
personalidad, disposición o circunstancias pueden procurarla por sí solas,
antes de convencer al candidato a que la acepte, habremos de «convencer» a Dios
para que la dé. De ahí el porque de la intendencia, que definimos como el amor
del prójimo que, en la unidad de la Iglesia, arranca de Cristo -Dios del amor-
la Gracia, sintetizando en ella todo lo fundamental cristiano.
Caminos de la conversión en la vida y la verdad
El Retiro Espiritual y el
Rollo de Ideal, más que iniciar el Cursillo, completan el Precursillo. Quien va
a cambiar de vida, de mentalidad, necesita de una conversión de su propio
pasado; necesita saber lo que ha sido y lo que puede y debe ser. Por eso el
Retiro será inicialmente “un alto en el camino de la vida”; y en él se darán
los tres elementos de la penitencia:
1.
Un examen de conciencia, mediante la revisión de nuestra “película”;
2. El dolor de los pecados
ante el amor del Padre (2ª Meditación) y el dolor del Hijo (ViaCrucis);
3.
Un propósito de enmienda, diciendo “me levantare e iré a mi Padre”, en el “Hijo
Pródigo”, y reaccionando ante !as propias caídas, como Pedro, en la Meditación
de las “Tres Miradas”.
A la largo del Cursillo
ira viendo que ha sido pecador (1ª Meditación); que ha si do hijo pródigo (2ª
Meditación); que ha sido Judas y Joven Rico (3ª Meditación); que ha sido uno de
los que se parapetan en su verdad a en su bien, o se instalan en la duda (El
Seglar en la Iglesia); beato, practicón o fariseo (Piedad); católico burgués
(Estudio); hijo desheredado, templo destruido, enemigo de Cristo, esclavo del
diablo (Obstáculos); católico a ratos, por descuido o por cuidado de no serlo
(Estudio y animación del ambiente).
Y descubrirá lo que puede
ser: algo distinto, algo más (Ideal); Hijo de
Dios, hermano de Cristo, templo vivo del Espíritu Santo y heredero del
cielo (Gracia); miembro de la Iglesia, signo e instrumento de Dios co-creador,
co-redentor y co-santificador del mundo (El Seglar en la Iglesia); santo
(Piedad y Estudio); apóstol (Acción y Dirigentes).
1) Fase de información
En la primera fase -de
información al entendimiento- al Cursillista se le da una síntesis de lo que,
como cristiano, esta obligado a creer: lo que deberá aceptar en su epístrofe:
que existe un Dios; que es nuestro Padre; que nos ama y espera (Hijo Pródigo);
que, se encarna en Cristo; que es nuestro hermano, muerto y resucitado
(Gracia); que se personifica en la Iglesia (El seglar en la Iglesia); que se
hace presente en nosotros por la Gracia (todos los Rollos Místicos y en
particular Gracia).
Al centrarse alrededor de
lo fundamental cristiano, el Mensaje del Cursillo limita al mínimo la materia
del epístrofe. El primer día es el día de la fe; en él se muestra la Verdad; su
Mensaje va dirigido al entendimiento.
2) Fase del testimonio.
La segunda fase es la del
testimonio, que es lo que hace aceptable la Verdad; su Mensaje va dirigido a la
voluntad. Es el día de la esperanza.
Una vez aceptada la
Verdad, el siguiente paso debe ser vivir de acuerdo con esa Verdad y dejar que
rija toda nuestra vida. Lo llamamos “enfoque de toda la vida a la luz del Evangelio”,
que se define y testimonia en el Rollo de Piedad. Antes de lanzar el reto que
supone la vida vieja y nueva del Rollista -su propia metanoia-, es necesario
destruir dos posturas: la del “no quiero” porque todavía domina en él una falsa
visión del cristianismo, que será destruida con la primera parte del Rollo de
Piedad –beatos, practicones, fariseos-, y la del “no puedo” que salta en
pedazos con la doctrina de las gracias actuales y la presencia de un Cuerpo
Místico orante (Fe), que pide que uno pueda, que canta, que “se puede”, y que
viene a testimoniarlo así en la Clausura. Son “palancas”, que han costado mucha
sangre pero ninguna lagrima.
En el Rollo de Piedad se
testimonia la “metanoia” del Rollista. Pero todavía ni se define ni se lanza a
ella. El primer lanzamiento será hacia una ruptura con el pasado procurada en
la intervención del Rollo de Piedad y expresada externamente con una confesión.
Pero la confesión no es metanoia; es sólo su puerta de entrada. El primer
lanzamiento verdadero a la “metanoia” se da en el Rollo de Estudio, cuando el
Rollo ha sido bien entendido. En él se dice que el cristianismo es vida. Una
vida vivida de acuerdo con la verdad que se ha aceptado, y con la fe que
predicamos. En él se señalan por primera vez, los verdaderos obstáculos a
nuestra “metanoia”, aquello que nos impide vivir de acuerdo con la Verdad: la
cobardía, el orgullo, la cortedad, la niñería, la suciedad…
El énfasis en lo apostólico no tiene lugar en la segunda fase del
Cursillo ya que lanzar al apostoladazo a quien no ha hecho “metanoia”, es tan
ridículo como lanzar a la “metanoia” a quien no alcanza aun la fe. El Estudio da
solidez a nuestra fe; da forma a nuestra
vida; da eficacia a nuestro apostolado. En este orden.
La motivación final a la
“metanoia” no puede ser otra que el mismo Cristo; su figura (4ª Meditación) y
su amor (Sacramentos). Un rollo de Sacramentos bien dado y entendido, debiera llevamos a la misma
conclusión que la intervención del Rollo de Piedad: el gigantesco y sublime “todo
esto por mí...”. Con una respuesta alegre, agradecida y confiada. Sacramentos
es el Rollo de la esperanza.
El cristianismo es vida
(Rollo de Estudio), conocida, vivida y propagada (Rollos de Piedad, Estudio y
Acción), traducida en vida de fe, esperanza y caridad (Rollo de Vida
Cristiana), infundida, mantenida y alimentada (Rollos de Sacramentos. Fe y Vida
Cristiana).
Quien esta dispuesto a
romper con una vida pasada, quiere saber que le espera en la vida futura.
Nuestra oferta es la verdadera y autentica felicidad, y la solución a todos
los problemas que el hombre de hoy tiene planteados (Rollo Preliminar),
testimoniadas en nuestra alegría y en nuestra vivencia. Saber que en Cristo y
su doctrina está la solución a todos los problemas del hombre y del mundo (El
Seglar en la Iglesia), Saber saborear un concepto triunfal del cristianismo,
saber que “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasaran”. Escuchar
un “no temáis; yo he vencido al mundo” (Meditación de El Mensaje). Saber que “Cristo
y yo, mayoría aplastante”.
La esperanza cristiana es
condición para la “metanoia” y clave verdadera de la perseverancia. Son Rollos
de esperanza -y por eso de perseverancia- “Fe”, “Sacramentos”, (Obstáculos)
(Vida Cristiana) (Grupo y Ultreya).
Si, en el primer día se
muestra la verdad, en el segundo se muestra el camino -Cristo-, y en el tercero
se lanza a la vida. El Rollo de “Acción” inicia la tercera fase, que será de
lanzamiento de la personalidad.
Caigamos en la cuenta. Este
lanzamiento supone ya una “metanoia”, y apenas hemos tenido un par de Rollos
para lograrla. Habrá, por tanto, que mantenerla y alimentarla a todo lo largo
del Cursillo y de la vida, que debe ser un Cursillo perenne.
Esta tercera fase es el
lanzamiento hacia la evangelización y hacia la “koinonía”. En el Rollo de
“Acción” descubrimos que el apostolado es exigencia de la Gracia -algo se había
sugerido ya en el Rollo de “Seglar en la Iglesia”-, y que todos debemos ser
apóstoles; Y el de “Comunidad Cristiana”, nos dice cómo lo estamos siendo
Descubriremos también que la manera más eficaz de serlo, se da desde el seno de
una Comunidad y en compañía de un Grupo.
Debe quedar explicitado
que no sólo pretendemos salvar personas sino también salvar ambientes, donde
las personas se mantengan a salvo. Deberá quedar claro que los ambientes pueden
conquistarse luchando simultáneamente en tres frentes, para vencer sobre nosotros
-Rollo de “Vida Cristiana” y Hoja de Compromiso-, para vencer sobre los otros
-Rollo de “Estudio y animación del ambiente”-, y vencer sobre el ambiente -Rollos
de "Comunidad Cristiana” y de “Grupo y Ultreyas”-.
3) Fase de santificación en común
El lanzamiento a la “koinonía”
-santificación en común- debiera ser la culminación y meta del Cursillo.
Desgraciadamente, en muchos casos, el Mensaje se da truncado. A veces, se logra
únicamente, un lanzamiento hacia el apostolado individual, motivado en un
encuentro personal con Cristo. Con frecuencia falta aquel “concepto triunfal
del cristianismo” y la decisión de una santificación en común. Y faltando esto
último, no puede hablarse de una verdadera proyección de toda la vida a la del
Evangelio.
La razón de porqué el
lanzamiento a la “koinonía” suele ser insuficiente, es que se deja para el
último minuto, lo que debiera irse cultivando a todo lo largo del Cursillo,
para sólo consecharse en los Rolles de “Comunidad Cristiana” y “Grupo y Ultreya”.
Debiera prepararse a la “koinonía”
desde el Rollo de “Gracia”, “El Seglar en la Iglesia” y “Sacramentos”, con una
visión más encarnada de la doctrina del Cuerpo Místico. Los esquemas del Rollo
de “Acción” y la Meditación del “Mensaje de Cristo”, tienen material de sobra
para continuar este lanzamiento.
Siempre se ha dicho que el
Rollo de “Comunidad Cristiana” prepara el camino al de “Grupo y Ultreya” y se
sigue diciendo, aunque ha dejado de ser cierto. El esquema primitivo, lo lograba
hasta el punto de que bastaba al de “Grupo y Ultreya”, para remacharla, una
breve introducción, pudiendo continuarse con la explicación de la Reunión de
Grupo.
Lo cierto es que, al
cambiar el esquema de “Comunidad Cristiana”, se ha dejado sin motivación el
Rollo de “Grupo y Ultreya”, y esta motivación debe darse aún a riesgo de desplazar
a segundo o tercer termino, la explicación de la Reunión de Grupo. El Grupo, la
“Koinonía” es lo que se pretende. El Cursillo y la “Reunión de Grupo” no son
sino medios para lograrlo.
Si la “metanoia” no es un
acto sino una actitud permanente, que supuso revisar lo que uno ha sido y el
propósito de ser algo mejor, implica igualmente la revisión periódica de lo que
se es y la planificación de lo que se hace y de lo que se hará. Supone, en otras
palabras, la “Reunión de Grupo” como forma de revisión de vida. Si el Cursillo
fue una revisión de vida, para que nuestra vida sea un Cursillo perenne, la
Reunión de Grupo deberá ser también un continuo revisar.
La Clausura debiera ser el
testimonio de la “koinonía” en que vive la comunidad, que ha enviado a sus
apóstoles a la proclamación del kerygma.
Los “padrinos”, es decir,
los que presentaron a la comunidad los candidatos al Cursillo, tomarían a su
cargo, junto con el equipo dirigente y la Escuela, el tratamiento individual
que seguirá a los tres días del Cursillo, y que puede compararse con aquellos
cuarenta días de metanoia y catecumenado de que habla San Cirilo de Jerusalén.
En Nicaragua, pasado ese
periodo, tenemos nuestra Convivencia de Rodaje, aclaratoria pero vivencial, en
clima de “Tercer Día”, que culmina con una Misa y la renovación de las
Promesas del Bautismo. El Cursillista esta ya integrado en la comunidad
cristiana de la Ultreya, donde aprenderá a vivir en “koinonía”, y en donde localizará
a los componentes de su Grupo; con ellos peregrinará hacia el Padre, por la vía
de la normalidad, en amor y ayuda mutua,
proyectándose apostólicamente según su vocación y sus carismas.
Observaciones
prácticas
A fin de evitar mal
entendidos, consideramos necesarias las siguientes observaciones:
1.-
No afirmamos que en C se den etapas rígidas. Secuencia y rigidez son cosas
distintas. De hecho en cada Rollo del Cursillo, hay una regresión hacia Rollos
anteriores y una transición hacia Rollos futuros. Así lo exige la pedagogía, y
sólo así se logra convencimiento y fijación
de ideas.
2.-
Las estaciones o etapas, en esta trayectoria de conversión, varían de un
individuo a otro; no suelen darse completas en el Cursillo y necesitan
completarse en el Poscursillo.
3.-
La “metanoia” no es un acto aislado de la voluntad sino, un ir madurando
convicciones y decisiones.
4.-
Al comparar el proceso de conversión con el Mensaje del Cursillo, hemos analizado
solamente la verdad de los esquemas. Todos sabemos que los Rollos contienen una
verdad –la del esquema- y una vida: la del Rollista. Es precisamente el
carácter vivencial de los Rollos, la fuerza del testimonio lo que hace
aceptable a la voluntad lo ya aceptado par el entendimiento.
5.-
La “teoría” del Cursillo no suplanta sino que explica la “vivencia” del
Cursillo. Siempre será más importante el ser que el conocer; siempre será más
eficaz la santidad que la sabiduría. No
queremos ni podemos ajustar a un esquema la vivencia cristiana, ni pretendemos
que Cristo lo siga. Le damos infinitas gracias por darnos la fe cuando quiere y
en la forma que le place, con C o sin ellos.
6.-
Finalmente, queremos advertir que, aunque en el Cursillo se dice y se logra
mucho más de lo que hemos señalado, debe tenerse mucha prudencia para no decir
más de lo que se debe. Pretendemos la vivencia de lo fundamental cristiano y
sólo de lo fundamental cristiano. Aunque es cierto que tenemos la obligación
de enseñar a nivel catequético, la totalidad de lo que un cristiano debe creer
incluyendo los últimos dogmas y enseñanzas de la Iglesia, no hay obligación de
enseñarlo todo en tres días, sino que tenemos la obligación de evitarlo prudentemente
en la etapa del kerygma.
La pintura da realce y
belleza al cuadro, pero también es cierto que el exceso de pintura acaba por
ocultar el dibujo, por hacerlo difuso y confuso y se termina dando más
importancia al color que al contenido.
En la medida que nos
apartemos de lo fundamental cristiano, tendremos hombres catequizados pero no
convertidos.
Sé de C donde, habiéndose
expuesto mucho del Vaticano II se olvidó decir que Cristo estaba vivo porque había
resucitado.
Sí hace algunos años nos
preocupábamos de integrar en los esquemas todos los últimos pronunciamientos de
la Iglesia, hoy la experiencia nos lleva hacia un retorno a la simplicidad y a
lo fundamental, dando en su justa medida y en forma encarnada lo que debe
ilustrarlo, no sustituirlo, y hacerlo resaltar sin sepultarlo.
Debe interesarnos, el
integrar a nuestras vidas la Verdad de la Justicia y el Mandamiento del Amor; deberemos lanzar a este
compromiso mediante el testimonio y las vivencias de un equipo realmente comprometido
en la solución de esta problemática, de modo que esas vidas sean la ilustración
y encarnación de aquellas verdades; y la doctrina social de la Iglesia sea
resultado de la doctrina del Amor de Cristo; y nuestro amor al prójimo sea
consecuencia de nuestro amor a Cristo, y nuestro amor a Cristo sea simple respuesta
a su amor, porque El nos amó primero.
De lo contrario, tendremos
hombres lanzados pero no motivados, estatuas de bronce, con pies de arena, sin
base firme, imponentes y vistosos, pero débiles y efímeros.
II. DENTRO DE LA IGLESIA
LOS
CURSILLOS MOVIMIENTO DE IGLESIA
Los Cursillos de
Cristiandad fueron al nacer, algo nuevo en la Iglesia. Y también algo distinto.
Por eso fueron piedra de escándalo y objeto de persecución. Hoy no se les
persigue, pero en muchas partes todavía no se les comprende porque a pesar del
tiempo transcurrido siguen siendo algo tan radicalmente distinto a otras cosas
de la iglesia que continúan siendo novedad.
No cabe aquí explicar lo
que son los C de Cristiandad; preferimos remitir a la lectura de “ideas
fundamentales”. Sólo quisiera explicar aquí algunas consecuencias derivadas del
modo de ser de los C y subrayar algunos subproductos que no siempre sabemos
captar, y que son causa, no pocas veces de fricciones, incomprensiones e
inquietudes.
Los C son un Movimiento.
Pero no siempre se adivina todo lo que este “ser Movimiento” conlleva y
significa.
El Movimiento en la
naturaleza, generalmente evidencia una fuerza de cambio. Obedece a una fuerza,
interna o externa y da lugar a un cambio.
Sociológicamente un
Movimiento es un conjunto de personas, ideas, valores, actitudes y
circunstancias, es decir, un ambiente-fuerza que, por diferir o disentir del
ambiente general reinante, genera o exige un cambio.
Los C al conjugar personas
y comunicar una mentalidad –ideas, valores y actitudes- en la medida de su
fuerza, van creando unas circunstancias que generan y exigen un cambio interior
–una conversión- y exterior: la transformación de los ambientes circundantes.
Como Movimiento son señal de vida. Como agentes de cambio son instrumentos de
renovación.
Los
movimientos en general
Pero los Movimientos por
su propia naturaleza, están también expuestos:
1.-
A la crítica, porque son distintos.
2.- A la persecución,
porque son incómodos para los “instalados”, y
3.-
Necesitan constituirse como un ambiente distinto a los demás, para la vivencia
y constante reafirmación de unas ideas, valores y actitudes que en ellos se
saben verdaderas, pero que no son todavía aceptadas o vividas por el ambiente
general. Desde este ambiente se proyectan sobre los demás. Pero si no logran
penetrar el ambiente general, tienden convertirse en ghetto. 0 pueden ser
tenidos como secta. El cristianismo lo fue por mucho tiempo.
Si el Movimiento es
aceptado plenamente por el ambiente en general, podemos suponer:
1.-
0 que ya ha comunicado al ambiente todo lo que lo hacía diferente y, por ello,
ha perdido su especial identidad y su razón de ser. El fermento y la masa se
han convertido en pan. Su labor de renovación ha terminado;
2.-
0 que desgraciadamente claudicó en sus ideas, valores y actitudes, y, en vez de
fermentar el ambiente, fue absorbido por él.
En el primero de los
casos, los Movimientos tienden a institucionalizarse para preservar lo logrado,
y tratan de no cambiar más que lo indispensable para poder seguir siendo
iguales. Por esto, sin cerrar los oídos a una crítica, que puede ser por lo
demás justificada, y sin temor a la persecución que vendrá sin duda en la
medida que seamos fieles al Maestro, temamos, sobre todo, la plena aceptación y
complacencia del ambiente.
No todas las agrupaciones
humanas funcionan de idéntica manera.
Cuando los hombres se
agrupan:
|
Para
perseverar o continuar
|
Para hacer
|
Para
compartir
|
interesa
|
La estabilidad
|
Los resultados
|
Las personas
|
Se comparten
|
|
Unas tareas
|
Una vida
|
Se reparten
|
posiciones
|
programas
|
Ideas, valores, actitudes
|
Se espera
|
obediencia
|
iniciativas
|
amistad
|
Se comunican
|
Unas normas
|
Unos criterios
|
Un espíritu, un modo de ser
|
Se valora
|
Lo que se ha sido
|
Lo que se debe hacer
|
Lo que se puede ser en el futuro
|
Se mira hacia
|
El pasado
|
El presente
|
El futuro
|
La autoridad
|
Se delega
|
Se gana
|
Se detecta
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Y radica
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En un título
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En la propia competencia
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En unos carismas
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El liderazgo se entiende como
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Innecesario o como supervigilancia
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Capacidad de planear o coordinar
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Capacidad de contagio
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Y se conoce por
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Su título
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Su eficiencia
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Sus seguidores
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Se forma
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Una institución
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Una organización
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Una comunidad ambiente
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Se inicia
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Una tradición
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Una campaña
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Un Movomiento
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La Iglesia institución,
abundante en organizaciones, enriquecida por la tradición y amiga de campañas,
valora, cada día más, la importancia de una comunidad como ambiente-fuerza para
la comunicación del “modo de ser” cristiano.
El
movimiento de Cursillos
El Movimiento de C, aunque
tenga elementos institucionales u orgánicos, es, ante todo, una
comunidad-ambiente. Influye en los demás ambientes en la medida en que él
mismo logra ser un ambiente, que influye sobre la conducta de las personas que
lo forman.
Aunque en el ambiente del
Movimiento existan algunas actividades y funciones, todas ellas tienen como
finalidad, posibilitar y perfeccionar un compartir: la comunicación de un modo
de ser -de ver, de pensar y de sentir-, que lleva a un modo de actuar: el modo
cristiano.
En circunstancias tales
como el terremoto de Managua, el Movimiento de C continuó existiendo e
influyendo, aún cuando todos sus elementos institucionales –Ultreya,
Secretariado, Escuela y muchísimos Grupos- desaparecieron temporalmente.
En un ambiente no se
pueden nombrar Dirigentes. Puede dárseles el titulo y no dirigir nada, o no
ostentar el nombrecito y dirigir a muchos. Sólo se les puede detectar y
confirmar o promover...
Un ambiente -o un
Movimiento- como los trenes, no puede ser manejado u orientado desde fuera...
Ni desde arriba, ni desde abajo. Sólo desde dentro.
Los C son un ambiente, y
al igual que los demás ambientes, no pueden ser animados -vitalizados- sino por
fermentación. “Ideas Fundamentales” lo llama contagio coherentemente
explicitado. No se les puede impulsar por vía de legislación. La vitalización
de los C exige la aplicación de su misma estrategia para la transformación de
los ambientes: la lucha, desde dentro, en tres frentes simultáneos:
- en nosotros: el cambio
de mentalidad hacia una mentalidad de cambio;
- en los otros, no en sus
estructuras. Lo importante en C son siempre las personas. Actualizadas las
ideas, valores y actitudes de nosotros y de los otros, se tomarán las
iniciativas necesarias para cambiar;
- las circunstancias del
ambiente de C.
Esto adquiere especial importancia
si recordamos, además, que los C no son un Movimiento para niños dóciles,
obedientes y “bien educados”, a quienes hay que decir que deben hacer, que no
pueden hacer y como deben pensar, sino un Movimiento de:
1)
Lideres: Dirigentes, no dirigidos, desde antes de haber hecho su Cursillo;
2)
Adultos, a quienes el mundo ya dictó su quehacer;
3)
Libres, y ahora, más conscientes de su libertad; y
4)
Responsables, ante sí mismos y ante Dios.
Inmiscuirse en la forma o
calidad de su realización en la vida cristiana es tan absurdo como el que el
catedrático de arquitectura insistiese en revisar o reforzar los planos y casas
de sus exalumnos. El arquitecto es ahora responsable de su trabajo, Y sólo debe
rendir cuentas al dueño de la casa.
El
movimiento de Cursillos y la Iglesia
En esto también son los C
algo diferente en la Iglesia. Una diferencia que ha resultado traumática para
muchos “catedráticos de Arquitectura”.
En los mismos
planteamientos de su estrategia, encontramos un hecho indiscutible, que con
frecuencia desaprovechamos e incluso combatimos. Es el hecho de que los
hombres se mueven por constelaciones. Y los Cursillistas no son una excepción.
De aquí resulta que la formación de las llamadas “argollas” sea inevitable.
Hace tiempo dejamos de combatirlas. Por el contrario, nuestro esfuerzo se
centra en multiplicarlas y eslabonarlas de modo que, en vez de argollas,
logremos tener una estupenda cadena de Dirigentes vivos, conjuntados,
coordinados y centrados.
Otra cosa, que olvidamos
con frecuencia, es que los C -Movimiento de Iglesia- son un Movimiento en el
Cuerpo de Cristo. Un Movimiento orgánico. No necesitan moverse a golpes o empujones,
como bolas de billar. Tendrán movimiento, y se moverá sólo en la medida en que
tengan vida; no pueden moverse o manipularse como piezas de ajedrez.
El comunicarles esta vida
es nuestra única tarea. Pero más importante aún es el caer en la cuenta de
que, en el organismo, el movimiento de muchos miembros -los brazos, par
ejemplo- se origina por una oposición de fuerzas. Si, a la acción del bíceps no
sigue la del tríceps, el brazo se repliega o agarrota. Es la conjunci6n de los
dos lo que hace posible la continuidad de su movimiento. No debe asustarnos,
par tanto, que existan orientaciones diferentes, ni siquiera una abierta oposición
de fuerzas. Sólo debe asustarnos la desunión. Y debemos estar atentos en
detectar cuando me toca el turno de ceder, para evitar una parálisis.
Los C son un Movimiento de
Iglesia. Si nada de ella nos es ajeno, tampoco puede serlo su propia crisis.
Debemos ser capaces de detectar qué y cuánto de nuestra crisis es crisis compartida
con la Iglesia. Y enfrentar la crisis con la certeza de que el fruto de la
crisis será una purificación.
Como parte de esta
Iglesia, también debemos tomar conciencia de que ninguna de sus partes puede
lograr aquello que requiere la acción conjunta de la Iglesia toda. No podemos
hacerlo todo, puesto que no somos toda la Iglesia. Ni debemos desanimarnos par
no haber logrado en treinta años lo que la Iglesia no ha logrado en dos mil.
Pastoral de Cursillos
Vamos a tratar de definir
cual es la función específica de este Movimiento dentro de la Pastoral. Se
trata de averiguar si los C de Cristiandad, en la forma en que fueron
concebidos y con la finalidad específica para que fueron creados, tienen o no:
- Una función propia que
desempeñar en la misión pastoral de la iglesia;
- Cual es esta función y
- Si la Iglesia los
reconoce como instrumentos aptos para lograr su finalidad.
Contesto las dos primeras
preguntas con una sola, cita que tomo de las conclusiones del Primer Encuentro
Latinoamericano de Dirigentes de C de Cristiandad, celebrado en Bogotá y que
dice así:
“Dentro de la acción
pastoral de conjunto el, Movimiento de C es un agente con función específica.
Esta función está determinada por su finalidad, esencia y método en la acción
total de la Iglesia”.
La respuesta del encuentro
es por tanto, que los C tienen una función que desempeñar dentro de la
Pastoral; que esta función no es otra que el cumplimiento de nuestra propia
finalidad y que por ello, tanto mayor será nuestra colaboración en la Pastoral
cuanto mejor y más eficazmente cumplamos con la finalidad de nuestro
Movimiento, dentro de su esencia y con nuestro método.
No nos invitaba el Encuentro
a aceptar las cosas como están pues seria pensar que están como se debe, sino
que, por el contrario debemos comparar lo que son con lo que deben ser, para hacer que estén como Dios manda. No hay
que cambiar su finalidad, sino dar mayor eficacia a la finalidad que ya tienen,
y darle toda la que deben tener. No hay que cambiar su esencia haciendo que los
C se conviertan en otra cosa, sino conocer mejor esta esencia y lograr que los
C sean todo lo que deben ser. No hay que cambiar el método, sino lograr, adaptándolo
dentro de la autenticidad, que el método, en su esencia, se integre en la
acción total de la Iglesia.
Nuestra función, dentro de
la Pastoral, está determinada por nuestra finalidad, esencia y método, y eso,
naturalmente, necesita ser explicado y demostrado.
Los C son un Método que
engendra un Movimiento. Más concretamente: son un método de renovación
cristiana, que engendra un Movimiento apostólico, que tiende a impregnar de espíritu
cristiano los ambientes y las estructuras. Estudiemos, pues, separadamente,
cual es nuestra función en la Pastoral como instrumento de renovación cristiana
y cual como Movimiento apostólico ambiental.
La acción pastoral de la
Iglesia se centraliza en tres grandes campos:
1.-
La Evangelización.
2.-
La asistencia y promoción humana.
3.- La
liturgia.
La Evangelización, a su
vez, puede subdividirse en dos etapas:
a)
el kerygma, y
b)
Catequesis.
Estas dos etapas son
progresivas en la formación cristiana, y presuponen lograda la etapa anterior,
como condición para pasar a la siguiente.
A. En la línea del kerigma
Los C como instrumento de
renovación cristiana, están concretamente en la línea del Kerygma:
Hay dos etapas en el
camino de la fe: la fe de conversión, que es el kerygma, y la fe de conocimiento
que es la catequesis. El kerygma anuncia el acontecimiento de la salvación; la
catequesis lo explica. De la misma forma que Dios primero crea y establece el
acontecimiento de la salvación, y luego le explica y hace comprender a través
de sus profetas.
El kerygma corresponde al
acontecimiento y no a la doctrina, y, por tanto, como el C, es vivencial, no
doctrinal. La catequesis es intelectual y explica esa verdad.
El kerigma, como los C,
busca engendrar la fe primera busca anunciar lo fundamental cristiano; su fin
es convertir.
La catequesis desarrolla
las implicaciones de lo fundamental cristiano
y su fin es explicar y profundizar, En la catequesis la fe en Cristo es
el punto de partida. En el kerigma y en
los C la fe es el punto de llegada.
Sin embargo, desde el
punto de vista de la salvación y de la vida cristiana, la fe de conversión lo
contiene todo. El kerygma contiene en sí todo lo especial de la fe, y la
catequesis no es un perfeccionamiento de la fe, sino simplemente su
explicación. Esto la vamos a entender mejor con un ejemplo:
En el Evangelio
descubriremos una fe que asombró al mismo Jesús. Me refiero a la fe del
Centurión, de la cual decía el Señor que no había encontrado fe semejante en
Israel. Sin embargo, si se hubiese pedido al Centurión que explicase el
contenido de esa fe, no hubiera sabido hacerlo. Él creyó en el Señor. Creyó que
Cristo era Dios, y eso bastó.
¿En qué creyó el Buen
Ladrón para entrar aquella misma tarde en el Paraíso? ¿Cual fue la doctrina que
hizo cambiar a Zaqueo y repartir la mitad de sus bienes? Ninguna. Zaqueo ni
siquiera conocía al Señor, No fueron catequizados, pero si convertidos.
En cambio, el Joven rico,
que se sabía todos los textos de memoria e incluso había cumplido la ley desde
su infancia, y, seguramente de haber ido a Cursillos, hubiera comulgado el
primer día sin confesarse, no aceptó a Cristo; no creyó en Él. Le falto fe y,
por ello, no cambió su mentalidad. Estaba catequizado pero no convertido.
(Recuerden esto quienes olvidan que en el C buscamos la conversión y no la «confesión,
descuidando muchas veces la conversión de quienes ya se han convertido.
Como la fe cristiana parte
de la fe en Cristo, el kerygma y los C son esencialmente cristológicos y
cristocéntricos, como lo fue la predicación de San Pablo, apóstol de los
gentiles.
A estas alturas se podría
argumentar que si la fe viene de Dios, ningún método humano la puede provocar.
Efectivamente, no la puede provocar, pero sí propiciar.
En la fe hay dos elementos:
por una parte Dios, que se manifiesta y por otra el hombre, que lo acepta. Por
eso los C tienen también dos frentes de ataque: Dios, a quien acudimos con
oraciones y “palancas”, pidiéndole que se manifieste, y el hombre a quien
bombardeamos con Rollos y “labor de pasillo”, buscando que lo acepte.
Sin embargo, Dios se
manifiesta también de otra manera; la que señala la “Lumen Pentium” en su
número 50. Dice así:
“Dios manifiesta a los hombres,
en forma viva, su presencia y su rostro, en la vida de aquellos hombres, como nosotros,
que con mayor perfección se transforman en imagen de Cristo”.
Esta verdad teológica es
la razón del “santo temor” a tener la vida muy par debajo de la verdad que
predicamos; la razón del porqué cada Rollo debe contener una verdad -la del
esquema- y una vida -la del Rollista- porque es en esa vida que se manifiesta
Cristo. Es la razón del porqué, para dar un Rollo, primero hay que vivirlo; la
del porqué los Dirigentes no van a Cursillos para convencer, sino que sus vidas
convencen.
Kerigma
y catequesis
Pero regresemos al programa
pastoral de evangelización.
Al kerygma le sucederá la
catequesis. Quien ha oído ha creído, recibe el bautismo y la instrucción.
Aunque es cierto más la obligación de enseñar a nivel catequético la totalidad
de lo que un cristiano debe creer, no hay obligación de enseñarlo todo. En tres
días, sino que tenemos la obligación prudente de evitar que sea en la etapa del kerygma.
Al kerygma y a la
catequesis le sucederá, a su debido tiempo la homilía, es decir, la enseñanza
ordinaria dentro de la comunidad. Después de .la homilética vendrá la teología propiamente
dicha, es decir, la investigación completa sobre el dogma cristiano, y finalmente,
en, más alta cima vendrá la teología mística.
Desgraciadamente, en la práctica,
se saltan etapas. Se lanza a la catequesis, presuponiendo una fe que no existe.
Tenemos hombres catequizados -saben la doctrina-, hombres sacramentalizados –reciben
los Sacramentos-, pero no hombres convertidos.
En la Iglesia primitiva se
bautizaba a los ya convertidos. Hoy, en cambio, hay que convertir a los
bautizados, y es en esta labor de la Iglesia donde los Cursillos tienen una importancia
y una eficacia demostrada.
Debemos concluir, pues,
que la función de C es esencialmente kerigmática, y que su fin es convertir, no
catequizar.
En algunos países, han
querido hacer del segundo día del Cursillo el día de la “Gran Catequesis
Sacramental”, con un Rollo de Sacramentos de cuatro y hasta ocho horas de
duración. Por eso a veces oímos hablar de línea vivencial y de línea doctrinal.
Línea
vivencial y línea doctrinal
Cuando se habla de línea
vivencial y de la línea doctrinal no se indica un problema de contenido; que
suele ser el mismo, sino de objetivos. No se quiere contraponer doctrina y
vivencia, como si se excluyeran mutuamente.
La línea doctrinal
significa y subraya una intención catequética y adoctrinadora; la línea
vivencial insiste más bien sobre el aspecto kerygmático de la proclamación
evangélica. Se trata de que las verdades, entrando por la cabeza, estallen en
el corazón; que las palabras, exponiendo la verdad, obliguen a la vida; que la
Iglesia, definida en “El Seglar en la Iglesia”, se sienta presente en la
intendencia y en la asistencia de los antiguos Cursillistas a la Clausura; que
el Cristo de las Meditaciones sienta presente en las Visitas; que el amor a
Dios se manifieste en la liturgia del
Cursillo, y el amor al prójimo en la “labor de pasillo” y en la convivencia heterogénea
e integral; que el mensaje mueva no sólo el entendimiento sino también la
voluntad; que toda el C sea una Verdad experimentable, una vivencia.
Con demasiada frecuencia
quienes desconocen esta función de conversión como específica de C, reclaman a
C lo que estos no pueden dar y les atribuyen fallos que no son del Movimiento,
sino de ellos mismos.
Opinan que el Movimiento
no hace nada porque no lo hace todo, sin comprender que no hacen más porque no
lo deben hacer. Quisieran que el Movimiento tomara a su cargo la catequesis y
hasta la formación teológica de sus miembros, destinando a este fin nuestras estructuras
del Poscursillo. Esta instrucción no puede ni debe darse colectivamente a toda
la asamblea, por la sencilla razón de que cada uno de sus miembros se encuentra
en un nivel distinto de formación cristiana.
El C nos lanza al estudio
mediante un Rollo especial; nos hace sentir la necesidad de saber “dar razón de
nuestra fe”; establece, dentro de la Reunión de Grupo, un instrumento de revisión
y acicate de nuestro estudio, y, dentro de la Escuela, un Rollo místico, que
está destinado a ir completando nuestra formación. Pero son ellos quienes
tienen la obligación de formarnos, y a veces, brillan por su ausencia.
En el libro “Cde Cristiandad.
Realidades y Experiencias”, página 85, leemos: “En cuanto a la tarea de
formación progresiva y dirección espiritual es evidente que recaerá sobre el
párroco, o sobre el consiliario que le representa. Cuando por cualquier razón o
circunstancia, el sacerdote no puede desarrollar esta labor..., no debe enviar
feligreses a C, mientras no se tenga la solución satisfactoria”.
Para colaborar con esta
labor de la formación catequética que tiene el sacerdote, el método de C ha
previsto el Rollo Místico de la Ultreya, como una oportunidad para ejercer esta
función de modo colectivo; su propósito es precisamente el de explicar el
hecho cristiano de las “vivencias” a la luz de la doctrina, señalar la verdad
que engendra esa vida, catequizar el kerygma.
La que no puede aceptarse
es que se dé a toda Ultreya un carácter doctrinal o catequético, por una razón
que el Documento de Medellín señala en una de sus ponencias, cando dice:
“La conversión es una
etapa que no se acaba nunca para el cristiano. El kerygma no es como un pórtico
que da acceso a la nave de la catequesis, sino más bien es la cripta que
soporta la nave, y que debe ser afianzada continuamente.
Par eso nuestras Reuniones
de Grupo y Ultreyas deben mantenerse dentro de lo vivencial y en el ámbito de
lo fundamental cristiano. La experiencia de otros países demuestra que, cuando
se debilita la cripta, se viene al suelo la nave. Observamos, por otra parte,
que la asistencia de Cursillistas a Cursos de catequesis, de Biblia, Encuentros
Pastorales, etc., es la más nutrida entre todos los Movimientos apostólicos del
país.
El movimiento de Cursillos en la pastoral
Como puede creerse que
toda esta visión kerigmática de C brota a la luz de la creciente importancia
que se da al kerygma dentro de la pastoral y que no formó parte de la intención
original de sus iniciadores, quisiera transcribir rápidamente un par de
testimonios, precisamente porque decíamos que la función de los C en la
Pastoral está determinada par su esencia, finalidad y método, y es necesario
demostrar que el kerygma forma siempre parte de esta esencia, de esta finalidad
y de este método de C.
En 1951, es decir, a sólo
dos años de haber nacido los C, el Padre Juan Capó decía a los Consiliarios de
Acción Católica de Madrid:
“No se intenta una
explicación catequética, si no que se sitúa en lo previo: la proclamación del
mensaje que salva -kerygma-, de una vida nueva que transfigura y configura: conversión.
Par esto pretende la experiencia personal -vivencia- de una realidad del
Evangelio vivido. Se trata de lograr un encuentro personal con Dios vivo -Epifanía-,
en el que la fe sea respuesta del amor a un requerimiento personal, que
compromete -compromiso-, y la oración es dialogo personal con el amigo”.
Usando el vocabulario de
la teología, diríamos que se trata de llegar, mediante el kerygma -anuncio de
lo fundamental- a una epifanía, encuentro con Cristo que, al provocar la
metanoia -cambio de mentalidad- comporte una conversión que desemboque en la
vida, y que se exprese en un compromiso apostólico y humano.
Esta misma trayectoria de
la conversión al compromiso, la explicaría quince años después, Pablo VI en su
discurso de la Ultreya Mundial, con las siguientes palabras:
“El seglar, al formarse en
cristiano (conversión):
- reforma su mentalidad
(metanoia);
- conforma su vida a la
imagen de Cristo, y
- transforma, actuando en
plena responsabilidad propia, las estructuras temporales en las que está
inmerso”.
La metanoia no se reduce a
la aceptación de una doctrina, ni siquiera a un cambio psicológico o cambio de
costumbres, sino que desemboca en un compromiso de toda la persona, dentro de
una visión nueva de la creación; por una esperanza que coincide con el plan
universal de salvación de Dios. Y el kerygma es lo único que puede suscitar la
metanoia.
Pensar que, por el hecho
de mantenerse en la línea del kerygma y de la conversión estén por ello
desligados los C del compromiso temporal y de la promoci6n humana y de la
reforma de estructuras, es uno de los errores más lamentables en que podemos
caer.
El mismo Capó explica: “La
conversión que el C comporta -reforma de mentalidad, la llama el Papa-
desemboca en la vida. Es una actitud práctica que, partiendo de la Gracia, se
impone transformar la vida y el mundo”.
Como todos sabemos -y así
lo decimos en el Rollo de “El Seglar en la Iglesia”- lo que pretenden, tanto
los C como la Iglesia, es transformar al hombre para que el hombre transforme
el mundo y sus estructuras. El mundo, por tanto, es nuestra verdadera meta; el
hombre solamente es instrumento y punto de partida de esta transformación y su
beneficiario. Como algunos Movimientos
apostólicos siguen el camino contrario, conviene observar que el criterio
nuestro, sigue teniendo validez en la estrategia pastoral de la Iglesia, y así
lo subraya el documento de Medellín, en su Capitulo I-Nº 3:
“La originalidad del
mensaje cristiano no consiste directamente en la de la afirmación de la necesidad
de un cambio de estructuras, sino en la insistencia en la conversión del hombre, que exige luego este cambio. No
tendremos un continente nuevo sin nuevas, y renovadas estructuras; pero, sobre
todo, no habrá un continente nuevo sin hombres nuevos, que, a la luz del Evangelio,
sepan ser verdaderamente libres y responsables”.
Así pues la conversión en
C es punto de llegada a Cristo, pero debe ser punto de partida, pista de despegue,
plataforma de lanzamiento hacia el hombre y el mundo.
No
comprometerse para poder comprometerse.
Otro error muy similar al
anterior consiste en pensar que los C no lanzan a la acción, por el hecho de no
tener una acción definida y colectiva, como Movimiento. Nada menos que un
obispo nos decía, no hace mucho en una Ultreya, que ya era hora de que los C
escogieran y decidieran que es lo que quieren hacer, refiriéndose, desde luego
a alguna actividad apostólica concreta.
Se trata precisamente, una
vez más de no comprometerse en una actividad única para poder comprometerse en
todas, rechazando toda acción colectiva del Movimiento, para sustentar la
acción libre y vocacional a nivel de Grupo. Para las acciones especializadas
existen los Movimientos y Organizaciones especializados. Sobre este tema el Padre
Juan Capó, decía lo siguiente en la Ultreya Mundial:
“Los Movimientos especializados
suponen una experiencia viva del ser cristiano -pero no la procuran ellos
mismos-, y le dan una fisonomía propia, un “así». Nosotros, previamente a ese a
ese “así” intentamos este cristianismo consciente; diríamos que nos proponemos
la proclamación del mensaje, el kerygma... El día que los C de Cristiandad
trabajen a manera de cuerpo orgánico, se habrá puesto un “así”..., y habrán
perdido esta situación de excepción, de predicar lo previo, lo fundamental, lo
común, tan necesario a Pablo VI, a Mons. Hervás, a mí y a vosotros, para vivir
en cristiano, y salvarnos.
Afirma, pues, que los C, después
de muchos años, no sólo se mantenían dentro de la línea del kerygma, sino que debían
además, mantenerse dentro de esa línea, tan necesaria para la Iglesia y para nosotros
mismos, que posibilita, por la conversión de los fieles, - el nacimiento y
vivificación de cuantos Movimientos especializados resulten necesarios, sin
convertirnos en uno de ellos.
Un repaso a las orientaciones
pontificias nos haría palpar que el fracaso de muchas tentativas ha nacido del
suponer, para el montaje de nuestros Movimientos y organizaciones apostólicas
una estructura cristiana inexistente en la realidad o, al menos, sin arraigo
en la vida. Es lo mismo que observaba Hervás en sus “Antecedentes Ideológicos”,
y que siguen recalcando los C: Que el mundo está lleno de Movimientos apostólicos
que pretenden saciar una sed cristiana que no existe. “Hay una gran falta de
sed y una superabundancia de medias para saciarla”.
Por ello los C conservan
esa “situación de excepción”, que Pretende dedicarse a despertar esa sed, y
lanzar a los Cursillistas a saciar esa sed donde mejor les plazca, que es donde
su vocación los indique, y a nivel de gropos voluntarios, fundamentados en la
amistad, es donde, como dice el mismo Pablo VI, los grupos han encontrado “su fuerza
y su fortuna” (Alocución de Feb. 1968).
Termina Capó diciendo: “El
C se asienta sobre la esencial dimisión misionera y apostólica del Bautismo
cristiano, anterior a todo mandato e institución positiva, la cual puede
especificarla y darle cauce pero no la origina”.
Esta última afirmación
será de especial interés, cuando pretendemos incorporar algunos textos al
contenido doctrinal de C. Las enseñanzas pontificias, los textos conciliares y
los documentos de Medellín encauzan y especifican el mandato apostólico y nuestro compromiso con el hombre y el mundo, pero no los originan.
Nuestro compromiso con Dios, con el hombre y con el mundo, tal como decíamos
en C, nace de nuestro Bautismo, de nuestra confirmación y del precepto de la
caridad y la justicia, y brota en el ámbito de lo fundamental cristiano. Todos estos textos pueden
-y quizá deben- incluirse en nuestro mensaje, para completarlo, pero no para
sustituirlo. Ellos obligan sólo en cuanto reflejan lo fundamental. 0 mejor
dicho, no crean una obligación, sino que se limitan a señalarnos obligaciones
ya existentes, especificándolas y explicándolas.
La importancia de lo
fundamental cristiano en la Pastoral, ha sido puesta en relieve por el mismo
director del Instituto Pastoral Latinoamericano, al describir lo que él llama
Pastoral Profética, la cual intenta centrar la acción de la Iglesia en el
anuncio de la Buena Nueva. Los análisis de la descristianización han puesto de
manifiesto, sobre todo, el hecho de que se ha minimizado toda una etapa de la
palabra: la de la predicación misionera o kerygma. Hay que predicar lo
sustantivo, lo fundamental. El propio Pablo VI, en su discurso en la Ultreya
Mundial (28 de mayo 1966), en otras causas que explican la falta de éxito en la
evangelización, apuntaba claramente a “no dar siempre la importancia debida al
núcleo esencial y a lo fundamental cristiano”. (Con ello se refería
precisamente al éxito alcanzado por el Movimiento de C.)
Los
Cursillos, pista de lanzamiento
Volviendo al tema
anterior, vemos que los C no sólo lanzan a la acción, sino que la motivan y
justifican, dándole ese funcionamiento que nace de lo fundamental cristiano, y
que al faltar en tantas acciones de la Iglesia, de genera en fracasos o en
simple burocracia apostólica, carente de vida.
Quienes conocen el método
del C, saben que la última de sus tres fases es la dedicada exclusivamente a un
lanzamiento a la acción. Y que el proceso o secuencia de estas tres fases es el
mismo que señalábamos antes:
Kerygma en su fase de información,
epifanía y metanoia en su fase de testimonio, y compromiso y lanzamiento hacia
la acción en su tercera, sin pretender, con ello que en el C se den etapas
rígidas, En el Cursillo cada etapa debe estar fundamentada y ser el resultado
de la anterior. El actuar cristiano debe ser el resultado de una vivencia
cristiana. En nuestros Rollos de la Escuela hemos repetido, hasta la saciedad,
aquellas frases de “Vertebración de ideas”:
“Cuando se hace sin ser
aquello, son fuegos artificiales: sugieren lo vistoso, pero efímero y falso.
Cuando se es, se hace mejor todo lo que se puede, y con Cristo se puede todo. Hay
quienes hacen porque son, quienes parecen porque hacen, y quienes hacen por
parecer. El parecer desplaza el centro de interés del ser. Entonces, el hacer
ya no es exigencia natural del ser, sino un hacer sin sentido, que es casi siempre
deshacer, ya que únicamente cotizan, no el ser, sino el haber hecho”.
Si a fuerza de escucharlas
han perdido estas palabras su impacto en nosotros, citemos la opinión de Juan
Andrés Vela, cuyo libro “Dinámica Psicológica y Eclesial de los Grupos Apostólicos”
ha tenido tanta aceptación entre nosotros. En su capitulo X dice:
“En un mundo que da todo
el valor al “tener” o al “hacer”, hay que afirmar la supremacía del “SER”.
Cuanto más se tiene, más se estima a la persona...: es la idolatría del poseer.
Cuanto más Se “hace” más se aprecia su personalidad: Es la herejía de la
acción. Pero una persona tanto más vale cuanto más es, y, paradójicamente tanto
más cuanto más da”.
B.
En el campo de la animación cristiana de la sociedad
Hasta aquí hemos analizado
la función que tiene el Movimiento de C dentro de la Pastoral, como instrumento
de renovación cristiana y hemos visto que esta función se encuentra en el punto
mismo de dicha Pastoral: en el campo del kerygma y de la conversión, sin cuya etapa
no pueden o al menos no deben darse las demás.
Pero descubrimos también
que, debido a esta trayectoria que nos lleva desde la conversión al compromiso, los
Cursillistas, si no los C, están también en el término mismo de la Pastoral,
que es la vertebración de la cristiandad -la edificación del Cuerpo místico-,
y urgidos por lo fundamental cristiano, de cara también al desarrollo integral
de todo el hombre y de todos los hombres.
Los Cursillos en la pastoral.
No queremos decir con esto
que el movimiento de C sea indispensable a la Pastoral. Quiere decir que la
Iglesia tiene en C un método apto y un Movimiento activo. Conviene también
recordar que los C no son nuestros, sino de la Iglesia; que somos un Movimiento
de Iglesia en manos de la Jerarquía y que nacieron bajo los auspicios de un
obispo, como instrumento de Pastoral para la diócesis de Mallorca.
Nos preguntamos ahora si,
como Movimiento apostólico, tenemos también algún lugar en la Pastoral.
En el capitulo 15, num. 17,
de las Conclusiones de Medellín, leemos: “El obispo... debe preocuparse, en
forma especial de que los Movimientos apostólicos ambientales que ocupan un
lugar tan importante en la estructura pastoral diocesana, se integren
armoniosamente en la prosecución de sus metas”.
No alude esta frase a los
Movimientos apostólicos en general, ni a los parroquiales en particular, sino
que se refiere específicamente a los Movimientos ambientales, que, como C, están
de cara a la cristianización, de los ambientes extraparroquiales, a los cuales
le atribuye un lugar importante en la pastoral diocesana; su integración en la
Pastoral debe ser preocupación especial del obispo.
La importancia de estos
Movimientos parece quedar explicada en el capitulo 10, num. 13, que dice:
“Promuévase, con especial
énfasis y urgencia, la creación de movimientos laicos en los ambientes o
estructuras funcionales donde se elabora y decide, en gran parte, el proceso de
liberación y humanización de la sociedad a que se pertenece”.
Parece recordarnos que las
zonas de influencia que forjan las costumbres, las creencias y aún los destinos
de la parroquia, rara vez están en la parroquia misma; por ello es
indispensable que, mientras se construye la comunidad cristiana parroquial se
cristianicen simultáneamente los focos de influencia extraparraquiales, de la
misma forma que es indispensable que, mientras se promueve el desarrollo integral
de una comunidad obrera, se cristianicen las conciencias de quienes con demasiada
frecuencia, impiden o determinen ese mismo desarrollo, y viven geográfica y
mentalmente separadas de esa comunidad.
Parroquia
y Cursillos
El carácter parroquial C, si
alguna vez lo tuvo, fue superado en los primeros años del Movimiento. Ya en la
Ultreya mundial en Roma decía Francisco Suárez:
“Los C hacen Iglesia y hacen
parroquia... No debemos ser tan ciegos, que no veamos que, principalmente en
los grandes centros urbanos, los hombres no viven ni a tono ni al ritmo que se
les marca desde la torre de la parroquia. En cambio, ese mismo hombre no escapa
a un ambiente –al suyo- ni al núcleo de amigos. De la parroquia podrá
escaparse; pero si logramos llegar a esa zona vital donde el hombre vive y
trabaja y ríe y llora, es posible conquistarlos para Cristo, y, seguramente también
para la parroquia”.
Ahora que los Encuentros
de Pastoral señalan la insuficiencia de la parroquia come célula primaria de la
Pastoral, para sustituirla por los conceptos de Grupos, Comunidades de Base y
zonas de influencia, vemos qué acertados estuvieron quienes, hace rato, vienen
proponiendo prácticamente lo mismo.
Creo que comprendemos ya
porqué el “parroquianismo” es presentado, en nuestros C de Cursillos, como una
de las desviaciones de este Movimiento. Movimientos parroquiales existen
muchos; incluso Movimientos que pretenden también la conversión del hombre.
Convertirnos en un
Movimiento parroquial más, sería robar a la Iglesia uno de sus pocos Movimientos
ambientales.
Esta visión estuvo siempre
en la intención de los iniciadores de C. Ellos al explicar los antecedentes ideológicos
de C, nos señalan que no se trataba sólo de salvar almas, sino, sobre todo de
los ambientes donde las almas pudieran mantenerse a salvo.
Porqué
y para qué la selección de las “vértebras”
Otro criterio de gran
actualidad pastoral y característica de C ha sido la preselección de candidatos-vértebras
en el Precursillo.
Entendemos por “vértebras”
más o menos lo mismo que el documento de Medellín entiende par “élites”: los
agentes principales del cambio social, sin ningún juicio de valor ni
connotación clasista: las minorías comprometidas, que ejercen una influencia o
potencial, en los diferentes niveles de decisión cultural, profesional,
gremial, económica o política.
En el capitulo 7, número
14, “Pastoral de Élites” del Documento de Medellín dice: “Es necesario animar,
dentro de las élites, las minorías comprometidas creando en lo posible equipos
de base, que hagan uso de la pedagogía
de la revisión de vida, haciéndoles comprender, al mismo tiempo que son apóstoles
de su propio ambiente, estimulando, además su contacto con los demás grupos en la vida parroquial,
diocesana y nacional”.
Traduciéndolo al lenguaje
de C diríamos: Es necesario seleccionar y convertir a los ejes y vértebras de
una cristiandad que, constituidos en Grupos, practiquen su Reunión, haciéndoles
comprender que deben florecer donde Dios los plantó, estimulando su contacto
con los hermanos a un ritmo más universal e interparroquial, mediante la
Ultreya (De aquí que la Ultreya deba ser intertodoloposible y no parroquial). Son
los mismos tres pasos que señalaba monseñor Hervás:
1.-
Buscar y forjar las piezas
2.-
Situarlas en su justo lugar,
3.-
Vincularlas orgánicamente entre sí.
Ante una Pastoral que
pretende primordialmente la formaci6n de comunidades de base y su integración,
para la constitución de comunidades cristianas, debemos releer a monseñor
Hervás, en la página 56 de su Pastoral, al hablar del Poscursillo.
Se trata... “no sólo de asegurar
la permanencia de los frutos en el individuo, sino también y principalmente de
la transformación ambiental, mediante la constitución de una verdadera familia,
una comunidad cristiana, un frente común, haciendo eficaz y sistemático el contacto
con los hermanos, mediante las llamadas Reuniones de Grupo”.
Por vertebrar cristiandad
debemos entender también el estructurar una cristiandad-fermento, mediante la
constitución de Gropos cristiandad, vinculadas entre sí por las Ultreyas:
vertebrar pequeñas cristiandades para vertebrar cristiandad.
En donde esta comunidad de
base-vértebra, que es el Grupo, no tiene ni plenitud ni sentido, sino que está
unida, integrada en la columna vertebral que es la comunidad cristiana, esa
comunidad cristiana, mientras no se construya otra más cercana, más auténtica y
más estable, tendrá que llamarse Ultreya. La Ultreya no puede ni debe sustituir
a la Comunidad Cristiana natural, pera sí puede suplirla en su ausencia.
Mis escasos conocimientos
de Pastoral no me permiten continuar estableciendo un paralelismo entre los
criterios de la Pastoral y los criterios que han regido nuestro Movimiento. Las
muestras que hemos señalado, debieran convencernos de que hay la mentalidad de
C, mucho más de lo que salta a la vista, y que, por tanto, antes de emitir
juicio sobre su aptitud y eficacia, debiéramos profundizar mucho más porque sí
para convertir a Juan, hay que conocer primero a Juan, para modificar los C,
primero hay que conocer los C.
Sólo existe otra manera de
evaluarlos: la que señala Cristo: conocerlos por sus frutos.
Pablo VI, en la I Ultreya
Mundial, hacía precisamente esto, cuando decía: “C de Cristiandad, esa palabra
acrisolada en la experiencia y acreditada en sus frutos... que hoy recorre con
carta de ciudadanía los caminos del mundo”.
En su alocución de Febrero
de 1968 añadía refiriéndose a los Grupos: “Son semillas de amistad, que se han
desarrollado y han llegado a ser colectivas y se han propagado por casi todo el
mundo...: los contemplamos con complacencia, los alentamos y bendecimos”.
Las ponencias de Medellín
nos traen otro testimonio de su eficacia: el de Monseñor Luís Eduardo Enríquez.
Obispo Auxiliar de Caracas Y Presidente del Departamento de seminarios del
CELAM, que dice así en la ponencia (Pastoral de Masas y Pastoral de Élites»: “Si
debemos lamentar el fenómeno de la descristianización, nos debemos alegrar por
el aumento de grupos de cristianos, cada vez mas numerosos, de cristianos conscientes
de su fe y comprometidos con su Iglesia. Ciertos Movimientos de renovación cristiana
como, por ejemplo, los C de Cristiandad... han contribuido a ello positivamente”.
Adaptar
el método sin cambiar lo esencial
Hemos visto la forma en
que fueron concebidos los C, no en su método sino en su mentalidad; no en su
“como”, sine en su “Porqués”.
De ahora en adelante nos dedicaremos
a ver si están como deben ser y, sobre todo, qué hacer para que estén como
deben estar. Si estamos convencidos de que la mejor manera de colaborar en la
Pastoral es dándole a nuestra propia finalidad toda la eficacia que debe tener,
no trataremos de cambiar la finalidad ni
la esencia de C, sino de adoptar el método dentro de su autenticidad, para
darle toda su eficacia.
Antes de proceder a
cambiar conviene señalar los límites posibles de adaptación, para no destruir
su esencia. Ante lo esencial se impone la unidad; ante lo realmente importante
se impone el respeto; ante lo accidental, la libertad; y ante todo y ante
todos, la caridad.
Los límites de adaptación
no los podemos imponer ni yo, ni vosotros, sino que los impone la definición
misma de C, que es la que determina su esencia, su finalidad y su método.
Pasados esos límites, los C dejan de serlo, para convertirse en otra cosa. Y
ya decíamos que no es eso lo que pretendemos, sino que los C sean todo lo que
deben ser.
Una descripción amplia de
C podría ser la siguiente: Los C de Cristiandad
son un método de renovación o conversión cristiana que, mediante la vivencia y
convivencia, el conocimiento y convencimiento de lo fundamental cristiano,
engendra un Movimiento apostólico ambiental, que tiende a estructurar
cristiandades que, mediante la palabra y el testimonio, impregnen de espíritu
cristiano los ambientes y las estructuras, en el ejercicio de la propia vocación
y en el cumplimiento del plan personal de Dios para cada uno, con respeto a la
libertad individual.
Como instrumento de
renovación, el Movimiento de C busca primordialmente la conversión por medio
del kerygma, en un ambiente de convivencia integral y heterogénea.
Para ser kerygmático, debe
ser vivencial; su doctrina debe Centrarse alrededor de lo fundamental cristiano.
Este kerygma debe resultar
de un encuentro con Cristo, en un cambio de mentalidad que lance
individualmente a un compromiso integral pero libre, con Dios, con el hombre y
con el mundo, conviviendo ese cristianismo en el seno de una comunidad
cristiana ambiental que intercomunicada con las demás por la Ultreya, continúa
una verdadera cristiandad; sus miembros, al vivir la Gracia, individual y colectivamente,
son testimonio de Dios, y con sus vidas impregnan de espíritu cristiano los ambientes.
Esto es lo que los C deben
ser.
No busquemos cambiar los C,
sino cambiar lo que tenemos entre manos, para procurar que sean auténtica y
plenamente C de Cristiandad.
Señor:
-
danos
serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar;
-
danos
valor para cambiar las que debemos
-
danos
sabiduría para detectar las diferencias.
Lo que se pide en Cursillos
Un rompecabezas podría
definirse como una simplicidad en desorden. Para muchos, los C son un
autentico rompecabezas. Pero vienen a ser algo verdaderamente simple cuando
mentalmente logramos poner sus piezas en orden.
No debemos extrañarnos,
sin embargo, si la imagen resultante nos resulta novedosa: la imagen de un
rompecabezas armado es siempre distinta a la de cada una de sus partes.
Los C pretenden la
vivencia de lo fundamental cristiano. Pero lo fundamental cristiano como vida
-vivencia- es la comunión viva con Dios, inaugurada en el bautismo par la
Gracia que, por el encuentro personal con Cristo y con el Espíritu en la Iglesia -conversión- se hace valor absoluto
en la vida del hombre, de forma que este configure según Dios toda su
existencia, capacitándose para el cumplimiento de su misión salvífica entre los
hombres y en el mundo.
Luego, lo que C pretenden
conseguir, al completarse la imagen del rompecabezas, es:
- un hombre
- en (con) unión con
cristo,
- por el Espíritu (Gracia)
- en comunión con los
hermanos (Iglesia)
- cuyo modo de ser y de
actuar esta configurando según Dios de manera absoluta,
- y es capacitado por el Espíritu
para el cumplimiento de su misión salvífica -vocación-.
Dicho de otra manera. Los
C pretenden la progresiva CONVERSIÓN integral del individuo. La conversión de
toda la persona. Esta conversión supone de parte del hombre:
1)
Un cambio de mentalidad hacia el modo de ser -modo de pensar, sentir y
querer-de Cristo;
2)
Un cambio de vida –conducta- hacia el modo de actuar de Cristo
Pero este cambio, a su vez,
necesita y presupone, de parte de Dios y por la acción del Espíritu, nuestra
INCORPORACIÓN real y sobrenatural al Cristo total, de modo que, formando con El
un solo Cuerpo -incorporar es entrar a formar parte del Cuerpo- del cual El es
cabeza, y teniendo con El un mismo Espíritu podamos amar a Dios a los hermanos
y al mundo, no a la manera nuestra, sino con su mismo amor, a su manera y en su
medida.
Lo primero constituye el
tema central de todos los Rollos seglares del C, orientados a convertirnos a
Cristo, y lo segundo es el temario de todos los Rollos Místicos, orientados a
convertirnos en Cristo.
Es aquí donde las piezas
sueltas del rompecabezas, si no se saben ordenar, presentan sólo una caricatura
de la imagen total.
Piedad
estudio y acción
Aunque los Rollos místicos
suelen dar una visión bastante completa de la acción de Dios en nosotros por la
Gracia, los Rollos Seglares dejan a veces la impresión de que un converso es un
hombre piadoso, estudioso y activo que, al finalizar el C, debe seguir teniendo
ciertas reuniones para seguir siendo -o con suerte, ser- cada día más piadoso,
más estudioso y más activo.
Por la PIEDAD se pretende
mantener y acrecentar el “estado de gracia” concepto que algunos todavía
interpretan como un simple no pecar, pero que otros muchos todavía atribuyen al
esfuerzo continuado una férrea voluntad de ser cada día más virtuosos.
Por el ESTUDIO, se procura
conocer cada día más doctrina, para “saber dar la razón de nuestra fe”.
Y se trata de hacer
apostolado -ACCION- para “llevar a otro la Buena Nueva”, y, si se tiene una
mentalidad apostólica seglar, transformar en cristiano los ambientes; y estructuras
en que se esta inmerso.
Aunque nada de esto es
malo o despreciable, constituye, sin embargo, una grave mutilación de lo que
los C realmente pretenden de y lo que en C
realmente se dice.
Aun aceptando que la
realidad dibujada en los párrafos anteriores, hace años que se viene superando
en casi todas las partes del mundo, sigue siendo cierto que el mensaje
primigenio de C es mucho más absolutizante que el que usualmente se da.
Prueba irrebatible de ello
es la insistencia y el esfuerzo de tantos Dirigentes -sacerdotes y seglares-
del Movimiento par pedir y exigir MAS en C. Señal inequívoca de que no han entendido
su mensaje. Los C no pueden pedir más, por la simple razón de que SUPONEN
PEDIRLO TODO. El fallo está en que no hemos sabido captar la totalidad del
contenido de ciertos términos que se manejan en C, y cuya sencillez confunde.
Porque la PIEDAD que se
pide en C es NUESTRA VIDA TODA -todo mi conocer, querer y actuar en todo
tiempo, lugar o circunstancia-, orientada hacia Dios a la luz de TODO EL EVANGELIO,
en unión vital con Cristo.
El ESTUDIO, como se
entiende en C, no tiene como finalidad el saber más, ni siquiera el ser mejor,
sino un mayor conocimiento de Cristo y de nosotros mismos, para una
configuración de todo nuestro modo de ser -ideas, valores y actitudes- con el
modo de ser y de amar de Cristo. El “conózcale a Ti, Señor, y conózcame a mi”
es casi el esquema completo del Rollo primitivo de Estudio.
La ACCION no es un
“quehacer”, sine la consecuencia y la realización de la Piedad y el Estudio. La
Acción está fundamentada en la Piedad y orientada por el Estudio. Está fundamentada
en la Piedad en cuanto es consecuencia de un modo de vivir, y está orientada
por el Estudio par cuanto este modo de vida es a su vez, consecuencia de un cambio
de mentalidad, que consiste en la configuración de nuestro modo de ser con el
de Cristo.
El concepto queda aún más
claro en el Rollo de Dirigentes, en donde el Dirigente cristiano es el que
tiene toda su personalidad centrada por la fe y potenciada por la Esperanza y
el Amor.
Porque tiene su inteligencia
centrada par la Fe, hace la que Dios quiere lo que Dios hace, y hará las mismos
cosas que El y aun mayores.
Porque tiene su voluntad
potenciada por la Esperanza se lanza con confianza en la seguridad de que con
Cristo todo lo podemos.
Y porque tiene su corazón
impulsado por el Amor va poniendo al servicio de Dios y de los hombres todas
sus cualidades humanas y sobrenaturales.
La explicación
desconcierta a muchos, porque están acostumbrados a pensar en tres cosas
distintas -Piedad, Estudio y Acción-, siendo así que se trata de presentar una
sola realidad: el hombre converso.
Desde siempre fue
evidente, en la literatura de C que el concepto de Piedad incluía los conceptos
de Estudio y de acción puesto que se la definía:
- Como una vida de Gracia
consciente (por el Estudio), creciente (por las prácticas de Piedad) y
difundida (por la Acción).
- Como catolicismo
auténticamente conocido (Estudio) vivido (Piedad) y propagado (Acción).
- Como orientación de toda
nuestra vida hacia Dios.
Esta trilogía de Piedad,
Estudio y Acción debe ser entendida como una fórmula pedagógica para expresar
la progresiva cristianización –parte por parte- de todo el individuo. Y no
puede entenderse desligada del resto de los Rollos.
Conversión
global y conversión progresiva en la piedad el estudio la acción.
El Mensaje de C tras
proclamar lo fundamental humano en el Rollo de Ideal -inteligencia, voluntad y
libertad- procede a la cristianización sistemática de todo el hombre, pedazo a
pedazo cristianización del hombre -cristificación sería más correcto- tiene
como punto de partida una iniciativa una acción y un don gratuito de Dios: la
Gracia edifica sobre la naturaleza.
Pero supone una aceptación,
colaboración y respuesta al Don de Dios: conversión y fe.
El error suele estar en
pensar que ésta respuesta está constituida por un acto único y definitivo de
arrepentimiento -de lo pasado- y de adhesión -futuro- a la persona y a la
doctrina de Cristo.
La conversión integral supone
una serie de pasos sucesivos que se ilustran a lo largo del Mensaje,
Supone, como primer paso,
una conversión global: la decisión de cambiar de vida, que se testimonia en el
Rollo de Piedad.
Si somos sinceros, a
aquellas alturas del C, esta decisión a un cambio de vida suele estar mayormente
motivada por una revisión de nuestro propio pasado –“la película”- y por la
convicción de que nuestra forma de vida pasada nos ha llevado a la infelicidad.
Desgraciadamente muchas de las “conversiones” de C se quedan a este nivel, y
las expresiones de muchos delatan que miran este cambio como el fruto de un
continuado y heroico esfuerzo de la voluntad. Si la conversión no va más allá,
se queda en mutilación, quebrantamiento y ruptura interior de quien,
permaneciendo igual, pretende actuar de distinta manera.
Los C, sin embargo, son
conscientes de que
- este cambio de vida no
es posible por largo tiempo, si no va acompañado o es consecuencia de un cambio
de mente y corazón;
- la vida cristiana no consiste
en una simple reorientación del hombre viejo, sino que exige muerte y
resurrección, “una nueva criatura, nacida de lo alto” (Jn 3, 3-8). Y un nuevo
corazón (Ez 26, 26-27);
- supone un cambio en las
ideas, valores y actitudes de la persona; un nuevo modo de ser, de pensar,
sentir, querer.
Este nuevo modo de ser
consiste en una configuraci6n con el modo de ser de Cristo. Y tiene que ser el
fruto de la acción del Espíritu en nosotros.
Podemos pretender cambiar
de vida en dos alternativas: caminando bajo la ley por el esfuerzo de la
propia voluntad, lo cual casi siempre es un simple dar coces contra el
aguijón, o viviendo en la fe bajo la acción del Espíritu (Ga 3, 2-5).
Supuesta la acción del Espíritu
los C buscan el cambio de mente y corazón mediante el Estudio. Así lo dice
expresamente el Rollo primitivo de Mallorca: “El Estudio es un medio para la
progresiva integración y conformación del hombre en Cristo, y sería un error mayúsculo
convertirlo en una finalidad. A su vez requiere el empleo de medios aptos que
vayan descubriendo y posibilitando la normal, viva y triunfal cristianización
de nuestro ser”.
Este cambio de mentalidad
y de vida además de ser progresivo en el tiempo, es igualmente progresivo en la
persona, y se ilustra, a lo largo de todo el C, como una cristianización de
nuestra inteligencia, voluntad y libertad (Rollo de Ideal); de nuestro conocer,
querer y actuar (Rollo de Piedad); de nuestra cabeza, corazón, voluntad,
brazos y rodillas (Rollos de Estudio y Acción); de nuestra disciplina, simpatía
iniciativa y generosidad (Rollo de Dirigentes); de nuestras ideas, valores y
actitudes (Rollo de Estudio y animación del ambiente)
La Acción que pretenden
los C, es el fruto de esta progresiva conversión integral de la persona. En el
Rollo primitivo de Acción leemos: “Sólo vale la acción apostólica que es
consecuencia del ser cristiano. La acción que no es expresión del ser íntimo,
no tiene fuerza de eficacia; a lo más sirve para tranquilizar a los que creen
que con un determinado cupo de actividades han cumplido con su obligación… Se
ha de procurar centrar el concepto de Acción en el punto preciso, para que no
derive hacia un “se” sin acción que llega a “no ser”, que llega a no ser acción”.
Esta mentalidad de C en lo
referente a la acción ha sido siempre piedra de tropiezo, y ha polarizado su
dirigencia en dos grandes grupos:
- El grupo de quienes
miran la “Acción” como quehaceres exigibles y en consecuencia tienden hacer de
C una organización, a convertir los Grupos de Cristiandad, en equipos apostólicos
y las Ultreyas en peceras.
- Y el grupo de quienes
opinamos, con Rahner, que “todo cristiano es apóstol… en la medida en que es
cristiano” En consecuencia lo importante es serlo cada día más, y por ello
propugnamos que todas las estructuras del Postcursillo deben ser kerigmáticas
en su intención, a fin de acelerar esta conversión integral del individuo en
la certeza que “todo lo demás se nos dará por añadidura”.
Este proceso de conversión
integral no se agota dentro de C en la conversión integral de nuestra realidad
interna sino que reclama la conversión -la transformación- de nuestra realidad
externa: ambientes, estructuras y sistemas. Sabemos, sin embargo, que lo
segundo es consecuencia de lo primero, y que se da en la misma medida en que lo
primero se logra. La progresiva transformación de “los otros” y del ambiente es
consecuencia de la progresiva conversión de “nosotros mismos” y usualmente se
da en esa medida. Si esto es cierto, es cierto también que los C no lograren la
animación cristiana de la sociedad, sino en la medida en que logren la vivencia
de lo Fundamental Cristiano. En ello debe centrarse nuestro examen de
conciencia
Cursillos
piden la persona misma
Regresando al tema central,
insistimos en que C no puede exigir más al individuo, puesto que supone pedirlo
todo. Dicho de otra manera. Los C no suponen pedir más a la persona; suponen
pedir la persona misma y la persona toda para Cristo. La persona no supone dar algo,
ni siquiera dar algo de sí misma, sino darse a sí misma y por entero a Cristo.
Entrega total a su Señor.
Este es el uno -el uno
mismo- de que hablamos cuando decimos que Cristo ofrece cien a quien de uno,
pero no cincuenta a quien da la mitad que sería darse a medias.
El esquema central de lo
que piden los C, es bastante anterior a los Rollos de Mallorca: “Amarás al
Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente (cabeza) y con toda tu
fuerza voluntad)...; el segundo es semejante al primero”.
Aunque a primera vista
parezca una contradicción, el darse por entero –conversión global- es un paso
previo al entregarse pedazo a pedazo (progresiva conversión integral).
La entenderemos mejor con
el ejemplo de la cosechadora, que acostumbramos a dar en el Rollo Preliminar
del C: 1) El agricultor escoge una cosechadora, paga su precio y, desde ese
momento en que el antiguo dueño acepta
la transacción y el cheque, la cosechadora toda es propiedad del nuevo dueño; 2)
la entrega, sin embargo, se lleva a efecto mediante embarques parciales -los benditos
cajones-, en nuestro caso, áreas de nuestra vida y de nuestra personalidad.
El Divino Agricultor “nos
conoció de antemano” (Rm 8, 29); nos eligió (1Pe 2,9), y pagó por nosotros el
precio de su sangre. Habiendo sido hasta entonces dueños y señores de nosotros
mismos y rectores de nuestra propia vida, en un momento dado miramos con asombro
el valor del cheque en pago adelantado, y aceptamos la transacción de ceder el
dominio, uso y posición de nosotros mismos, a quien desde ese momento se
convierte en Dueño y Señor de nuestras vidas: conversión global. Nuestro nuevo Señor,
porque confía en nosotros acepta la progresiva entrega parcial de las piezas
de nuestro ser. Pero porque nos quiere y necesita completos, como instrumentos suyos exige la entrega de la totalidad de las
piezas: la conversión integra.
Con el ejemplo anterior
queda bastante clara la diferencia entre conversión global y progresiva
conversión integral. Necesitamos explicar ahora la diferencia entre cambio de vida y cambio de
mentalidad: cambio de mente y de corazón.
Puedo intentarlo con el mismo
ejemplo de la cosechadora, pero quizá no baste; voy a escoger otro:
Lo que está a la venta no
es una cosechadora, sino un destartalado “Fiat” modelo 1950, Desde el momento
en que cambió de dueño, se reorientan muchas de sus actividades hacia la
agricultura. Ha dejado de hacer cosas que antes hacía, y hace cosas que antes
no hacía: cambió de vida. Como consecuencia de este cambio, se han sufrido
algunas alteraciones: se le han quitado algunas piezas, casi siempre accesorias
incompatibles con su reorientación y se le han agregado otras que lo capacitan
para su nueva actividad.
Al “bumper” trasero le han soldado un arado, que escasamente logra
arrastras; se le ha construido un garaje donde semanalmente se le recargan las
baterías, diariamente se le rellena el tanque y mensualmente se le hace un
chequeo general y un (tune-up» -ajuste de frenos- para que no se accidente en
las curvas.
Pero evidentemente, el
viejo ”Fiat”, no puede seguir así por mucho tiempo. Necesita ser hecho de nuevo.
Partiendo de las mismas piezas existentes, fundiendo algunas -la Gracia edifica
sobre la naturaleza- para modificar su forma o templar su acero, pero reordenándolas
todas de manera distinta -nueva escala de valores- y agregando piezas nuevas
-los dones y frutos del Espíritu- el dueño debe hacerlo de nuevo. El viejo
«Fiat” tiene que ser totalmente desarmado -morir a sí mismo-, y reconstruirlo en algo distinto -un nuevo
modo de ser- conforme a un modelo único, modelo de modelos, Cristo Jesús.
En mi tierra donde los
hombres suelen llevar una vida muy desordenada y las mujeres de cierta posición
suelen, tener unos valores en absoluto
desorden, se descubre con facilidad la diferencia entre cambio de vida y cambio
de mentalidad.
El, hombre que sale de C,
generalmente ha iniciado un cambio de mentalidad: “Ve con ojos nuevos las cosas
de siempre”. Se le ha cambiado el corazón, y desea profundamente cambiar de
vida. Su obstáculo principal suele ser la vida que ha llevado las
circunstancias que se ha creado, los ambientes en que está metido las
estructuras en las que se desenvuelve, el sistema reinante. La circunstancia
santificante que ofrecen los C, le va ayudando a vencerlos obstáculos.
La “Gran Señora”, por el
contrario, ha llevado una vida “recta”. Ha mantenido una conducta correcta. Y
los ambientes hostiles a una “vida decente” son minoría en su vida. Quizá su
misma seguridad, su relativo aislamiento, Y su existencia muchas veces
superflua y en algún caso meramente decorativo, le han dado, sin embargo, una
escala de valores que a veces no es escala, porque los valores están
absurdamente jerarquizados, y otras no son de valor porque lo que se valora,
no vale nada.
Llevar o seguir llevando
una “vida recta” le resulta relativamente fácil por falta de obstáculos
externos. Su principal enemigo es interno. No es el mundo, sino la carne. Su
viejo modo de ser que, coma su edad, cambia muy lentamente.
Le duele horrores hacer una
generosidad, porque no es más generosa. Le cuesta horrores controlar la lengua,
porque no ha cambiado su envidia. Le horroriza la sobriedad, porque su posición
social, el qué dirán y lo que dejan de decir y el viejo afán de atesorar
piedras y cosas demasiado en su escala de valores. Le cuesta horrores aceptar
la circunstancia santificante de C, hecha casi enteramente de personas, porque
el abrirse a la sinceridad y a la amistad profunda con otras mujeres, le
resulta contrario a toda una trayectoria; y de ver en la otra mujer a una
rival, adorable enemiga que, quizá como ella, fue educada meticulosamente desde
niña en la importancia del parecer y el aparentar, cuesta saber ver a una
persona hermana, con quien debe peregrinar en la vida.
Aunque el Señor, sin duda,
bendice y agradece nuestro cambio de vida por lo mismo que nos ama y quiere
nuestro bien, quiere también el cambio de nuestro modo de ser.
En esto consiste la
diferencia entre el estar bajo la ley, teniendo que hacer lo que no podemos y
dejando de hacer lo que queremos, por un heroico esfuerzo de voluntad, y el
“haz lo que quieras” de San Agustín en donde lo que se hace es consecuencia
normal de lo que se es, y lo que se es,
es obra del Señor, Lo cual siempre supone, de nuestra parte, el ponernos en sus
manos y ser maleables y dóciles a la acción del Espíritu. Un cristiano es un
hombre que hace lo que le da la gana, porque le da la gana, porque deja que
Cristo le dé las ganas.
III EN EL CAMPO DE
LA METODOLOGÍA
Lo
fundamental cristiano
Los C de Cristiandad son un método para dar a los
bautizados conocimiento, convencimiento, vivencia y connivencia de lo fundamental
cristiano, lo cual engendra un Movimiento que tiende a vertebrar cristiandad.
Vamos a explicar la
definición.
Decimos primeramente que
los C son:
A.- Un método, es decir,
un procedimiento conocido y demostrado como apto para alcanzar, con mayor
probabilidad, prontitud y perfección, una cierta meta.
La meta inmediata que este
método quiere lograr, es que los bautizados conozcan, acepten, experimenten
vitalmente y vivan comunitariamente aquello que es fundamental al cristianismo.
Esto es lo que quiere decir, dar conocimiento, convencimiento, vivencia y
convivencia de lo fundamental cristiano.
B.- Pero los C no son sólo
un método que se sigue en tres días, y todo ha terminado. Como este método
posibilita la vida cristiana y toda la vida siempre engendra movimiento, los
Cursillistas, porque tienen vida, van originando un Movimiento que tiende a
impregnar de espíritu y de criterio cristiano los ambientes donde aquellos se
mueven. A esto llamamos vertebrar cristiandad.
¿Qué
es lo fundamental cristiano?
Si nos fijamos un poco,
observamos que, en el cristianismo como en todas las otras cosas hay elementos
que son accidentales, elementos que son más importantes, elementos que son
fundamentales. Es obvio que no tienen la misma importancia, por ejemplo, las
campanas de una iglesia que el Cristo Sacramentado en el Sagrario, o que es
mucho más importante vivir la Gracia que rezar una novena o llevar un
escapulario.
Lo fundamental cristiano
es aquello que, si falta, no existe cristianismo. Algo que obliga a todos los
cristianos, algo en lo que debemos estar de acuerdo todos los cristianos. Y
algo que tenemos que vivir todos los cristianos, si queremos ser cristianos.
Para comprender mejor lo
que significa algo fundamental, imaginemos una gran Universidad, con muchos
edificios y profesores, donde se enseña un montón de asignaturas. Imaginemos también
que, por alguna extraña enfermedad, a todos los alumnos y profesores, de la noche
a la mañana, se les olvida como leer y escribir. Desde este momento todos los
libros y bibliotecas resultan inútiles, las asignaturas imposibles y la
Universidad deja de ser Universidad.
Lo fundamental cristiano
es alga parecido; es el saber leer y escribir del cristianismo. La que
posibilita todo lo cristiano, de la misma manera que el saber leer y escribir
posibilita a uno el ser medico y a otro ser ingeniero. No consiste la medicina
o la ingeniería en leer de corrido; pero la aplicación de esta capacidad de
saber leer y escribir posibilita todo lo demás; si llega a faltar, se viene
todo al suelo.
Lo
fundamental y lo elemental
No hay que confundir lo
fundamental cristiano con lo elemental cristiano. Lo elemental es aquello de lo
que se puede prescindir cuando ya se ha avanzado un paco más. En matemáticas,
por ejemplo, lo elemental sería contar con los dedos. A medida que avanzamos en
las matemáticas, ya no será necesario. Lo fundamental, sin embargo, sería que
dos y dos son cuatro, que seguirá siendo cierto, por mucho que se avance, y el día
que dos y dos dejaran de ser cuatro, se irían a la porra todas las matemáticas.
Cuando se conoce y se vive
todo lo fundamental cristiano, ya no se puede ser más cristiano, sino
simplemente mejor cristiano.
Como el cristianismo es
una vida vivida conforme a unas realidades, vamos a decir separadamente cuales
son esas realidades fundamentales que debemos aceptar, y como se supone que
hemos de vivir, si hemos de ser consecuentes con estas verdades.
Yo diría que lo que
debemos aceptar, para ser cristianos, es:
Primero: que existe un Dios, ser personal, creador de cuanto existe,
que es Amor y que, al tratar de revelarse a si mismo a los hombres, se nos
manifestó como Padre. Un Padre que, ilusionado en cada uno de nosotros desde
siempre, nos conoce, nos ama de forma personal, y confía en nosotros.
Segundo: que este Dios se encama en el tiempo en Cristo, Dios y hombre
verdadero, semejante a nosotros en todo, excepto en el pecado, quien sufriendo
voluntariamente por nosotros muerte de cruz, nos redimió con su sangre,
liberándonos de la esclavitud del pecado y de la muerte, y fue constituido por
el Padre como Señor y Salvador. Resucitado de entre los muertos, nos congregó
en Iglesia a la que constituyó como su propio Cuerpo Místico, comunicándonos su
Espíritu como un don gratuito, de modo que podamos amarlo a El y a los demás
con su mismo amor.
Tercero: que todas estas maravillas se hacen realidad en nosotros por
el Bautismo, actualizado en la conversión, en él recibimos el Espíritu de
Cristo, y nos incorporamos a la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo que
es Dios.
Esto es, pues, lo
fundamental de la realidad cristiana. Y de eso hablamos durante todo el C: de
Cristo en todas las Meditaciones; De la Iglesia, en el Rollo de “Sacramentos”,
“El seglar en la Iglesia”, “Comunidad Cristiana”, etc.; de la Gracia se habla
en todos los Rollos Místicos.
Quisiera hacer hincapié en
una cosa. Y es que las verdades que debemos aceptar y que hemos enumerado, no
son ideas que hay que creer, sino sucesos salvíficos, que Dios hizo, que sigue haciendo
en nosotros y por nosotros; hechos reales e iniciativas de Dios, que podemos
aceptar o rechazar. Si yo digo “Dios es Omnipotente, tú puedes decir puedes decir:
creo. Pero si Dios te dice: “Ve, hijo; yo soy el Padre que no conocías; ahora
que te accidentaste, y estabas inconsciente, yo te recogí en el camino; te
limpié te curé; te di una transfusión de mi propia sangre; cancelé tus deudas;
te abrí una cuenta bancaria sin límites; quiero que seas gerente de mis
empresas, y que te vengas a vivir con tus otros hermanos en mí casa”.
A esto no cabe decir:
creo. No te está preguntando si crees, si no si quieres, es decir, si aceptas
esto que ha hecho y quiere hacer por ti. Lo que equivale a decir es “Amén”, que
es como termina el Credo.
Tener fe verdadera no
consiste únicamente en tener por cierto el Evangelio -la Buena Nueva-, sino que
supone una decisión y una postura ante la vida. Supone una decisión: si la
decisión es “acepto”, va a suponer una vida distinta en la Casa del Padre. Y dejar
otras muchas casas. El joven aquel posiblemente se fue a su apartamento, tiro
a la porra un montón de trastos viejos, no par mandato de su Padre, si no par
otro motivo muy distinto. El Señor, que es exacto en sus cosas, nos dice por
qué, en Mateo 13, 44: El Reino de Dios es semejante a un tesoro escondido en
el campo que, hallándolo un hombre, lo ocultó, y lleno de gozo par el hallazgo,
fue y vendió todo cuanto tenía y compró aquel campo”.
Es por el gozo del hallazgo
de encontrar a su Padre y por la confianza en sus promesas que el hijo manda
los trastos viejos a la porra, pues se le ha abierto un infinito campo de
nuevas posibilidades. Por eso el tono jubiloso de C.
El
mandamiento nuevo y lo fundamental cristiano
Con todo esto vemos como
la aceptación de unas realidades desemboca necesariamente en una vida nueva.
¿Qué es lo que el
cristiano debe vivir? ¿Qué deberíamos hacer? ¿En qué se reconoce que somos
cristianos?
Nos lo dice el Señor: «Un
nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros, y que del modo que yo os
he amado a vosotros, así también os améis recíprocamente. En esto conocerán que
sois mis discípulos: si os tenéis un tal amor unos a otros”. (Jn 15, 13-14).
“Nadie tiene amor mas grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros
sois mis amigos si hacéis lo que os mando... Lo que os mando es que os améis
unos a otros”.
Talvez alguno piense: “Esto
es demasiado elemental. Amar es lo menos que puede hacer un cristiano”. Pero no.
Amar es la único y todo lo que puede hacer un cristiano en cuanto tal; es la
condición previa para que sea cristiano todo lo que haga: “Si reparto todo lo
que poseo a los pobres, y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado,
si no tengo amor de nada sirve” (1Cor 13,3).
Bueno, diréis: “Pero
entonces, ¿que pasó con las Bienaventuranzas y las virtudes? ¿Ya no cuentan la
paciencia, la mansedumbre el perdón, la humildad, la entrega?” Contesta la
Escritura; “El amor es paciente, servicial y sin envidia, no quiere aparentar
ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El
amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas, y perdona. Nunca
se alegra de algo injusto; siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo,
todo lo cree, todo lo espera y todo la soporta”. (1Cor 13,4-7).
Otro tal vez dirá: “Este
ya se olvidó de todos los mandamientos”. Contesta el Señor (Juan 14, 23-24): “El
que me ama, guardará mis mandamientos, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y
haremos mansión en él. Pero el que no cumple mis mandamientos no me ama, y los
mandamientos que habéis oído, no es solamente mía, sino del Padre que me ha
enviado”. Es por amor que el hijo obedece al Padre. Cuando no lo amábamos, era
duro cumplir los Mandamientos. Ahora que lo amamos, lo duro es no cumplirlos.
En el amor está contenido
no sólo la ley y los profetas, si no todos los tratados de moral. “Ama y haz lo
que quieras”, decía S. Agustín pues no
puedes querer el mal para quien amas. Esta compendiado todo el modo de ser del
cristiano, porque el amor es el modo de ser de Cristo, y por lo mismo que es su
propio modo de ser lo que nos manda ejercitar, nos da su propio Espíritu que es
su modo de ser y de amar, para poder amar, no de cualquier manera, sino coma Él
nos amó.
Tal vez ahora captemos
mejor la radical diferencia entre algo elemental y algo fundamental. El amor
es, a la vez, la condición, el comienzo, el medio, la constante cristiana y la
meta. Pero aún llegados a la meta como dice San Pablo, el amor nunca pasará.
Algún día ya no necesitaremos ni fe ni esperanza, pues veremos a Dios cara a
cara, pero seguirá teniendo vigencia el Amor; Dios, siendo infinito, es amor.
Quizás alguno piense: “Esto
puede ser muy cierto; pero ¿Por qué no buscamos algo más práctico?”. Si creemos
que esto no es práctico o eficaz es señal de que no hemos comprendido todo el
alcance y la y la trascendencia y la repercusión que involucra la vivencia
auténtica continua y progresiva de lo fundamental cristiano. Señal que no
comprendemos o nos negamos a aceptar la gran fórmula de eficacia que nos ha
dado el Señor: “Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os
dará por añadidura”
Los C buscan, pretenden,
procuran, posibilitan la vivencia de lo fundamental cristiano. Pero esto no
quiere decir que no quieran o logren mucho más sino que esto lo posibilita
todo.
Pretenden que el Reino de
Dios se inicie y crezca entre nosotros, pero consiguen mucho más. Todas esas
infinitas añadiduras de las que nosotros mismos somos testimonio viviente.
Precisamente porque vemos que los C consiguen frutos tan diversos, es por lo
que nos extraña que sólo pretendan una cosa, sin comprender que buscan esto
porque esto es lo que posibilita todo lo demás. Rehusamos conformarnos con
alguna que otra añadidura porque buscamos aquello que las consiga todas.
Los C buscan solucionar
los problemas en sus causas, combatirlas en su raíz. Y la causa de los males es
que el mundo vive de espaldas a Cristo y a su doctrina; es la negación de
Cristo, que es una negación al amor. Para solucionar todos los males, Cristo no
elabora un programa de quehaceres para ir reparando daños y poniendo parches,
sino que se va a la raíz del mal, y propone como única solución el amarnos de
la misma manera y con la misma intensidad con que El nos amó.
San Pablo a Filemón no le
pide que libere a su esclavo Onésimo que lo ame, porque el amor es incompatible
con la esclavitud; Cristo no nos manda directamente cambiar el mundo sino que
nos da un motivo para cambiarlo, el medio para lograrlo, el fin a conseguir: un
mundo lleno de su amor evidentemente será muy distinto del actual.
Si esto nos parece
sencillo, alegrémonos, porque es lo único que el Señor nos pide. El sabe que el
amor nos puede llevar a cualquier parte porque a El lo llevó hasta la cruz.
Pero si nos pro si nos parece algo teórico estamos equivocados. El cristianismo
no es algo teórico, sino simplemente la solución que todavía no hemos puesto en
práctica, lo cual es algo muy distinto. “El Mandamiento nuevo sigue siendo
nuevo porque sigue sin usarse”. Al menos en gran escala.
Nosotros sabemos que esta
solución puede cambiar el mundo porque, en la pequeña medida que la hemos
usado, nuestro pequeño mundo ha cambiado. Y el objeto del testimonio cristiano
y nuestra misión como Iglesia es precisamente la demostrar al mundo que esto es
cierto que el Evangelio es posible, y que su solución es eficaz.
“Todo esto está muy bien,
dirá alguno, paro dejémonos de “teologías”, y aterricemos. ¿Que es lo que tengo
que hacer para ser cristiano, o por el hecho de ser cristiano?”.
Lo fundamental cristiano
es algo común a todos, pero es distinto para cada uno. Por una parte, todos
hacemos lo mismo, puesto que en cristiano es imposible hacer algo que, en una
forma u otra, no sea expresión de amor a Dios o de amor al prójimo; pero cada uno
vive y manifiesta este amor de distinta manera y con distintos frutos.
Todos los cristianos, en
la medida que aman a Dios y saben que Dios los ama, proyectan su vida toda a la
luz de todo el Evangelio. Por conveniencia propia. Porque aman al prójimo se
proyectan apostólicamente llevando a los demás la Palabra y el Reino de Dios.
Porque aman al mundo hecho por Dios, quieren transformar sus ambientes y
estructuras, conforme a la ilusión del Padre que cuando lo planeó quiso que
fuera un paraíso. Y porque se aman mutuamente, buscan vivir y santificarse en
común.
Pero la vivencia de esto
es siempre distinta para cada uno. Dios no nos hizo en serie sino en serio. Nos
hizo distintos porque nos necesita distintos, nos da carismas distintos y nos
siembra en distintos lugares.
La
gran llamada a lo fundamental cristiano
Yo no entendí los C hasta
el día en que comprendí que el cristianismo no es un programa, ni una lista concreta
de quehaceres comunes a todos.
De parte de Cristo es una
llamada; en los hombres, es un modo de ser.
El programa de Cristo para
sus Apóstoles se lo da integro a Mateo: “Sígueme”. Se lo propone al joven rico:
“Si quieres ser perfecto, sígueme” El vender todo lo que tiene y darlo a los
pobres no es el programa, sino una preparación previa. Es, además una llamada
personal, ineludible e intransferible que nada tiene que ver con la llamada del
Señor a los demás: “Después Jesús le dijo a Pedro: Sígueme. Pedro miró atrás, y
vio que le seguía también el discípulo amado de Jesús. Al verlo Pedro preguntó
a Jesús: ¿Y qué va a ser de este? Jesús le contesta A ti ¿qué te importa? TU sígueme”
(Jn 21, 19-22).
En el hombre lo cristiano
es un modo de ser: el modo de ser de Cristo que es el único modo de ser
perfectos y de ser felices, porque el hombre, hecho a imagen y semejanza de
Dios, esta hecho para ser imagen y semejanza de Cristo. Un modo de ser que se
va manifestando en la vida como una manera de amar. La manera como El los amó.
Y es este modo de ser y esta manera de amar lo que en la vida nos va llevando
ha hacer ciertas cosas -las mismas que El y aún mayores-, y nos puede llevar a
cualquier parte, como a El le llevo hasta el Calvario.
Cuando Cristo trata de
dibujar u un seguidor, no lo describe en términos de lo que hace, sino en términos
de lo que es. “Vosotros sois la luz del mundo. Vosotros sois la sal de la
tierra”.
No se puede construir una
casa hecha de luz; pero la luz es necesaria para construirla, para habitarla,
para gozarla, para detectar y reparar sus fallos y defectos, para iluminarla;
es capaz de iluminarlo todo por el solo hecho de ser luz.
Tampoco sirve la sal por
si sola. Inclusive repugna. Pero le da sabor a todas las comidas, preserva de
la descomposición. El cristianismo solo no nos permite construir sistemas, ideologías
o estructuras netamente cristianas, pero es capaz de preservarlas de la descomposición.
El cristianismo es algo así como el “sentido común” de Dios. Ni el “sentido
común de Dios ni el de los hombres se presentan como un programa hecho, como un
sistema de soluciones generales, sino que es algo que, residiendo en el hombre,
va en cada momento iluminando cada situación y posibilitando una opción dentro
de una inmensa gama de alternativas distintas.
No se puede construir o al
menos no se ha intentado todavía construir, una ideología o un sistema hecho
enteramente de sentido común. Pero este es capaz de iluminarlas todas y toda ideología
o sistema abiertamente opuesto al sentido común, están condenados a su
autodestrucción.
¡Si tal cosa se puede afirmar
con respecto al sentido común de los hombres, cuanto más cierto es esto con
respecto al sentido común de Dios!
El cristianismo no ofrece,
pues, un programa de soluciones concretas para la problemática del mundo,
aunque excluye y descalifica determinados enfoques, imposibilitando así
ciertos programas y ciertas soluciones incompatibles con él, sino que está
ineludiblemente destinado a la persona, como el Reino que, sin ser de este
mundo, esta dentro de nosotros. Es por esto que en el Evangelio no se nos da
un decálogo, sino la vida de un hombre y su modo de ser y actuar, ante la problemática
que su vida y su mundo le presentan.
No hay sistemas cristianos
ni estructuras cristianas. Y aún me atrevería a decir, ni hombres cristianos,
sino únicamente un modo de ser que cualifica al hombre y las estructuras, en la
medida en que se ejercita como un modo de amar.
Cristo y el ser y el
pensar y el amar como Él, son la solución a todos los problemas que nos plantea
la vida; la solución que Cristo ofrece al mundo, no es un sistema, ni una ideología,
sino unos hombres congregados, como un pueblo, que, siendo como El, amando como
El, y permaneciendo en El, vayan realizando en el mundo la voluntad del Padre.
La transformación de los ambientes
Los C pretenden la
vivencia, continua y progresiva, de lo fundamental cristiano, es decir.
- que los hombres vivan
verdaderamente en cristiano;
- que puedan siempre vivir
así; y
- que cada día lo vivan
mejor, llevándolo hasta sus ultimas consecuencias: la orientación de toda su
vida a la luz de toda el Evangelio; la conversión integral y progresiva: de
todo el hombre, cada día mayor.
Esta finalidad no se agota
en la persona. Los C no se conforman con que algunos hombres sean cristianos,
sino que pretenden que sus ambientes también la sean: quieren impregnar de espíritu
y criterio cristiano los ambientes y las estructuras en que estamos inmersos.
La transformación de los
ambientes es consecuencia de la vivencia de lo fundamental. Los ambientes se
transforman en la medida de nuestra propia conversión. Lo demás es pedirle
peras al olmo.
Pero la cristianización de
los ambientes es además condición para poder vivir lo fundamental de una manera
continua. El problema con que se enfrentan quienes trabajan por “salvar almas”,
es que, cuando se las saca de la refrigeradora y regresan al ambiente corrupto
de donde salieron, se descomponen.
Y entonces se nos plantea
un dilema: si la cristianización de los ambientes es, a la vez, consecuencia y
condición para la vivencia de lo fundamental cristiano, entonces ¿qué es
primero? ¿El huevo o la gallina? Y la solución es: el nido.
Quisiera hablar de la
transformación de los ambientes y de la necesidad de tener, al menos, un
ambiente ya transformado, o en vía de transformación -un nido- para poder vivir
lo fundamental y para poder transformar los demás ambientes, cristianizando el
“gallinero”. Tal vez comprendamos porque los C al pretender la vivencia,
necesitan procurar la convivencia de lo fundamental.
Las creencias, los
valores, las actitudes y las formas de conducta del hombre son determinados, en
gran parte, por el ambiente que nos rodea, y, por ello, el hombre corriente
necesita al menos un ambiente cristiano, para poder vivir su cristianismo de
una manera vital.
El cristianismo, en cuanto
vida, es un modo de ser -el de Crista- que se va manifestando en la vida como
un modo de amar: el modo como El nos amó.
Como todo modo de ser, el
cristianismo tiene dos niveles:
1.-
Un modo de ser interno, que es nuestro modo de pensar, sentir y de ver las
cosas. Se tienen unas convicciones, unos valores y unas actitudes, que
configuran nuestro modo de ser y que determinan, en buena parte nuestro modo de
actuar.
2.-
Y un modo de ser externo, es decir, nuestro modo de ser con los demás. Nuestro
modo de relacionarnos con el mundo, con los hombres y con Dios, que, en
cristiano se expresa como una relación de amor y de servicio, a la manera de
Cristo, en la medida que tenemos sus mismas convicciones, valores y actitudes.
Pero nuestro modo de ser
no es algo acabado y permanente, algo que esta siendo continuamente
influenciado y bombardeando desde dentro y desde fuera con creencias, valores y
actitudes no sólo distintas sino contrarias a las nuestras. Es decir, que el
Reino de Dios –el modo de ser de Cristo- dentro de nosotros, como dice el
Evangelio sufre violencia.
Desde siempre, la Iglesia
nos ha hablado de tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne.
Dejando aun lado la carne, y tranquilo al demonio, vemos que lo que la Iglesia
llama mundo, no es otra cosa que la suma de los ambientes contrarios a ese
Reino.
Y un ambiente -tal como lo
definimos en C- es el conjunto de personas ideas, valores, actitudes y
circunstancias que coinciden en determinado tiempo y lugar, y que en mayor o
menor grado, determinan la conducta de un cierto número de personas.
No creo que sea necesario
demostrar que los ambientes determinan en gran parte, nuestro modo de ser y de
actuar. Es el “dime con quien andas y te diré quien eres”. Es la razón por la
que la madre no quiere que su hijo ande con “malas compañías” o en malos
ambientes, es decir, entre personas cuyas ideas, valores, actitudes y
circunstancias son contrarias a las suyas propias.
Influencia
de los ambientes
Es necesario, sin embargo,
valorar esta influencia, y ligarla a la finalidad y estrategia de Cursillos y
de la Pastoral misma, con las siguientes afirmaciones:
1.-
La influencia de los ambientes es mucho mayor de lo que regularmente suponemos,
y sobre el hombre corriente su influencia es decisiva. Par ello, si el
ambiente determina, en gran parte, el modo de los hombres, y el cristianismo es
un modo de ser, nuestro modo de ser cristiano esta determinado, en gran parte,
por el modo de ser de nuestros ambientes, y la cristianización del hombre corriente
o al menos su vivencia cristiana, continua y progresiva está condicionada a la
cristianización de sus ambientes. Primera conclusión: la cristianización de
los ambientes es necesaria.
2.- No
todos los ambientes tienen el mismo impacto sobre las personas ni todas las personas
el mismo impacto sobre los ambientes. Líderes son aquellas personas que, al
menos en algunos aspectos, influyen sobre el ambiente, más de lo que el
ambiente influye sobre por ellos. Son por ello los “agentes de cambio”.
3.-
De cara a la transformación de los ambientes, e criterio de eficacia exige que
se dé prioridad a la cristianización de los líderes o agentes de cambio. Y
puesto que en esta transformación se contraponen líderes y ambientes, es
necesario conocer en los
- Las personas - el candidato
- sus ideas - su
personalidad,
- sus valores - su capacidad
de asombro
- sus actitudes - su disposición
- sus circunstancias - su limpiabilidad.
Todo ello juzgado desde su
capacidad de optar por un nuevo módulo de ideas, valores, actitudes y
circunstancias.
4.-
Aunque siga siendo importante el mantener a la gente a alejada de los malos
ambientes, en el mundo actual ya no es siempre posible:
a)
porque el mundo ha dejado de ser cristiano;
b)
porque, aunque no vayamos a ellos, los ambientes vienen a nosotros, debido a
la movilidad de las personas y a los nuevos medios de comunicación.
5.-
Por la misma razón, tampoco es normal pensar que todos los ambientes de nuestra
vida sean cristianos, y puesto que nuestra misión apostólica nos obliga a
pensar en los que no lo son, todo cristiano necesitará -y el líder no es
excepción- de al menos un ambiente, donde vivir y desde donde proyectar su vida
cristiana.
6.-
Un ambiente cristiano no es sólo un ambiente en donde todos los presentes son
cristianos. En el ambiente de una cantina, los clientes habituales pueden ser
todos cristianos y no serlo el ambiente. El ambiente depende de lo que se
comparte y de la forma de compartirlo. De la afirmación explicita de lo que se
es, y del compartir lo que se es.
Lo que decimos de la
cantina se puede afirmar de un colegio católico, de una universalidad católica,
o de un club católico de fútbol, cuyos ambientes pueden no ser cristianos. Esto
es lo que no han comprendido quienes quisieran sustituir nuestras Ultreyas por centros
de estudios, o convertir nuestros Grupos de Cristiandad en equipos de trabajo.
Necesitamos un ambiente en
donde se hable de lo cristiano. En donde lo que se dice, sea aceptado por la
mayoría. En donde la mayoría viva lo que se dice. Y en donde aquello se conviva
y se comparta, en mayor o menor grado, de una manera cristiana.
Lo importante en las Ultreyas no es lo que se
dice; no es la letra sino el acompañamiento de la canción. El fondo musical. La
comunidad que te está diciendo: “Yo pienso y siento como tú”. “Estamos en la
cierto”, “Cristo es la solución”. “El Evangelio es posible”. Por ello tanto en
la Ultreya como en el Grupo, lo importante es compartir la vivencia cristiana y
el clima en que se comparte.
7.-
El impacto de un ambiente no está determinado solamente por la cantidad de las ideas,
valores y actitudes que en él se manejan, sino par la vivencia de esas ideas, valores
y actitudes, y por la calidad de nuestra convivencia con las personas que las
detentan.
Un cambio en nuestras
ideas y actitudes políticas por ejemplo, no obedece sólo al haber recibido
nueva información, nuevas ideas o a que estas ideas no resulten evidentes o
atractivas, sino, sobre todo, al convivir con ciertas personas en quienes éstas
verdades se han hecho vida, o al menos algo importante en sus vidas. Siempre
que se convive, algo se comparte, y se acaba siempre por compartir las ideas y
valores que son parte vital de nuestras vidas. La convivencia posibilita el
descubrir las vidas que encarnan esas verdades, y tiene como consecuencia el
contagio de las mismas.
8.-
Por ello, si se quiere cambiar al hombre en cristiano, es necesario darle una
oportunidad de relacionarse en cristiano con los demás, y una oportunidad de
encontrarse con el hombre salvado. Dicho en otras palabras, la convivencia cristiana
es esencial para la vivencia cristiana.
9.-
La cristianización del mundo no puede planearse exclusivamente en términos de
principios o valores, que deban ser aceptados por la persona. Cristo nos
advierte que estos principios o valores no son aceptables para el mundo. Se necesita
posibilitar una clase de convivencia con quienes los viven. Es decir, se
necesita crear ambientes cristianos.
10.-
Pero decíamos que no todos los ambientes tienen la misma fuerza, sino que unos
ambientes influyen más que otros. Si esto es así, la conversión progresiva de
las personas y la transformación progresiva de los demás ambientes, exige que
el ambiente cristiano tenga sobre la persona más fuerza que los demás. Este
ambiente-fuerza es la comunidad cristiana. La comunidad cristiana debe ser un
ambiente, y debe, en cuanto ambiente, ser más fuerte que el ambiente general.
11.-
Por eso, antes de pasar adelante, quisiera dejar flotando la inquietud de si no
habrá sido un error -resabios de un enfoque activista- el centrar nuestro
esfuerzo en que los hombres y las comunidades hagan más y no el que sean más
fuertes. Si el ambiente siempre actúa en la medida de su fuerza, y es de su
fuerza de la multiplicidad de quehaceres que depende su eficacia, el promover
la proyección hacia afuera de una comunidad apenas incipiente, sin promover simultáneamente
actividades que la fortalezcan interiormente, puede ser no sólo inútil, sino
suicida. Cuando los ambientes externos tienen más fortaleza que la comunidad
acaban por vencer sobre ella.
De aquí que hayamos
afirmado que todas las estructuras del Poscursillo deben ser kerigmáticas en su
intención, para renovar, acelerar y consolidar el proceso de conversión
iniciado en el Cursillo.
12.-
La fuerza de un ambiente radica en la calidad y firmeza de sus ideas, valores y
actitud; pero su impacto sobre los demás depende de la intensidad y forma de
la vivencia y de la convivencia de la misma.
13.-
Depende también de algo más: de su densidad. Cuando el ambiente cristiano se
diluye en exceso, este pierde su sabor. Si la sal se torna insípida, ¿qué le devolverá
su sabor?, dice el Señor. No siempre hemos comprendido cómo o porque se torna insípida
la sal. En Israel la sal era tan valiosa que se mezclaba con la arena para
hacerla rendir más. Cuando se mezclaba en exceso, perdía su sabor. De la misma
manera pierden los ambientes su densidad cristiana. Cuando la dirigencia se
mezcla entre Ultreyas Parroquiales; cuando por inflación el número de
Dirigentes es pequeño en relación al número total de Cursillistas, las Ultreyas
pierden su sabor.
14.-
Quizá, ahora valoremos un paco más el porque nuestros esfuerzos están centrados
en suscitar núcleos cristianos -ambientes fuertes y densos- en donde la
vivencia de la fundamental vaya posibilitando la conversión integral y progresiva
de personas lideres y de los demás ambientes, por la actuación de los líderes
desde esa circunstancia o nido santificante.
Instituciones
y ambientes
¿Por que intentan los C
cambiar la sociedad partiendo de sus ambientes y no directamente de sus
instituciones o estructuras? Hay una doble razón:
- porque los factores
ambientales son, para la vida y el crecimiento cristiano, mucho más
determinantes que los factores institucionales; por ello el esfuerzo pastoral debería
centrarse en formar ambientes cristianos, no en reformar las instituciones cristianas;
- porque la comunidad
cristiana es un ambiente, y no conviene convertirla en una institución.
Voy a intentar explicarme.
Entendemos por institución
una situación estable, en donde los hombres se relacionan entre sí para la
ejecución de un trabajo y con miras a la consecución de un objetivo.
La “General Motors”, el
Gobierno, los colegios, los negocios, los partidos políticos -y
desgraciadamente también muchas parroquias-, son instituciones: agrupación de
personas que trabajan juntas para la consecución de un objetivo determinado.
Las instituciones y los
ambientes coexisten de una manera tan estrecha, que, a veces, resulta sumamente
difícil diferenciarlas; pero es necesario que comprendamos que son dos cosas
distintas, y que sepamos como distinguirlas por sus características. Veamos
algunas:
a)
La institución existe en función de un trabajo a realizar, de un objetivo a
lograr, y, en ella, las relaciones interpersonales se organizan como funciones
o actividades en común, para la realización de este trabajo. El ambiente, por
el contrario, no “hace” nada; es sólo el clima donde se hacen las cosas, aunque
determinadas por el ambiente; este da fuerza a lo que se hace, y posibilita que
se hagan muchas cosas. La institución existe para algo; el ambiente existe por
algo. El ambiente existe porque unas personas quieren, y, mas aún, porque
necesitan compartir algo de si mismas con otras personas.
b)
Las relaciones en una institución son relaciones de trabajo y tienden a ser funcionales,
es decir, en función del trabajo que se desempeña o del puesto que se ocupa. En
una empresa el comprador necesita comunicarse con el Gerente de Ventas y este
con los vendedores y con el despachador. Pero lo importante no es la persona,
sino su función. Si mañana se cambia un vendedor será necesario al Gerente
tratar con sus sustitutos, y la relación entre ambos será más o menos igual a
la anterior.
Las relaciones en el
ambiente son personales. Son con Pedro y Juan, con Pata-de-cabra y Cara-de-Piña;
y si Cara-de-Piña falta, el ambiente quizá ya no sea igual y podría hasta
llegar a desaparecer. Cara-de-Piña, es líder
de ese ambiente, pero no es Presidente ni Gerente del ambiente. Sus relaciones
con los demás pueden estar fundamentadas en un interés común, -el billar-, en
un ideal común -la liberación del país-, o en una problemática común, pero no
en un trabajo en común. Esto no quiere decir que no puedan tener algunos
trabajos en común -en muchos ambientes los hay-, sino que estos trabajos no son
la causa de su convivir o compartir.
En la Colonia Centro América,
de Nicaragua, existía una problemática común: el aumento exagerado en las cuotas
de pagos de las casas, después del terremoto. Se trató de organizarlos -institución-
para crear un frente común. A nadie le interesó; tenían un problema común, pero
no lo compartían. La Renovación Carismática suscitó una convivencia y unos valores
y actitudes comunes, y fue creando unos ambientes cristianos. Como resultado el
ambiente mismo suscitó un liderazgo, una conciencia del problema y hoy existe
un frente común y un trabajo común de más de doscientas personas, para combatir
el alza de las cuotas. Pero no lo creó el problema, sino el ambiente.
c)
En una misma agrupación humana pueden co-existir elementos ambientales y
elementos institucionales. La Universidad, por ejemplo, es una institución: un
sistema organizado para la educación de una persona. Pero en esta institución
hay un montón de ambientes, y muchas de las actividades que se realizan en el ambiente
universitario, no tienen nada que ver con la Universidad-Institución. El
trafico de drogas, por ejemplo.
A pesar de su importancia,
muchos de los elementos institucionales de esa Universidad -lo mismo puede
afirmarse de la parroquia-, viven desconectados del ambiente universitario (o parroquial).
La Junta Directiva, el profesorado, o el párroco, no son necesariamente parte
del ambiente; por ello ejercen muy poca influencia sobre el. No porque el
profesor o el párroco no sean lideres o les falte oratoria, o sus ideas no sean
tan buenas como las otras o no sean santos, sino porque en general no forman
parte del ambiente.
Hay pues instituciones
cristianas que existen sin ambiente cristiano. Algunas parroquias son así. Y
hay ambientes cristianos que existen sin institución: el Grupo de Cristiandad,
par ejemplo. Lo interesante es que los ambientes pueden cambiar a las gentes
sin necesidad de ayuda institucional. Quizá el ejemplo más espectacular haya
sido la Revolución juvenil y el Movimiento Hippie, combatidos por los
gobiernos. Sin organización, ni fondos, ni libros, ni metodología, transformaron
toda una generación en los Estados Unidos, mediante la convivencia y el
compartir personal de unas ideas, unos valores y unas actitudes.
Las realidades ambientales
difícilmente pueden combatirse con medias puramente institucionales. A un
problema ambiental debe darse una solución ambiental. Pero no suele ser así.
Tomemos un ejemplo: el problema suscitado por el machismo en Nicaragua, donde
la madre debe de trabajar, pero no puede dejar al niño solo. En los barrios
donde surge tal problema, la solución inmediata suele ser construir una
guardería infantil: una institución. Aunque esto sea necesario y urgente, lo
eficaz es construir primero una comunidad- ambiente. Las razones son claras:
a)
La construcción de una guardería quizá solucione progresivamente el problema
de algunos pero es seguro que de inmediato crea para otros muchos problemas,
que habrá también de solucionar: diseño, financiamiento, construcción,
administración, mantenimiento, capacitación de personal, sin descartar la posibilidad
de que lo que empezó como guardería, termine en orfanatorio, porque hay madres
que nunca regresan por el niño que dejaron cuidando.
b)
Como lo que se combate es directamente el problema y no sus causas -en este
caso, la promiscuidad, el machismo, el abandono de la mujer, la desintegración
de la familia, etc.-, el problema no se soluciona, sino que aumenta; el año que
viene, serán más los niños por guardar, y más las guarderías por construir.
c)
Si se constituye una autentica comunidad
cristiana donde la gente se conoce, se ama, y se ayuda mutuamente, a lo mejor
no es necesario construir la guardería, porque cada casa puede ser esa guardería,
al menos por un tiempo.
d)
Creada la comunidad, lo menos que puede suceder es que la guardería se
construya de todos modos. Pero esta vez por iniciativa y colaboración
permanente de sus miembros, en vez de por el entusiasmo, generalmente temporal,
de unos pocos, muchas veces ajenos al vecindario, que se han constituido, con
el párroco, en el Comité Pro-Construcción de la guardería infantil de San
Eutanasio El Troglodita, que sesiona los sábados por la noche, si no hay
partido de fútbol.
e)
Si se crea una auténtica comunidad cristiana, cada día serán menos las mujeres
abandonadas, los padres irresponsables y los niños que guardar.
Necesitamos un cambio de
mentalidad. Un paso del criterio de lo importante, al criterio de la eficaz,
que se puede enunciar diciendo: que lo más importante no es necesariamente lo
primero en el orden de las cosas que hay que hacer o de los pasos que hay que
dar.
Los efectos ambientales
pueden ser distintos y aun contrarios a las actividades institucionales. En las
aulas puede enseñarse economía de un ángulo capitalista, y los ambientes hacer
del alumno un marxista convencido.
El ambiente tiene sobre el
hambre más impacto que la institución. De lo contrario, el problema de las
drogas se podría solucionar simplemente con un decreto del Congreso (institución).
Y la razón principal de ello está en que en un ambiente se esta par gusto y a gusto.
Una persona puede ser
parte de una institución por motivos:
a) por la fuerza: un preso en
la cárcel; un loco en el manicomio,
b) por la paga: un empleado
del gobierno;
c) por gusto: un voluntario
del cuerpo de bomberos.
Pero sólo se puede ser
parte de un ambiente por opción propia. Puedo verme obligado por las circunstancias
a vivir con cierto grupo de personas. Pero, si no compartimos ciertas ideas,
actitudes o valores no formamos todavía un mismo ambiente. Empiezo a ser del ambiente
cuando me abro a las personas; y, desde el momento en que me abro
puedo influenciar y ser influenciado por ellas. Mi deseo mismo de pertenecer al
Grupo, de identificarme con esas personas, me lleva a adoptar sus creencias,
valores, actitud y formas de conducta, y hasta sus hábitos, sus modos y sus
modas. Cuanto más significa el Grupo tanto más acepto sus valares, que empiezan
a formar parte de mi vida y de mi modo de ser, aun cuando estoy lejos de ese
Grupo o ambiente. Por el mismo procedimiento los ambientes cristianos nos llevan
poco a poco a vivir como tales, aun dentro de los ambientes no cristianos, Y es
entonces cuando estos se empiezan a transformar.
En la conquista de “los
otros”, los ambientes siguen la misma estrategia recomendada para “nosotros” en
el Rollo de “Estudio y animación del ambiente”: conquistar primero el corazón después
la voluntad, y sólo entonces la cabeza de unos hombres, que doblan sus
rodillas ante señores tan distintos como son el mundo y Dios. Y una vez
cambiadas las ideas -cabeza-, valores -corazón-, y actitudes -voluntad- de las
personas, se procede, conjuntamente con “los otros”, al cambio de las
circunstancias, generalmente institucionales, que constituyen el último bastión
de los ambientes.
La iglesia institución
No queremos negar la
importancia que, para el desarrollo del cristianismo tienen las instituciones
de la Iglesia y, más aun, la misma iglesia-institución; pero debemos
comprender:
a)
que somos cristianos y miembros de la Iglesia, no porque se nos paga o se nos
obliga a serlo, puesto que el cristianismo es una opción libre;
b)
que el cristianismo es un modo de ser, de pensar, de sentir y reactuar;
c)
si lo que mayormente determina o cambia nuestro modo de ser son los ambientes y
no las instituciones, debemos concluir que las instituciones eclesiales no
pueden ser en sí mismas el objetivo a lograr, sino un medio para promover la
existencia y desarrollo de ambientes -comunidades- cristianas.
Es triste constatar la
poca importancia que da el mundo de hay a los pronunciamientos admoniciones de
la Iglesia-institución. Baste, como ejemplo el no lejano escrito de la santa
Sede sobre la moral sexual ha sido objeto de mofa en cierta prensa mundial,
porque el ambiente general estaba gritando que aquello eran tonterías.
Y es consolador constatar
como exactamente lo mismo, dicho en un C de Cristiandad -vivencia, convivencia
y clima- no sólo no de burla, sino de admiración, de introspección y de cambio
que la Iglesia sea sólo una institución. Evidentemente es ambas cosas: una
comunidad –y por ella un ambiente- y a la vez, una institución, que presta
ciertos servicios a los fieles, y que se organiza con miras a la consecución de
cierta finalidad –su misión-, mediante la ejecución de ciertos trabajos: su
pastoral.
¿Qué sucede cuando
predominan los elementos ambientales, y que sucede cuando predominan los
elementos instrucionales?
En los primeros
trescientos años de su historia, la Iglesia estaba formada por pequeñas
comunidades, que permitían el conocimiento personal, el amor y la ayuda mutua.
Tenían el cristianismo como lo más importante que hubiese sucedido en la vida y
en la historia del hombre. Vivían en comunidad con el único objeto de vivir
como cristianos. Más aún como la única posibilidad de vivir como cristianos,
en medio de un mundo contrario a sus ideas, valores y actitudes. En pocas
palabras la Iglesia era ante todo un ambiente; un ambiente denso y un ambiente
con más fuerza vital que los ambientes que la rodeaban. De ahí que las comunidades
atrajesen más miembros a su seno a pesar de los riesgos que involucraba
ingresar en ella, y aceptar sus ideas, valares y actitudes contrarias al
mundo, tontería para los griegos y escándalo para los judíos.
En el siglo IV, primero Constantino,
luego otros Emperadores Romanos se convierten al cristianismo y lo instituye
la Religión del Estado. En poco tiempo toda la sociedad se vuelve cristiana, es
decir, parte de la Iglesia. Pertenecer a la comunidad civil y ser cristiano
viene a ser la misma cosa. Ya no es objeto de una decisión libre y personal: se
nace cristiano.
La Iglesia era una
institución, que presta ciertos servicios
-liturgia, sacramento evangelización enseñanza- a todos los miembros de
una sociedad que aceptan en principio las ideas valores y actitudes cristianas.
Aunque no siempre las practicaran no se discutía su validez.
Junto a las ventajas y
virtudes de esta situación, surgieron problemas que subsisten hasta nuestro
tiempo:
1)
Aunque hay un mayor número de cristianos, el ambiento no es del todo cristiano.
El “estándar” de vida cristiana es menor.
2)
La densidad cristiana también ha disminuido. Los más cristianos no viven ya en
ambientes cristianos, como lo hicieron cuando la necesidad los obligaba a
compactarse, para la simple sobrevivencia cristiana, en un mundo pagano. Están
diluidos y seguros en el seno de toda la sociedad.
3)
Puesto que el no-cristiano es visto como “bicho raro” en tal sociedad, son
muchos los que, ante la alternativa de ser cristianos o de ser rechazados por
la sociedad, optan por la tangente tan popular de parecer cristianos. Se
cumplen los preceptos, aunque no se vivan las ideas, valores y actitudes
cristianas.
En los SS. XVII y XVIII
empieza a suceder algo que caracteriza nuestro mundo de hoy. Se inició en
Francia e Inglaterra y está representado par Priestly, Voltaire, Diderot y
muchos más: la validez de las ideas, valores y actitudes cristianas se empiezan
a poner en tela de juicio. Hasta entonces se aceptaban, aunque no se
practicaran. Ahora empiezan a no aceptarse. Especialmente notorio es lo
relativo a la moral y a ciertas ideas políticas como el concepto y origen de la
autoridad. La Iglesia institución mantienen sus principios, y se niega al
dogma. Es más, donde hasta entonces el contenido del dogma se entendía como lo
que Dios había hecho para salvar al hombre, ahora se impone como lo que el
hombre debe creer para salvarse. A pesar de la postura inamovible de la
Iglesia-institución, los ambientes de la sociedad siguen cambiando, y
alejándose de las ideas, valores y actitudes cristianas.
Pero sucede algo peor, y
es que, como durante siglos el hombre se ha ido acostumbrando a identificar “lo
bueno” y “correcto”, en asuntos de religión y moral, con “lo aceptable” para la
sociedad en general, lo bueno y lo correcto es también ahora lo que la sociedad
acepta como tal: aunque no lo sea, y el cristianismo algo obsoleto o
anacrónico. Sobre este principio están basadas, por ejemplo, las decisiones de
la Corte Suprema de los Estados Unidos, con respecto a que es pornografía u
obscenidad.
Para
levantar el vuelo
Hemos vuelto al punto de partida.
El cristianismo es otra vez para el mundo locura y escándalo. Pero algo ha
cambiado, y es vital que detectemos qué.
En la Iglesia de los primeros
siglos, el hecho de que la mayoría de los hombres rechazaran el cristianismo,
no era necesariamente un motivo para perder la fe. Todo lo contrario. Este era
uno de los principales alicientes del ser cristiano. El ser una excepción –un
escogido- depositario de algo que el mundo no tiene y necesita. Y ser personas
con una misión -enviados- para anunciar y dar al mundo la que le falta siendo
en él y para él luz y sal.
Todo ello, desde un
concepto triunfal del cristianismo. Desde la certeza de que Cristo es la
solución a todos los problemas que el hombre de hoy tiene planteados. El Salvador,
la Verdad, la Vida, el Camino. Y al mismo tiempo el Señor; que ha vencido al
mundo.
Hoy por el contrario; la
principal causa de la pérdida o abandono de la fe es precisamente el hecho de
que la mayoría de los hombres y de los ambientes rechazan nuestras ideas,
valores y actitudes, como locura Y escándalo. Porque hemos olvidado cómo y porqué
el cristianismo es la solución.
Y quizá, sobre todo,
porque a pesar de la Iglesia-institución, siempre firme y fiel a sus ideas,
valores y actitudes, el cristiano de hoy no tiene una comunidad-ambiente, de gran
fuerza y densidad cristiana, en donde la convivencia le permita detectar en los
demás, la vivencia de lo fundamental cristiano, y ver hecha realidad, aunque a
pequeña escala, la solución de Cristo: convivir con el hombre salvarlo y respirar
una vez más ese acento triunfal, que sólo puede brotar de la fe, y que
despierta en nosotros una conciencia de misión.
En un momento histórico en
que esta situación no parece estar en vías de mejorar, sino que tiende a
agudizarse y en que la Iglesia tiende a convertirse cada día más, en la que
Rahner llama una Iglesia “en situación universal de diáspora”, nos vemos
obligados a reenfocar nuestra misión. Para captar con más profundidad su dable
aspecto, que el Vaticano II define claramente, aunque hasta hoy el énfasis se
está poniendo en uno solo.
Y es que la Iglesia,
llamada a ordenar y a reestructurar el orden temporal… a manera de fermento
para la construcción de una nueva sociedad -tarea permanente del laico-, que
nos diría Pablo VI, debe, desde ahora; sin esperar el cambio de la sociedad
total, construir en el seno de esa misma sociedad, el prototipo de la futura,
pequeño pero completo y perfecto, en donde el hombre pueda ver hoy mismo la validez
de su solución y encontrarse con el hombre salvado: una sociedad humana y divina
que, siendo signo visible de la futura sea a la vez instrumento para
construirla. El “nido” donde empolle y desde donde levante vuelo el nuevo fénix
que, en este momento, está apunto de consumirse en llamas.
A
la luz de una parábola
El Reino de Dios es
semejante a un edificio que construyó un señor. Y al terminarlo, vio que era
bueno. Lo llenó de inquilinos, y redactó un reglamento, con el fin de que todos
pudiesen vivir en paz y armonía dentro de el.
Pero, llegado el tiempo,
vio que los inquilinos habían hecho de su obra una ruina y un infierno. Ninguna
de sus instalaciones parecía funcionar. No se cumplía el reglamento de
prevención de incendios; faltaba luz porque la mayoría de los focos estaban
fundidos; los administradores se habían reservado para sí el uso del comedor y
de los ascensores. Los vecinos no se conocían. Los del piso alto miraban con
desprecio a los del piso bajo, y estos con envidia a los del alto.
Sus cimientos y pilares
estaban carcomidos, y su estructura toda amenazaba derrumbarse.
Planeó entonces el Señor
un segundo edificio, muy distinto al anterior, edificado en lo alto, donde
todos lo pudiesen ver. El mismo habitaría en él, y pondría a su Hijo al frente
de su administración y mantenimiento. Y se dijo: voy a destruir el primero.
Pero los inquilinos no lo quisieron abandonar, sino que se empeñaban en hacer
pequeñas reparaciones, porque el segundo no estaba perfectamente terminado, y
casi nadie sabía cómo seria vivir en él.
Invitó entonces el Señor a
unos pocos inquilinos a trasladarse gratuitamente al edificio nuevo a fin de
que pudieran contar a los demás coma era aquello.
Los más dispuestos a
pasarse, fueron los del piso bajo. Se trasladaron con todo lo que tenían,
dejando atrás sólo las cosas viejas, que ya no estaban a tono con la nueva
casa.
Cuando volvían a visitar a
sus viejos vecinos, les ayudaban en las reparaciones, y a protestar y combatir
los abusos de la administración. Pero eran conscientes de que su misión no era
esta, sino dar testimonio de lo que el Hijo estaba hacienda en la otra casa, y
convencerlos de pasarse a ella, y posibilitar su traslado. “Lo que hemos visto
y oído, se lo damos a conocer para que vivan en comunidad con nosotros” (1Jn 1,
3). Comprendían que era sólo cuestión de tiempo, porque el edificio sería irremediablemente
demolido. Y el Señor cada día integraba al nuevo edificio a los que habían de
salvarse.
Hoy como ayer la caridad y
la misión misma del cristiano nos obligan a estar en el mundo…, pero sin ser
del mundo. Y la Iglesia, aunque comprometida con el mundo, no puede olvidar su
misión de ser Sacramento de Salvación. Y por ello, aunque su propia
construcción no parezca en sí misma más importante o más urgente que la
solución inmediata de las necesidades, angustias y miserias de los viejos
inquilinos, desde un criterio de eficacia, debe darle prioridad en el orden de
los pasos que hay que dar, porque se sabe condición previa para el traslado de
los inquilinos e instrumento de su salvación. La construcción del nido siempre
antecede al vuelo de los pájaros, y lo posibilita.
También el Movimiento de
C, fiel a su finalidad de posibilitar la vivencia auténtica, continua y
progresiva de lo fundamental cristiano en orden a la animación cristiana de la
sociedad, debe ser consciente de que el suscitar núcleos de cristianos es
condición para lograr ambas cosas. Y de que, en C, el Grupo y la Ultreya son, a
la vez:
- la condición previa para
dar un C.
- la comunidad que envía a
sus apóstoles.
- la que respalda con sus
palancas al enviado.
- la principal
protagonista del mensaje que se testimonia,
- el puerto de llegada de
los nuevos.
- la circunstancia
santificante que los forma
- la pista de despegue que
los lanza,
- el porqué y el para qué
del Movimiento de C.
Esquema
de estrategia para la transformación de los ambientes.
Apliquemos ahora a la
estrategia propia del Movimiento de C los criterios explicitados en los capítulos
precedentes. Partimos, una vez más, del hecho de que el mundo ha dejado de ser
cristiano; de que su influencia en la vida de las personas en las ideas,
valores y actitudes de la sociedad, en las leyes de los Estados y en el trato
entre las naciones, es cada día menor y, en muchas partes, absolutamente nula.
A esta visión del mundo
sigue la visión de una Iglesia en “situación universal de diáspora” Si no nos
dejamos engañar par la multitud de manifestaciones externas, con frecuencia
carentes de vida, tomaremos consciencia de constituir una minoría pequeña
rodeada de paganismo hostil por todas partes.
Los C pretenden superar
esta situación, tomando, como finalidad propia, lo que el Concilio señaló como
apostolado específico y labor permanente del laico: impregnar de espíritu y
criterio cristianos la mentalidad y las costumbres, las leyes, estructuras y
sistemas en que está inmerso en el libre ejercicio de su propia vocación.
I CONSCIENTES, sin
embargo
- de que la influencia
de los ambientes es mucho mayor de lo que normalmente suponemos, y de que su
influencia es decisiva sobre el hombre corriente;
-Aceptando el hecho de
que el ambiente triunfa regularmente sobre el hombre corriente, comunicándole
su propio modo de ser y de actuar;
- Sabiendo que el modo
de ser de Cristo y el modo de ser del mundo son contrarios;
|
I LOS CURSILLOS desde
una estrategia propia que los caracteriza.
-se proponen la
selección, preparación y conversión integral de líderes ambientales y su
reinserción en los ambientes de donde salieron;
- reconociendo como
líderes a aquellas personas que, al menos en algunos aspectos, influyen
sobre el ambiente más de lo que el ambiente influye sobre ellos, y pueden,
por esa misma razón, considerarse “agentes de cambio” PRECURSILLO
|
II CONSCIENTES
- de que el líder que
apenas inicia un proceso de progresiva conversión integral, debe reinsertarse
de inmediato en los ambientes de donde salió, puesto que en ellos vive, se
mueve y se realiza;
- de que estos ambientes
son hostiles a la vida cristiana;
- y de que todo
cristiano -y el líder no es excepción- necesita de un ambiente cristiano,
donde afianzar y nutrirse y desde donde proyectar su vida cristiana;
|
II LOS CURSILLOS desde
una estrategia propia que los caracteriza, se proponen:
- la creación de una
circunstancia santificante, que no sólo conserve, sino que acreciente y
perfeccione la conversión iniciada en el C, y que es indispensable para la
consecución de la doble finalidad de Cursillos;
- la vivencia y
convivencia de lo fundamental cristiano, sintetizada como:
1.- orientación de toda
la vida a la luz de todo el Evangelio en unión vital con Cristo.
2.- proyección
apostólica y
3.- santificación en
común;
- la transformación
cristiana de los ambientes en el libre ejercicio de nuestra propia vocación.
(POSCURSILLO)
|
III CONSCIENTES
- de que no basta con
tener un ambiente cristiano, sino que la conversión, progresiva de las
personas y la transformación progresiva de los demás ambientes exigen que el
ambiente cristiano tenga mas fuerza que los demás ambientes sobre el modo de
ser de la persona;
-de que el impacto de un
ambiente no está determinado solamente por la calidad de las ideas, valores y
actitudes que en él se manejan, sino por la vivencia de esas ideas, valores y
actitudes, y por la calidad de nuestra convivencia con las personas que las
detectan;
|
III LOS CURSILLOS Los
Cursillos, desde una estrategia propia que los caracteriza:
- propugnan como pieza
fundamental de los C el Grupo de Cristiandad,
- que, par estar
fundamentado en la, amistad humana de un núcleo reducido de personas, pero
centrado en la vivencia de lo fundamental cristiano, lleva a un compartir
profundo, no sólo de lo que se sabe o se hace, sino de lo que se es y de lo
que se tiene;
- redunda en un
encuentro pleno de personas;
- y termina en una
convivencia que va más allá de la reunión semanal, porque lo que se tiene en
común es la vida misma;
- llegando así a constituir
un ambiente cristiano -fuerza, que nos preserva de los demás ambientes y nos
proyecta hacia ellos-;
- y, a pesar de “no
hacer” nada, constituye el clima que determina lo que hace y, más aún, el
que conforma nuestro modo de ser. POSCURSILLO
|
IV CONSCIENTES, FINALMENTE
- de que un ambiente
cristiano no es simplemente un ambiente en donde todos los presentes son
cristianos;
- de que el ambiente
depende de lo que se comparte y de la forma de compartirlo; de la afirmación
explícita de lo que se es y del clima en que se proyecta nuestro modo de ser;
- de que la
cristianización del mundo no puede planearse exclusivamente en términos de
principios o de valores que deben ser aceptados por la persona, puesto que
Cristo mismo nos advierte que estos principios o valores no son aceptables
para el mundo;
- y de que el ambiente
ejerce sobre el hombre más influencia que la institución, y de que los
efectos ambientales difícilmente pueden combatirse con medios puramente
institucionales, sino que a un problema ambiental debe dársele una solución
ambiental.
|
IV. Los Cursillos, desde
la estrategia que los caracteriza:
- no desembocan
directamente en las estructuras parroquiales, sino que juzgan sus Ultreyas
-y aún su Escuela- como «supletorias y complementarias» a la estructura
parroquial, para suplir donde falte, o complementar donde resulte
insuficiente, ese ambiente fuerza que resulta de la proclamación explícita
de mi ser cristiano, del compartir el modo de serlo en el ejercicio de mi
vocación personal, pues, por la heterogeneidad y el número de las personas,
nos mantiene y acrecienta la seguridad de que «se puede», a la par que nos
va indicando cómo. POSCURSILLO
- centran la metodología
de sus tres días, en la creación de ambiente-fuerza, en donde lo que se
proclama es lo fundamental, y lo que se comparte es la vida y los
instrumentos necesarios para la convivencia y el clima.
|
Estrategia
de Cursillos para la transformación de los ambientes.
Milito en C desde hace años,
en estrecho contacto con personas de muchos países, y conozco sus frutos a
nivel de personas, de famillas, de parroquias, de ambientes, de estructuras, de
ciudades, de países.
Sus frutos son tales que
alguna vez he dicho no sin evidente euforia, que necesitaremos la mitad de la
eternidad en el cielo para terminar de contar las maravillas que por su medio
quiso hacer el Señor.
En resumen, soy un
enamorado de C. Y, sin embargo, estoy convencido -y así lo digo también cada
ves que tengo oportunidad- que en ninguna parte del mundo han rendido nunca
los C más del diez por ciento del fruto que pueden y suponen dar.
Este ensayo pretende señalar
solamente algunas de las causas que obstaculizan la plena consecución de su
finalidad. No pretende dar fórmulas, sino abrir ventanas. No pretende ser
exhaustivo, sino suscitar nuevos escritos sobre el tema.
Obstáculos generales
Empecemos por enumerar las
causas generales más evidentes, para
descender luego a temas más interesantes.
Los C no rinden los frutos
que debieran:
1)
cuando se desvía su finalidad.
2)
cuando se desvirtúa su estrategia,
3)
Cuando se mutilan sus estructuras, o
4)
cuando se descuida a las Personas.
1.- En general, se desvía su finalidad cuando quienes encabezan
el Movimiento:
a)
No la conocen (ignorancia), y tiran con escopeta, contentos con recoger lo que
caiga;
b)
No la comprenden, y en consecuencia no la valoran. Por no valorarla minimizan
su alcance, y usan cañones antiaéreos, para matar mosquitos;
c)
No la aceptan, convencidos de que los C "deben usarse para otra cosa;
generalmente para la Pastoral en moda;
d)
Se la expropian para llevar el agua a su molino, y hacen del Movimiento sólo un
Método.
2.- Se desvirtúa su estrategia
a)
Cuando se piensa que el C convertirá en líderes a los que no lo son;
b)
Cuando a los que si lo son, se les trasplanta o reubica;
c)
Cuando se les asocia, para hacer todos, la misma cosa;
d)
Cuando se valora más el hacer nuevas cosas, que el cristianizar todo lo que se
es.
3.- Se mutilan las estructuras
a)
Cuando lo que debe ser Grupo, se queda en simple reunión, o se convierte en
equipo, célula, círculo o tertulia:
b)
Cuando la Ultreya se convierte en cátedra, en palestra, en mitin o escenario;
c)
Cuando la Escuela informa, pero no forma ni transforma;
b)
Cuando el Secretariado se conforma con resolver problemas, en vez de suscitar
iniciativas.
4.- En general se descuida las personas:
a)
Cuando la Escuela no es un “cuerpo colegiado”
b)
Cuando el Dirigente necesita ser siempre
dirigido;
c)
Cuando, en vez de conocer, situar, iluminar y acompañar, nos conformamos con
saludar, deslumbrar, encuadrar y abandonar a los Dirigentes;
d)
Cuando se les separa del árbol antes de madurar.
Todo lo anterior puede
sintetizarse en una frase: la conversión integral de las personas y la
vertebración de la Cristiandad sólo las logra el Movimiento cuando está
estructurado en sus tres tiempos de Precursillo, Cursillo y Poscursillo, y cada
uno de estos tres tiempos es debidamente entendido y atendido.
Un
obstáculo concreto
Dejando atrás las causas
generales, aterricemos ahora hacia obstáculos concretos. Quizá uno de los más
graves sea la falta de una clara diferenciación entre la estrategia que siguen
los C y la estrategia que debe seguir el Cursillista de cara a la
transformación de los ambientes.
Los C tienen una
estrategia que, en su visión más simple, consiste en la reinserción de líderes
conversos en los ambientes de donde salieron, actuando desde una circunstancia
santificante que posibilite su progresiva conversión integral y el descubrimiento
de su propia vocación, como cristianos en el mundo.
Esta estrategia se realiza
mediante los tres pasos o funciones de todos conocidos:
-buscar y forjar las
piezas;
-situarlas en su justo
lugar, y
-vincularlas orgánicamente
entre sí.
O lo que es lo mismo
- Detectar y seleccionar
los ambientes de mayor repercusión y, en ellos, a sus verdaderos líderes, que
son los agentes de cambio;
- Forjarlos progres1vamente
en cristiano: en el Precursillo, mediante el “tratamiento”; en el C, posibilitándoles
un inicio de conversión integral de toda la persona;
- Situarlos, que es
posibilitar que cada uno descubra y ocupe, con responsabilidad, el justo lugar
que el Señor le reservó en el mundo, como vocación personal intransferible. .
- vincularlos vitalmente
con el resto del cuerpo orgánicamente, para recibir de él orientación,
crecimiento e impulso, por el enriquecimiento y ayuda mutua de los demás
miembros, cuya diversidad de carismas confluye en el bienestar de todo el
cuerpo.
Todo esto POSIBILITA la
transformación de los ambientes pero no la REALIZA. Los C vertebran,
estructuran la cristiandad que hace posible la transformación de los ambientes.
Pero los C no transforman directamente los ambientes. Sus ambientes los
transforma cada Cursillista concreto.
No basta con que exista un
Movimiento de C para que los ambientes se transformen. Ni siquiera es
suficiente que los C, como Método y como Movimiento, funcionen bien. Es
necesario que cada Cursillista -salto de la estructura a la persona- conozca y
ponga en marcha una estrategia propia, basada en las directrices y criterios
que se supone que ha recibido en su C.
Desgraciadamente no suele
recibirlos o no suele comprenderlos:
1.- Porque
el Rollo de “Estudio y animación cristiana del ambiente” ha sido desvirtuado al
poner el énfasis -o reducirlo- a un estudio estadístico o sociológico de la
realidad, que equivale a mostrar la magnitud del problema sin dar una
estrategia para su solución;
2.-
0 porque, por falta de una concatenación adecuada, no se capta la estrecha
relación de este Rollo con los de “El Seglar en la iglesia”, “Estudio”,
“Acción” “Dirigentes”, “Comunidad cristiana” y “Grupo y Ultreya”...
Hemos trabajado mucho en
la concatenación de los Rollos, de cara a la conversión del individuo, y poco
en su concatenación de cara a la transformación de los ambientes. Es necesario
que, sin descuidar lo otro, desde la mitad del C en adelante, todo este centrado
y orientado a la transformación de los ambientes.
En el Rollo sobre “El Cursillo”,
suelo decir que sale sobrando todo lo que en el mensaje no esté orientado a:
1.-
Que el candidato tenga un inicio de conversión;
2.-
Que el candidato tome conciencia de su realidad externa, y se comprometa a su
transformación, y a
3.-
Que el candidato tenga una circunstancia santificante, que acelere y perfeccione
ambas cosas: su conversión personal y la transformación ambiental;
Su compromiso en esta
transformación es, sin, embargo, insuficiente. No basta con que quiera; es
necesario que pueda. Y para poder bien, debe saber como.
Desgraciadamente en
nuestro medio -Escuelas, Ultreyas, Homilías y Pastorales- sobran voluntarios
para decirnos y recordarnos continuamente todo lo que debemos hacer, y son
pocos para iluminar un cómo.
En este ensayo vamos a
tratar de explicar lo que llamaremos la “estrategia para la transformación de
los ambientes” -lo cual interesa a cada Cursillista- para diferenciarla de la
estrategia para la vertebración de la Cristiandad, que interesa sobre todo a
los Dirigentes del Movimiento.
Antes de explicarlo, me
parece necesario hablar previamente de algo que podríamos llamar:
Condiciones
previas a la tramitación de los ambientes
I.-
Ante todo me parece necesario que el Cursillista comprenda claramente en que consiste
el cambio que se busca. Para comprenderlo, le puede ser útil la siguiente
aclaración con respecto a ciertas diferencias básicas entre ambiente sistema y
estructura.
El ambiente configura
nuestro modo de ser; la estructura determine nuestro quehacer; el sistema
impone un modo de actuar.
El formar parte de un
ambiente implica una conversión a las ideas, valores y actitudes que lo constituyen;
en cambio, la estructura sólo exige la aceptación -voluntaria o no- de unas
funciones y objetivos.
El estar bajo un sistema,
sólo supone el acatamiento -voluntario o no- de ciertas normas y procedimientos;
en el ambiente, las decisiones y los actas fluctúan libremente de conformidad
con las ideas valores y actitudes de las personas que las detentan.
En la estructura las
decisiones están predeterminadas por el objetivo que se pretende lograr, y las
acciones están limitadas por la función que en ellas se ejerce. En los
sistemas, éstas están predeterminadas por las leyes y procedimientos que los
constituyen.
Una vez constituida la
estructura, o puesto en marcha el sistema, ninguna persona aislada puede, en
cuanto tal, modificar su esencia u objetivos, porque la primera y más
importante función en la estructura es precisamente la de garantizar su
continuidad, y la primera ley del sistema, garantizar su imposición.
En este sentido nadie
“gobierna” las estructuras o sistemas. Simplemente las cuida y supervisa;
quienes les encabezan, tienen, como función primordial y ley superior e ellos
mismos, la preservación del “statu quo”, el auto-fortalecimiento y la
consolidación de lo logrado.
De aquí que el “cambio de
estructuras” y la “abolición del sistema” supongan mucho más que la sustitución
de las personas que las encabezan e inclusive alga más que un cambio en las ideas,
valores o actitudes de tales personas. Hay muchas estructuras y sistemas injustos,
encabezados por personas de buen coraron y gente de buena voluntad.
Suponen el cambio
-sustitución- de los objetivos a lograr, el cambio -sustitución- de las “reglas
de juego”.
Como este cambio no puede
brotar del seno mismo de la estructura o del sistema, muchos afirman que debe
ser violentado desde fuera.
Como dentro del sistema
actual, la posibilidad de cambiarlos trasciende la función o la autoridad de
una sola persona o grupo de personas, quienes propugnan el cambio directo de
las estructuras o la abolición de un sistema, suelen, a su vez, propugnar o
desembocar en un régimen totalitario.
Otros opinan que, aunque
este cambio de reglas y objetivos trasciende o esté fuera del alcance -y del
deseo- de unos pocos, si está al alcance de la masa, la cual, tras un proceso
de concientización, exige y realiza este cambio, dando lugar a la revolución
cultural.
Determinar si este cambio
es o no es necesario; determinar qué debe cambiarse y en qué medida, o con qué
pretendemos sustituir lo que se cambie; juzgar si los medios para lograrlo son
lícitos o aptos, es decisión que compete y obliga al ciudadano de cada país
concreto.
La que debiera ser
evidente, a estas alturas, es que este cambio de estructuras y sistemas puede
ser distinto en cada país, respondiendo a las necesidades concretas de cada
lugar, y se ha realizado de diversas maneras a lo largo de la historia, según
la realidad de cada época; el cambio que nosotros pretendemos es para “todas las
gentes”, y válido “hasta la consumación de los tiempos”.
No intentamos simplemente
un cambio, sino la “cristianización” de la sociedad y el establecimiento del
Reino de Dios. El cambio que buscamos es, además, distinto, ya que, una vez
consumado, no resultará la implantación de un nuevo sistema -leyes y normas a
cumplir- que sustituya al anterior, ni la supremacía de una superestructura:
la Iglesia. Confiamos en que la Iglesia ya habrá aprendido que no se puede
“legislar” el cristianismo, ni tratará de repetir el Sacro-Imperio. El cambio
consistirá en el contagio de un modo de ser -el de Cristo- cuyas ideas, valores
y actitudes son capaces de iluminar -luz- y dar sabor -sal- cristiano a todo
posible sistema o estructura del futuro, y en el seguimiento de una persona, no
de una ideología o una “causa”.
Nuestra tarea tiene que
preceder al cambio de estructuras, a fin de iluminar el camino, y continuar después
del cambio, puesto que lo trasciende. Y no podemos olvidar sin serias
consecuencias que, si bien es cierto que los presentes sistemas y estructuras
son con frecuencia un serio obstáculo a la vivencia cristiana, y por ello su cambio
nos debe interesar profundamente, también es cierto que, en los países donde éste
cambio supone haberse realizado ya, el “standard de vida cristiana” no ha de
mejorarlo en absoluto.
Ningún sistema ni
estructura puede generar de por sí vida cristiana.
Aceptamos que algunos serán
un obstáculo menor que otros. Pero el Señor nos advierte que su Reino y los del
Mundo serán siempre distintos.
De todo lo anterior tendría
que resultar evidente que:
- si el cristianismo es un
modo de ser, y no un simple quehacer;
- si su modo de actuar no
está regido por la imposición de una ley,
- sino por las mociones de
un Espíritu;
- si supone la conversión
a unas ideas, valores y actitudes;
- y consiste en el libre y
voluntario seguimiento a una persona,
- cuyo Reino se inicia en
el corazón del individuo,
- la puerta lógica de
entrada a la iluminación y salazón de la sociedad tiene que ser la persona,
continuando por los ambientes y culminando en las estructuras. En este orden.
II.-
Es necesario que el Cursillista conozca sus limitaciones y sus posibilidades y
delimite su parcela.
En el Rollo de “Ideal”
decimos que éste debe ser asequible, pues, de lo contrario, se transforma en utopía.
Son muchos los que se rinden de antemano porque se plantearon imposibles.
Confrontado con la realidad nacional o
mundial, con la sociedad corrupta, con “el sistema viciado”, o con la
“estructura opresora”, el Cursillista se siente impotente, y ve, como única
salida, el “organizarnos para formar un frente unido”.
Pero un “frente unido
cursillista” sería sólo un frente unido más, entre los muchos “frentes unidos”
que tiene ya la sociedad. La existencia de uno más constituiría evidentemente
un aumento en la división, no en la unidad.
Los “frentes unidos” de la
sociedad suelen ser, además, uniformados. En general se agrupan porque tienen
una misma ideología, unos mismos intereses, unos programas, unas metas, unos métodos
y unas consignas similares. Todos podemos y quizá debemos ingresar en ellos.
Nosotros tenemos un mismo Señor;
pero su seguimiento es distinto para cada uno. Y expresamente integramos el
Movimiento, buscando la máxima heterogeneidad en todos los sentidos.
Donde se ha experimentado
el “frente unido cursillista”, siempre ha resultado en división, no en unidad.
El mensaje de C aunque
confronta a la persona con el mundo, no la enfrenta con el mundo, como bloque.
Ni con la sociedad, ni con la estructura, ni con el sistema, sino con sus
ambientes.
Le da una visión general,
pero una tarea particular, en una parcela concreta: la pequeña parcela de sus
propios ambientes.
No le pide romper un
directorio telefónico, sino romper cuatro o seis páginas.
El Cursillista necesita
tener una sola visión de Iglesia. Saber que el éxito supone la labor de muchos.
La Iglesia tiene como campo el mundo; el Movimiento de C, los ambientes de este
mundo, y cada Cursillista concreto el suyo propio. Cada uno debe conocer la
amplitud de su campo y la medida de su influencia.
Al que nació para general
no se le permitirá quedarse en sargento.
Quienes por su posición,
sus carismas o sus medios, tienen influencia sobre todo el ámbito nacional,
deben proyectarse en ese limbito.
Pero quien tiene un ámbito
menor, debe centrarse en él, y todos han de comprender que nuestra proyección
cristiana no es un “concurso”, para ver quien hace más; sino el concurso de
todos en el Plan de Dios, realizando cada uno lo propio. El Señor no nos
preguntara cuanto hicimos, sino si hicimos su voluntad.
Para que el Cursillista
acepte sus limitaciones, además de valorizar su parcela, deberá tener presente:
1.-
Que los demás deberán aceptar y valorar la importancia de su grano de arena en
la consecución del todo. El peor enemigo de la finalidad de C, es el dirigente
seglar y el Sacerdote que nos dice que no “estamos haciendo nada”, porque no lo
estamos haciendo todo; el que quiera verlo a uno en todas partes, y a todos en
el mismo lugar; el que exige a los C lo que la Iglesia no malogrado en dos mil
años.
2.-
Que cada uno deberá, determinar la amplitud de su influencia, teniendo en
cuenta que, quien es líder del ambiente, no lo es necesariamente en los demás,
-de aquí la gravedad del trasplante-, y que aun el mayor de todos ellos -el Líder
de lideres- tuvo su Nazaret.
3.-
Que cada uno deberá valorar la amplitud de su repercusión, con la seguridad de
que la proyección cristiana no termina nunca donde comienza; y que, debido a la
interacción de los ambientes, la idea que se enciende en el ambiente de una Universidad
puede repercutir en el Congreso; los valores que se afirman en el hogar,
repercutirán en la economía del país, y las actitudes que una vez adquirimos en
la tertulia, en “la mesa de un bar”, en el convivir, al parecer intrascendente
y superfluo, marcaron profundamente grandes áreas de nuestra conducta, y alguna
vez decidieron nuestra vida.
4.-
Que la fuerza del ambiente es tal, que difícilmente
se puede hablar de ambientes sin importancia. Hay en mi tierra una ciudad
tradicionalmente austera y sobria, convertida hoy al más absurdo y vulgar
“snobismo”. Yo podría ponerle nombre, lugar y fecha, quien y cuando comenzó el
proceso. Comenzó con la compra de aquel “Cadillac” y la actitud general de
ostentación, que luego se proyectó y contagió a los “Señores Principales” de la
ciudad. El ambiente; en donde se incubó la nueva mentalidad fue el Club Social,
Y en él las “mesas de tragos”, en donde convergen semanalmente todos los
ricachones del pueblo. La que en un tiempo fue cuna de todos los intelectuales
del país, hoy ha institucionalizado su mediocridad, superficialidad y
“snobismo”. El progreso se mide por el número de “yates” en el puerto, mientras
la ciudad languidece y se deteriora a simple vista. Bastó una idea, un valor,
una actitud y unas circunstancias en que proyectarlas, para decidir el triste destino
de toda una ciudad.
Estructuras
y ambientes
Más que explicar, trataré
de ilustrar, pues la imagen es siempre más clara que el concepto. De los ejemplos
iré sacando conclusiones y abstrayendo los principios y elementos que
caracterizan la estrategia.
Managua es la sede del
Gobierno. En ella están el Congreso los ministerios, las Cortes, los Cuarteles
y muchas otras entidades que constituyen la estructura gubernamental. Hay
Bancos, Compañías Financieras, Instituciones de Ahorro, Institutos de Desarrollo,
que sin pertenecer a un mismo dueño o grupo de personas, pueden, sin embargo
formar una única y sólida estructura porque coordinan sus esfuerzos, sus
recursos o sus decisiones para la consecución de los objetivos que tienen en
común.
También encontramos Cámaras
de Comercio, de Industria de la Construcción; Sindicatos, Cuerpos Colegiados de
Abogados y de Arquitectos que pueden tener objetivos o intereses contrarios los
unos de los otros, pero que agrupan en su seno a personas e instituciones con
intereses u objetivos comunes, y por ello constituyen estructuras independientes
en sí mismas.
Finalmente, hay también
Colegios, Universidades, Institutos, Clínicas, Hospitales, Diarios,
Radiodifusiones, Estaciones de Televisión que también son estructuras: grupos
de personas que se agrupan y coordinan para conseguir unos objetivos, prestar
unos servicios o proteger ciertos intereses, que pueden coincidir o no
coincidir con el bien común.
Estas estructuras se resisten al cambio porque en sus votivos radica precisamente su razón de ser.
A su vez, ellas están
sujetas a un sistema que regula sus transacciones y operaciones, que está constituido
por leyes y procedimientos no necesariamente escritos, sino aceptados por el
uso, y que pueden inclusive ser ilegales y aun inconstitucionales.
Ejemplo de lo primero son
las leyes que rigen sI sistema capitalista, la sociedad de consumo, el sistema burocrático
las legislaciones del país y los estatutos
y política de las empresas.
Ejemplo de lo segundo pueden ser, en lo político, “se prohíbe
hablar mal del gobierno”; en lo económico, “los sueldos no los determina la
justicia sino la competencia”; en lo moral, “robar al fisco no es pecado”; en
lo social, “el pobre es distinto del rico ante la ley”; en lo familiar “el
hombre tiene derecho a ciertos pecados que están prohibidos a la mujer”
Como se ve, muchas de las “leyes y
procedimientos” del sistema sí pueden ser cambiados.
Regresando a las
estructuras, observamos que, en cada una de ellas, suceden muchas cosas que no
tienen nada que ver con “el giro del negocio” o las funciones normales que en
ella se realizan para la consecución de su objetivo. Ni con las leyes o
procedimientos oficiales que las rigen.
La Universidad, además de
médicos, fabrica drogadictos y guerrilleros. El comercio, además de mercaderías,
compra y vende personas mediante el soborno. La industria, además de productos,
genera obsolencia; el ejército, en vez de constituir una defensa, puede ser una
amenaza; el gobierno, en vez de procurar el bien común, puede velar por sus
intereses de un partido o de una persona; la publicidad, en vez de anunciar
algo que satisface una necesidad o un deseo despierta el deseo de cosas
innecesarias; la prensa, en vez de informar, desorienta; lo llamado a
entretener, corrompe; los llamados a acelerar el proceso de desarrollo, lo retrasan...
Todo esto afecta a las vidas
de muchas personas, y las más afectadas no suelen ser precisamente las que trabajan
en esa estructura, sino las de fuera.
Nada de lo que he descrito
sucede por casualidad. Dentro de cada
una de estas estructuras coinciden, en un momento dado, ciertas personas con
ciertas ideas, valores y actitudes, que, debido a ciertas circunstancias, son
verdaderas causantes de lo que allí sucede.
Estas personas, ideas,
valores, actitudes y circunstancias, que coinciden en determinado tiempo y
lugar, y que en mayor o menor grado influyen sobre el comportamiento de un cierto
número de personas, Constituyen lo que llamamos un ambiente.
Estos ambientes sí pueden ser
transformados y su transformación repercutirá, sin duda alguna, sobre el comportamiento
no sólo de las personas, sino de la estructura misma, puesto que comprobamos
que su comportamiento anómalo presente no obedece únicamente a sus elementos
institucionales o a sus sistemas o leyes oficiales, sino a elementos mayormente
ambientales.
Uno de los criterios que
debemos tener siempre presentes, es que el ambiente, según ya dijimos, ejerce
sobre el hombre más influencia que la institución, y que los electos
ambientales difícilmente pueden combatirse con medios puramente institucionales;
a un problema ambiental debe darse una solución ambiental.
Un ambiente no puede
cambiarse con leyes o decretos, Si así fuera bastaría una circular de la
Gerencia diciendo “se prohíbe robar” par acabar con los desfalcos. Es necesario
el cambio de las ideas, valores, actitudes de las personas que constituyen el
ambiente, como zona de influencia.
Tampoco bastan los
elementos institucionales para, garantizar la consecución de los objetivos
oficiales de la institución o estructura. Una Universidad puede canalizar todos
sus elementos instituciones hacia la formación de empresarios con una
mentalidad capitalista, Y los ambientes de la Universidad producir marxistas
convencidos.
Por eso los C, al
pretender la transformación de la sociedad tratan de penetrarla a través de sus
ambientes y no directamente de sus instituciones, estructuras o sistemas. De hecho,
hasta la aparición de la Encíclica “Populorum Progressio”, el término
“estructura” era extraño a su literatura.
Nuestros
ambientes
Una vez conocido lo que es
un ambiente y su comportamiento, el siguiente paso tiene que ser IDENTIFICAR
los nuestros.
Para poder identificarlos,
lo primero que tenemos que vencer es la impresión de que los ambientes sean una
cosa abstracta, un ente de razón.
Son algo muy concreto y
fácil de detectar. Están constituidos por personas con un rostro y un nombre y
apellido. Estas personas tienen unas ciertas ideas, valores y actitudes, Y las
expresan con fuerza de una manera u otra, y, precisamente porque las expresan,
repercuten sobre el comportamiento de un cierto número de personas. Si no se
expresan, no constituyen un ambiente, y esto es algo que con frecuencia
olvidamos los líderes cristianos. En una oficina todas las personas que en ella
trabajan, pueden ser cristianas, aunque no lo sea su ambiente.
Quien expresa estos
valores y actitudes, puede ser una sola persona y, sin embargo, dominar el
ambiente con sus ideas, valores y actitudes. Las formas de expresión son
infinitas. Pueden ser frases como estas: “ladrón que roba a ladrón, tiene cien
años de perdón”; “lo malo de fulano es que es demasiado bueno”; “yo soy
soltero, la casada es mi mujer”; “a babosos ni Dios los quiere”; “Dios mío, si con
beber te ofendo, con la curda te pago y me quedas debiendo”; “Cristo dijo: “ahí
los dejo para que el vivo viva del pandejo”. Quienes así hablan, están
evidentemente, en el Grupo de “los que creen en Dios, pero nada más, y son católicos
par descuido”.
Pueden expresar sus ideas,
valores y actitudes, en su absentismo de los lunes, en las revistas que guardan
en la gaveta, en los chistes que cuentan, en sus reacciones ante el problema de
un compañero y las arbitrariedades del jefe o en el espíritu de servicio a los demás.
Cualquiera que sea la
forma de expresión, si tienen la fuerza suficiente para crear ambiente; las
ideas, valores y actitudes son detectables e identificables con las personas
que las detentan y contagian a los demás.
Nuestro siguiente paso
será, el delimitar los ambientes. Mientras lo hacemos, iré señalando igualmente
su interacción, su comportamiento, sus características y medidas de influencia
y los demás pasos de la estrategia.
Una
estrategia al vivo
Si tomamos una estructura
cualquiera, veremos que no es algo monolítico, ni homogéneo, sino que en ella
existen varios ambientes con ideas, valores, actitudes y líderes distintos.
Vamos a inventarnos una
empresa. Cualquier parecido con firmas vivas o difuntas es puramente casual.
Veremos como muchas cosas
que suceden en esta firma, afectan a infinidad de personas y a un a otras empresas,
y, sin embargo, no necesariamente tienen que, ver con el giro del negocio.
En la contabilidad, por
ejemplo, impera un ambiente de promiscuidad sexual, iniciado por uno de los auxiliares,
que se las da de “play boy”, y que ya se ha contagiado al Departamento de
Ventas. Como resultado de este ambiente y de ciertas circunstancias de
trabajo, Enrique que arquea las cajas, se enredó con Norma, la cajera, y ahora
su esposa le esta pidiendo el divorcio.
Aquí tenemos un ambiente
de trabajo repercutiendo en una estructura familiar.
Me cuenta el auditor de la
empresa que, en todos los casos de desfalco, descubiertos en la historia de la
firma, el robo tuvo como móvil las exigencias económicas de una amante. Todos
fueron despedidos, y uno de ellos guarda prisión.
En estos casos, efectos
ambientales externos a la firma repercutieron dentro. Un asunto sexual
repercutió sobre el trabajo de unas personas, la economía de una empresa y la
vida toda de un presidiario.
Las secretarias tienen
otro ambiente. Almuerzan juntas, están muy unidas, y se ven con frecuencia
fuera del trabajo. Entre ellas hay una lengua larga que ha ido contagiando a
las demás, juntas han creado en toda la empresa un clima tal de chisme, de
calumnia y de intriga, que ya nadie se siente seguro ni en su honra ni en su
puesto.
Los “Office-boys” tienen
otro ambiente. En el trabajo casi no se ven pero van juntos a nadar a la Laguna
de Tiscapa. Su líder es Caraleón: que no es el mejor preparado ni el más
inteligente de ellos, pera sí el mayor nadador y el más osado en los peligros
de la laguna, lo que le ha merecido la admiración de los demás. Hace unos
meses, Caraleón llevó cinco “churros” de marihuana, y los repartió entre ellos.
Esto demuestra que se
puede ser líder por “carismas” muy diversos, y que la proyección de nuestra
influencia no necesariamente coincide con el área de nuestras mayores
habilidades. Ninguno de los “office-boys” nadan hay mejor, pero ya todos
“queman”.
La Junta Directiva ha
mantenido el criterio de que “un máximo de eficiencia y un mínimo de sueldo son
la clave de un precio sin competencia”. Como resultado de estas ideas, valores
y actitudes, una firma similar ha cerrado sus operaciones, y otra que pretendía
pagar salarios justos, se ve obligada por el sistema a la injusticia.
Lo curioso es que el
Gerente General tiene ideas sociales muy avanzadas, pero no las expresa, y por
ello no ha logrado influir en ese ambiente. Este criterio lo inició e impuso el
Gerente de Producción. El que más influye, no es necesariamente el que ocupa el
puesto más alto.
Aunque el Presidente de la
firma es antigubernamental, cuando la última huelga general del Comercio, la
empresa no cerró sus puertas, porque su buen -amigo y compañero de “póker”,
Coronel Guandique, le advirtió que el Gobierno tomaría represalias, y sus
compañeros en e Club de Golf, que también son dueños de otras empresas, lo
convencieron de que “lo mejor es no meterse, que estas cosas afectan el clima
económico del país”, y que “es mejor aguantar al Presidente que tenemos, porque
el siguiente puede resultar peor”.
Aquí tenemos dos ambientes
ajenos a la empresa y, al parecer, superfluos, que determinaron, sin embargo,
una decisión de importancia.
La curioso es que el
“alboroto más grande que ha tenido la empresa en muchos años, se origina en la
bodega. La inició un ayudante, de ideas socialistas. No parecía ser un
líderazo, pero sabía lo que tenia que hacer; y había planeado minuciosamente su
estrategia;
No empezó par hablarles a
sus compañeros acerca de la lucha de cases, ni del triunfo del proletariado, para
ganarse su inteligencia. Al principio, no les arengo, les arengó ni les habló
“de la causa”, ni los comprometió con un programa concreto, conquistando su
voluntad, sino que primero les conquistó el corazón. Les hizo ver “lo mal que
iban las cosas”. “Cómo, con los sueldos que ganaban, era imposible vivir”. “En
el futuro todo sería distinto”. Donde había una necesidad, ahí estaba Roberto.
Si había que interceder por alguien, Roberto era el primero. Los visitaba
después de las horas de trabajo, y hablaba con ellos largamente.
Después que se hubo ganado
el corazón de mucha gente, vino toda lo demás: Las asambleas, la recolección de
firmas, las arengas, el pliego de peticiones, el contrato colectivo. La
Directiva tuvo que ceder ante el ayudante de bodega. Y la institución ante el
ambiente.
En la contabilidad don
Arturo que vivía pendiente de las ideas, valores y actitudes que se expresan
en la firma, recordó que todo esto que había hecho Roberto, se lo habían
planteado en su C. Parece mentira, pero fue esto lo que le hizo revivir su C y
recapacitar. Se dio cuenta de que todo cristiano -y el líder no es excepción-
necesita de al menos un ambiente cristiano para conservar su modo de ser, y
que ese -ambiente cristiano debe tener una fuerza tal, que influya sobre él más
que el ambiente circundante. Y regresó a su Reunión de Grupo y a su Ultreya.
Allí reconoció que había
menospreciado la advertencia de que nuestra lucha debe ser simultanea en los
tres frentes; que somos a la vez soldados y campo de batalla; que la lucha se
lleva a cabo dentro de nosotros, con los otros y contra las ideas, valores y
actitudes, que constituyen un ambiente; que poco a poco, el hombre viejo había
vuelto a triunfar en él, y que, poco a poco, las ideas, valores y actitudes de
los otros le habían vuelto a gustar y convencer. Quedó claro que no había
alternativa: o su ambiente se transformaba, o este acababa por transformarle a
él.
Y empezó a orar
(rodillas). Tomo la decisión firme de no retroceder en su conversión (cambio de
mentalidad), y de ponerse al servicio del Señor en esa parcela de su vida,
(voluntad). Comprendió que, para lograr ambas cosas, necesitaba conocerse mejor
a sí mismo, a su Señor, y a los ambientes a su alcance (inteligencia). Sobre la
marcha descubrió que, lo que al principio le resultaba un sacrificio porque
sus acciones brotaban sólo de una decisión (voluntad) y de un conocimiento (inteligencia),
ahora le resultaba grato, espontáneo, ilusionado y mucho más eficaz porque brotaba
de un corazón lleno de amor de Cristo y de un nuevo modo de ser. Todos los días
el Señor le llenaba el corazón de Amor par su unión vital con Cristo, y todos
los días él lo derramaba sobre los demás. Comprendió que el Señor le había dado
un corazón nuevo, que quería que cada día, se le devolviera usado.
Don Arturo se sonrió
cuando un día comprendió que la conquista del ambiente no era nada nuevo para
él. Que ya antes -antes de que hallara a Cristo- lo había transformado -para el
mal, claro esta- con solo ser como era, y manifestar su modo de ser. Que a la
luz para iluminar, le basta ser luz, y al excremento, para apestar, le basta
ser excremento. Que antes, su personalidad había estado centrada y potenciada
por la codicia, el egoísmo, la lujuria, etc., y todo ello le aguzaba su
inteligencia para darle la estrategia exacta, y potenciaba su voluntad para
reclamarle las iniciativas necesarias, a fin de conseguir lo que su corazón
enfermo le pedía… ser dirigente del mal le había resultado la cosa más fácil,
la más natural y la más grata del mundo.
Ahora sucedía exactamente
lo mismo. Lo único que había cambiado era la fuerza que lo impulsaba. La gran
diferencia entre el antiguo dirigente del mal y el nuevo dirigente cristiano
no estaba propiamente en que don Arturo fuera un hombre distinto; el C no
cambia a nadie. Tenía la misma inteligencia, voluntad y libertad de antes, y todavía
descubría vivas en si mismo todas o, al menos, muchas de las lacras y fallos
antiguos: orgullo, cobardía, niñería, cortedad y suciedad. La que había
cambiado era la fuerza que dominaba su persona y dirigía su vida. Ahora tenía
toda su personalidad centrada por la fe y potenciada por la esperanza y el
amor.
Porque tenía su inteligencia
centrada por la fe, hacía lo que Dios quiere, quería lo que Dios hace, y hacía
las mismas cosas que El, y “aún mayores”. Porque tenía su voluntad potenciada
par la esperanza, se lanzaba con confianza, en la seguridad de que “con Cristo
todo lo podemos”. Porque tenia su corazón impulsado por el amor, iba dando a
Dios todo lo que tenia y era, a medida que lo iba teniendo, y ponía al servicio
de Dios y de los hambres todas sus cualidades humanas y sobrenaturales: el
amor iba aguzando su inteligencia, potenciando su simpatía, provocando su
generosidad, exigiendo su disciplina, reclamándole iniciativas y formando su
unidad.
Ser Dirigente Cristiano no
requería ser un Superman. No requería el tener esas cualidades en cantidades
navegables, sino en tener las que se tienen, centradas por la fe y potenciadas
por la esperanza y el amor.
A la luz, para iluminar,
le basta ser luz; pero a al foco de don Arturo le había faltado la fuerza que
le pusiera incandescente. Cuando se lleno de, la luz, vino sola, y el iluminar
fue sólo la consecuencia natural de tener esa fuerza en él. Y no la escondió
bajo la cama.
Empezó a hacer amigos y
hacerse amigo, para, con el tiempo, hacerlos amigos de Cristo a fin de que también
“los otros” tuvieran las ideas, valores y actitudes de Cristo, y un día Cristo
llegará a ser el verdadero propietario y gerente de esas vidas y de esa empresa.
Casi le salió hernia por el
esfuerzo de aguantarse, para no saltarse etapas, tratando de ganar directamente
para Cristo la voluntad y la cabeza de sus compañeros. Pero comprendió que el
primer paso era ganarse el corazón de esas personas, mediante una simple
amistad humana. Lo demás vino después, y todo resultó más natural y más
autentico, porque brotó, no ya de una estrategia, sino de una sincera amistad y
de un verdadero amor a esas personas.
El ambiente de la Contabilidad
se fue transformando en cristiano, y al igual que había sucedido antes, este también
se proyectó sobre el de las cajeras, las secretarias, el archivo y otros,
conectados a la contabilidad por las circunstancias de trabajo.
También la casa de don Arturo
y sus ambientes de diversión se fueron transformando.
El alcance de proyección
de esta cadena en el tiempo y el espacio sólo lo mediremos en el cielo. Nos
parecerá increíble haber logrado tanto, y haremos bien en no creerlo, porque no
lo lograrnos nosotros. “¡Es el Señor!”.
Don Arturo estaba decidido
a posibilitarle al Señor la transformación de toda la empresa. Pero para lograrlo,
no apuntó hacia arriba, hacia la Junta Directiva, sino hacia abajo, a la
bodega, que ya había demostrado su capacidad de influenciar la Directiva.
La conquista de “los
otros» y de las ideas, valores y actitudes en su ambiente de la contabilidad
era labor de él. Allí él era líder.
Pero vio claro que, en el
ambiente de la bodega, no lo era. No sólo no influenciaba en él, porque las
circunstancias de trabajo no lo conectaban a la bodega suficientemente, sino
porque el personal de bodega lo miraba con recelo, y lo identificaba más con
“los intereses del patrón” que con su propia problemática.
Don Arturo vio que la
situación justificaba la intervención de C, y que Alberto era el candidato
lógico. Seleccionado el ambiente de influencia, y detectado en él su verdadero
líder, tenía que empezar el “tratamiento” de Roberto. Pero antes de hablarle a
Roberto de Cristo, empezó a hablarle a Cristo acerca de Roberto. Empezó a orar
por el.
“Casualidad” es el seudónimo
que usa Cristo cuando no quiere firmar con su nombre. Dio la “casualidad” de
que la mujer de Roberto enfermó gravemente, y hubo que operarla. Consiguió
dinero en muchas partes, pero el dinero se esfumaba con increíble rapidez. No
le quedó más remedio que recurrir a la empresa. Y el canal oficial para estas
solicitudes, resulto ser don Arturo el Contador.
La solicitud fue rechazada
por la Gerencia. Roberto no era bien visto en esos círculos, y se le contestó
que “el reglamento interno no contemplaba préstamos mayores al equivalente a
tres meses de sueldo”. Al golpe que recibió Roberto, al escuchar la respuesta a
su solicitud de boca de don Arturo, siguió un golpe todavía mayor: don Arturo,
sonriente, le ofrecía, sin intereses ni plazo fijo, todos sus ahorros, para hacer
frente a la situación. Roberto se quedó mirando los ojos de aquel desconocido,
y no descubrió en ellos ningún motivo oculto. Sólo una alegría especial y un
profundo amor. Desde entonces algo cambió en el corazón de Roberto.
Al principio visitaba a don
Arturo para llevarle algún abono para descontar de la deuda. Luego continuó
visitándole, porque aquel hombre lo intrigaba: algo tenía que a él le faltaba.
Entre otras cosas, felicidad. Y terminó visitándolo por la simple razón de que
entre ellos se había desarrollado una profunda amistad.
En que consistió el
“tratamiento” de don Arturo, lo adivináis todos.
Roberto hizo el C, y lo
que allí pasó, también lo podéis suponer. Lo que quizá fue distinto, es que en
el Poscursillo su Padrino no permitió que Roberto cometiera los errores que él
había cometido. Desde su vivencia le fue mostrando, en sus Reuniones de Grupo,
la necesidad absoluta de una Comunidad Cristiana, para poder triunfar en la
batalla simultánea en todos los frentes.
La labor de Roberto en la
empresa no comenzó organizando Misas de Navidad, ni lecturas bíblicas, aunque
en el transcurso de los años hubo espontáneamente de todo eso. Roberto siguió
diciendo exactamente lo mismo que antes; y continuo siendo mal visto por la
Junta Directiva como revoltoso, aunque la Gerencia si notó que el clima mismo
de la empresa, las relaciones entre el personal, sus ideas, valores y actitudes
habían cambiado, y aún la eficiencia había mejorado.
- Lo único que había
cambiado en las acciones de Roberto, eran cuatro cosas:
1)
Su motivación: era evidente que el odio
y el resentimiento habían sido desplazados por el Amor, y las consignas de
fuera por una fuerza interior;
2)
Su Jefe y Señor: el seguimiento de una doctrina fue reemplazado por el
seguimiento de una Persona, capaz de iluminar todas las doctrinas;
3)
El objetivo inmediato de su afán: “la causa” cedió su primer lugar a las personas.
Ya no vio con alegría que las cosas estuvieran todo lo peor que pudieran
estar, para que así se hiciera más evidente la lucha de clases, y se acelerara
el proceso de cambio. Sus compañeros camaradas lo tildaron de “desarrollista”
pero no podía aceptar la tesis de Caifás de que “es necesario que uno muera
para que el pueblo se salve”. Porque, aunque su Dios había pensado igual que
Caifás, escogió ser Él el que debía morir para la salvación de todos los demás;
y cambió, en fin, su objetivo final: el gobierno del proletariado cedió su
lugar al Reino de Dios.
El cursillo
¿Qué se dice y qué se hace
en un C de Cristiandad? Y, ¿por qué y para qué se dice y se hace?
Cuando sabemos qué queremos
conseguir, nos es mucho más fácil pensar qué debemos decir, qué debemos hacer,
Y cómo lo debemos decir y hacer.
El Movimiento de C de Cristiandad
tiene:
1.-
Una finalidad remota, que es la
misión misma de la Iglesia en su proyección seglar: la re-animación cristiana
de los ambientes y las estructuras;
2.-
Una
finalidad próxima, que es la conversión integral y progresiva de los
agentes del cambio;
3.-
Una estrategia que puede resumirse
en la reinserción de esos líderes conversos a los ambientes y estructuras de
donde salieron actuando de forma consciente y responsable, desde una circunstancia
santificante.
La reestructuración del
orden temporal -su finalidad remota- más que una finalidad, es una
consecuencia; es el producto resultante de tener líderes, cada día más
cristianos, actuando en lugares claves con responsabilidad y eficacia.
Los C no pueden fermentar
los ambientas; lo que pueden hacer es infundir espíritu y criterio cristiano a
los fermentos, e insertarlos en la masa. La fermentación la tiene que lograr
cada cristiano concreto.
Por eso podemos olvidar,
de momento, esta consecuencia o finalidad última, para estudiar qué conviene
decir y qué conviene hacer en el C a fin de conseguir:
1)
Que el candidato tenga una circunstancia santificante que acelere y
perfeccione esta conversión;
2)
Que el candidato tome conciencia de su realidad externa, y se comprometa en su
transformación.
I.-
¿Qué se dice en el cursillo?
Supuesta la Gracia de
Dios, solicitada en las palancas, la conversión se procura en el C mediante:
A.-
Una preparación de la persona;
B.-
La proclamación de unas realidades que hay que conocer y aceptar;
C.-
La motivación de una vida que hay que vivir.
A.-
La Preparación consiste en un Rollo preliminar y un Retiro
a)
En el Rollo Preliminar se explica el qué el porqué, el para qué, el para quién,
y el cómo del Cursillo; es una llamada a aprovechar el C plenamente.
b)
El Retiro, compuesto de tres Meditaciones, contienen en sí los tres elementos
de la Penitencia;
1.-
Un examen de conciencia, con la visión de nuestra “película”;
2.-
El dolor de los pecados, ante el amor y perdón del Padre en la Parábola del
Hijo Pródigo;
3.-
Y un propósito de enmienda: “me levantare e iré a mi Padre”, motivado por las
“Miradas de Cristo”, que exigen una respuesta y una reacción como la de Pedro.
B.-
Terminada la preparación sigue la proclamación de lo fundamental cristiano:
una síntesis del dogma católico.
Se habla de Dios Padre y
de su infinito amor en la segunda Meditación; de Cristo en todas las
Meditaciones; de la Iglesia en los Rollos de Gracia, El Seglar en la Iglesia,
Sacramentos, Comunidad cristiana y Grupo y Ultreya, especialmente, y de la
Gracia en todos los Rollos místicos; del Bautismo en el Rollo de Sacramentos;
de su actualización -la conversión- en los Rollos de Piedad, Estudio, Acción, Dirigentes,
vida Cristiana, Comunidad Cristiana y Grupo y Ultreya, en los que se destaca:
- la proyección de toda la
vida a la luz de todo el Evangelio (“Piedad”);
- la configuración de toda
la personalidad con Cristo (“Estudio”)
- la unión vital con
Cristo (“Vida Cristiana”);
- la proyección apostólica
(“Acción”, “Dirigentes” y “Estudio y “Animación de los ambientes”);
- La vida comunitaria (“Comunidad
Cristiana”, “Grupo y Ultreya”) y toda la teología acerca de la Iglesia, como
Pueblo de Dios, iniciada en el Rollo de “El Seglar en la Iglesia.”);
C.-
Esta proclamación no se hace de manera puramente didáctica, sino vital y
existencial, con una motivación para el cambio.
En el Cursillo nos hallamos con:
1.-
La promesa de encontrar en esos días la verdadera y auténtica felicidad (en el
Rallo Preliminar);
2.-
Una visión de nuestro pasado, en la primera Meditación, y en las falsas
posturas denunciadas en casi todos los Rollos;
3.-
En “ideal” se hace una llamada a ser hombres;
4.- En “Gracia”, una llamada
a ser cristianos;
5.- En el “Seglar en la
Iglesia” “Acción” y “Dirigentes” una llamada a que el hombre cristiano sea
miembro activo y responsable dentro del Pueblo de Dios;
6.-
En “Fe” una llamada de Dios y de la Iglesia orante a la conversión;
7.-
En “Piedad”, el testimonio de alguien que ha respondido a esta llamada;
8.-
En la intervención del Rector en la segunda noche, una llamada a dar ya el
primer paso, reconciliándonos con Dios por la confesión;
9.-
En “Estudio” se señalan los obstáculos ordinarios para el salto inicial de
conversión;
10.-
En “Obstáculos” se prevén las dificultades a la vida de la Gracia. Se nos
presenta la forma de vivir y acrecentar esta vida en “Vida Cristiana”;
11.-
Se nos ofrece un modelo: en la figura de Cristo;
12.-
Se destaca lo que Él ha hecho y hace por nosotros para posibilitar la plenitud
de nuestra vida cristiana en “Sacramentos”;
13.-
Y se nos da el porqué de todo lo que El ha hecho y de todo lo que debemos
hacer: porque Él nos amó primero, y nos amó hasta el extremo: Meditación de la
Pasión, en el Rollo de “Comunidad Cristiana”.
Ahora bien: ¿Qué se dice en el C para lograr que el
hombre tome conciencia de su realidad externa y se comprometa con su
transformación?
“El Seglar en la Iglesia”
da la primera visión, aunque no la última, del mundo que nos rodea, como algo
muy distinto de lo que Dios planeó para el hombre.
En “Obstáculos” se ve que
el Plan de Dios para el hombre no ha cambiado, y se detecta la frustración del
Plan por el pecado.
En “El Seglar en la
Iglesia”, se define el apostolado en sus dos vertientes de evangelización y
reestructuración del orden temporal.
En “Acción” se dice que
este apostolado no es una supererogación, sino algo consustancial a la vida
cristiana, exigencia del Bautismo -del ser Iglesia-, de la Confirmación y del
precepto de la caridad.
En “Dirigentes” se ve
nuestra corresponsabilidad en esta situación, la necesidad de un cambio y la
posibilidad del mismo.
En “Estudio y animación
cristiana del ambiente” se explicita como lograrlo.
En “Comunidad Cristiana”
como se está logrando. En “Grupo y Ultreya”, cómo asegurar su logro.
La fermentación cristiano
de los ambientes debe lograrse desde una
circunstancia santificante, porque estos están insertos en circunstancias
normalmente hostiles a la vida de la Gracia, y porque la conversión, iniciada
en el C no es completa ni perfecta, y debe renovarse, acelerarse y
perfeccionarse a lo largo de toda la vida.
Esta circunstancia
envolvente, en la normalidad de las vidas consiste en una unión vital con
Cristo y una comunión con los hermanos. Ello se explica y testimonia mayormente
en los Rollos de “Comunidad Cristiana” y “Grupo y Ultreya”.
¿Qué
conclusiones podríamos sacar de lo dicho?
a.-
Aunque en el C no se dan etapas rígidas porque la pedagogía exige, para la
mejor comprensión y fijación de ideas una regresión hacia temas ya tratados,
una repetición constante de las ideas-fuerza y una proyección hacia temas que
luego se ampliarán, pueden distinguirse en el C diferentes fases sucesivas y
concatenadas con formalidades distintas, que se deben respetar de cara a la
eficacia.
b.-
No se trata de un conocimiento progresivo de la teología, sino de conjugar
elementos de teología, psicología y pedagogía, para saber qué decir, cuánto
decir, qué no decir y cuándo y cómo decirlo, para lograr lo que se pretende.
c.-
En el Mensaje del Cursillo se adivinan tres grandes fases: de información (de “Ideal”
a “Piedad”), de testimonio (de “Piedad” a “Acción”) y de lanzamiento (de “Acción” a “Comunidad
Cristiana”). En las dos primeras se informa y testimonia lo que Dios ha hecho
por nosotros -Dogma. Y Sacramentos-; hasta la tercera fase no se lanza a una
respuesta directa a corresponder a este amor.
d.-
El “qué decir” esta definido por la triple finalidad, que señalábamos antes, y
por el carácter kerygmático del C. En C todo lo que no esté orientado a
procurar la conversión, a comprometer en la transformación del mundo, o
insertar en una circunstancia santificante, está sobrando.
En consecuencia, ningún
Rollo puede tener como meta el simple conocimiento de una verdad. Se pretende
llegar por el estudio al conocimiento, por el conocimiento al amor, por el amor
a la fe –decisión personal y existencial
del hombre ante Dios-, y por la fe a la vida.
e.-
En inigualdad absoluta de temario, un C puede ser puramente kerygmático o
convertirse en catequético, según la intención, forma o estilo con que se
expongan y orienten las verdades en él contenidas. Un Rollo de “Sacramentos”
será catequético si pongo el énfasis en la materia, forma y ministro del
Sacramento; será kerygmático si mi intención es mostrar el amor infinito de
Cristo por nosotros. En un Rollo kerygmático todo de be estar orientado a la
conversión del individuo.
f.-
Tan importante como decir cosas es lograr que se acepte lo que se dice: dar
convencimiento. En la aceptación de lo que se dice, intervendrá:
1.-
La obligatoriedad del Mensaje, que será tanto mayor cuanto más fundamentales o
vitales sean las verdades que se exponen. Sacrificamos o mermamos la
obligatoriedad del Mensaje, cuando nos apartamos, en lo teológico, de lo
fundamental cristiano; en lo humano, del sentido común y del conocimiento
exacto de la realidad.
Cuando exigimos a alguien
lo que no le obliga, cuando exigimos a todos lo que no obliga a todos, o cuando
se exigen imposibles. Cuando se desubica a las personas, se violenta su
vacación o se exceden sus carismas.
Cuando se pide menos de lo
que pide el Evangelio. Cuando se exige más de lo que exige el Evangelio.
En el Cursillo no se crean
obligaciones; sólo se descubren obligaciones ya existentes, contraídas en el
Bautismo;
2.-
Que la presentación del Mensaje se haga en forma asequible a todos. Los doctores,
los teólogos, los filósofos y los literatos, a veces deslumbran, en lugar de
iluminar;
3.-
Que la verdad vaya respaldada por el testimonio de una vida;
4.-
Que procuremos dar vivencia de todo aquello de que se habla en el Cursillo:
Dios, Cristo y su Espíritu, Iglesia, Gracia, Conversión, Amor a Dios, Amor al
prójimo, Amor al mundo.
¿Cuánto hay qué decir,
y que no hay que decir? Contamos solamente con tres días, y, aunque en tres se puede
decir mucho, es asombrosamente paco lo que se logra fijar. Preguntemos a
cualquiera qué recuerda de lo que se le dijo en el C. A veces sólo queda que
“Somos hijos de Dios, hermanos de Crista y templos del Espíritu Santo”. A veces
esto basta. Lo logramos repitiéndolo setenta veces siete veces.
El C no pretende solo
exponer unas verdades, sino fijarlas y grabarlas, como con fuego, en la mente y
el corazón. Para aprender más doctrina, hay tiempo de sobra, y la Iglesia tiene
mil medios para enseñarla. El C -se dice la primera noche- se hace sólo una vez
en la vida. Nuestra capacidad de absorción es limitada.
¿Cuánto hay que decir? Lo indispensable.
¿Qué no hay que decir? Todo lo que sea sobrado, o distraiga la
atención, o diluya o sepulte lo fundamental cristiano.
¿Cuándo decirlo? Es también importante. Tan importante como ser
exacto es ser oportuno. Hay una fase de lanzamiento, que cronológicamente dura
la mitad del C. Sin embargo, he visto hacer lanzamientos desde la misma noche
de entrada. He visto esperar una respuesta donde no ha habido una llamada. He
visto esperar una respuesta al amor de Dios; -antes de haber conocido y
experimentado el amor de Dios.
No debemos hacerlo así,
por la simple razón de que el procedimiento no da resultado. La experiencia lo
ha demostrado. En el primitivo esquema de evangelización, la Iglesia tiene dos
etapas: en la primera se presentaba el Dogma y los Sacramentos, orientados a
mostrar la Buena Nueva, el amor de Dios y lo que Dios ha hecho por nosotros.
Solo entonces se hablaba de los Mandamientos. Del Mandamiento. Hoy, en cambio,
aprendemos los Mandamientos antes de conocer quien los manda, ni por que ni
para que.
Aprendamos de Cristo, que
sabe dar primero su cuerpo, su Sangre, su Vida y su Espíritu, antes de mandar a
los discípulos a transformar el mundo.
- un discurso retórico o
una arenga;
- una conferencia;
- una charla-intrascendente,
pues intentamos dar lo fundamental cristiano;
- ni un sermón impersonal;
si escogimos a unos candidatos, hay que escoger lo que se les debe decir.
Un Rollo es una
explicación en público de unas realidades, hecha en forma simple, profunda y encamada,
para comprometer.
Debe mantenerse en el-
campo del dogma del sentido común y de la realidad exacta y evidente. Cuando
esto se logra, el C resulta prácticamente difícil de ser rechazado, supuesta la
Gracia de Dios.
Debe hacerse en forma
simple, para que sea asequible a todos, más fácil de captar, de digerir y de
recordar.
De forma profunda, para
que llegue hasta el corazón y hasta las últimas fibras del ser.
De forma encarnada, es
decir, testimonial. La maravilla de Cristo no es que sea la Palabra, el Verbo,
si no que sea el Verbo Encarnado. Par eso convence y arrastra. Porque vivió lo
que predicaba. La gente no quiere oír doctrina. Quiere verla caminando para
creer en ella. El mundo no quiere maestros, sino testigos.
El Rollo no se da para que
guste, ilustre o entretenga; se da para comprometer.
Para comprometer es
necesario que el Rollo:
- se comprenda: simple;
- que se asimile -profundo
y
- que se haga vida:
encamado.
Hay una verdad: la del
esquema. Hay que darla toda. Todo el esquema tiene una razón de ser.
Hay una vida: la del
Rollista. Verdad que se esta viviendo o se trata limpiamente de vivir.
Hay unos destinatarios,
con idiosincrasia y capacidades distintas pero conocidas, lo cual exige unas
adaptaciones en la forma, según el auditorio: el ejemplo de Cristo, al explicar
la Gracia: la dracma perdida; la perla de gran valor, el tesoro escondido.
Estos destinatarios tienen
una disposición, una circunstancia, una religiosidad y unos problemas distintos,
que suponen adaptaciones en el contenido del Rollo; con mayor énfasis en
algunas de sus partes.
La finalidad del Rollo
responde a la finalidad de cada fase del C. Un buen Rollo no es un “Rollo
bonito”, donde llora hasta el apuntador, sino el que logra todo lo que con él
se pretende conseguir en ese momento del C.
Los Rollos son necesarios,
pero no lo son todo en el C. En todo caso, Pongamos un 50 %. Lo más importante
es la vida cristiana de los Dirigentes, comunicada al lograr encuentros plenos
de personas, por una convivencia integral y por el clima del C.
Con lo que se dice en el C,
hemos logrado solamente dar conocimiento, por la palabra, y convencimiento,
por el testimonio. Pero,
II.-
¿Qué se hace en un cursillo?
¿Cómo damos vivencia y
convivencia de lo fundamental cristiano?
La
vivencia de lo fundamental cristiano.
Dar vivencia de algo no es
lo mismo que “contar vivencias”. Dar vivencia de algo es hacer presente,
actual, experimentable, aquello misma que se proclama o se expone en palabras.
En el C se da vivencia de
Dios, al encontrarlo en Cristo: “Quien me ve a Mi, ha visto al Padre”.
Se da vivencia de Cristo,
que está realmente presente, porque nos reunimos en su nombre, y presente en
cada uno de nosotros por la Gracia, y asequible en el Sagrario, como lo
testimoniamos con nuestras Visitas habladas.
Se da vivencia de la
Iglesia, que se hace presente y experimentable en el espíritu de unidad, amor,
servicio y solidaridad del Equipo de Dirigentes, representantes y enviados -eso
quiere decir apóstol- de esta Iglesia y en la intendencia o palancas de una
cristiandad, que está en espíritu y verdad con los Dirigentes del C.
La Gracia se hace
asequible y experimentable por medio de los Sacramentos -Penitencia y Eucaristía-
y por tantos testimonios del amor de Cristo por nosotros.
Nuestra propia conversión
se hace experimentable por el testimonio del Rollista, pero sobre todo por la
convivencia de tres días y por el encuentro pleno de personas en la
llamada “labor de pasillo”.
El amor a Dios lo demostramos
con la oración y la liturgia. Nuestro amor al prójimo, amando y sirviendo a
cada uno de los asistentes de mil maneras: preocupándonos por su confort por su
alegría, por sus problemas –sondeo-
por su solución -estoque-, y por su
futuro: vuelo de reconocimiento.
La
convivencia general en el Cursillo.
Finalmente, llegamos a lo
que, a mi modo de ver y supuesta la intendencia, es lo más importante de un C la
convivencia
Un C por correspondencia o
por televisión, es imposible. Como es imposible un C, en el que los asistentes
o los Dirigentes, una vez terminados los Rollos, se fuesen a sus casas.
Así como Jesucristo es a
la vez la Verdad la Vida y el Camino hacia ambas, también el C supone unas
verdades de Dios, las vidas de unos hombres, y un camino para llegar a ellas
que es la convivencia.
Se trata de llegar por la
convivencia a un encuentro pleno de personas; por el encuentro pleno, al
conocimiento de las vidas de esas personas, y por el conocimiento de esas
vidas, al convencimiento y aceptación de unas verdades que por estar encarnadas
en las vidas de esas personas, invitan a creer y a vivir.
En el C podemos diferenciar
dos tipos de convivencia: una de tipo general, de todos a todos, y una
convivencia de tipo particular, mediante los contactos personales. Me gusta
hablar de ellas separadamente.
Evidentemente la
convivencia de todos a todos no puede ser una convivencia cualquiera, sino un
tipo de convivencia especial, que permita hacer presente y experimentable es
decir, que permita dar vivencia de lo fundamental cristiano: dar vivencia de
caridad fraternal, vivencia de conversión, vivencia de Cristo.
En una convención nacional
de ajedrecistas, hay, sin duda, convivencia, pero no el tipo de convivencia
que necesitamos; le falta un clima adecuado.
Entendemos por clima el
conjunto de actitudes y circunstancias que determinan el tipo de una
convivencia.
¿Qué circunstancias y que
actitudes son esas, que hacen, posible el que la convivencia de un Cursillo sea
apta para descubrir, en las vidas de unas personas, unas verdades de Dios, y
tener vivencia de ellas? Las resumiríamos así:
1.- Sinceridad: dicen que una cadena es tan fuerte como su
eslabón más débil, y que basta que un eslabón se rompa para que se rompa la cadena.
En el C se da una cadena
de verdades eslabonadas; con frecuencia, el Cursillista duda de cada uno de
los eslabones. Si a cada duda sigue luego un convencimiento de que aquello era
cierto, que cuanto se les dijo era verdad, después de tres o cuatro eslabones acaban
por aceptar la cadena entera. Si, por el contrario, se descubre una pequeña
falsedad, la cadena se rompe y se rechaza. Una falta de sinceridad,
descubierta un año después, puede ser suficiente para que un Cursillista se
desilusione. A la sinceridad se falta con verdades a medias.
2.- Respecto a la libertad: si Dios la respeta, es lo menos que podemos
hacer nosotros. La conversión o es un acto libre y personal, o no es conversión.
No se trata de arrancar
decisiones, sino de madurar convicciones. La libertad se puede violentar entre
otras formas:
a) Con un ritmo excesivamente acelerado. Cuando hay bombardeo de
ideas, sin tiempo para su asimilación, la persona se ve obligada a aceptar la
idea anterior, para poder atender la siguiente; pero su aceptación es
superficial. Hay necesidad de recreos largos y de descanso suficiente.
b) Mediante una malentendida solidaridad de grupo. Es el caso de la “oveja
negra” de la Decuria. Erradamente buscamos que no tenga la cara para decir que
no, cuando lo que pretendemos es que tenga corazón para decir que si. No
debemos presionar. Aunque no se violente, se irrespeta la libertad cuando el
Rollista pretende decir no sólo lo que cada uno debe hacer, sino hasta lo que
debe pensar.
3.- Autenticidad y normalidad: lo normal es siempre auténtico,
Y lo autentico suele ser normal. Hay que evitar profesionalismos, alegría
prematura, vocabulario desacostumbrado y todo exceso de atenciones, de
entusiasmo y de simpatía. En cada C se dice de alguien que parece “cura”
disfrazado. Hay que actuar como seglares, no como “curas”. Cada día resulta más
fácil, porque los curas están dejando ciertos “estilos”; que les eran
peculiares. Es preciso, sin embargo, que el “cura” sea aceptado como “cura”, no
a pesar de ser “cura” porque actúe como seglar.
4.- Humildad. Una humildad real, no aparente, ante los hombres
y ante Dios:
a) Ante los hombres, pues no se trata de mostrarles nuestras
riquezas, sino de que ellos descubran las suyas. Debe haber claridad y
sencillez en los Rollos. Hay que saber escuchar valorar las sugerencias, las
objeciones, las iniciativas de los demás.
Ante Dios, en actitud de
sembrar y de regar, pero sabiendo que sólo El da el crecimiento.
5.- Iniciativa que siempre es el resultado de un buen criterio,
por una parte, y de la confianza en Dios, que opera a través nuestro. El que
está esperando a que el Rector le oriente o porque no sabe lo que está pasando,
o no confía en el Rector Supremo.
6.- Santa “mala intención” para ser astutos como serpientes /
prudentes como palomas, lo cual no es lo mismo que “pasarse de vivos”.
7.- Santo temor y temblor
a tener la vida muy por debajo de la verdad que predicamos. Para ser Dirigentes
de Cursillos no nos va quedando más remedio que ser santos y cada día más
santos.
8.-
Criterio de eficacia, sabiendo que no buscamos una clausura “espectacular”,
sino una vida perenne, no que la fruta caiga sino que madure.
9.-
Y en todo y con todos, caridad manifestada como comprensión, tolerancia,
paciencia, servicio y entrega.
Todo en el C –los Rollos, la
liturgia, la alegría, los cantos, los chistes,, las Decurias- tiene su razón de
ser, su importancia. Vamos a destacar sólo tres elementos, que colaboran de
forma espacialísima en la eficacia de la convivencia:
1)
El aislamiento: para ver el bosque
hay que salirse del bosque. Al hacer un alto en el camino, conviene
estacionarse fuera de él, o nos atropellan. Para tener un clima-aire
acondicionado- hay que cerrar las puertas y así la convivencia es más intensa;
2)
Un conocimiento previo y una
selección de candidatos, con una personalidad y una circunstancia conocida, con
una disposición procurada por el “tratamiento” en el Precursillo
3)
La heterogeneidad:
-de la iglesia con
conocimientos de doctrina distintos, con religiosidad, carisma y madurez
distintos;
-la del mundo, con una
educación, una problemática, unas profesiones y vocaciones distintas.
Ello permite experimentar
que la unidad en la Iglesia es posible.
Unidad en la diversidad,
no en la uniformidad. Así es posible experimentar la caridad cristiana, que se
proyecta más allá de los intereses comunes, más allá de los problemas en común,
de la afinidad de caracteres, de la diferenciación y de la afinidad de una
clase social o de un gremio.
Donde se puede amar no
sólo a los que nos aman, sino también a los próximos y a los menos próximos. A
los lejanos y a los enemigos.
Y convivir todos como
hijos de Dios, hermanos de Cristo y hermanos todos el uno del otro, aprendiendo
a ver a todos con los ojos de Cristo, ante quien valemos igual, porque pagó por
nosotros el mismo precio: su Sangre.
La
convivencia particular en el C.
Lo que llamamos “sondeo” debe entenderse como un
encuentro con el hombre. Consiste en
tratar de hacemos amigos, con apertura y simpatía por nuestra parte,
facilitando que “el otro” se abra, porque previamente yo me he abierto y he
buscado su amistad; será el encuentro de dos hombres.
Lo que llamamos “estoque”, debe ser el encuentro con un cristiano,
permitiendo al “otro” que pueda encontrar en nuestra vida de fe, de esperanza y
de amor, la verdad que El necesita. Para ello se necesita una total
sinceridad y, sobre todo, muchísimo amor.
Lo que llamamos “vuelo de reconocimiento” deberá ser el
encuentro con un miembro responsable y activo de la Iglesia, tratando de
mostrarle nuestra proyección apostólica en el “Cuarto Día”, como una invitación
a que él haga otro tanto, aunque no lo mismo.
En resumen: lo que se dice
en un C está orientado a dar conocimiento por la palabra, y convencimiento por
el testimonio; lo que se hace en un Cursillo, esta orientado a dar vivencia y
convivencia de lo fundamental cristiano.
Mi rollo sobre el estudio
El mundo ha dejado de ser
cristiano. No es extraño que muchos se sientan como extraviados. Peor todavía:
sin rumbo, sin brújula. Por que Cristo es el único camino, ¡y lo hemos perdido!
No es extraño que se viva
en el error, o, peor todavía, en la mentira, en la hipocresía, sin base o sin sentido
porque El es la Vida. ¡y no lo tenemos!
El mundo ha dejado de ser
cristiano. Muchos de nosotros también. ¿Por qué? Es la pregunta a la que
quisiera saber dar ahora respuesta.
Sin duda hay muchas
razones, o al menos, muchas excusas. En el fondo; la principal razón de por qué
muchos no somos cristianos -y ya sé que les va a parecer absurda- es que no
conocemos el cristianismo auténtico, o no queremos aceptarlo.
Entre vosotros hay muchos
“leídos y estudiados”. Yo también era leído y estudiado. Me eduque en un
colegio religioso, y me gradué en una Universidad católica. Después de dieciséis
años de estudiar religión –dogma, moral, culto, apologética, leyes, normas y
ritos- no supe qué era ser cristiano. No hice sino aprender un montón de verdades
a medias.
Y una verdad a medias es la peor de las mentiras: penetra por lo
que tiene de verdad, pero envenena por lo que tiene de mentira. Una mentira-mentira
no engaña a nadie. Pero una verdad a medias convence por lo que tiene de
verdad, y engaña por lo que tiene de mentira. Y el resultado es que
permanecemos en el error, porque estamos convencidos de que no tenemos la
verdad.
El que nada sabe está abierto
a la verdad. El que aprendió verdades a medias, esta vacunado contra la verdad
total.
Algunos prototipos
a) He visto amigos
que se llaman ateos, y lo son. Y lo son con todo derecho y razón, porque el
Dios en el que no creen, nunca ha existido. Les presentaron una visión tan distorsionada de Dios, que era
imposible aceptarla. Y llegaron a la conclusión de que Dios no existe
nunca ha existido. Les presentaron una visión de Dios que era imposible
aceptarla. Y llegaron a la conclusión de que Dios no existe. Y existe Dios;
pero como Dios no era el Dios que le presentaron nunca pudieron conocerlo.
b) Conozco a otros que dicen que el cristianismo es cosa de niños; algo
infantil y ridículo. El de ellos realmente es cosa de niños. Tan cosa de
niños, como que esta basado en aquello que aprendieron para recibir la Primera
Comunión, sin que nunca se preocuparan por entender aquello desde una mente
adulta. Por eso su cristianismo es ridículo. ¿Que se diría si yo viniera aquí a
dar un Rollo con mi vestido de Primera Comunión? Me verían ridículo, claro.
¡Pues es igual! Ni el vestido ni el cristianismo nos sirven ahora a nivel de
Primera Comunión. Nosotros hemos crecido, pero nuestro cristianismo se quedó
chiquito.
Es el
cristianismo infantil del que ahora cree en Dios, por lo mismo que entonces creía
en el Nino Dios: para que le traiga juguetes. Y cuando Dios no le da juguetes
-los juguetes de niño grande-, deja de creer en Dios, igualito que cuando dejó
de creer en el Niño Dios: cree en Dios y se porta bien, por las ventajas que le
puede traer en este mundo o en el otro.
Es el
cristianismo del que todavía no ha descubierto que no puede existir el Niño
Dios que trae juguetes sólo a los niños ricos, sino que el que existe, nos dice
que El no hace acepción de personas: el Dios que hace salir el sol, y llover
sobre: Justos y pecadores por igual. El que con su Sangre nos igualó, al pagar
el mismo precio por todos nosotros.
Si aquel
hombre hubiera estudiado un poco más, hubiera aprendido que miente el que dice
a los pobres que se conformen con su miseria, porque esta es la voluntad de
Dios. Esta no es la voluntad de Dios, sino la voluntad de los hombres. Dios no
fabrica pobres; los fabricamos nosotros. Dios aborrece el pecado y la miseria
de muchísimos hombres. Esto es el producto del pecado de otros muchos hombres:
de su avaricia, de su lujuria, de su ambición, de su gula, de su egoísmo... o
de su pereza.
Todos estos conocían
una “verdad a medias," contra la verdad completa.
c) Hay otros que creen que el cristianismo consiste en una serie de cosas que hay que hacer,
y, como para ellos lo importante es hacerlas, no necesitan estudiar qué sentido
tiene aquello que hacen, porque lo hacen o para que. Son los rutinarios. Viven
de la obligación y del cumplimiento. Van a Misa porque hay que ir. No entienden
la Misa, ni se han preguntado porque van a Misa, o para qué. Son muy cristianos,
y llegan tarde a Misa y se quedan a la puerta queriendo imitar al Publicado del
Evangelio, pero es par salir los primeros. Pero siempre salen igual que como
entraron.
Cumplen sus
promesas al Santo, porque, si no, se fastidian. Confiesan sus malas acciones,
pero no cambian sus erradas actitudes. Comulgan una vez al año, en las primeras
comuniones de los hijos, y en las Misas de muerto de los parientes.
d) Para otros
el cristianismo ni siquiera consiste en hacer ciertas cosas, sino en no hacer un montón de cosas: no robar,
no matar, no fornicar.
Los judíos
tienen estos mismos Mandamientos, los cumplen mejor que nosotros, y no son
cristianos.
Estos que centran
el cristianismo en un no hacer, son los que todavía creen que las cosas son
pecado porque están prohibidas, y no que están prohibidas porque nos dañan. El
Señor, que nos ama, nos advierte del peligro, porque quiere que seamos felices.
Saben que
algo es prohibido, pero no se preocupan en averiguar porqué. Se abstienen de
hacer lo prohibido. Sí, se creen “vivos”, para ir al cielo. Si, son sinceros,
para pasar por buenas personas. Si son pícaros, para que no los metan presos.
En el fondo lo importante, para ellos, no es no hacer el mal, sino el poder
hacerlo sin que nadie se entere: El mal no está en robar, sino en que los
agarren. La importante no es ser felices, sino parecerlo. Lo importante no es
ser buenos, sino actuar como si lo fueran.
Todos estos
conocen la ley, pero no son amigos del juez.
Para ellos el cristianismo
es una carga y no una liberación. Cristo es un opresor, no el Salvador. Viven
en el temor, y no conocen, el amor: Han hecho del Evangelio, en vez de una Buena
Nueva, una nefasta noticia. A estos cristianos burgueses, que no roban, que no
matan, que no hacen nada malo, pero tampoco
hacen nada bueno, debemos recordarles que el Señor nos juzgará par lo que
pudimos hacer y no hicimos: “Tuve hambre, y no me diste de comer; tuve
sed, y no me diste de beber; estuve desnudo y no me vestiste”.
e)
A otros les pasa lo que a un amigo mío. Estaba conversando con él y le dije:
-¿Eres quizá cristiano?
-¡Claro, -me dijo-; yo
creo!
-¿Crees en qué? -le volví
a preguntar.
-¡Pues, en Dios!
-Hombre, le dije; los
budistas creen en Dios, y los mahometanos creen en Dios. Y no son cristianos.
- ¡Am, me dijo, porque no
creen que Cristo es Dios; pero yo si creo!
También yo creo que Somoza
es Presidente y, sin embargo, no soy somozista. ¡Y el diablo cree que Cristo es
Dios! Es más está seguro de que Cristo es Dios y, sin embargo, no es cristiano!
- ¡Ah, me respondió, ya me
estás enredando!
-¡No, enredado ya estás,
pero no porque te haya enredado yo!
El cristianismo no consiste esencialmente en unas verdades que
haya que creer, sino en una proposición que hay que aceptar.
Si yo digo: “Dios es
Omnipotente”, tú puedes replicar: ¡creo! Y ¿qué quieres decir con eso de “creo”?
Pues que es Verdad. De la misma manera que es verdad que esta pared es blanca;
pero, si fuera verde, daría igual.
El creer que algo es
verdad, no es suficiente. Es verdad que Dios es tu Creador, y es verdad que
lavarse los dientes evita la caries. Pero aquello no es algo más importante
para ti; porque, tres veces al día, te acordarás de lavarte los dientes, pero
ni una sola te acordarás de Dios.
Si Dios simplemente
existiera, bastaría con creer en El. Pero si Dios se te acerca, y te dice: ¡Oye,
hijo; yo soy tu Padre; fíjate bien, res “igualito” a mí! Aunque no hayas vivido
conmigo, Yo te amo. Es más: te necesito, me haces falta. Cuando aún estabas
inconsciente te busqué. Tu hermano Mayor te dio una transfusión de su propia
sangre, y te estamos curando las heridas. Todo lo mío es tuyo. Quiero que seas
gerente y socio de mis empresas, y que vengas a vivir en mi casa junto con tus
hermanos. Que estés donde ya esté…
A esto no basta contestar
“creo”. No te estoy preguntando si crees, sino si quieres, si aceptas. Sólo se
puede decir “Amen”, que es como termina el Credo.
Y menciono el Credo,
porque el Credo -el dogma de la Iglesia- no es sólo una síntesis de lo que
debemos creer para salvarnos, sino la historia de lo que Dios ha hecho y sigue
hacienda para que seamos salvos.
Dios
se acerca al hombre
¿Que nos dice la
Escritura? Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, pasando por el Evangelio, se
nos dice cómo Dios se acerca al hombre. No la historia del hombre buscando a
Dios, sino la historia de Dios que se acerca al hombre, y lo sigue, y lo
persigue hasta que lo consigue.
Y cuando llega, ¿qué le
dice? Le dice: “Yo soy tu Padre, Dios todo perfección y gracia. Como no
encuentra la manera de darse a conocer, lo más parecido que encuentra para que
nosotros entendamos lo que es y quiere ser para nosotros, dice: -Yo soy tu Padre.
Quiero que, me trates de tú: «Venga tu Reino; hágase tu voluntad”. Y que me
llames: “Abbá”, Papa.
“Yo te amo. Te amo a ti
concretamente, “a Juan” de una manera personal.
Vosotros, los hombres, amáis
a los hijos antes de nacer; pero ni siquiera sabéis si será niño o niña. Yo te
amo sólo como a un hijo, desconocido, sino como a “Juan”. Te amé como ibas a
ser. Y, porque te pensé, existes. Así dice Yahvé, tu Creador: No temas: te he
llamado por tu nombre. Tú eres mío. Eres precioso a mis ojos: eres estimado, y
Yo te amo. No temas; Yo estoy contigo” (Is 43, 1-3). “Con amor eterno te he
amado; por eso he reservado gracia para ti” (Jr, 31,3).
¿Quieres saber cómo te
quiero? “¿Puede olvidarse una mujer de su niño de pecho, o dejar de querer al
hijo de sus entrañas? Pues bien aunque ella llegase a olvidarse, Yo nunca me
olvidaría de ti” (Is, 49, 15), El Señor nos ama antes de que pequemos, mientras
estamos pecando y después de haber pecado. Porque el Señor aborrece el pecado,
pero ama al pecador. Como la madre, que aborrece la calentura porque hace
sufrir al niño, pero al niño lo ama siempre -y más aún quizá-, cuando está con
calentura.
“Los montes se correrán, y
las colinas se moverán; pero mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de
paz no se moverá” (Is 54, 10). Y esta es Palabra de Dios. Y porque es Palabra
de Dios, que nunca pasa, ya sabemos como sigue la historia: “Y el Verbo se hizo
carne, y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la que corresponde
al Hijo Único del Padre” (Juan 1, 14). En Él todo es amar y fidelidad.
“El, que era de condición
divina, no se aferró celosamente a ser igual a Dios, sino que se anonadó
tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y, en la
condición de hombre, se humilló, hecho obediente hasta la muerte y muerte en
una cruz. Por eso Dios lo engrandeció, y le concedió un nombre sobre todo
nombre, para que, ante el nombre de Jesús, toda rodilla se doble en los cielos,
en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesús es Señor, para
gloria de Dios” (Flp2, 6-11).
“Tanto ama Dios al mundo,
que le dio a su único Hijo, para que todo el que crea en Él, no perezca, sino
que tenga la vida eterna, pues Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para
condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3, 16-17).
Dice San Agustín que, por
amor a nosotros, el Padre hizo con el Hijo lo mismo que Judas: lo entregó a la
muerte.
Nos sigue diciendo el
Padre: “Todo lo mío es tuyo”. San Pablo lo dice de otro modo: “Todas las cosas
son vuestras, vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios”. Quiero que seáis
gerentes y socios de mis empresas. Porque esto es lo que significa ser Iglesia:
depositarios y continuadores de la obra del Señor en la Creación, en la
Redención, en la Santificación; Que vengáis a vivir en mi casa, junto con
vuestros hermanos. Que estéis donde yo esté, y seáis hijos en mi casa. “La
voluntad de mi Padre es que todo hombre que ve al Hijo y cree en Él, tenga la
vida eterna; Y Yo le resucitare en el ultimo día” (Jn 6, 40). “Yo soy la
resurrección y la vida” (Lc 4, 25). “Te ruego par todos aquellos que me has
dado: Yo quiero que allí donde estoy Yo, estén también ellos conmigo y que
contemplen mi gloria...” (Jn 17, 24)
Leyendo este párrafo de S
Juan, comprendí lo que yo llamo “el complot de Dios”, la confabulación de Dios
para salvarnos. Me imagino la “Corte Celestial” constituida así:
Juez del Distrito del
Crimen: Jesús de Nazaret, hermano del acusado, el que fue condenado a la
muerte en la cruz, asumiendo la condena de todos nosotros.
Abogado defensor: el Espíritu
Santa, amor y omnipotencia de Dios. Corte de Apelaciones: la Madre del Acusado,
con todo lo que es capaz de hacer una madre por su hijo, y con su poder para
hacerlo.
Corte Suprema de Justicia:
el Padre del Acusado. Único Artículo de la ley: se prohíbe ser infeliz.
Único Mandamiento: “Amaos
los unos a los otros, como Yo os he amado”.
Se necesita ser descastado
para condenarse; pero que los hay, los hay.
Sigue diciendo al Padre el
Señor: “La gloria que Tú me diste, se la di a ellos, a fin de que sean uno,
como Tú y Yo somas uno. Yo en ellos y Tú en Mí, para que sean consumados en la
unidad” (Jn 17, 22-23).
Nuestro destino es estar
con Él y ser unos con la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo, el Espíritu
santo y “Juan”, una sola cosa. Lo dice San Pedro en su primera carta: “Este
Cristo, con su propia grandeza y poder, nos entrega las promesas más
extraordinarias y preciosas, para hacernos así partícipes de la naturaleza
divina” (1Pe 1,4),
Y lo confirma S. Juan en
su primera carta: “Ya la sabemos: cuando Él se manifieste en su gloria, seremos
semejantes a Él” (1Jn 3, 3).
Prefiero que sea Él quien
siga hablando: “YO os he amado como el Padre me ama a mí: con toda la fuerza de
que es capaz de amar Dios que es infinito amor. Permaneced en mi amor... Esto
os lo digo para Yo gozarme en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi
precepto: que os améis unos a otros como Yo os he amado. Nadie tiene amor
mayor que este de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si
hacéis lo que os mando. Ya no os digo servidores, porque el servidor no sabe
lo que hace su señor; os digo amigos, porque os he dado a conocer todo la que
aprendí de mi Padre. No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a
Vosotros y os he destinado para que vayáis, y deis fruto, y vuestro fruto
permanezca. Entonces cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Yo os
ordeno esto: que os améis unos a otros”.
Yo no creo que se necesite
ser ni sabio ni erudito; ni siquiera es necesario saber leer y escribir para
entender esto:
1)
“Yo os amo como el Padre me ama a Mí”;
2)
“Amaos los unos a los otros.
No hay nada difícil de
entender; se trata simplemente de aceptar:
“Dichoso, -dice el Señor-,
el que escucha mis palabras, y la pone en práctica”.
Y el colmo de la ternura
es que, hasta para que podamos poner esto en práctica, nos tiene el Señor un
regalo: para que no podamos decir “YO quiero, pero no puedo”, el Señor nos da
su propio Espíritu, que es su propio modo de ser, su manera de amar: “El amor
de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos
ha sido dado”, dice San Pablo (Rm 5, 5).
Este es el don de Dios, el
regalo de Cristo. Él mismo, dándose a nosotros gratuitamente, para, que podamos
ser como Él, y hacer las mismas cosas que Él, y aún mayores (Jn 14, 12), Y
vivir en comunidad con los hermanos, como Él vive en comunión con el Padre y el
Espíritu Santo.
Tener fe no consiste solo
en creer, en tener por cierto que Cristo es Dios, o en admitir que lo que está
escrito en el Evangelio, realmente sucedió, que lo que Cristo enseñó, es muy bueno.
Yo sé que Obama es un personaje retieso, y que lo que ha dicho la Prensa de él
es cierto y que hasta me gustan sus discursos; pero, para ser sincero, Obama me
tiene sin cuidado. A lo mejor, si lo conociera o me encontrara con él, todo
sería distinto.
Yo me encontré un día con
Cristo. Sé que ha resucitado y vive. No lo busqué yo a Él. Él me salió al
encuentro. Sucedió hace once años, un mes y once días. Y podría describirlo
como si hubiese sido hoy.
No hubo en Él ninguna
reclamación, ni un reproche por mi vida pasada. Por el contrario, me inundó con
su ternura y su alegría, y supe que Dios es amor.
Vine al Cursillo, donde Él
me dijo: “Venid a mí los que andáis agobiados por el peso de una carga enorme,
que Yo os aliviaré. Y descubrí que el Señor es fiel a sus promesas. Poco a poco, me fue reconstruyendo el corazón, y
me dio unos nuevos ojos, para ver con ojos nuevos las cosas de siempre. Y supe
que era la paz. Y supe que ser cristiano y ser feliz es la misma cosa, porque
las dos consisten en ser como Él. En tener su modo de ser y su manera de amar.
Recuerdo como me resistía
a aceptar las Bienaventuranzas –“Dichosos los pobres, dichosos los mansos."-.
0 sus consejos: “Perdonad a los que os ofenden, amad a los que os odian”.
Poco a poco, voy
comprendiendo que Dios nos hizo como se hacen esas maquinas que sólo funcionan
bien en un sentido, que, si caminar al revés, echan chispas. No sirven para
nada, y acaban por romperse. Vi que Cristo Jesús es el modelo perfecto que “todo
lo hizo bien”, y su Evangelio el “Manual del fabricante”, que nos dice como
estamos hechos y como debemos actuar para funcionar bien y ser felices.
Él mismo fue rehaciendo mi
casa hasta convertir en un verdadero paraíso lo que yo había hecho un infierno.
Y supe que Cristo Jesús es el salvador.
Y un día me dijo algo que,
tarde o temprano, os dirá a vosotros... “¡Sígueme! ¿Seguirte? ¿A dónde, Señor,
y para qué y cómo? “Ven y veras”.
La llamada de Crista es
siempre distinta para cada uno; pero el camino es siempre el mismo. Él es el
camino. Y Él es mi roca, mi fortaleza, mi alcázar, mi Rey y mi Señor.
Es más bello vivir un solo
día con Él que todo lo que se pueda imaginar. Y he comprendido porque el cielo
tiene que ser eterno: cualquier vida sin Él, después de haberlo conocido, es un
infierno. Estar en el cielo es caminar con Cristo en la tierra.
También supe que, como
dice S Pablo, aunque nosotros podamos en, algún momento serle infieles, Él
permanece fiel hasta el final. Y que está conmigo todos los días hasta la
consumación de los siglos. Y ésta es la única razón del porqué puedo cantar “el
cuento”, once año más tarde.
Creo que, con lo dicho,
hemos podido comprender que el estudio es necesario para que nuestro
cristianismo no sea ni una serie de prácticas sin sentido, ni unas verdades que
basta creer, o unas normas que hay que cumplir, sino que el cristianismo es
Vida y, como no tenemos más que una vida, tiene que ser nuestra vida misma y
nuestra vida toda, la que sea iluminada y guiada por Dios, a la luz del
Evangelio.
Del Evangelio, que no es
una lista de preceptos, sino la vida de un hombre -Cristo- con un modo de ser
de ver, de actuar, y de amar, que va resolviendo todos los problemas y
alternativas que le presenta la vida, desde este modo de ser.
Creo que ser cristiano es
ir teniendo, cada día más, el modo de ser de Cristo y la manera de amar de
Dios. Cuando la vida me plantea un dilema, comprendo que puede resolverse en
cristiano con esta sola pregunta: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?
Para poder actuar yo como haría
Cristo, cuando el mundo me plantea un problema, necesito conocer tres cosas:
-conocer a Crista,
-conocerme a mí y
-conocer el mundo que me
rodea.
Secreto de la sabiduría
Por eso si me dijerais que
aterrizara de una vez, para deciros que tenéis que estudiar no os haría una
larga lista de libros. Para estudiar lo que interesa, no se necesita ni saber
leer. En la “Guía del Peregrino”, que se nos da la primera noche- del C, hay
una frase de san Agustín, que dice: “En esto está el secreto de la sabiduría:
conózcate a Ti, Señor, y me conozca a mí”.
Que te conozca a Ti Señor,
y me conozca a mí. Para eso es el estudio.
Para conocer mejor a Dios,
y para conocernos mejor a nosotros mismos.
Conocer a Cristo, para ir
tratando de ser como Él: el único hombre perfecto, el que todo lo hizo bien. Conocerme
a mí, para ir descubriendo qué me impide ser como Él. Conocer el mundo, para ir
transformándolo en lo que Dios quiso que fuera: un paraíso. Porque no se ha
dado por vencido, y, un día, entregará al Padre su Reino, al fin de la
historia.
Con el estudio he ido
logrando conocer un paco a mi Señor. En realidad, si no lo conociera, no sería
para mí el Señor. Nadie sigue a un desconocido. Por eso yo decía que, en el
fondo, la razón por la que muchos no son cristianos, está en no conocer ni al
verdadero Cristo ni su verdadera doctrina. Yo no sería capaz de darles las
riendas de mi vida, si no los conociera. Pero como lo conozco, sé que puedo
fiarme de Él. Más todavía: es el único líder del que me atrevo a fiar.
Conocer
a Cristo
En el Evangelio hay un
episodio que siempre me ha impresionado, y que quisiera compartir con vosotros.
Lo recoge Juan, que estaba presente cuando pasó: “Cuando terminó estos
discursos, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón,
donde había un huerto, en el que entró con sus discípulos. Judas, el que lo
entregó, conocía este lugar, porque Jesús se había reunido muchas veces allí con
sus discípulos. Llevó pues, consigo soldados del batallón y policías mandados
por los Jefes de los sacerdotes y los fariseos, y llegó allí con linternas, antorchas
y armas” (Jn 18, 1-3). Fijaos. Juan distingue dos tipos de guardias: unos son
los policías del templo que estaban bajo la autoridad de los sacerdotes; otros
son soldados romanos, duros, sin miedo a nada ni a nadie.
Jesús, que sabía lo que
iba a pasar, les salió a su encuentro. No se esconde; no corre; no se conforma
con esperarlos, sino que les sale al encuentro. Y preguntó:
-“¿A quien buscáis?
Contestaron:
-A Jesús de Nazaret.
Jesús dijo:
-Yo soy. Al oírle decir, Yo
soy, cayeron de espaldas”.
Tiene que haber sido un
“Yo soy” como aquel “Yo soy la luz del mundo; el que viene a mí, no camina en
tinieblas” (Jn 18, 4-6).
Y otra vez es Él el que
interroga: no unos guardias o unos teólogos, que pudieron creerse con derechos
de interrogar a Dios.
-“¿A quien buscáis?
- A Jesús de Nazaret, le
respondieron.
-Ya os he dicho que soy
Yo. Yo soy el que buscáis; por tanto, dejad que los demás se vayan” (Jn 18,
7-8).
Es como si lo estuviese diciendo
ahora mismo a todos nosotros: Yo Soy el que buscáis, hombres de todos los
tiempos; ¡dejad de buscar!
Y agrega Juan: “Al decir
esto, se cumplía lo que no mucho antes había profetizado: No he perdido a
ninguno de los que Tú me has dado” (Jn 18, 9).
Mi líder no es el líder que,
a la hora de las piedras tiene preparada la embajada donde se va a asilar, ni
el líder que tiene listo su helicóptero para salir “huyendo”, mientras que a
los demás se los lleve el diablo. Si alguien tiene que caer preso, Él va a ser
el primero. El único.
Y va más allá. El atrevido
de Pedro saca una espada vieja, y empieza a repartir mandobles de ciego. El
que paga los platos rotos, es un pobre
criado del Sumo Sacerdote, al que Pedro cortó la oreja. Pero el Señor no
quiere que se derrame sangre. De ninguno de los dos bandos: “Y tocando la
oreja, lo sanó. (Jn 18, 10).
Mi líder es así. Si hay
que derramar sangre, la primera es la de Él.
Mi Señor es “subversivo”,
pero no se mueve en la clandestinidad, sino a la luz del día. Por eso dice a
los guardias:
-“¿Acaso soy un ladrón
para que salgáis a detenerme con espadas y palos? Todos los días estaba entre
vosotros, enseñando en el Templo; ¿Por qué no me detuvisteis?”.
Y con la misma claridad se
lo dice después al jefe de los sacerdotes en casa de Anás:
-“Yo he hablado
abiertamente al mundo. He enseñado en las casas de oración -sinagoga- y en el
Templo donde se reúnen todos los judíos. No he hablado nada en secreto” (Jn
18,20),
Entonces, como ve que lo
tiene amarrado, un esbirro le dio una bofetada y le dice:
-“¿Que manera es esa de
contestarle al jefe?”. Jesús, que no se ensaña con los de última fila, le
contesta con más serenidad que a los demás:
-“Si he hablado mal, muéstrame
en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas? (Jn 18, 23l.
A los pobres soldados
rasos del palacio de Pilatos ni siquiera les dice nada, cuando le pegan y le
escupen.
Tampoco es payaso mi
Señor. Herodes quiere que le haga algún milagrito, un truco de magia. Con eso
tan simple, puede Jesús quedar bien con el hombre, y salvarse. Pero mi Señor no
se rebaja ante nadie. Ni le dirige la palabra siquiera. No se rebaja ante un reycito
adúltero, puesto por un poder extranjero, que ni siquiera es judío.
Sin embargo, no se calla a
la hora de decir la verdad. Aunque lo maten. Lo llevan ante el Congreso: el Sanedrín.
“Y levantándose el jefe de
los sacerdotes, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si Tú eres
el Cristo, el Hijo de Dios”.
-Le dice Jesús: “Tú lo has
dicho. Yo soy. Y un día veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios,
poderoso, viniendo en medio de las nubes del cielo”. Sólo por ver ese día, vale
la pena todo lo demás.
“Entonces el jefe de los
sacerdotes rasgo sus vestiduras y dijo: “¿Para qué queremos ya testigos? ¡Reo
es de muerte!” Y lo mataron por decir la verdad.
En un líder así si se
puede confiar. La mejor descripción del Señor la da el mismo Pilato en dos
palabras: “Ecce Homo”. “He aquí al Hombre”. El hombre íntegro. El hombre
completo. Con todo lo que se necesita para ser hombre. Cristo es el mejor
espejo para conocemos a nosotros mismos, y ver en que medida somos hombres.
“Conózcame
a mí”.
El estudio tiene que darnos
también un mejor conocimiento de nosotros mismos. No nos conocemos. Este mundo
nos exige tanto aparentar lo que no somos, que hemos llegado a olvidar como
somos de verdad.
Otros ni siquiera tenemos
tiempo para averiguar cómo somos. A otros nos da miedo averiguarlo. Yo creo que
el C es una oportunidad para tener no sólo un encuentro con Cristo, sino
también un encuentro con nosotros mismos.
Dios nos hizo a imagen y
semejanza suya. Y Cristo nos dice:”Sean perfectos como mi Padre Celestial es
perfecto”
¿Qué nos pasa entonces? No
sólo no nos sentimos en ese camino de perfección sino que fallamos
continuamente en el campo puramente humano.
Fallamos en nuestro
matrimonio. Fallamos con los amigos. Fallamos en darle plenitud y sentido a
nuestra vida. Fallamos en nuestras relaciones con Dios.
Las
causas de nuestros fallos

Yo diría que los hombres
fallamos por uno de estos cinco motivos:
Por orgullo.
Por cobardía.
Por suciedad.
Por cortedad.
Por niñería.
Os invito a descubrir en
qué dosis interviene cada una de estas causas. Entonces sabremos en realidad
cuanto somos y cuanto nos falta para ser todo lo hombres y todo lo santo que a
Dios le ilusiona que seamos.
1) ORGULLOSO es el que se valora por encima de lo que vale.
Siempre cree que vale más que los demás. Y como él mismo se ha fijado un valor
que no tiene, se pasa toda la vida aparentando lo que no es, y tratando de
convencer a los demás de que sabe más de lo que sabe, o de que tiene más de lo
que tiene, o de que puede más de lo que puede, o de que es mejor de lo que en
realidad es.
A la larga termina siempre
haciendo el ridículo y haciéndose daño a sí mismo.
Yo conozco gente que ha
perdido toda su vida, su salud, su dinero y hasta su mujer por tratar de
aparentar un “status” económico que no tiene. Por aparentar, se compra lo que
no se necesita y se gasta lo que no se tiene y se contraen deudas que después
no se pueden pagar.
He visto jóvenes haciendo
el ridículo ante señoritas por aparentar que
tienen plata cuando en realidad no tienen más que deudas.
Por orgullo y simple
vanidad se enamoran muchos hombres casados, de la primera que les muestra
admiración. Pero es de la admiración que se enamoran en realidad, no de ellos.
He visto al orgullo
desbaratar matrimonios, porque ni él ni ella son capaces de rectificar, de
pedir perdón, de decir “me equivoque, o hice mal”.
He visto insistir en
proyectos absurdos porque alguien fue incapaz de dar su brazo a torcer. El
orgulloso ante un problema siempre le echa la culpa a algo. El nunca tiene la
culpa.
He conocido gente capaz de
hundirse -y aun de suicidarse- antes de pedir ayuda o consejo.
Par orgullo el “picado”
desafía a la mujer, en vez de pedirle disculpas.
Por orgullo se pierde una
fortuna en una mesa de “poker”, para que no digan que se acobardó.
Por orgullo se matan entre
sí familias enteras, para vengar el honor.
Par orgullo el mentiroso
se mantiene en el error.
Por orgullo no nos
arrodillamos ante Dios.
“Aprended de Mi, que soy
manso y humilde de corazón”, -dice el Señor.
Siendo Dios, se hace hombre.
Siendo el ofendido, se acerca buscando
la reconciliación. Siendo traicionado, contesta al beso de Judas con la
palabra: ¡Amigo! Siendo Señor de cielo y tierra, te pide tu amistad. Siendo
todopoderoso, te pide tu ayuda para construir su Reino.
2) COBARDIA Cobarde es el que no le da
la cara a la vida. El que ante un problema, un reto o una llamada del Señor,
no se atreve a tomar decisiones, por miedo a que lo comprometan.
De pequeñas cobardías se
construyen los grandes fracasos.
Por cobardía, por miedo al
que dirán, empieza el adolescente, a beber, a fumar marihuana, o droga, a ir al
casino, a ver pornografía… a ponerse de novio/a. Para parecer hombre grande, ¡Qué
grandeza!
Por miedo al que dirán, no
nos atrevemos a decir en público lo que creemos, a defender nuestras ideologías,
o proclamar nuestra fe.
Muchos esclavos no están
atados por cadenas, sino por el miedo a la libertad. De pequeña cobardía en
pequeña cobardía, se va convirtiendo en servil el hombre libre.
Por miedo a la verdad,
preferimos vivir, como el avestruz con la cabeza bajo las alas.
Por miedo a tener que
tomar decisiones, preferimos no ver los problemas.
Por miedo a la realidad, y
queriendo huir de ella, se droga el drogadicto se emborracha el pusilánime.
Por cobardía se denuncia
al amigo. Por cobardía se alaba al delincuente. Por cobardía se da la mano al
ladrón.
Por cobardía nos hacemos
como monos: nada veo, nada oigo, nada digo.
Por cobarde negó Pedro al
Señor.
Por cobarde no supo nunca
el joven rico lo que es vivir en la amistad del Señor.
Por cobarde se lavó las
manos Pilatos, y condenó al Justo de los Justos.
3) SUCIEDAD Sucio es el que busca la felicidad, pero equivoca
el camino confundiendo la felicidad, que es paz y alegría, con el placer.
Sucio es el que pone sus
pasiones por encima de todas las cosas.
Sucio es el que pone el
carro antes que el caballo. Es decir los sentimientos antes que la razón y la
fe.
Sucio es e que se juega la
educación de los hijos y el bienestar de su familia por un rato de excitación.
Sucio es el ladrón, porque
pone su ambición por encima de la pobreza, del sudor, de la sangre y aun de la
vida de los demás.
Sucio es el adúltero,
porque no le importa cargarse la honra de una mujer o la felicidad de un
matrimonio, con tal de satisfacer su lujuria.
Sucios son el calumniador
y el intrigante, porque se complacen en embadurnar de suciedad a los demás.
Sucio es el prestamista
que se bebe el sudor ajeno.,
Sucio es, sobre todo, el
que no quiere limpiarse de toda la carga de lodo que lleva encima, porque así
está más sabroso...
4) NIÑERÍAS Y niño es el que actúa infantilmente.
El que hace de la vida un
pasatiempo, o de las personas un juguete.
Niño es el superfluo, el
vanidoso y el payaso.
Niño es el irresponsable,
el mimado y el malcriado.
El niño no tiene
problemas; el problema es él mismo.
Niño es el que cree que la
vida se lo debe todo por el solo hecho de existir.
El que todo lo reclama,
pero no siente que tenga que dar nada.
El niño no tiene deberes;
sólo derechos.
Niño es el que quiere
conseguir las cosas gritando y pataleando.
Niño es el incapaz de
tomar decisiones sin, consultárselo a su mama.
Niño es el que centra su
vida en llamar la atención.
Niño es el que no sabe
distinguir entre lo serio y lo trivial.
Niño es el egoísta que
sólo existe para sí mismo.
Niño es el que por que no
gana su equipo agarra la pelota y se va a su casa porque la pelota es suya.
Niño es el que ante la
menor contrariedad o dificultad se borra
Nino es el que no quiere
saber la verdad o aceptar la realidad, porque duele.
Como el niño, que no
acepta que le pongan una inyección porque duele, aunque la inyección sea para
su bien.
“La verdad os hará libres”,
dice el Señor.
Pidámosle una inyección de
esa verdad.
5) CORTEDAD. No me refiero a los que son cortos por naturaleza.
A los que, por falta de talento, no pueden captar ciertas verdades o ciertos
valores. Ni a los tímidos, que ya nacieron así.
Me refiero a los que
simplemente se “quedaron cortos”.
Al que, llamado a ser
General, se queda en Sargento.
A los que, por falta de
ideal, por falta de brújula o de disciplina, son lo que el mundo los va
haciendo ser.
Corto es el hombre sin
convicciones.
El veleta que cambia de dirección,
según de donde sople el viento, o el que anda como cometa sin cola, que hoy
tira para acá y mañana para allá, sin dirección ni sentido ni frutos.
Corto es el que piensa,
habla o hace lo que le dicta la moda.
Corto es Vicente, que va
donde va la gente.
Corto es el que, a los cincuenta,
cuarenta o treinta años, no ha descubierto quien es, ni que quiere, ni para qué
hace lo que hace, ni para qué le sirve lo que tiene.
Corto es el que nunca se
ha planteado la posibilidad de ser algo distinto a lo que es.
Corto es el que no
reconoce su ideal, o no es consecuente con él.
Corto es el que se
conforma con existir o con sobrevivir.
El que trabaja sólo para
poder seguir trabajando.
El que acumula sólo para
tener, o el que estudia sólo para saber.
Corto es, sobre todo, el
inconsciente.
Por inconscientes no captamos
la angustiosa necesidad de amor de todos los que nos rodean.
Por inconsciencia herimos
a los que más queremos.
Por inconscientes
descubrimos muy tarde que nuestros hijos se hicieron drogadictos, o simplemente
inútiles; que nuestra mujer nos odia, y nuestro esposo no nos ama, o que
nuestro matrimonio está en ruinas.
Por inconsciencia no
apreciamos las cosas bellas que nos rodean, ni captamos que cada hombre es una
isla rodeada del amor de Dios por todas partes.
Por inconscientes no
descubrimos la inmensa bondad que hay en el hombre más malvado.
Par inconscientes
despilfarramos el dinero y desbaratamos nuestra salud.
Por inconscientes
permitimos que otros dirijan nuestra vida; que nos digan lo que tenemos que
hacer y lo que debemos pensar.
Por inconsciencia nos
metemos donde no alcanzamos, decimos lo que no creemos, y hacemos lo que no
queremos.
Finalmente, por
inconscientes no somos capaces de ver las necesidades de los hermanos.
Hay hermanos que no comen.
Pero no son los únicos necesitados.
Hoy el mundo ha creado
tres clases sociales:
-la de los pobres que no comen,
-la de los de en medio que no ríen,
-y la de los de arriba que no duermen...
En los días de un C,
podemos ir descubriendo cuanto hay en nosotros de orgullo, de cobardía, de
suciedad, de niñería o cortedad, y en que medida estos obstáculos nos separan
de la felicidad y de la perfección, que Dios quiere en cada uno de nosotros.
¿Remedio?
el estudio
Para esto es, pues, el
estudio: para conocer mejor a Dios, a nosotros mismos y al mundo que nos
rodea. Creo que toaos hemos entendido que el estudio no es para saber más, o
deslumbrar a los demás con nuestra erudición.
El estudio es necesario
para saber dar razón de nuestra fe. Para darle sentido a nuestros actos. El
estudio es la puntería de la acción, para darle forma a nuestra vida, para
conformar nuestro modo de ser con el de Crista, y para transformar lo que nos
rodea, conforme a la ilusión de Dios.
Es necesario para poder ir
resolviendo en cristiano los problemas que nos plantea la vida.
Es necesario para ir
descubriendo como y por qué el cristianismo es la solución a todos los problemas,
que el hombre de hoy tiene plantea dos.
Es necesario para ir
descubriendo, con los ojos de Dios, la razón de ser de todas las cosas: del
dolor, del gozo, de la pobreza, de la enfermedad, del trabajo, de las guerras,
del amor.
Hay mil maneras de
estudiar. José Armando Serrano es un jardinero. No tiene una biblioteca, pero
es de los hombres más sabios que conozco. José Armando estudia mirando los
jardines y los animales del campo. Un día nos decía:
-“¡Que tristeza! Mirad:
los pájaros empiezan a alabar al Creador desde que amanece. Las vacas levantan
la cabeza cuando mugen y saben mirar hacia el cielo, como las gallinas después
de beber agua. Los árboles levantan sus brazos en alabanza al Creador. Y todas
las criaturas siguen al pie de la letra la ley de Dios. Solo el hombre
desobedece. El hombre es el que más favores recibe de Dios, y el único que no
lo alaba.»
Otro día José Armando decía:
“Fijaos en el jardín. Sólo es bonito cuando crecen juntas las plantas verdes y
las amarillas y las rojas y las violetas. El Señor no se repite. Todas las
plantas son, distintas y viven juntas… Sólo el hambre discrimina a los que no
son de su condición, y quiere que todos sean como él es”.
Y es que José Armando
estudia en Gracia, guiado por el Espíritu y ve las cosas como las ve Cristo.
Estudia también el que se
acostumbra a meditar. El que trata de conocerse a sí mismo por la meditación,
el examen de conciencia a la Dirección Espiritual.
Estudia el que lee la
Prensa, y trata de interpretar lo que lee, y de diferenciar entre la verdad y
el engaño.
Estudia el que se reúne
con otros amigos para compartir entre sí lo que cada uno va descubriendo, y así
conocer mejor cada día a Dios, a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.
Y, sobre todas las cosas,
estudia el que escucha la Palabra de Dios. No el que la lee para interpretarla
como exegeta, o para enseñarla como maestro, o para explicarla como teólogo,
sino el que la escucha para aceptarla y ponerla en práctica.
Este si que será sabio,
pues ya hemos dicho que el cristianismo no es sólo una serie de verdades que
hay que creer, sino principalmente una vida que hay que vivir.
El estudio es necesario, para
ser cristiano; pero no consiste el cristianismo en estudiar o saber. También el
médico necesita estudiar para ser médico; pero no le basta con aprender;
necesita poner en práctica lo que aprendió.
“Dichosos los que escuchan
la palabra de Dios y la ponen en practica”.
Ser cristiano es crecer
cada día, en el modo de ser de Cristo y la manera de amar de Dios.
Y el Evangelio es
precisamente el libro donde podemos descubrir ese modo de ser de Cristo y ese modo
de amar de Dios.
Yo he llegado a la conclusión
de que ese modo de ser y ese modo de amar con la misma cosa. ¿Cómo es Cristo?
Cristo es Dios, y Dios es Amor.
San Pablo, cuando quiere
descubrir cómo es el modo de ser de Cristo, nos habla de como es el amor:
“El amor (Cristo) es paciente,
servicial, sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante (por
orgullo).
No actúa con bajeza (por
cobardía).
No busca su propio interés
(por suciedad).
El amor no se deja llevar
por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona (sin niñerías).
Nunca se alegra de lo
injusto y siempre le agrada la verdad (sin cortedad)
El amor disculpa todo,
todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta”.
Porque Cristo nos ama, nos
perdona todo, y soportó la cruz por nosotros.
Porque todo lo cree, tiene
fe en nosotros.
Porque todo lo espeta,
confía en nosotros y tiene la esperanza de que, cuando lo encontremos, todo sea
distinto.
IV.- A LA LUZ DE UNAS VIVENCIAS
Del
arsenal de mis reflexiones.
No
tengo toda la verdad.
No me siento depositario
de ninguna verdad. No vengo a “pontificar”. Si he de ser totalmente sincero
tengo que confesar que cada día son menos las casas que sé con certeza. Sé que
el Señor me ama; sé que el Señor me llama… y muy poco más. No represento a
nadie; lo que pueda compartir hay, serán “cosas que pienso” y que doy, con todo
amor sin pedir a nadie que piense como yo.
Los que me conocen saben
que cuando hablo, me pasan dos cosas: una, que quisiera decirlo todo de una
vez. Agotar, el tema. Cargo el Rollo con tantas cosas que resulta pesado, y no
lo quieren oír o no lo pueden entender, porque quiero decir en media hora lo
que tal vez llevo tres años meditando.
Lo otro es que, cuando
hablo “de algo”, me entusiasmo tanto con el tema, que doy la impresión de que
lo importante es eso y sólo eso. Si hablo de Piedad, parece que descuido la
acción. Si hablo del individuo, que la Comunidad no interesa; si hablo del
compromiso temporal, doy la sensación de que descuido la espiritualidad; si
del Grupo de Cristiandad, que la Reunión no importa.
Digo todo esto porque es
importante que sepamos que ninguno de nosotros tiene la Verdad completa. La
verdad la tenemos todos cuando estamos unidos en el Señor; si nos tomamos la
molestia de dialogar, vamos descubriendo como cada uno tenía guardado un
pedacito de esa verdad, y mutuamente nos enriquecemos.
Tiempos
difíciles
Nos ha tocado vivir en un país
y en una época, muy difíciles. Pero si este país y estos tiempos difíciles son
los que nos cobijan, queramos o no, estamos envueltos en sus dificultades.
Hubo un tiempo en que
necesitábamos de estadísticas para descubrir que hay pobreza y miseria entre
nosotros. Hoy, el amor de Cristo hacen posible que estemos en un mismo sitio
con muchos de los que llamamos hermanos, porque son nuestros hermanos, y viven
en la pobreza. Y ya no necesitamos de estadísticas, porque vienen a compartir
un poco de su pobreza con nosotros.
En Nicaragua hay pobreza.
Si vemos el problema en su totalidad, no le hallamos solución. Países mucho más
ricos -los Estados Unidos, Rusia- no lo han logrado solucionar con todos sus
millones. Nuestro presupuesto nacional completo apenas solucionaría el hambre
no por unos pacos meses, sino unas semanas. Y habría hambre de nuevo porque la
provocaría otro problema: la ignorancia. Si aplicáramos entonces todo el
presupuesto de la Republica a la educación pública, volvería a haber hambre, y
volvería a haber ignorancia, porque la provocaría otro problema: la opresión,
que sigue fabricando nuevos pobres y nuevos ignorantes.
Y a sí podríamos seguir por
horas, enumerando nuestras lacras, de las cuales, Señor, nos sentimos coresponsables
ante Ti. Para este problema global nadie ha dado la solución. Y, sin embargo,
existe.
¡Hay
solución!
Cada día con más temor -si
hay más temor es porque hay menos fe-, en un tono que ya casi ni se oye, los
cristianos decimos que la tenemos. Y la tenemos, porque la solución está en el
Evangelio. La lástima es que el Evangelio sea la vida de un hombre, y no la vida
de todos nosotros.
El Mandamiento Nuevo sigue
siendo nuevo porque sigue sin usarse.
Y la gente sigue creyendo
que el Evangelio es una solución teórica, cuando en realidad es sólo una
solución que no se ha llevado a la práctica.
La curioso es que nos
preocupamos más por buscar nuevas soluciones que por usar la que tenemos, a
pesar de que, en la medida que la hemos usado la hemos encontrado eficaz.
Queremos curar el mal sin
aplicar la medicina. Algunas medicinas traen un rotulito que dice: “Agítese
antes de usarse”. Ojalá que toda esta “agitación” de los cristianos signifique
que, al fin, nos hemos decidido a usarla.
Yo no voy a decir cómo
cambiar al mundo en unas cuantas fáciles lecciones. Pera sí conozco algunas
cosas que podrían mejorarlo un paco.
El
Reino de Dios
Entiendo que trabajamos
por el advenimiento del Reino de Dios.
A mi me gusta mucho la
idea del Reino de Dios. Y una de las cosas que más me gusta del Reino de Dios
es que con el Reino vienen todas las añadiduras.
A mí me encantan las añadiduras
que vienen con el Reino, y que son precisamente todas estas que andamos
buscando: no habría entonces hambre, ni
miseria, ni ignorancia, ni opresión.
Porque yo entiendo que
Dios reina donde se cumple su voluntad, y la voluntad de quien nos ama -y
porque nos ama nos pensó felices-, no ha de ser que sigamos como estamos.
Entiendo que, entre otras cosas, su voluntad es que el hambriento coma, el
sediento beba y el desnudo vista.
Y entonces deberíamos
hacer dos cosas: pedir que venga el Reino y hacer que venga el Reino.
Lo primero supone orar. Y
lo curioso es que ya no rezamos. Y si somos incapaces de pedir, ¡Cuánto más lo
seremos de hacer, lo que es más difícil!
“El Reino de Dios está dentro
de vosotros”, dice el Señor. 0 debiera estarlo. Si no está en nosotros, es
decir, si el hacer y cumplir la voluntad de Cristo no es todavía tu propia
voluntad, si Cristo no vive en ti por la gracia, si sus mandamientos, si el amor
no rige todavía tus actos, ¿qué Reino piensas llevar a los demás si no puedes
dar lo que no tienes?
Pero si lo tienes, tú eres
parte de la solución. La solución que ofreció Dios al mundo, fue su Hijo. Y la
solución que Cristo ofrece al mundo, es su Iglesia. Tú eres parte de esa Iglesia
que es precisamente el inicio del Reino de Dios en la tierra. Por eso tú eres
parte de esa solución. En C decimos que el mundo no anda mal porque existan
muchos paganos, sino porque existen muchos cristianos que lo son, pero “no
ejercen”.
Yo creo que ahora vamos a
entender mejor la solución:
1º.-
rezar para que venga a nosotros su Reino;
2º.-
que cada uno de nosotros ocupe con responsabilidad su lugar en el mundo, para
lograr que a todas partes llegue un poco de ase Reino;
3°-
procurar que cada día haya más personas que, teniendo la solución en el corazón,
la vayan poniendo en el mundo.
Y aquí podría detenerme sobre
la importancia vital que tiene hoy, más que nunca, la oración. 0 podría
repetir, como en el Rollo de Estudio del Ambiente, la necesidad de
conquistarnos a nosotros, y de conquistar a otros -los otros-, si es que hemos
de conquistar los ambientes. Y podría expresar mi tristeza de ver como hemos
perdido la fe en la eficacia de los C cuando es obvio -parque cada uno de
nosotros es testimonio vivo de ello- que la tienen para conseguir precisamente
las tres cosas mencionadas.
Hacer
que vega el Reino.
Yo querría centrar este
capítulo en el segundo punto: en que, si cada uno de nosotros ocupara, con
responsabilidad, con madurez, su lugar en el mundo, el mundo podría ser muy
distinto. Se trata, como decimos en el C, de que cada palo aguante su vela. Y
si tu palo aguanta varias velas porque eres un “palo de hombre”, puede que
aguantes con responsabilidad todas las velas que Dios te ha dado.
Que las velas grandes y
las chiquitas “jalen parejo”, y que todos sepamos a dónde va el barco. Y que el
timonel, que es en la Iglesia, la Jerarquía, ocupe también su lugar. Y que
nosotros le demos su lugar. Y que cuando arrecie la tempestad, nos acordemos de
rezar, gritando otra vez: “Señor, despierta, que nos vamos a pique”. Aunque de
nuevo nos reprenda y diga: “¿por qué teméis? ¿Acaso no estoy Yo con vosotros?
Quisiera dejar muy claro
que ocupar nuestro lugar no significa apoltronamos. Ocupar nuestro lugar es
florecer donde Dios nos plante, y acudir donde Dios nos llame. El Cristianismo
es Vida, y la vida nos lleva a muchas partes; pero, en cada una de estas partes,
tenemos un lugar que es nuestro, porque nadie lo puede ocupar por nosotros.
Creo que una de las Parábolas
más claras del Evangelio es la del buen Samaritano. El Samaritano no era
inspector de caminos, ni Radio-patrulla, ni trabajaba, en el camino.
Simplemente bajaba también de Jerusalén a Jericó. En cuanto se aproximó al
moribundo, el moribundo se le hizo prójimo, y él sintió la obligación de amarlo
como a si mismo. Y le amó sirviéndole.
El Sacerdote y el Levita
eran muy “buena gente”; no nos equivoquemos. Ocupaban un lugar muy importante
y lo que hacían en ese lugar, era muy bueno, y hasta muy santo. Se equivocaron
creyendo que eso era suficiente. Y no lo era. Porque Cristo los llamó, y no acudieron.
Por otra parte, no dice el
Evangelio que en adelante, el samaritano abriera un hospital, y que de siete a
nueve recorriera los caminos buscando “apaleados”. Ni que el Sacerdote y el
Levita arrepentidos, colgaran los hábitos, y se hicieran enfermeros. El
Mandamiento es amar al prójimo como a ti mismo; y a nosotros nos amamos
siempre y en todas partes.
Si actualizamos un poco el
Evangelio, es muy posible que, en esta o aquella manifestación política, tú
hayas tenido un lugar que ocupar aunque tu puesto no era en la política. Pero
si asistieses a esta a aquella manifestación en defensa de los “derechos
humanos” y de la libertad, y al regreso tu mismo te encargaste de violarlas en
tus empleados, en tu servicio, en tú mujer y hasta en tus hijos eres un hipócrita.
Si antes el asistir a una procesión no te hacia cristiano ni llenaba tu dosis
de cristianismo, el asistir a una manifestación tampoco la llena hoy.
Hay, pues, que acudir
donde Dios nos llama, paro hay que florecer también donde Él nos plantó.
El Señor nos llamará pocas
veces a que hagamos actos extraordinarios, para probar nuestra fidelidad; nos
llama todos los días a hacer lo ordinario para probar nuestra constancia. No
dice el Señor: “Toma tu cruz y aplástate”. Ni “Sígueme sin tu cruz”. Sino:
“Toma tu cruz y con ella a cuestas, sígueme”.
Alguien debe sembrar hoy y
curar hoy y cosechar mañana. Alguien debe construir hay y hacer poesía hoy, y
pintar hay, y pensar hoy, Y escribir hoy, y protestar hoy, y rezar hoy. Y la
Iglesia debe tener profetas y pastores y apóstoles y doctores y rebaño, y cada
uno ocupar su lugar y acudir a sus llamadas. Es muy importante que Cristo a
Mateo le diga: “Sígueme…” Y que Mateo deje sus bártulos. Y al de Gerasa: “Vuelve
a tu casa y a los tuyos”. Y que éste vuelva. A Lázaro: “Levántate”. Ya los
demás: “Soltadlo y dejadlo ir”. Y es importante que José de Arimatea esté en el
Sanedrín, al pie de la Cruz y en el sepulcro.
Y que María en su cesa
haga lo posible para que Cristo salga fuera y cada uno haga 10 suyo para que
Cristo pueda hacer de !as suyas, y salirse con la suya que es redimir este
mundo.
Sentido
de responsabilidad
Antes dije que debíamos
ocupar nuestro lugar, y ocuparlo con responsabilidad.
Más que hablar de responsabilidades,
yo quisiera hablar de posibilidades. Cuando de veras se ama a Cristo, la vida
entera debiera ser un panorama de posibilidades de todo lo que podemos hacer
por ÉL. Pero creo también que, en cristiano, donde hay una posibilidad, siempre
surge una responsabilidad.
En el C de Cristiandad que
responsabilidad significa habilidad para responder algo. Responsabilidad
cristiana es por tanto la habilidad o capacidad de responder a la llamada de
Cristo. Si hay llamada y hay posibilidad, hay responsabilidad.
A
esta llamada yo la llamaría vocación.
La posibilidad de
responder quisiera dividirla en tres partes:
-carisma.
-posición y
-madurez.
A veces, cuando he hablado
de vocación, han entendido que hablaba de la profesión. Por eso repito que toda
llamada de Cristo es vocación. Como todos hemos sido llamados por Cristo a la
justicia y al amor, todos estamos obligados a amar y a hacer justicia. Nada que
vaya contra la justicia o el amor, puede llamarse vocación cristiana.
Pero Cristo nos llama
también a ejercitar ese amor y esa justicia en forma distinta en cada uno. A
ti, dentista, te llama a sacar dientes con amor, y a cobrar la extracción con
justicia. Y a ti, juez, a hacer justicia por amor y con amor. Cada profesión,
cuando se cumple bien, es un acto de amor y de justicia, porque es un acto de
servicio. Amar es servir; es un servicio a la comunidad, no sólo un beneficio
para ti. Si el servicio es justo, tu remuneración es justa.
Carismas,
posición, madurez
Tú responsabilidad
dependerá, en gran parte, de tus carismas. Si no sabes leer y escribir, no te
sientas obligado a escribir, pero siéntete obligado a reclamar justicia. Y el
que no escriba, que hable, y el mudo que gesticule; pero todos con caridad. Que
nuestro mejor editorialista no deje la pluma para agarrar una metralleta, porque
a lo que más puede aspirar es a pegarse un balazo en el dedo del pie. Que el
poeta haga buena poesía, el pintor buenos cuadros.
Tu responsabilidad
dependerá también de tu posición.
Si eres abogado o juez,
estarás más comprometido con la justicia. Si eres medico o sacerdote más
comprometido con el amor.
Si eres gerente de una
empresa, tu responsabilidad es mayor que la del portero, en lo concerniente a
la estructura de sueldas, y la del portero, mayor en el trato cortes de los que
entran y salen.
Si tu posición te da autoridad,
tiembla, porque eres responsable de cuantos están bajo tu autoridad.
Cuando Dios nos creó, nos
hizo imperfectos. Pudo hacernos hombres hechos y derechos, y nos hizo apenas
semilla en el vientre de nuestras madres. Pudo hacer que, en vez de
bautizarnos, aquel día nos dieran el Premio Nobel. Lo cual hubiera sido aburridísimo.
Pero tuvo una gentileza extraordinaria. Nos hizo imperfectos para que
pudiésemos tener un futuro como personas y una historia como comunidad. Nos
hizo imperfectos para que tuviésemos capacidad de perfectibilidad. Y luego nos
mandó: sed perfectos. Es una llamada a la madurez.
Nosotros, que en ocasiones
nos creemos más que Dios, reclamamos a veces lo que Dios nos manda: ser
perfectos hoy. Él pide que lleguemos a ser perfectos. Ser hoy mejores que ayer,
y mañana mejores que hay.
Si al Cristo Adulto le
pidió su Padre morir en una cruz, al Cristo niño sólo le pidió dormir en un pesebre.
Con nuestras exigencias, a veces crucificamos la fe de quienes, como cristianos,
apenas están en pañales o empiezan a dar sus primeros pasos.
Cada vez que juzguemos, o
esperemos, o pidamos algo a alguien, pensemos siempre qué hacia yo a su edad.
Pero no le pidas hoy que haga lo que a ti te ha tomado cinco o más años
decidirte a hacer, o empezar a hacer.
Dice San Pablo: “Cuando yo
era niño... actuaba como niño”. Si has tenido tiempo de convertirte en cristiano
adulto, no andes haciendo niñerías; Si crees que seis meses o tres años después
de haber salido de tu C, Cristo te pide lo mismo que entonces, te equivocas. Al
que nació para General, no se le permitirá quedarse en Sargento.
En el Rollo de Ideal nos
decían que el hombre esta hecho de inteligencia, de voluntad y de libertad. Yo
creo que la madurez de la inteligencia es la formación; la madurez de la voluntad,
la acción, y la madurez de la libertad, la liberación de los demás.
La
madurez de la inteligencia
La madurez de la
inteligencia es la formación.
Hay una cosa en la que creo
que nos hemos equivocado, y por eso debo decirla. Siempre hemos creído que la
“Hoja de Compromiso” era un instrumento de perseverancia; en realidad es un
instrumento de madurez. Dios no nos pide sólo que perseveremos -es lo menos que
se puede esperar de nosotros- sino que
crezcamos, y nos perfeccionemos.
Creo que, si muchos de
nosotros no hemos crecido en Cristo, es porque descuidamos esa “Hoja” de la que
muchos se ríen. Incluso más de algún sacerdote.
Y se ríen porque más fácil
que enseñar es reclamar. Porque más fácil que dar Dirección Espiritual es
regañar. Porque más fácil que ir dando madurez, es esperar que la tengamos, por
el solo hecho de habernos encerrado tres días.
Luego dicen que no creen
en milagros, pero los piden.
No veo como puede madurar
una persona que ha hecho el C sino mediante el estudio, la meditación, la
oración, la Dirección Espiritual, la Reunión de Grupo. Los Cursillistas muy
maduros de hoy, pasaron todos por ahí. Lo importante de la “Hoja”, claro está,
no es que lo contemos. Lo importante es que la hagamos.
Si faltan los seglares
maduros, que reclama el Concilio, no nos quejemos: pensemos si les estamos dando
los medios para madurar.
Madurez
de la voluntad
La madurez de la voluntad
es la acción.
Esto significa que la
madurez de tu acción será proporcional a la madurez de tu voluntad. No voy a
criticar a quienes por ser ya maduros, piden acciones maduras a quienes ellos
mismos juzgan inmaduros. Voy más bien a criticar a quienes, no siendo maduros,
quieren lograr cosas que exigen madurez... sin lograr primero lo pequeño.
Son los que quieren subir
a la torre, pero no ponen una escalera, Y no suben un peldaño porque un peldaño
es muy poca cosa; con esa excusa no suben a la torre ni al peldaño.
El buscar lo grande no nos
excusa de ir logrando lo pequeño. Lo pequeño es lo que hace posible lo grande.
¡Si crees de veras que mañana vas a pagar lo justo a los empleados de tu
hacienda, pero hoy todavía te duele en el alma la limosna que diste al
cieguecito de la esquina...! ¡Hermano, primero vas a ver muchos cieguecitos antes
que tus empleados reciban lo que es de ellos!
Si te crees capaz de morir
por alguien “en cuanto se te presente la ocasión”, pero ahora no vives para
nadie, sino para ti..., ¡no te preocupes, que vas a morir de viejo!
Si buscas el amor, pero no
buscas al amado... ¡a otro con ese
cuento!
No se puede amar a todo el
mundo, sin antes amar a alguien. A propósito, ¿a cuantos amas boy? Pongámoslo
de otra manera; ¿A cuántos les consta que los amas? Para ver a Cristo en todos
los hombres, primero hay que verlo en alguno,
Una de las cosas que me encantan
de las Ultreyas, es que nos contamos lo que ya hemos hecho, lo que ya somos. Y
esto debiera maravillarnos tanto como lo que “debiéramos” hacer. Porque es señal
de que vamos en camino de ser mucho más: es ir dando a Dios todo lo que se
tiene, a medida que lo vamos adquiriendo.
Madurez
de la libertad
La madurez de la libertad
es la liberación de los demás.
Eso debiera indicar que estamos
igualmente obligados a liberamos a nosotros mismos, si hemos de liberar a los demás.
Si no somos dueños de nosotros mismos porque todavía somos esclavos de nuestro
orgullo o de nuestro enojo o de nuestra lascivia.... ¡es imposible que liberes
a otros! ¡Es totalmente imposible!
Es posible que vayas
fabricando nuevos esclavos. Esclava de tu lascivia, la prostituta. Esclava de
tu orgullo, tu esposa. Esclava de tu enojo, tu servicio. Esclavos de tu ambición,
tus empleados.
Si además de no ser dueño
de ti mismo, tampoco lo eres de tus cosas porque eres esclavo de la ambición, y
porque, en vez de tener las cosas a tu servicio, resulta que estas al servicio
de tus cosas..., no serias capaz de darlas. Si no eres pobre en el auténtico
sentido de la palabra, no sacarás de la pobreza a los demás.
Si no somos dueños del
mundo, porque ya ni somos lo que Dios nos hizo, sino lo que el mundo ha hecho
de nosotros, no digamos que vamos a cambiar al mundo. Porque se van a reír de
nosotros. Si no comprendes al que es menos libre que tú, ¿cómo vas a liberar lo
que ni siquiera comprendes?
Finalmente, si no
respetamos la santa libertad de nuestros hermanos, a quienes vemos y amamos,
¿cómo vamos a respetar o a liberar a aquellos otros hermanos a quienes no
vemos?
Todo lo que llevo dicho es
bien paco. En algunas cosas debí insistir más. Clarificar. Dar más énfasis a
otras. Señalar aquel otro ángulo del asunto, porque lo tiene. Mi intención
hubiera sido dar algo lo más parecido a la verdad. Pero, como decía al
principio, la verdad completa la tenemos sólo cuando estamos unidos todos en el
Señor, y unidos por el amor dialogamos.
No digamos hoy en la Misa: “El Señor esta con vosotros”. Digamos con todo el
corazón: “El Señor está con nosotros”. Lo importante es que ahora, de ahora en
adelante, todos estemos con El. Todos iguales: el griego que el romano, el
Señor que el esclavo. Unidos todos a El y a los demás por el amor.
Que cada día sirva para ir
poniendo de moda el amor. Que amándonos
coma El nos amó, es decir, con nuestros fallos, con nuestras
diferencias, no por lo que somos, sino a pesar de lo que somos, logremos que
ese Mandamiento Nuevo sea menos nuevo cada vez, si queremos tener un mundo
nuevo.
Sigamos reflexionando
Algo
que vale la pena: el grupo
Es una lástima que muchos
no hayan captado todavía la maravilla de estar integrados en un Grupo de Cristiandad.
Es una lástima que muchos
no hayan hecho nunca Reunión de Grupo o que la hayan abandonado: la Reunión de
Grupo es algo así como el billete de lobería que se compra para, algún día,
tener la dicha de sacarse el “gordo”, que es un Grupo de Cristiandad.
Es una lástima que las
Reuniones cansen -y con razón a no pocos-, porque se reúnen, pero no se unen.
Tal vez siguen creyendo que “compartir” significa simplemente “contarse las
cosas”, cuando “compartir” es “participar”, “tomar parte con”, “hacer partícipe
de”, “departir” y hasta “repartir”. Compartir lo que se es, lo que se hace, lo
que se cuenta hacer y hasta lo que se tiene, porque, donde se da una auténtica
comunidad humana. y cristiana, suele darse también una progresiva comunidad de
bienes.
Es una lástima que los
Grupos no sean siempre una auténtica comunidad cristiana, animada por un auténtico
amor, que desemboque en servicio, en ayuda mutua, en comunicación de toda clase
de bienes, materiales y sobrenaturales.
Es una lástima que las
Reuniones no sólo no se lleven al terreno de lo trascendente, sino que aburran
por intrascendentes.
Y sobretodo, es una lástima
que algunos tachen de ineficaz –y rechacen y menosprecien- algo que nunca han
conocido. Porque invariablemente quienes “abandonan” -creen ellos- su Grupo,
son los que nunca lo han tenido de veras. Quienes lo han tenido, no pueden
vivir sin él. Aquellos confundieron la “Reunión de Grupo” -en la Ultreya o en
el atrio de una iglesia- con la verdadera Reunión de Grupo, que sólo es posible
en el seno de un auténtico Grupo de Cristiandad, la cual no puede conseguirse
en la primera Ultreya ni quizá en la décima m en la centésima, sino que es
fruto de largos esfuerzos, búsquedas y plegarias. Para muchos la Reunión de
Grupo -la de veras- es todavía ALGO A CONSEGUIR... Pero vale la pena.
Quisiera en estos
momentos, ser verdaderamente santo para poder hablar “con autoridad”. Puesto
que no lo soy, ruego que mis palabras se tomen como una simple muestra de
cariño, sin afán de reprender ni de dogmatizar.
Es una lastima que haya
divisiones entre nosotros. Y es una lástima porque, según nos dijo el Señor,
por la unión de los cristianos creará el mundo que Cristo es el enviado.
Unirnos es hacemos uno, y dividirnos es hacemos dos; pero Dios es uno solo.
Quiero decir que Cristo
nos enseña que su unión con el Padre y con el Espíritu Santo los hace uno, aunque
dentro de la unidad de naturaleza, siguen siendo tres personas distintas. Quiero
decir que unir no es uniformar, sino
unificar lo distinto: unidad en la diversidad no sin la uniformidad.
El que nos pide permanecer
unidos, es el mismo que nos creó distintos, y que nos necesita distintos.
Nuestro afán de uniformar a las personas es consecuencia de nuestra propia
pequeñez. El infinitamente grande y poderoso, hizo las cosas distintas, sin
repetirse nunca; si nuestras huellas digitales son distintas en cada persona,
cuanto más importante es que también sean distintas las huellas que, a su paso
por la vida, vaya dejando cada uno.
Se trata de una tentación
que es vieja. A la Comunidad de Corinto le dice San Pablo: “Os ruego que digáis
todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros escisiones, sino que seáis
consumados en un mismo pensamiento y un mismo sentir” (1Co 1,10).
Y el problema también es
viejo. ¿Recordáis? “Cada cual de nosotros dice: Yo soy de Pablo; yo soy de
Apolo; yo de Cefas; yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Por ventura fue Pablo
crucificado par vosotros?” (1Co 12,12). “¿Qué es, pues, Apolo? ¿Y qué, Pablo?
Ministros, por cuyo medio creísteis. Yo planté; Apolo regó; pero quien dio el crecimiento
fue Dios. Ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el
crecimiento: El que, planta, y el que riega son iguales cada uno recibirá su
recompensa conforme a su trabajo. Porque nosotros sólo somos cooperadores de
Dios, y vosotros de Dios sois labranza; de Dios edificación” (1Co 3, 5-9).
El
porqué de las divisiones.
Más tristes todavía son
las causas de estas divisiones. En algunos casos son simples niñerías. Resentimientos
por discrepancias sin importancia. Por diversidad de opiniones.
Recuerdo que, en el III
Encuentro Mundial de Dirigentes de C había un traductor que se había alejado,
por muchos años, de Dios y de la Iglesia, quien sabe si también por tonterías.
Nuestro Encuentro lo ha hecho regresar. Decía el: “Yo he servido de traductor
en centenares de convenciones y conferencias; pera sólo aquí he visto que
personas con opiniones tan diversas se digan claramente las cosas, y aun lleguen
a ofuscarse y, sin embargo, al salir del salón, se abracen y sonrían. Se
adivinaba en ellos que se amaban, y estaban unidos por algo -por Alguien- mucho
más importante que cualquier diferencia.” Me pregunto si este traductor hubiera
encontrado al Señor, de no haber visto el testimonio de nuestra unidad en la
diversidad.
Otras causas hay mucho más
serias. Si no dieran tristeza..., tendrían que darnos risa. Porque es a la vez
cómico y triste que, en nombre de la justicia, se falte a la caridad. Porque es
cómico y triste que quienes vociferan en favor de la libertad, condenen a su
hermano, porque no piensa como ellos o porque milita en un bando político
contrario. Es cómico y triste que quienes buscan la liberación, no puedan
liberarse a sí mismos de sus propios prejuicios y rencores. Yo creo que la
justicia se busca practicándola.
Y a los justos les diría todavía
alga más: que la justicia es esencial al cristianismo, porque es el mínimum de
caridad a que está obligado el hambre. Pero la justicia no es todo el cristianismo La cristiano es el amor que
trasciende de la justicia. Como le decía una vez a un amigo a quien quiero
mucho: ¿Tú exiges justicia? Haces bien. ¿Quieres regir tu vida por la justicia?
¡Estupendo! Porque se te hará justicia. Sólo que el último día, cuando se te
haga justicia..., ni pidas misericordia. Quien se rige Por la justicia sola,
tendrá un juez Justo..., y se le hará justicia. Quien busca en la misericordia
la perfección de la justicia, tendrá un juez misericordioso. No hemos aprendido
todavía a perdonar, aunque recemos diariamente el Padrenuestro.
Nos sentimos superiores a los demás. Después de todo, sólo los
superiores y poderosos tienen poder de perdonar. Pero el más poderoso de todos
no condena, sino que perdona. Los que acusan están de pie arrogantes, las frentes
en alto, vociferando. Cristo está agachado, mirando al suelo. Ha tomado la
misma postura que la adúltera, porque ha tomado su lugar. Sólo escribe algo en el suelo, como quien toma
nota, y luego advierte: “El que esté sin pecado, que lance la primera piedra”
“¿Por qué ves la brizna, en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga en el
tuyo?
Digo esto porque se ha
generalizado un espíritu crítico. Parece como si quisiéramos estar alertados
ante los fallos y culpas posibles de nuestros hermanos. Todo el mundo pasa ante
nuestro particular tribunal de justicia y, como las mujeres del vía Crucis, nos
lamentamos de los pecados ajenos, sin parar mientes en los nuestros. Y esto también
es historia vieja: “Dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban mucho en
sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. Dos hombres
subieron al templo a orar: el uno fariseo, y otro publicano: El fariseo, en
pie; oraba para sí de esta manera: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como
los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Y el
publicano se quedó allá lejos, y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al
cielo, y hería su pecho diciendo: ¡Oh Dios, compadécete de mí que soy un pobre
pecador! Os digo que este bajó justificado a su casa, y no aquel” (Lc 18,
9-14).
No hemos aprendido todavía a pensar y a sentir como Jesús. Creo que, a veces, nos
sucede que nos ha deslumbrado tanto su persona, que se nos olvida que esta
persona tiene también una doctrina y una escala de valores y un modo de ser y de
actuar. Hemos aceptado a Cristo, pero no todo lo que viene de Él. Le llamamos
camino pero no le seguimos. Le llamamos verdad pero no le creemos. Le llamamos
vida, pero no le imitamos. “Si algún día os desconozco no os extrañéis».
En la “Hoja de Compromiso”
copiamos: a veces aquel parrafito del Eclesiastés: “¡Ay de aquel que cae y no
tiene quien le levante!” Nos quedamos cortos: “¡Ay de aquel que cae, porque
habrá muchos que le acabarán de hundir!”. Hacemos leña del árbol caído;
enterramos, pisoteamos y condenamos a quien Cristo resucitó. No me extraña que
Cristo se ausente a veces de nuestras reuniones. Seguramente andará buscando
la oveja perdida, dejando solas a las otras noventa y nueve que están muy
satisfechas de sentirse en su redil. Porque ellas son las que se portan bien,
las dóciles, las blancas, las sanas. ¡Sólo que Cristo vino a salvar lo que había
perecido!
“Nos
preocupa” el Movimiento
Lo triste es que, en el
fondo, lo que más nos preocupa es el prestigio del Movimiento de C. Nos
preocupa más el Movimiento, que las personas que lo forman. “Hay que salvar al
Movimiento aunque, para lograrlo, tengamos que condenar o excomulgar a las
personas”. Si alguien falla, si alguien cae, si alguien escandaliza, quisiéramos
verle alejado del Movimiento, de las Ultreyas, de nuestras Reuniones, sin
tener en cuenta que nuestras reuniones no son para los santos; son para los que
quieren serlo, aunque no siempre quieran. En las Ultreyas faltan muchas personas
que debieran estar, si los que estamos, fuésemos más santos.
A Cristo no le interesa particularmente el Movimiento de C.
Le interesan las personas, los hombres. Cada persona en concreto.
Por ellos murió, no por los C. No “nos preocupemos” por el Movimiento. A los C
los prestigia Cristo.
Y digo que nos preocupa más
el Movimiento que las personas, porque los pecados del mundo no nos
escandalizan, ni nos preocupan. Los pecados de las personas del servicio, de
los compañeros de trabajo, de los amigos, pasan desapercibidos. Sólo el pecado
de los Cursillistas nos aterroriza y escandaliza. Eso, francamente, no lo
perdonamos. Muy poco importa si Cristo ya lo perdonó. Preguntémosle otra vez: -Señor,
¿cuantas veces debo perdonar? ¿Una, dos, tres, siete veces? Creo que la respuesta
sigue siendo: “setenta veces siete”.
Yo quisiera ver nuestras
Ultreyas llenas de todos esos que llamamos “pecadores”. Porque somos pecadores,
vivimos en un mundo que se halla en situación de pecado, rodeados por todas
partes de pecado. ¿Cómo pensamos transformar en cristiano una sociedad si nos
atemoriza un pecador?
Esta tentación de querer hacer de lo nuestro un Club exclusivo
para santos, es muy vieja. Por eso propuso el Señor esta otra parábola: “Es semejante el
Reino de Dios a uno que sembró en un campo semilla buena. Pero mientras su
gente dormía (y debemos reconocer que somos muchos los que nos dormimos), vino
el enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando creció la hierba y
produjo froto entonces apareció también la cizaña. Acercándose los criados al
patrón le dijeron: -Señor, ¿no has sembrado semilla buena en tu campo? ¿De dónde
viene, pues, que haya cizaña...? ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Y les
dijo:
-No, no sea que, al querer
arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejadlo crecer conjuntamente
hasta la siega”. (Mt 13, 24-30). Me temo que no hayamos seguido el consejo.
Mucho trigo se ha perdido por andar arrancando cizaña, por meternos a
segadores, siendo así que Él… sólo nos mandó sembrar. Y lo que es más grave: es
un trigo que ya nadie podrá resembrar. ¡Y es trigo de Dios!
Pienso que el pecado de Adán
fue un pecado de desobediencia. No aguantó la ley de Dios. También hoy nos
resulta muy, difícil soportarla. Pero no fue este el primer pecado ni el más
grave. Porque hubo antes uno mucho mayor -el de los ángeles- que fue pecado de
orgullo, y que debe haber sido mayor, puesto que a Adán Dios sólo le sacó del Paraíso,
y a los ángeles les precipitó en el infierno.
Cuidémonos del orgullo.
Del orgullo de creemos mejores que los demás. Del orgullo de pensar que lo que
yo pienso, es la única verdad; lo que yo hago, es lo mejor, que todos deben
pensar como yo pienso, y hacer lo que yo hago. A cada uno pide el Señor algo
distinto, y aquel poquito que para sus pequeños será suficiente en orden a
ganar la vida eterna, puede que para ti sea pecado de omisión, ya que estabas
llamado a mucho más. ¡Tú que te sientes a nivel de los ángeles..., tiembla! ¡Tú
que te crees santo, tiembla porque es señal inequívoca de que no lo eres!
¡Cuidado
a los cambios únicos!
Hay dos cositas más, que
quiera sólo esbozar, porque creo que pueden hacer mucho daño entre nosotros. Hoy se habla mucho de socialismo como una
opción socio-política para los cristianos. Y, evidentemente también para
los no cristianos. Y creo que plantear eso esta bien. No debe escandalizarnos.
El cristianismo es luz y puede iluminarlo todo. El cristianismo es sal y esta
llamado a dar sabor a toda actividad humana.
Debemos recordar, sin
embargo, que está es una OPCIÓN y sólo eso. Que no podríamos señalarlo como
camino único, sin afirmar también que todos los santos y cristianos auténticos
que han pasado por la historia, resulta ahora que no fueron tales santos ni
cristianos porque no fueron socialistas. Toda actitud que intente identificar
el cristianismo con el socialismo o con el capitalismo o con cualquier otro
sistema socio-político, es una actitud retrógrada y contraria a los criterios
de la Iglesia de hoy. Es retrógrada toda actitud que lleve a identificar la
Iglesia con cualquier sistema u orden concreto establecido, en un momento en
que la Iglesia trata precisamente de romper las ataduras que más o menos le
ligaban estos sistemas y poderes.
Hoy se espera de la Iglesia
que opine, que apruebe, que rechace, que emita un juicio de valor que venga a
iluminar, desde el ángulo del Evangelio, la problemática de hoy, del hombre
integral, con todo lo que es, con todo lo que maneja, con todo lo que lo
manipula. El papel de la Iglesia se ve claro en este pasaje del Evangelio: “Le
dijo uno de la muchedumbre: -Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la
herencia. Él les respondió: -¿Pero, quién me ha constituido juez o partidor
entre vosotros?”.
No es una actitud evasiva
la de Cristo. Afirma que no le compete descender a la aplicación práctica de un
principio, sino solamente exponer los postulados desde los cuales el hombre,
en uso legitimo de su libertad, resuelva su problema.
Y así lo hace: «Mirad de guardaros
de toda avaricia, porque, aunque se tenga mucho, no está la Vida en la
hacienda”.
Que el Magisterio, pues,
nos de las pistas generales de orientación, y que cada uno siga los dictados de
su conciencia, sin canonizar su posición, sin anatematizar otras opciones.
Creemos que hoy, igual que hace dos mil años, pueden seguir a Cristo el
Zelotas, guerrillero, y Mateo romanófilo, Tomás el intelectual y Pedro el
arrebatado, Santiago el agresivo, y Juan hecho de delicadeza y sentimiento.
A nuestros sacerdotes quisiéramos
pedirles un favor: son los depositarios de un tesoro de doctrina. Estudiaron años
enteros y tienen mucho que comunicar. ¿Por
qué en lugar de comunicar la Verdad y la Esperanza, se entretienen en comunicar
sus dudas e incertidumbres sus frustraciones y temores? ¿Por qué dar más
importancia a la opinión que a la doctrina? ¿Por qué presentar lo debatible en
circunstancias donde no es permitido el debate? No nos cerramos a lo nuevo. No
queremos instalarnos en la seguridad. Nos gusta la búsqueda. Queremos estar al
día con la Iglesia de hoy y de aquí. No queremos la de ayer, que ya no es, ni
podemos vivir hoy la de mañana. Sólo pedimos a nuestros sacerdotes que nos
presenten sus creencias, no sus dudas. Lo que saben o lo que creen, no sus interrogantes.
Razones, no opiniones; hechos, no teorías. Y quisiéramos también pedirles que
se pusieran de acuerdo. Aceptamos lo distinto, pera no podemos aceptar lo
contradictorio.
Juzgue cada uno cual ha
sido su trayectoria en el proceso de su conversión:
si ha querida encontrar en Cristo a un padre bueno, o a un cómplice ingenuo. Si
ha buscado en Cristo sólo la paz y no el compromiso; si quiere un Cristo sin
cruz que es... querer imposibles; si ha hecho de Cristo un justificante de sus
caprichos; si ha reducido el Evangelio a la medida de su propia pequeñez; si ha
buscado en la Iglesia o en C una manera de ser servido y no una oportunidad para
servir; si busca en las Ultreyas algo que le entretenga o emocione... Piensa
que si, como dice Rahner, todo cristiano es apóstol en la medida en que es
cristiano, si no has sabido ser apóstol, será porque no has sabido ser
cristiano. Pregúntate que piensa Cristo de ti, que piensas tanto en los demás.
A
los treinta años de Cursillos
A través de los años y las
singladuras por donde el Señor ha querido llevarnos, hemos podido apreciar las
maravillas que esta realizando en el mundo, a través de este instrumento
providencial de los C. Nos entusiasma ver cómo el Movimiento se renueva y se va
poniendo a la vanguardia de la Iglesia, en su teología, en su metodología, en
sus realizaciones. Es un Movimiento joven y vigoroso, con sólo treinta años de
vida. Se nos llena la boca hablando del Movimiento de C. De sus santos de sus
realizaciones, de sus luchas.
Yo soy un enamorado de C.
No sólo par lo que el Señor, por este medio ha hecho en mi, sino también por lo
que ha hecho y signe hacienda en su Iglesia, en cada uno de nosotros. Yo he
dicho muchas veces que, si hubiese sido necesario dar treinta C para que uno sólo
de nosotros se convirtiera, valía la
pena darlos. Para que un sólo matrimonio se reconstruyera, para que un sólo
alcohólico o drogadicto se reformara, para que una sola empresa fuese más
justa, para que una sola voz se alzara reclamando justicia, para que un solo
oprimido se liberase, valía la pena dar un C.
Pero el Señor que paga el
ciento por uno, nos colma de bienes. ¿Cómo medir el mal que pudo hacerse, y no
se hace? ¿Cómo medir la alegría de un hijo, que ha vuelto a tener padre? ¿Cómo
medir la alegría en el cielo por nuestros santos que ya están en el cielo? ¿Cómo
se mide la vida cristiana de cada uno?
Yo creo que Cristo y la
Virgen estad, hoy también de fiesta. Porque cada uno de nosotros costó toda la
sangre del Señor nuestra sed de ser santos es una transfusión de sangre y de alegría
para Cristo. Pero creo, sobre todo, que lo que le llena de alegría es saber que
nos brota del fondo del corazón la frase tantas veces repetida: “Cristo cuenta
con nosotros” Yo le pondría a la frase una coma, para decirle al Señor:
“¡Cristo, cuenta con nosotros! “
De cómo lo mejor es enemigo de lo bueno
-Y mientras no hagamos
esto, no estamos haciendo nada, dijo el Padre. Con esto terminó su intervención
en una Ultreya, que nunca olvidaremos.
Aquella noche Enrique no
pudo dormir. -Realmente soy un egoísta-, se decía. ¡Te debo tanto, Señor! Mi
hogar... ¡Que diferencia! se respira tu presencia y tu paz. Mis amigos no
hablan sino de Ti. El taller mismo es otra cosa. Y todo esto en tan poco
tiempo; que a mí mismo me parece mentira. Gracias, Señor, perdona mi
aburguesamiento. Te prometo que, a partir de mañana, todo será distinto. Aunque
no soy sino un pobre mecánico, tiene que haber alguna manera de servirte en mi
prójimo.
Y, efectivamente a la
mañana siguiente, muy temprano Enrique fue donde su párroco: -Padre, le dijo,
yo no soy instruido; pero quisiera poder servirle a mi Señor. Y he pensado que
quizá podría ayudar en el Catecismo con los niños.
Aquello fue como pegarle
un sombrerazo a un loro. El Padre se puso lívido de cólera: -¡Niños... niños y
viejas! Es todo lo que se oye en esta iglesia. ¿De qué sirve enseñarle
catecismo a los niños si, al volver a sus casas e mal ejemplo de sus padres
destruye todo lo logrado? El papá, borracho y la mama en la calle haciendo quien sabe qué. ¡Pero esto se acabó!
De hora en adelante, en esta parroquia no se da catecismo a los niños, si los
papas no asisten también a los Cursos. ¡Esta es la nueva consigna!
-Realmente el Padre tiene
razón, se dijo Enrique. ¡Qué bueno que la Iglesia esté reajustando sus sistemas
a la realidad en que vivimos! Los tiempos nuevos reclaman nuevas fórmulas. No
podemos seguir canonizando el pasado...
En la Escuela de
Dirigentes, Enrique descubrió muy pronto que no se debe menospreciar el pasado:
-Hay en toda la Iglesia un regreso a !as fuentes. Y a los métodos de la primera
Comunidad Apostólica. Hoy comprendemos que es absurdo catequizar a los no
convertidos. Primero hay que ser la proclamación del kerygma, y luego la
enseñanza, Antiguamente se bautizaba a los convertidos; hoy tenemos que
convertir a los bautizados. Este Chale Mántica sí que sabe como es la casa,
terminó diciendo Enrique. ¡Si hasta habla como un cura!
Quince días después.
Enrique se matriculó en el Centra de Estudios pastorales, para prepararse
debidamente. La primera charla fue sobre Pre-Evangelización: “No podemos
hablarle de Cristo a un pueblo con el estómago vacío, empezó diciendo el
maestro... “porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed y no me
disteis de beber, estuve desnudo, y no me vestisteis...”
Enrique seguía oyendo pero
no escuchaba. Las palabras del Señor martilleaban acusadamente su corazón,
lleno de amor, y se sintió invadido de vergüenza y de una profunda tristeza:
“¡Cómo pueden creer en el amor de Dios, se repetía, si los propios discípulos
no nos preocupamos de las necesidades más elementales de los hermanos! Obras
son amores y no buenas razones. ¡Ha llegado la hora de la acción!
En el barrio de “El
Chorizo” todos queríamos a Enrique. Solo llevaba dos meses de haber llegado con
aquella su sonrisa de ángel y aquellos ojos limpios, aunque cada vez más
tristes, y ya todos lo amábamos. Es cierto que no era mucho lo que nos traía:
cuatro medicinas y algunos frijoles, y... ¡alegría!
Un día Enrique comprendió
su grave error: “Dales un pescado y comerán un día, -le había explicado el
líder- enséñales a pescar y comerán todos los días”. ¡Cuanto tiempo, y cuanto
daño hemos hecho! comprendió Enrique. Hemos estado fabricando vagos. El Padre
José tiene razón: mientras ellos tratan de convertirlos en los artífices de su
propio destino, de enseñarles a bastarse a sí mismos yo he venido con un
paternalismo a ultranza a obstaculizar su labor. La Iglesia. Misma lo ha comprendido.
Ya Cáritas no regala alimentos, sino herramientas y maquinaria, El pueblo está
cansado de limosnas que no agradece, y que son un insulto a su propia dignidad
de personas. “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.
Y pasaron los meses. A
Enrique lo “corrieron” del barrio los mismos cristianos. “No se deben tolerar
los desarrollistas que, ayudados par el imperialismo yanqui, vengan con sus
Paños tibios a retrasar y obstaculizar el proceso de liberación de un pueblo
que, gracias a una Pastoral de Concientización no acepta ya soluciones
parciales. La hora de América Latina ha sonado. ¡Liberación o muerte!
La Ultreya de anoche
estuvo muy buena. Esta vez el Padre si que habló claro contra los quietistas.
Lástima que el pobre Enrique no lo oyera. Debe estar enfermo. Hace días que no
lo veo por la Ultreya.
¡Qué lástima que esto no
sea sólo un cuento!
Las
gentes de mi ultreya
Elida es psicóloga, y
tiene ojos azules. Mi comadre es prieta; cocina para otros. Lorena es
arquitecto y canta.
La Maria de los Guises
vende verdura en el mercado; todas son iguales.
Bayardo es maestro mecánico:
doscientas treinta libras de sólida ternura. Ya no queda nada en sus ojos, que
delate viejas cicatrices. En Venezuela no podían creer que nunca terminó
Enseñanza Primarla. Bayardo es una de las maneras, que tiene Dios, de dar la
paz.
Pinita, Flori, La Negra,
Ileana, Nélida, La Coco, cantan canciones entre vivencia y vivencia. Las
llamamos “Las Chicharras”. ¡Por ellas sabe la noche que Cristo ha resucitado!
Juan José es campesino. Su
hija menor le enseña a leer: los dos usan la Biblia como texto. A Juan José no
le gustó Roma ni Paris, porque la gente le pareció muy desdichada y corrompida.
Juan José ora todos los días por mí. Dios lo escucha.
Los “hijos del trueno” son
tres: el mayor es carpintero, y se llama José, El segundo es José Armando. El
tercero, Felipe. Entre los tres miden seis metros de ancho. Llevan sobre sus
hombros una multitud. Son inofensivos cuando callan. Pero sus sonrisas levantan
ampollas.
Urania tiene una guitarra.
Como todo lo suyo, está al servido del Señor. Tiene una guitarra, pero no sabe
tocarla. No sabe un solo signo. En la misa “rasca” con entusiasmo sus cuerdas
sueltas, mientras eleva su cabeza maya, en oración de alabanza a su Señor.
Urania tiene una guitarra que desafina terriblemente con las guitarras de los
jóvenes, ex drogadictos, que vinieron, vienen... y se quedaron. Algunos
visitantes la miran con disgusto, de reojo, y se preguntan como es posible que,
entre quinientas personas nadie sea capaz de decide que se calle. No comprenden
que, siendo de Ucrania, no puede su guitarra guardar silencio en la alabanza.
¡Gritarían las piedras!
Jorge es Militar. Enrique
es comerciante. Anita es enfermera.
Alfredo es médico. María es verdulera. Mercho es chofer.
¡Jesús… es el Señor!